jueves, 10 de abril de 2008

El Espíritu Olímpico

No está suficientemente claro, cómo y cuando comenzaron los Juegos en Olimpia aunque los primeros datos parecen remontarse al año 776 antes de cristo. Sí conocemos a la perfección el inicio de los juegos modernos que tienen su origen en el año 1896 en Atenas.
Pero los Juegos Olímpicos, ahora de plena actualidad con motivo de la Olimpíada de Pekín, han generado polémicas y han sido motivo de controversia con frecuencia. He aquí un breve recorrido por los hechos más impactantes que han tenido lugar a lo largo de su historia moderna.
En los Juegos adjudicados a Roma en 1908, otras ciudades italianas se opusieron pretendiendo ser ellas quienes los organizaran y este conflicto junto con el desastre económico de la erupción del Vesubio, motivaron la decisión de trasladarlos a Londres.
Fue precisamente en los Juegos de Londres de 1908 donde por primera vez participaron las mujeres, eso sí, faltaría más, solamente las dejaron lucirse – con perdón - en deportes de exhibición.
En este mismo escenario, los finlandeses se negaron a desfilar tras la enseña rusa, que le tenía como protectorado. Además, el abanderado estadounidense se negó a inclinar la bandera de su país al paso por el palco de autoridades, ya que según una ley norteamericana “la bandera no debe inclinarse ni ante un rey”.
Perdonen el inciso, pero este hecho, a la inversa, tuvo lugar cuando en un gesto tan pueril como innecesario, el presidente Zapatero se negó a levantarse ante el paso de la bandera Estadounidense en un desfile de las fuerzas armadas.
En 1916, 1940 y 1944, el mundo estaba demasiado ocupado en aniquilarse mutuamente en las estúpidas y malditas guerras que tuvieron lugar a escala planetaria. Nada que ver con el espíritu que se supone ha de animar las Olimpíadas.
En 1936 fue Berlín quién los organizó – Barcelona compitió y perdió en esta ocasión con la ciudad alemana- con Hitler en el poder, quien hizo todos los esfuerzos posibles para mostrar la superioridad de la raza aria. Tuvo que soportar como un atleta de raza negra llamado Owens arrasaba en las competiciones de velocidad.
En 1972 fue Munich quién fue designada y donde tuvo lugar un baño de sangre cuando un grupo palestino secuestró a once atletas israelíes. El sangriento desenlace no fue suficiente para suspender los juegos y siguieron adelante.
En 1980, La Olimpíada se celebró en Moscú, en plena guerra fría, lo que motivó el boicot de Estados Unidos y otros países occidentales, lo cual motivó que en los siguientes juegos de 1984, adjudicados a Los Angeles, Rusia y los países de su órbita se tomaran la revancha y no participaran. Como dato curioso, en estos Juegos Olímpicos, participó China por primera vez.
Y es en este inmenso, recóndito y aún intrigante, enigmático y misterioso país para nosotros los occidentales, donde en este año va a desarrollarse el más formidable de los eventos deportivos celebrados a nivel mundial. Los acontecimientos que están teniendo lugar relacionados con el Tíbet, han sido el detonante que ha despertado a la opinión pública y a numerosas organizaciones pacifistas y de todo tipo que se oponen no ya a la celebración de los Juegos, sino al menos a la asistencia de las delegaciones de alto nivel de los Estados que participan.
Sorprende que la feroz dictadura existente en China no haya sido suficiente y haya tenido que surgir el Tíbet para despertar las conciencias a nivel mundial y promover el boicot que hoy se demanda y que seguramente no tendrá efecto alguno ya que los intereses económicos son inconfesablemente determinantes para que nadie haga nada, salvo pequeños e insignificantes gestos que no harán sino dejar de manifiesto la hipocresía de quienes los lleven a cabo y la despótica indiferencia de aquellos que ni se molesten pese a las protestas que están teniendo lugar a nivel mundial.
La llama Olímpica está recorriendo el mundo en un auténtico salto de obstáculos que obliga a sus portadores a caminar con protección hasta el punto de pensar en suspender el recorrido previsto. El espíritu olímpico que representa, como tantos otros, está tocado. Nada nuevo bajo el sol.

martes, 11 de marzo de 2008

CONFESIONES VATICANAS

Lo último en tecnología punta vaticana: a partir de ahora podremos confesarnos por E-Mail. Increíble, pero cierto. La anquilosada, obsoleta y prepotente iglesia católica, ha salido de las cavernas donde está sumida en su habitual ostracismo de siglos y ha brindado a sus fieles seguidores– cada vez más infieles – la oportunidad de dar un salto de un millón de años, utilizando los medios tecnológicos más avanzados en comunicación.
Para ello ha elaborado una lista de los últimos pecados homologados por Ratzinger, Rouco y compañía, que nos ponen al día de los asuntos pecaminosos que afectan al sujeto pecador. Dicha lista podremos descargarla desde Internet para a continuación marcar los que nos correspondan y enviarla en el formato que prefiramos. A renglón seguido, y dada la inmediatez de la informática, la absolutoria respuesta será inmediata previa comprobación de que los datos que has introducido de tu tarjeta de crédito son correctos y de que, claro está, tienes saldo para abonar la penitencia que te corresponda y que estará en función de la gravedad de los pecados cometidos. Los que prefieran el tétrico y siniestro confesionario tendrán que hacerlo con la lista en la mano – con perdón – con el objeto de estar al día y no dejarse ningún pecado o pecadillo por falta de información
De un paso habremos resuelto la falta de personal de la iglesia para llevar a cabo esta labor en los confesionarios tradicionales y habremos resuelto de una vez la financiación de la Iglesia católica que de esta forma dejará de vivir a costa de los no católicos, porque los demás supongo que estarán de acuerdo con sufragar sus gastos ya que son los que utilizan sus servicios.
Esta versión, a medias novelada, viene a cuento debido a la publicación de una lista de pecados modernos publicada por la iglesia católica – quién si no – que actualiza los pecados veniales y mortales que los débiles humanos tendemos a cometer. Lo último de lo último, son los relacionados con la manipulación genética y el medio ambiente.
Pues bien. Imaginemos que hemos cometido un importante atentado contra el medio ambiente. Al estar en la lista como pecado – imagino que mortal - simplemente nos confesamos y ya está, libres de pecado y tan tranquilos. Definitivamente – afortunadamente diría yo - la iglesia Católica continúa en las cavernas.

lunes, 3 de marzo de 2008

EN LA CATEDRAL

No existe emoción comparable ni experiencia humana parecida a la que se experimenta ante la arrebatadora, hermosa e incomparable contemplación de la imponente y serena belleza de una catedral.
La soberbia estampa que ofrecen sus centenarios y colosales muros integrados por magníficos sillares de piedra salpicados de hermosas vidrieras y luminosos rosetones armonizan majestuosamente con los estilizados y delicados arbotantes y los formidables contrafuertes que adosados a ellas dan al conjunto un aire de hermosa proporcionalidad que arrebata y desborda los sentidos ante la contemplación de tanta belleza destinada a la eternidad y que nos permite aún un atisbo de esperanza en el ser humano capaz de concebir y crear tan hermosas obras.
Elevamos la vista y contemplamos sus esbeltos muros coronados por las estilizadas y espigadas torres que culminan en bellísimos pináculos de una belleza que sobrecoge por sus formas imposibles, frágiles y delicadas que parecen extenderse hasta el infinito.
No parece obra de humanos, sino de dioses. Pero fueron los admirables maestros arquitectos, escultores, canteros, albañiles, carpinteros y tantos otros representantes de venerables oficios que hace decenas de siglos, mil años en algunos casos, colaboraron con su sabiduría y su paciencia a la creación de estos magníficos y soberbios ejemplos del amor por la estética y el arte que afortunadamente el hombre ha sido de capaz desarrollar.
Sobrecogidos, contemplamos el tímpano de la entrada, las bellas arquivoltas preciosamente esculpidas con diferentes motivos y el parteluz hermosamente decorado de la puerta principal que nos introduce en un instante ante la inolvidable visión de la soberbia grandeza de sus naves dispuestas en crucero con las bóvedas surcadas de hermosas nervaduras que dispuestas radialmente se cruzan entre ellas, a veces en caprichosas formas concurriendo armoniosamente en los pilares que soportan el peso de las bóvedas.
El viajero, extasiado ante tanta belleza, eleva la vista desde la base de las colosales columnas que soportan todo el conjunto hasta las bóvedas de la nave central, recorriendo emocionado los bellísimos arcos ojivales y de medio punto, deleitándose con la contemplación de la hermosa precisión de los ajustes de la piedra que los componen y en su hermosa disposición.
Se desplaza el emocionado viajero hasta una de las naves laterales, contemplando el triforio y los hermosos y luminosos vitrales del claristorio que dan al conjunto un majestuoso aspecto que se queda grabado en su mente para siempre. Avanza religiosamente deteniéndose ante cada una de las bellas capillas, auténticas ermitas algunas de ellas por su tamaño y contenido que merecen una visita detenida.
Llega a la girola o deambulatorio - prolongación de las naves laterales - que rodea el altar mayor y que nos conduce a la otra nave lateral. Nos detenemos al llegar al transepto o crucero en el punto donde se cruzan las dos naves principales. Elevamos la vista y la dirigimos hacia la cúpula, majestuosa, gigantesca, de una belleza indescriptible que nos llena de una profunda emoción.
Al bajar la vista nos encontramos con el retablo profusamente decorado donde se encuentra el altar mayor del templo y al girarnos, divisamos el espléndido coro, zona reservada para el clero que se encuentra rodeado de una preciosa sillería tallada en madera, - las misericordias – obra de venerables artesanos escultores de la talla en madera.
Abandona el viajero la catedral con un nudo en la garganta y la impresión de que el tiempo se ha detenido entre sus muros. La contemplación de tan serena y majestuosa belleza le ha llenado de tal forma que necesita reposar y repasar cuanto sus ojos han visto y su corazón ha gozado

miércoles, 27 de febrero de 2008

MULTICULTURALISMO Y VELO ISLÁMICO

Leo a Vargas Llosa en uno de sus escritos sobre multiculturalismo y debo reconocer que en una primera lectura quedo perplejo ante las afirmaciones que en dicho artículo vierte este reputado escritor que merece todos mis respetos y que escribe con frecuencia sobre este tema que tantos ríos de tinta hace correr en todos los medios de difusión occidentales.
En una segunda lectura comienzo a considerar sus argumentos, que por duros que puedan resultar en términos absolutos, si los relativizamos y pensamos fríamente sin miedo a opiniones precipitadas de terceros que puedan demonizarnos o a nuestros propios escrúpulos que puedan cohibirnos, cobran cierto sentido.
Afirma Vargas Llosa que el multiculturalismo es una ficción que no todas las culturas son iguales que unas están más desarrolladas que otras, que no son comparables. No puede considerarse avanzada una sociedad que no respeta los derechos de todos los individuos que la componen, y que llegan a discriminar a sus componentes simplemente por razón de su sexo.
En definitiva, considera que unas culturas son superiores a otras porque están más avanzadas.
Resulta duro admitirlo, pero lo cierto es que muchas culturas han progresado porque han evolucionado avanzando a través de los tiempos al contrario que las otras que quedan rezagadas al estabilizarse en un determinado momento de su historia o incluso han involucionado al no adaptarse a los ritmos que marca los nuevos tiempos, fundamentalmente por motivos religiosos o de otra índole que han obrado de freno ante el reto de la modernidad.
Los movimientos migratorios hacia occidente están poniendo de manifiesto como el choque de las diferentes culturas crea tensiones en la sociedad que los acoge debido a las diferentes costumbres, lenguas y religiones que entran en colisión cuando los individuos que las componen conviven.
¿Como es posible que el uso de una prenda como el velo islámico– no digo el burka, absolutamente reprobable y vergonzoso - nos lleve a tal grado de controversia como el que se está imponiendo en occidente?. En Francia, por ejemplo, se han prohibido en todos los centro de enseñanza – no solo el velo, sino cualquier atuendo, signo religioso o político - , mientras que en España y en otros países europeos se empieza a plantear el uso de dicha medida.
Se argumenta, que el velo es sólo la punta del iceberg que puede ir descubriendo el resto que con el tiempo puede hacerse visible, de tal manera que el burka sería el siguiente paso y dentro de nada la Islamización de occidente.
Yo no lo creo así, y no considero que su uso constituya una ofensa de nadie hacia nadie. Claro está, que ni un paso más adelante. Hablamos del velo sin más, una prenda que no considero que suponga ninguna imposición para quién lo usa – en caso contrario, estaría en total desacuerdo - y que obedece más a una costumbre o afirmación de una identidad a la que tienen pleno derecho que a una imposición o a un desafío hacia la sociedad que los ha acogido.
¿No estaremos logrando con nuestra oposición a sus costumbres el efecto contrario al deseado, es decir, una radicalización en las mismas? Me lo pregunto y encuentro como respuesta que en países como Marruecos, cada vez es más popular el uso del velo islámico y jóvenes que no lo llevaban, acceden ahora a su utilización.
En Turquía, nación que se debate entre la modernidad con sus pretensiones de entrar en la Unidad Europea y sus estructuras ancestrales con su islamismo radical, se ha aprobado una ley que vuelve a permitir el velo en la universidad.
¿No estará occidente provocando estos cambios?.
Ante Hechos tan reprobables como la imposición del burka o la ablación del clítoris, y, en definitiva, la esclavización de la mujer, occidente ha de mantenerse firme observando y haciendo observar los valores que han hecho de la cultura occidental un referente para toda la humanidad.
Pero enfrentarse a una cultura y a los individuos que la componen por la utilización de una prenda como el velo no tiene sentido, salvo claro está, que sea fruto de una imposición por el hecho ser mujer.

domingo, 17 de febrero de 2008

A PROPÓSITO DEL ESTADO SOCIAL Y DE DERECHO

Considerando que el Estado Social y de Derecho tiene como fin primordial la defensa de las libertades de los ciudadanos, así como garantizar los derechos individuales, colectivos, culturales y políticos contribuyendo a su bienestar utilizando los medios necesarios para velar por sus derechos y garantizar su cumplimiento conforme a la Constitución, he decidido exponer y denunciar los hechos que se relacionan a continuación y que chocan y se contradicen frontalmente con los principios del denominado Estado Social y de Derecho bajo cuya tutela dicen ampararse las democracias modernas.
La lesión de los derechos relacionados a continuación, son permitidos en unos casos, tolerados en otros y alentados en los demás. El estado de Derecho es soberano y posee el poder suficiente para contrarrestar los poderes fácticos de diverso orden que pueden presionarle y ante los cuales no hay justificación posible para ceder ante ellos haciendo dejación de sus obligaciones para con los ciudadanos, que, inermes ante el Estado y su omnipotente máquina burocrática, se sienten indefensos.
Estos son los hechos que contradicen a aquellos derechos que el Estado Social dice garantizar. No están todos, pero al menos los que siguen son plenamente demostrables y están vigentes en la actualidad.
Que la vivienda ha pasado a ser un artículo de lujo en lugar de un bien de primera necesidad.
Que la justicia no está alcance de todos y que no siempre es igualitaria ni justa ni ampara por igual a todos.
Que muchos enfermos y en demasiados hospitales son atendidos durante horas y en muchas ocasiones durante días en los pasillos de unas urgencias abarrotadas y propias de un país tercermundista.
Que demasiados pensionistas que han cotizado toda su vida, sufren de una pensión indigna que apenas les permiten subsistir.
Que muchas/os viudas/viudos, viven miserablemente los últimos años de su vida con una pensión que nos debería avergonzar.
Que muchas familias numerosas y no numerosas con escasos recursos económicos soportan unos gastos vergonzantes al no disponer de material de enseñanza gratuito para sus hijos y que el Estado debería sufragar.
Que la mujer sigue estando relegada a un segundo plano en el mundo laboral.
Que los malos tratos a las mujeres continúan siendo vergonzante noticia cada semana.
Que la banca sigue obteniendo unos desorbitados y usureros beneficios año tras año.
Que la corrupción sigue campando por sus respetos.
Que la iglesia católica continúa desafiante con su arrogancia de siempre en un estado aconfesional.
Y posiblemente muchos otros más, aquí omitidos pero presentes en nuestra sociedad.Por todo ello, solicito de los responsables del Estado Social y de Derecho que decimos disfrutar, tomen nota de los hechos aquí expuestos y sin más dilaciones, discursos y justificaciones se pongan manos a la obra y conviertan las injusticias en justicias, las dejaciones en derechos consolidados y las manidas utopías en realidades posibles y plausibles que nos acerquen a un auténtico estado de bienestar, justicia e igualdad.

sábado, 26 de enero de 2008

LA CAMPANA DE LA PAZ

Cada seis de agosto y desde hace sesenta y tres años, la Campana de la Paz de la ciudad japonesa de Hiroshima, repica recordando al mundo el horror de una población que sufrió la ira de quienes desde entonces han tratado de justificar semejante barbarie con la injustificable excusa de evitar más dolor y sufrimiento.
Murieron casi doscientas mil personas inocentes y muchas más que quedaron pavorosamente impedidas para el resto de sus días. Población civil que no participaba en las acciones militares y que fueron tratados como conejillos de indias en el pavoroso experimento que pocos días después se repitió en Nagasaki.
Japón claudicó, pero nunca sabremos si la guerra se hubiera prolongado mucho más sin el lanzamiento de las bombas y si el dolor causado hubiera sido semejante al que soportaron los habitantes de estas ciudades mártires.
Lo que sí es seguro es que desde entonces se estableció una loca carrera por dominar la energía nuclear que en varias ocasiones ha puesto en peligro la paz mundial con la amenaza del holocausto nuclear que sufrimos durante la llamada guerra fría que se libró entre las dos superpotencias y que sigue latente hoy en día.
Las consecuencias de aquel espantoso e inicial experimento van mucho más allá. Hoy están en posesión de armas atómicas una multitud de países, muchos de ellos con una inestabilidad política y social que hace temer una confrontación entre naciones que mantienen diversas rivalidades que podrían ocasionar la utilización de dichas armas y que podrían arrastrar a las superpotencias a un cataclismo de incalculables consecuencias.
Pero la Campana de la Paz no dobla hoy en día únicamente por aquellos espantosos sucesos. Los frentes bélicos abiertos en todo el mundo son incontables y en todos los continentes, menos, claro está, en aquellos que se encargan de suministrarles las oportunas herramientas de destrucción.
Los países suministradores de armas, España entre ellos, se limitan a contemplar como se destruyen, experimentando de paso el empleo de nuevo armamento más letal y efectivo. Causa verdadero espanto constatar que existen ferias y exposiciones de armamento donde se muestran los últimos avances en la tecnología armamentística destinada a causar sufrimiento, muerte y destrucción.
La Campana de la Paz no debería doblar solamente cada seis de agosto. Debería hacerlo cada día para recordar a los seres humanos su pavorosa y estúpida capacidad de destrucción.

viernes, 11 de enero de 2008

A VUELTAS CON EL HIMNO

Es como si a los arcos de nuestro soberbio y colosal acueducto de Segovia nos empeñásemos en ponerles ventanas con cristales después de dos mil años campando por sus respetos con sus impertérritos sillares de granito desafiando el paso del tiempo o como si pintásemos los hermosos muros de nuestra bellísima catedral, la dama blanca, la dama de las catedrales. Sería una aberración incalificable, una herejía donde las haya.
Lo mismo pienso de la obsesiva empresa en la que se han embarcado, - vaya a usted a saber de quién partió tan desdichada idea que no es de hace unos días– quienes querían ponerle y de hecho han conseguido, letra al himno nacional después de tanto tiempo huérfano de semejante ropaje. Éramos pocos y parió la abuela. Lo que faltaba para el duro. A buenas horas mangas verdes. Cualquiera de estos dichos populares, puede reflejar este hecho que no deja de sorprender a propios y extraños.
Sin entrar en detenidas consideraciones en cuanto a la letra – a simple vista me parece vulgar, ramplona y decadente sobre todo cuando cita aquello de gloria a los hijos y grandeza a la patria – la oportunidad me parece de todo punto inapropiada. No era necesario arropar una melodía que antes identificamos de inmediato y que ahora nos va a sonar a una extraña mezcolanza que nada tiene que ver con el himno que había tomado desde hace tiempo y por derecho propio carta de naturaleza en los oídos de los españoles.
Un político catalán, digamos moderado, preguntado sobre este tema, respondía que nada tenía que decir, pues al fin y al cabo él no era español, no representaba por lo tanto a su nación – todo en un perfecto e impecable castellano - y se trataba por lo tanto de un asunto que no le competía. Imagino que el ínclito Carod, más radical él, claro está, se tapará los oídos cuando suene el himno, aunque quizás le pique la curiosidad por escuchar como suena con letra incluida, esa letra que el representante de la izquierda más recalcitrante del panorama nacional describe como rancia, calificativo que a su partido le sienta como un guante.
Seguro que su opinión sobre, pongamos por ejemplo la Marsellesa – ojo con la letra de este himno, cuasi violenta ó la del inglés, empalagosa y melosa oda a la reina – hubiera sido otra, sobre todo porque seguro que hubieran dado su positiva opinión tratándose de dos grandes países como seguro dirían ellos.
No cito a los políticos de los principales partidos, porque considero que no merece la pena. Ya saben, unos lo políticamente correcto y otros, simplemente lo correcto. Al fin y al cabo, es un tema delicado. Se trata de uno de los símbolos de la nación que representan al País y ellos más que nadie han de ser respetuosos. Nada nuevo bajo el sol.
Pero y el ciudadano de a pie, usted y yo, vamos. Pues como decía aquel, que se vendimie. Tenemos otros problemas que de verdad nos preocupan y que sí merecían ocupar a los políticos y a las primeras páginas de los medios de difusión como ya lo ocupan en la vida diaria de las gentes.
Con los símbolos de mi equipo ya tengo suficiente, y de vez en cuando hasta me dan satisfacciones, cosa que ustedes me niegan día sí y otro también. Puestos a elegir, me quedo con el Asturias patria querida. No soy asturiano, pero a quién no le ha alegrado memorables momentos y hasta le ha emocionado en determinadas ocasiones. Su letra es sencilla, tierna y alegre, habla de su tierra y de sus gentes sin ánimo de ridículas grandezas, glorias pasadas o vanos amores patrios.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

EDUCACIÓN ESPARTANA

Al cumplir los siete años, los niños Espartanos abandonaban su casa y quedaban bajo la autoridad de del Estado. Aprendían entonces a leer y a escribir - según Plutarco, este aspecto se reducía al mínimo indispensable -. Pero lo esencial de su formación consistía en endurecerlos físicamente por medio de la lucha y en aprender el manejo de las armas, a marchar en formación y, por encima de todo, a obedecer ciegamente a sus superiores y buscar siempre el bien de la ciudad.
A partir de este momento los ciudadanos se preparan para la vida militar ya desde la misma infancia, sometidos a un entrenamiento que busca convertirlos en guerreros perfectos, preocupados sólo por el bien del Estado.
La expresión educación espartana, se acuñó para hacer referencia a la formación que se caracteriza por una total rudeza en los métodos y en las formas a la hora de educar y formar a niños y jóvenes. Tiene como origen la educación que se impartía en la antigua Esparta en el siglo VII adc.
Leo en Internet, que en una guardería de Japón se imparte una educación a base de soportar los mayores rigores imaginables para niños de esta edad como la ausencia de calefacción y la desnudez en la que se encuentran con el objeto, dicen sus educadores con el consentimiento de los padres, de endurecerlos física y mentalmente.
La diferencia con los espartanos de entonces, es que ellos se preparaban para la guerra, mientras que los nipones del siglo XXI lo hacen para enfrentarse al estrés, al vertiginoso ritmo de vida actual y a la competitividad salvaje propios de los tiempos que nos ha tocado vivir.
Entre ambos ejemplos han pasado miles de años y habido todo tipo de cambios y revoluciones sociales que han repercutido en la educación de los más jóvenes que han tenido que pasar por múltiples modelos, métodos y concepciones de la enseñanza siempre con el objeto de mejorar el rendimiento y la pedagogía con el fin de lograr unos jóvenes mejor preparados que puedan afrontar con solvencia el desafío de los tiempos actuales, lo cual supone un reto de considerables dimensiones.
Conseguir estos objetivos, siempre ha supuesto un esfuerzo por parte de todos y siempre contando con la colaboración del sujeto de la educación que es el alumno, sin la cual todo esfuerzo por parte de los educadores cae en saco roto siendo su esfuerzo baldío.
Para lograr estos fines, los docentes necesitan disponer de unos medios, de unas herramientas, de unas armas, valga el término, sin los cuales los objetivos que nos proponemos resultan imposibles de conseguir.
¿Qué puede hacer un profesor al que se le ha privado de su facultad de hacerse respetar y de imponer una disciplina con la que en principio todos están de acuerdo, pero que a la hora de la verdad nadie respalda ni respeta?. La presión a la que están sometidos es tremenda y su frustración cada día más elevada. En estas circunstancias, ¿qué podemos esperar de su labor?. ¿Cómo podemos tener la desfachatez de cargar las culpas sobre quienes no tienen ni los medios ni la autoridad para llevar a cabo su labor?.
La situación es realmente grave y nadie mueve ni un dedo para resolverla. El profesorado está absolutamente indefenso y expuesto cada vez más a la presión y la violencia que de muy diversas maneras se abate sobre ellos, mientras los alumnos, la inmensa mayoría, ven impotentes como la calidad de la enseñanza va degenerando debido a la falta de disciplina, que, en general, campea por sus respetos en las aulas.
Resulta descorazonador leer las últimas encuestas sobre la educación en España. Los alumnos, no solamente apenas leen – claro está, que tampoco lo hacen los mayores -, sino que no entienden lo poco que leen. En cuanto al nivel de conocimientos por materias ocupamos los últimos puestos de los países europeos. Es para sonrojarse.
No es preciso llegar a los extremos de la educación espartana ni imitar el ejemplo de los niños de la guardería japonesa con sus niños-robot del futuro. Se trata de inculcarles una mínima disciplina hoy prácticamente desaparecida y unos valores que hoy brillan por su ausencia y que se resumen en uno que los acapara a todos y del que dimanan todos lo demás: RESPETO. Y éste ha de hacerse efectivo hacia los padres, hacia los mayores, hacia los educadores. Sin respeto no hay educación y sin educación no hay esperanza ni futuro para una sociedad.
Aunque haya que dar una bofetada o algún azote en el momento oportuno, siempre en el ámbito familiar, nunca en el escolar. No creo que el legislador deba inmiscuirse en la gradación del castigo físico, porque el simple hecho de denominarlo así resulta absurdo.
A nuestra generación nos dieron quizás demasiadas bofetadas, la mayoría seguramente con razón, pero desde luego, y no es una manera de hablar, no nos traumatizaron en absoluto.
De lo que no cabe duda, es que aprendimos a respetar y lo hacíamos no como una obligación o un deber impuesto, sino como un sentimiento inherente al ser humano y que ni nuestros padres ni nuestros educadores se veían en la necesidad de recordarnoslo. Eramos así, educados y respetuosos. Algo que ni hoy ni nunca puede ni debe pasar de moda. Algo que hoy echamos de menos y que debemos recuperar.

lunes, 17 de diciembre de 2007

EL JUGUETE DE CARTÓN

Parece un cuento adaptado a estas fecha Navideñas pero la anécdota que refiero a continuación protagonizada por una tierna niña, es real y supone un fiel reflejo, subjetivo donde los haya, del sentimiento de los niños ante una actividad tan importante para ellos como es el juego. Lo relata su abuelo, una persona conocida para mí y lo hace con una mezcla de incredulidad, emoción y ternura ante la reacción de su nietecita.
Lo relato aquí, porque creo que es una preciosa y hermosa lección la que esta niña nos da con su espontánea y tierna actitud ante el juego con un sorprendente juguete que la llena de felicidad y gozo y que a nosotros debería hacernos pensar y extraer la correspondiente lección sobre la infancia, el juego y los juguetes sencillos y no por eso menos mágicos y divertidos para el mundo infantil.
Era el día del cumpleaños de la niña. La familia se encontraba alrededor de ella, expectante, esperando su reacción ante el ingente montón de juguetes de todas clases, tamaños y colores esparcidos a su alrededor.
Muñecas, casitas, peluches y otros muchos juguetes multicolores, unos estáticos y otros en movimiento danzando y bailando formaban un coro a su alrededor que mantenían a la niña con una expresíon que era una mezcla de susto, sorpresa y contenida alegría.
Sus ojitos desorbitados miraban nerviosamente de un lado a otro, girando su cabecita a izquierda y derecha, siguiendo la trayectoria de los muñecos andantes y bailarines que giraban y giraban a su alrededor.
No se decidía. Trataba de atrapar a uno de los ositos danzantes y al momento se volvía hacia una preciosa muñeca que le hablaba con insistente y repetitiva dulzura con un mensaje inaudible entre el barullo general que dominaba el circo multicolor.
Volvía su carita hacia sus padres sonriendo nerviosa, interrogándoles con la mirada qué decisión tomar. A continuación volvía la vista sobre el montón de juguetes donde descubrió algunos sin abrir, envueltos primorosamente y rematados con un encantador lacito. Se dirigió hacia uno de ellos y lo desprendió con un ligero toque de sus deditos para descubrir una linda muñequita que la miraba fijamente.
Pronto descubrió otro paquete, este mucho más grande, el mayor de todos y de vivos colores. Desató el lacito y, oh sorpresa, un encantador osito, blanco como la nieve surgió como por encanto de su encierro de cartón. Lo tomó en sus brazos, lo besó y acarició para depositarlo después en el suelo. Se quedó observando de nuevo el jolgorio general orquestado a su alrededor. Nada quedaba por abrir, nada por mirar.
No sabía por cual decidirse. Seguía a uno, tocaba a otro, acercaba sus manitas a los juguetes bailarines que se le escapaban danzando en otra dirección. Ninguno parecía convencerla. Le era imposible decidirse por uno de ellos. Miraba y miraba girando nerviosa y rápidamente su carita hacia sus familiares que con una contenida emoción la seguían con la vista, hasta que de pronto, su cara se iluminó.
Entre la multicolor montaña de papel de envolver que se había formado, apenas aparecía un caja grande con múltiples dibujos de miles de colores, abierta y colocada en una posición inestable. Exhibiendo unos nerviosos grititos, con pasos decididos y tan rápidos como inseguros, hacia ella se dirigió.
Colocó sus leves manitas sobre el paquete de cartón y lo empujó. Al comprobar que se movía, continuó impulsándolo hasta extraerlo del montón de papeles de colores que salieron despedidos hacia los lados. Qué exclamaciones de satisfacción, qué alegría desbordada, qué placer comprobar que controlaba y dirigía el movimiento del cartón alrededor del montón de juguetes ahora olvidados. Cómo lucían sus ojitos convertidos en dos puntitos luminosos abiertos al compás de su boquita que gritaba de gozo y satisfacción.
Lo movía, lo paraba lo giraba y lo volvía a empujar. Diríase que había descubierto su juguete ideal. El más preciado para ella. El juguete que le hacía feliz. El juguete de cartón.

viernes, 14 de diciembre de 2007

QUERIDO PADRE

Apenas unos meses después, has decidido reunirte con Madre, allá donde seguro que reina la paz y habita el sosiego, donde descansáis después de toda una larga y fatigosa vida. Y lo has hecho como siempre, querido padre, como has vivido, sin molestar a nadie, sin un ruido, sin una queja, mientras dormías.
Sumido en las inescrutables tinieblas de tu mente has vivido desde que madre nos dejó, sin saber siquiera que ella ya no estaba. Me daba mucha pena que no supieras que se había ido hacía tiempo. Sufría viéndote tan triste mientras veía cómo te apagabas, tan sereno, tan digno y apacible. Cuanto daría por seguir viéndote y hablarte aunque no me entendieras, aunque no me conocieras, cogiéndote de las manos como siempre hacía y que casi hasta el final, me apretabas sin querer soltarlas, sin querer separarte de mí. Me partía el alma y al mismo tiempo me llenaba de alegría poder tenerte aún, poder sentirte vivo, poder hablarte aunque no me entendieras. Os echo mucho de menos a los dos, queridos padres.
Me consuela saber que ahora reposáis juntos en el mismo lugar, en el pueblecito donde nacisteis y adonde iré a visitaros con frecuencia. Os hablaré y os diré que me siento muy sólo, que no imaginaba cuanto os iba a echar de menos, que siento una profunda pena, una honda tristeza en la que me sumo cuando os recuerdo. Pero también os diré que saber que descanséis en paz los dos juntos, alivia mi pena.
Recuerdo, padre, y nunca lo olvidaré, como de pequeño me llevabas a todas las bodas a las que te invitaban en los pueblecitos de alrededor. Y qué bodas, padre, siempre a base de un suculento cordero asado. Siempre me reservabas la pata del asado que sabías que me encantaba. Aún hoy mantengo esa costumbre. Te invitaban a todas, al secretario, que lo eras, de tres o cuatro pueblos, a Marcelo, hijo de secretario, tu padre, mi abuelo, que como nos decías hasta casi el final cuando te citaba su nombre, y parecías recuperar tu lucidez perdida, había sido un hombre de categoría respetado por todos. Y lo decías con toda la solemnidad. Son las últimas palabras que recuerdo haberte oído.
Llevabas la secretaría del ayuntamiento de varios pueblecitos de la zona y nos contabas las tremendas penalidades que tuviste que pasar para desplazarte de uno a otro durante los terribles y crudos inviernos que por entonces se daban por aquellos lares, a pie en algunas ocasiones con la nieve hasta las rodillas o a lo sumo a lomos de algún animal que se las veía y deseaba para poder avanzar.
Después te recuerdo con aquella moto roja y más adelante con el seiscientos, todo un lujo y que fue de los primeros que poblaron las polvorientas carreteras que por entonces había. Cómo disfrutaba cada vez que me dejabas aparcarte el seiscientos en los soportales del ayuntamiento. Nunca olvidaré cuando me llevaste al primer pueblo donde ejercí de maestro. Fuiste un buen padre, siempre generoso con tus hijos.
Cómo recuerdo las primeras castañas que nos traías de Turégano, cuando ibais los hombres del pueblo a la feria de ganado a principio de diciembre. Estabais dos ó tres días y esperábamos vuestro regreso con ansiedad. Con qué ilusión te recibíamos. Qué manjar para aquellos tiempos. Las asábamos y después reunidos en la cocina nos contabas cuanto habías visto y como lo habías pasado después de tan largo viaje. Viaje que hacías a lomos de la yegua, aquel precioso animal que teníamos y que de vez en cuando paría un encantador potrillo que hacía las delicias de toda la familia.
Te recuerdo en la Secretaría del ayuntamiento con tus papeles, enfrascado con tus números que sumabas con una increíble destreza y con esa letra tuya tan peculiar, tan elegante. Solía ayudarte de vez en cuando echándote una mano con algún trabajillo que me encargabas.
Y como no recordar aquella auténtica fiesta que se organizaba con motivo de la matanza y que duraba dos días. Los mayores despiezaban el cerdo el primer día para al día siguiente hacer los chorizos, la butagueña, el calducho, las morcillas y los jamones. Por la noche, nos sentábamos todos, pequeños y mayores al amor de la lumbre en la cocina o alrededor de la mesa al calor del brasero y tú, padre y el tío Virgilio, nos contábais historias de vuestros tiempos mozos que nos hacían reir durante horas. Qué felices éramos con tan poco. Los niños disfrutábamos todo el día de acá para allá, jugando al escondite, con la zambomba y tomando dulces. Son gratos recuerdos que nunca olvidaré.
Nunca imaginé que fuera a sentir tan honda pena. Es ley de vida te dicen. Pero yo digo que es una ley injusta. Me consuela saber que estáis otra vez juntos, que descansáis después de tanto trajín como decía madre. Sabed, queridos padres, que os estamos inmensamente agradecidos por el cariño y el amor que nos habéis procurado durante toda vuestra vida. Sabed que nunca os olvidaremos.
Os tendré presente cada día del resto de mi vida.