miércoles, 2 de marzo de 2011

CON VELAS Y A LO LOCO

Mientras que cualquier automóvil recién salido de fábrica es capaz de sobrepasar ampliamente los ciento ochenta kilómetros por hora y la potencia disponible en una importante mayoría de los mismos ronda los doscientos caballos y bastante más allá aún que los disparan a doscientos cincuenta kilómetros por hora, alguien, no sabemos quién, ni cuando, ni cómo recibió la inspiración divina o humana, y hallándose bien en brazos de Morfeo o bien en los de Baco, decidió que a partir de ya, de inmediato, sin darle tiempo a la opinión pública a que pudiera analizar y debatir, se reduciría la velocidad en autopista a 110 Km/hora.
Así las cosas, una mañana de éstas, amanecerán miles de señales de tráfico con una bonita pegatina con la mágica cifra que nos recordará que a semejante velocidad no deberíamos dormirnos, pese a que nada de extraño tendría, dado el sopor que debe experimentarse en una recta de veinte kilómetros viajando por una moderna autopista, sólo y a las ocho de la mañana con cuatrocientos kilómetros por delante y unas irrefrenables ganas de pisar el freno y poner la marcha atrás.
Y Esto es sólo el principio, ya que, a estas velocidades, podrían perfectamente sustituir las lámparas de los faros por velas de cera, las de toda la vida, los candiles o los quinqués, los cuales alojadas en el hueco dejado por las antiguas inquilinas, alumbrarían a la perfección, dadas las necesidades ahora requeridas y permitirían un ahorro muy considerable, no solamente en lámparas, sino en cables, interruptores y demás complementos antes necesarios y ahora obsoletos.
Pero prefiero no dar ideas, ya que en el plan que los señores ahorradores se encuentran, no me extrañaría que las llevasen a cabo, no solamente estas, sino cualquiera que podamos sugerirles y que supongan un ahorro por estrafalaria que sea la medida. Y es que su desesperación es tal, su capacidad de ingeniárselas para inducir al ahorro y gastar menos llega a tales alturas que nuestra capacidad de sorpresa se va agotando a medida que amanece un nuevo día y nos disponemos a tratar de averiguar con qué han soñado la pasada noche y en qué nuevas y delirantes medidas se traducirán dichos sueños.
Lo que sí sabemos es lo que nos van a costar las pegatinas, que un ejército de artistas tendrán que colocar apropiándose de la noche, para así, de una manera callada, subrepticia y un tanto de incógnito, dedicarse a una incalificable pegada de carteles, en este caso pegatinas, para que al amanecer nuestras autopistas aparezcan como nuevas, remodeladas con su nuevo look, con una imagen nueva, más sosegada y tranquila, tanto que muchos conductores ni se darán cuenta.
Caerá así sobre ellos el voraz apetito recaudador de la Dirección General de Tráfico que, sin duda, compensará con sus numerosas multas los casi trescientos mil euros que nos va a costar la susodicha remodelación de las sufridas señales de tráfico, muchas de las cuales, es posible que no soporten durante mucho tiempo su nuevo ropaje, ya que las inclemencias del tiempo, las manos cabreadas y otros elementos varios sin calificar, podrían despojarlas de su nueva vestimenta, lo cual tendrían consecuencias jurídicas en cuanto a recursos de todo tipo se refiere, a lo cual, de todas formas y casi con seguridad, habrá lugar.
No se lo pierdan. Acabo de oír en la radio en un programa de muy buena reputación, lo siguiente: un conductor ha hecho el recorrido de Madrid a Galicia, con un total de 569 Km y a 110 Km/hora. Ha hecho el recorrido inverso, es decir de Galicia a Madrid a 120 Km/hora.
Conclusión: ha tardado una hora más y ha ahorrado 1,88 euros. Sin comentarios.

viernes, 18 de febrero de 2011

LA REINA DE LAS PROMOCIONES

Estudia en la universidad historia del arte, una carrera que muy pronto terminará y que trata de compatibilizar con un trabajo por las tardes o los fines de semana que le dé una cierta autonomía, a ella, que posee una envidiable y maravillosa capacidad innata para desarrollar cualquier actividad plástica, sea la pintura, la escultura, la danza, la música, cualquiera de las artes. Pero eso no se valora hoy en día en el mundo laboral, no es relevante, la cultura no es rentable, no parece ser un valor seguro y en todo caso habría que valorarlo en su justa medida, y eso sale muy caro.
Posee un currículum completo que le capacita para llevar a cabo diversas actividades laborales, variados trabajos, diferentes puestos en múltiples empresas donde se desenvolvería con soltura y eficacia a plena satisfacción, pero que no le sirve absolutamente de nada. Ha pasado por muchos trabajos, mejor, trabajillos. Desde servir banquetes en las bodas a recepcionista, pasando por encuestadora telefónica y tantos otros, siempre a tiempo parcial siempre con contratos en precario.
Vive con sus padres a los que no les pide ni un euro porque no desea ser una carga, y así, se recorre los centros comerciales en los que los fines de semana y con el oportuno e infame uniforme de turno, de pie, cinco, seis ó siete horas, se sitúa en el correspondiente pasillo del centro comercial o gran almacén, con el objeto de promocionar un producto, cualquiera, el que sea, qué más da, una maquinilla de depilar, una tostadora, un licor.
Le pagan a razón de cinco euros brutos, que líquidos se le quedan en cuatro de las antiguas pesetas, que, por supuesto, no recibirá de inmediato, sino al mes y medio siguiente, cuando podrá percibir sus ochenta euros escasos con los que podrá tirar unas semanas más hasta que consiga la siguiente promoción. Esta vez será ese espantoso almacén mayorista, frío, oscuro, desvencijado, donde se colocará frente al ridículo puesto que ella misma tendrá que montar y en ocasiones recoger adonde le digan.
Para ello ha tenido que llegar media hora antes que, claro está, no le van a pagar y que deberá desmontar cuando cierren el local, allá por las diez de la noche, en los que empleará otra media hora sin paga, sin ningún reconocimiento, sin que nadie, salvo los clientes de paso ante los que deberá explayarse con el objeto de contarles las bondades del producto en cuestión. A veces, con vender uno ó dos maquinillas, le sobra a la empresa para pagarle a ella.
No por ello dejará de estar controlada, ya que suele haber alguien a quien no conoce y que trabaja por allá vigilando de forma anónima, no sea que vaya al baño o se distraiga. Es así y lo saben ella y otra compañera que suele acompañarle en este desdichado trabajo, y que coinciden de vez en cuando, cada una en su promoción, donde están sujetas a las oportunas llamadas para comprobar cómo va el negocio, cuantos productos han vendido, a cuantos han informado.
Y así va tirando, esperando la llamen para la siguiente promoción. Mientras tanto se recorre los numerosos centros comerciales del lugar, sus múltiples, idénticas e impersonales tiendas que lo abarrotan, confiando que necesiten a alguien, vendiendo lo que sea, ya sean baratijas, gafas, chuches o camisetas, pero nunca necesitan gente, así que se pone frente al monitor y envía cientos de currículos a través de Internet. Y a esperar la siguiente promoción.
Ha decidido rebajar su currículo, retirar cuanto se refiera a preparación académica, cultural, y formativa, dejarlo simple y llanamente en lo más elemental, en la ESO, a ver si así la toman en serio y consigue algún trabajillo, algún ingreso que le permita pagarse lo más elemental – ahora quiere sacarse el carnet de conducir - y evitar la desesperación en la que en ocasiones se ve sumida, aunque se lo toma con cierto sentido del humor, que afortunadamente no le falta.
Papá, me dice una mañana, me han llamado para una promoción en un supermercado. Tienes que llevarme a Madrid a recoger el puesto que tengo que montar una hora antes de empezar la promoción. Cuando termine, tendré que recoger y llevarlo de nuevo y aunque no me pagan ese tiempo ni el desplazamiento, son sesenta euros el fin de semana, en horario de once a diecinueve, con cuarenta y cinco minutos para comer, ¿Qué te parece?
Tú eres la reina de las promociones, hija mía, no puedes, por lo tanto, rebajarte hasta esos extremos. Que se lo alojen donde les corresponda, le dije - evidentemente en otros términos mucho más claros y rotundos -. Seguramente alguien acabará por acatar los términos de ese humillante trabajo, pero tú, en esta ocasión, no lo vas a hacer.
Con todo, lo realmente indignante, vil y rastrero, es que el Sistema permita, firme, selle, registre y apruebe unas infames condiciones – y me refiero al susodicho contrato y a tantos otros que no son sino auténticas vilezas - que nos devuelven a tiempos de la esclavitud laboral.
El Estado Social y de Derecho no puede, ni debe ni tiene que permitir estos atropellos.

sábado, 12 de febrero de 2011

CINCUENTA SIGLOS DESPUÉS

Cinco mil años han pasado desde sus comienzos como nación y al fin los ciudadanos Egipcios se han librado del último dictador que durante treinta años se había obcecado en mantener el poder a toda costa, a imagen y semejanza de los antiguos faraones que reinaron durante tres mil años, constituyendo una de las civilizaciones más grandiosas que ha conocido la humanidad a lo largo de su historia.
Durante tres largas e interminables semanas, los ciudadanos de Egipto se han erigido en una gigantesca multitud, en un grito unánime, en un sorprendente y admirable pueblo que ha decidido llevar a cabo una revolución pacífica que desde la plaza de Tahrir de El Cairo ha dado un hermoso ejemplo al mundo en general y a la sociedad Árabe en particular, proclamando a los cuatro vientos las ansias de libertad que las grandiosas Pirámides han recogido y elevado hacia el cielo para que su voz así amplificada en sus cuatro costados, se escuche para siempre en todo el planeta.
Admirables y valientes, los ciudadanos egipcios han tomado la determinación de expulsar de su trono al sátrapa que ha usurpado el poder durante tres decenios. Y lo han conseguido. Pese a las reticencias del dictador y su, según él, firme decisión de no desalojar el trono, la larga marcha de ciudadanos se ha dirigido desde la Plaza de Tahrir - plaza de la liberación – y calles adyacentes y así, la impresionante manifestación ha convergido en una inmensa masa humana frente al palacio Real, donde el acosado Rais, ha tenido que dar su brazo a torcer vencido por la multitud enfurecida y ha comunicado que dejaba el poder después de treinta años de mandato impuesto.
Digna de mención ha sido la posición del ejército que aunque sacó los tanques a las calles, ocupando la plaza Tahrir, tanques que los manifestantes han rodeado uno a uno, impidiendo así que pudieran movilizarse, no ha utilizado la fuerza así como el resto de las policía y demás fuerzas del orden, dando así un impecable ejemplo de respeto hacia la población a la que incluso comunicaron que entendían su posición.
Algo se mueve en el Mundo Árabe. Comenzó Túnez expulsando al dictador de turno, ha seguido Egipto y, posiblemente seguirán el mismo camino otras dictaduras de la zona. Alguien dijo que el destino de la forma de gobierno de las naciones árabes era la de quedar bajo el yugo de la tiranía o de la teocracia. Con estos hechos se demuestra que también allí, el pueblo soberano puede llegar a decidir su destino.
No ha sido fácil el camino recorrido por estos dos países en tan poco tiempo. Desgraciadamente, sobre todo en Túnez, aunque también en Egipto, han tenido que morir varios ciudadanos para que la liberación se hiciese realidad. Afortunadamente no ha tenido lugar ninguna masacre como se temía si los respectivos dictadores se hubieran empecinado en continuar en su puesto y hubiesen lanzado al ejército y al resto de las fuerzas represivas contra los indefensos ciudadanos.
Queda un largo camino por recorrer a estos países que ahora ven con ilusión el advenimiento de una democracia tan ansiada y que en tantos países, no sólo de esa zona, brilla por su ausencia.
La libertad llegó cinco mil años después. Sea bienvenida para siempre.

martes, 8 de febrero de 2011

NO NOS MERECEMOS ESTO

Me pregunto con frecuencia si de verdad hemos vivido, como nos dicen, como nos quieren hacer creer, muy por encima de nuestras posibilidades, consumiendo como posesos, endeudándonos con los bancos hasta extremos inconcebibles, viviendo alegre y despreocupadamente sin mirar hacia adelante, hacia un futuro que ahora parece de lo más negro e incierto para un importante sector de la población que se ve abocado al paro con la consiguiente marginación laboral que les impide mirar hacia adelante con ilusión, con esperanza, con una alegría de vivir sin la cual nada tiene sentido.
Cómo es posible que un período de tiempo tan pequeño – en poco más de un año - todo haya dado un vuelco de trescientos sesenta grados, que en tan poco tiempo se haya trastocado toda la economía mundial, que nadie, durante décadas, haya podido percibir que esto pudiera pasar, que no se haya podido remediar poco a poco, paso a paso, con medidas lentas y progresivas y no de golpe, cual hachazo doloroso y cruel, con unas consecuencias altamente traumáticas que han llevado a gran parte de la población al desánimo y al desaliento más absolutos como se puede contemplar hasta en la calle, donde la gente parece marchar algo más silenciosa, ausente y cabizbaja, como si una pesada losa pesara sobre los transeúntes.
Y pienso en los jóvenes, ya de por sí bastante acomodaticios hoy en día, y en su futuro y siento una profunda preocupación por su porvenir, por su ausencia de expectativas laborales, por su, a veces, ausencia de concienciación de lo que les está pasando, de la que se les viene encima, con un horizonte oscuro, casi negro, que debería ponerles en una rebelión permanente y que sin embargo se limitan a continuar en casa como si nada pasara, como si no fuera con ellos, con la que está cayendo, con la que está por caer. Es trágico, frustrante y desolador.
Pero aún más preocupante es la situación en la que se encuentran los trabajadores con esa cierta edad, digamos a partir de los cuarenta, que de una forma increíble, irresponsable y vergonzosa, es considerada por muchos como de ancianidad laboral. Es terrible, es triste, es de una injusticia desmedida, pero los que han sido despedidos recientemente tienen muy pocas posibilidades de conseguir un nuevo trabajo.
Con cargas familiares muchos de ellos y con una moral que arrastran por los suelos la desesperación es su día a día, y así se va creando una bolsa de población que vive en la angustia permanente, que se acrecienta trágicamente cuando son varios los miembros de la familia que se encuentran en la misma situación.
Ningún Estado puede permitirse las espantosas cifras que arrojan las estadísticas de un paro galopante, insoportable e insufrible que golpea las conciencias de los ciudadanos de un País que no se cree lo que ve y oye porque le cuesta admitir que esas cifras sean reales. Pero pocos son los que pueden afirmar que no conocen a alguien que haya perdido su empleo o que se encuentre en paro permanente. Un estado social y de derecho no puede maltratar así a sus ciudadanos.
No me pidan soluciones ni permitan que se las pidan a ustedes. Bastante nos han castigado con las ultrajantes medidas que han dictado desde las poltronas de sus despachos. No nos merecemos esto, nadie se merece esto.

viernes, 28 de enero de 2011

EL QUINTO PODER

Apenas posee dos décadas de vida desde que nació y ya se ha convertido en uno de los fenómenos más importantes y trascendentales de la historia de la humanidad. Nació como una red privada, interna y militar del ejército de los Estados Unidos y surgió como un proyecto destinado a proteger la seguridad nacional frente a un ataque nuclear. Hablamos de una poderosa herramienta que ha ido extendiendo sus tentáculos a lo largo y ancho de un mundo que ha visto cómo éste se transformaba para siempre merced a las portentosas posibilidades que lo erigen en un auténtico quinto poder. Hablamos de Internet.
Sus creadores, no sospechaban entonces, ni por asomo, que su invento iba a suponer para una civilización acostumbrada ya a los ordenadores, limitados entonces a una gestión y trabajo local que podía estructurarse en redes de computadoras unidas entre sí, compartiendo información, pero siempre a un nivel contenido, discreto y limitado en la capacidad de transmitir información muy concreta y determinada.
No vamos a descubrir aquí sus méritos y, cómo no sus deméritos, que también los tiene, ya que todo progreso supone de una forma automática y sin exclusiones, que un pago ha de hacerse como compensación al vertiginoso avance a la que las modernas tecnologías nos tienen acostumbrados.
Son no obstante muchas más las ventajas que los inconvenientes, y así maravilla la utilización del correo electrónico, la ventana multimedia, inmediata y permanentemente abierta al mundo que nos permite echarle un vistazo a cualquiera de sus rincones y comunicarnos en el momento mediante la utilización de las Redes Sociales, permitiendo así un intercambio a todos los niveles que ya apenas nos deslumbra, pero que hace apenas unos años, no lo vislumbrábamos ni remotamente.
Su influencia es tan grande, su enorme capacidad para remover conciencias, de alterar creencias, de modificar criterios, de crear estados de opinión y debate, son tales, que traspasando los umbrales del mero instrumento de comunicación, se ha erigido por méritos más que sobrados en una potente arma capaz de traspasar fronteras a lo largo y ancho del Planeta, influyendo en organizaciones de todo el mundo, instituciones de todo tipo y en última instancia en los gobiernos de las naciones más poderosas, en las más cerradas, en las más dictatoriales, que ven en Internet un peligroso instrumento a combatir.
Así, nos encontramos con que dichos Poderes, tratan de limitar su poderosa influencia, limitando o impidiendo el acceso de su población a las Redes Sociales, con el objeto de ocultar las miserias de todo tipo que le acucian, propios de las tiranías que siguen azotando el mundo y que se empeñan en cercenar la libertad de expresión impidiendo que sus ciudadanos abran esa ventana a través de la cual puedan gritar al mundo cuanto en su país sucede, cuyos gobernante quieren ocultar, al tiempo que evitan el posible contagio de las libertades y las bondades de una sociedad libre que contemplan a través de dicho espacio de libertad.
Pero el afán de bloquear e impedir el acceso a Internet no procede sólo de esos países. También los más ricos y poderosos tratan de recortar la influencia de dichas Redes Sociales en su población. No les interesa que se sepan las numerosas mezquindades que albergan los gobiernos de esas naciones y que a través de Internet se propagan por todo el mundo. En los documentos aireados por Wikileaks tenemos un soberbio ejemplo.
No debemos olvidarnos, que no solamente tratan de ejercer una limitación sobre la información que nos pueda llegar, si no que tratan de saber cada día más y mejor sobre nosotros los ciudadanos, y que es mucha y variada, ya que lo saben todo sobre nuestras vidas y haciendas.
He sido profesor durante muchos años. Un puñado de mis antiguos alumnos, a los que perdí la pista hace mucho tiempo, han conseguido dar conmigo gracias a las Redes Sociales de las que estamos hablando. Gracias a ellas nos comunicamos, intercambiamos opiniones, recuerdos de entonces y vivencias de ahora. Me enviaron fotos de aquella época en las que me encuentro entre mis alumnos. Enternecedor sentir que aún se acuerdan de ti, que te han buscado y han logrado encontrarte. Y todo gracias a Internet.
Mientras escribo estas líneas, escucho que en Egipto el ejército ha sacado los tanques a la calle para acallar a la población. Han cortado todas las conexiones de Internet con el exterior, así como las líneas de telefonía móvil como antes lo hicieron en otros países donde se halla instalada la tiranía empeñada en cercenar la libertad de expresión.
He ahí una prueba del poder de este medio y del miedo que los gobiernos totalitarios le profesan. Pronto o tarde, esa ventana al mundo libre que se empeñan en cerrar, se abrirá de nuevo y un soplo de aire fresco penetrará a través de ella inundando de luz y de libertad los espacios y las gentes que los déspotas se empeñan en ocultar al mundo libre.

viernes, 21 de enero de 2011

LA CEREMONIA DE LA CONFUSIÓN

Hace treinta mil años, nuestros ancestros, con la aparición del Homo Sapiens, ya poseían un nivel elemental de lenguaje que les permitía comunicarse. A partir de entonces fue perfeccionándolo hasta llegar a hace aproximadamente cinco mil años en que las diversas oleadas de poblaciones diversas, procedentes del centro de Asia, se extendieron por el resto del mundo conocido, entrando en contacto la multitud de lenguas existentes, iniciándose un intercambio entre ellas, que merced a los préstamos, cesiones y cambios lingüísticos habidos, originó las lenguas Indoeuropeas, que dieron lugar a los diferentes idiomas modernos tanto de Europa como de Asia meridional.
Desde esos comienzos, multitud de lenguas, hablas y dialectos han surgido, experimentando cambios, y desaparecido a un ritmo vertiginoso tal, que se calcula que hoy en día se hablan alrededor de seis lenguas y dialectos en todo el mundo. Para un planeta con más de seis mil millones de habitantes, la cifra es abrumadora y hasta cierto punto inexplicable, si tenemos en cuenta la moderna civilización que permite un comunicación permanente e instantánea entre la población de una sociedad cada día más mezclada y por lo tanto más necesitada de entenderse, de comunicarse, de poder transmitir sus emociones, sus deseos y sus vivencias al resto de los ciudadanos con los que conviven.
Pero parece que no estamos muy interesados en ello, pese a que en este empeño mucho nos jugamos, ya que las sociedades, sobre todo las europeas, cada día son más cosmopolitas, están más inmersas en un mar de lenguas que los integrantes de los diferentes países que nos visitan – no precisamente por placer, sino por necesidad – traen consigo, configurando así un panorama lingüístico realmente complicado.
De abrumador y hasta desolador podríamos calificar esta situación, si tenemos en cuenta los tremendos problemas de comunicación que se plantean y que impiden el entendimiento y la comprensión hacia estas gentes, y con ello la ausencia de malos entendidos e indeseadas suspicacias que se originan y que podrían desaparecer dando lugar así a la solidaridad, a la comprensión y a una postura más afecta hacia ellos, y que en estos momentos suele brillar por su ausencia.
Y en este punto nos encontramos, cuando en medio de mis reflexiones contemplo con estupor, como el Senado de nuestro País - con doscientos sesenta y cuatro miembros – ha decidido que se hablen cuatro lenguas, lo cual supone que tocan a un idioma por cada sesenta y seis senadores – en el planeta Tierra tocamos a un millón de habitantes por cada lengua – y algunos nacionalistas catalanes se permiten el lujo de manifestar que esto es sólo el principio, es decir, que con el tiempo se llegará a aceptar también en dicha Cámara al Ardanés Catalán, el Berciano Leonés y la Gacería de Cantalejo (Segovia) - con todo respeto y consideración hacia estos dialectos - y algún otro que de paso se les ocurra y que logre configurar la Babel más absurda, anacrónica e ininteligible que pueda imaginarse.
Todo esto me recuerda que hace una treintena de años se aventuraba cómo en el mítico año dos mil la sociedad, a la que denominaban la sociedad del ocio – imagino que querrían decir del aburrimiento – dispondría de tanto tiempo para no hacer nada – pensaban que las máquinas trabajarían por nosotros - que no sabríamos cómo disponer de tanto tiempo libre.
Adivinos ellos, no dieron una en el clavo, ni en éste aspecto ni en las supuestas ciudades fantásticas que diseñaban con los coches voladores y demás zarandajas con las que nos machacaban los aprendices de brujo. Contemplamos ahora como aceptaron de pleno, – salvo que se refirieran a los parados, aunque creo que no llegaran a tanto acierto - pues estamos mucho más ocupados – los que pueden estarlo, claro está – y pese a ello, bastante más abrumados económicamente que entonces.
Pues eso, que en el asunto que nos ocupa, pasa lo mismo. En lugar de simplificar, de hablar una sola lengua, de evitar con ello mal entendidos, de facilitar en suma la comunicación – y no hablamos del derroche económico que los gastos de las traducciones conlleva – montamos una moderna torre de babel, que choca frontalmente con la modernidad en la que nos desenvolvemos.
Las estadísticas mienten cuando afirman que en este País no hablamos idiomas. Sólo en un edificio de Madrid, en concreto en el Palacio del Senado, se hablan cuatro.

miércoles, 19 de enero de 2011

REBELIÓN A BORDO

No es éste un País que se distinga en exceso por su capacidad de autodisciplina, su espíritu de sacrificio ante determinadas situaciones que exijan un posicionamiento restrictivo ante las circunstancias negativas que puedan afectarle, su grado de unidad nacional, de solidaridad y de unión a la hora de defender valores comunes que afectan a la comunidad, salvo si se trata de celebrar los triunfos futboleros, las corridas de toros, las procesiones de semana santa, los innumerables puentes y fiestas de todo tipo que abundan por doquier y otros valores patrios que puedan afectar a la intocable individualidad que siempre nos ha caracterizado.
No obstante, es de justicia manifestar que seguimos siendo un tanto Quijotescos en determinadas situaciones, a la hora de defender causas perdidas – sobre todo si ello no nos afecta al bolsillo - , y, y así, somos solidarios con las desgracias ajenas ante las cuales mostramos un alto grado de capacidad de ayuda humanitaria como hemos demostrado en varias ocasiones ante diversas calamidades públicas que han asolado nuestro territorio y otras que afectan y han afectado a otros países.
Somos los primeros a nivel mundial en donar órganos y en la capacidad organizativa necesaria por parte de las instituciones sanitarias que llevan a cabo dicha labor, lo cual nos honra a todas luces vista. En otro orden de cosas, también hemos sido pioneros en legalizar las bodas gay, en tomar al asalto el islote Perejil y en declarar los toros Bien de interés Cultural, equiparándolos así al Museo del Prado, al acueducto de Segovia o a la Catedral de Burgos, por citar unos pocos ejemplos que muestren a las claras la desfachatez de semejante medida. Así de contradictorios nos mostramos con frecuencia, lo cual no puede ser un buen síntoma, pues denota o bien cierta inseguridad, o bien cierta anarquía o quizás cierta incapacidad para dilucidar entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, lo oportuno y lo inconveniente.
Y es que en este País, somos asín.
Pero lo que ya resulta incalificable es la rebelión a bordo que se está gestando por parte de los afectados – según ellos, aunque en mayor grado lo son los clientes – por la reciente ley antitabaco, que ha llevado a muchos propietarios de hostelería a declararse en rebeldía haciendo frente a una medida que hace años debería haberse puesto en marcha y que en Europa funciona a la perfección desde hace tiempo.
Claro que aquí, somos diferentes. Que nos suben la gasolina, la luz, el teléfono y otros productos de primera necesidad, pues oiga, no pasa nada, a aguantar. Nos congelan el sueldo – si no nos lo bajan como a los funcionarios – nos paralizan las pensiones, nos jubilan a los setenta años, pues muy bien, aquí no se mueve nadie, que me lo resuelva el vecino.
Ahora bien, que no nos dejan fumar en lugares públicos, que me impiden contaminar a los demás, que tengo que tomarme una cerveza sin el oportuno pitillo; pues no señor, de eso ni hablar, monto en cólera, me declaro insumiso en abierta desobediencia ciudadana y decido no respetar la ley, faltaría más.
Eso los clientes, que los propietarios, amparándose en la lentitud de la justicia – hay locales que se han declarado abiertamente rebeldes y no han sido ni multados – hasta rotulan sus locales declarándose en rebeldía y recabando firmas en contra de una norma que debería cumplirse con absoluto rigor.
La cultura del esperpento nacional, llega en este caso a tachar de chivatos a quienes denuncien a aquellos que incumplan, no lo olvidemos, una norma con rango de ley. Está claro que, desgraciadamente, siguen aún vigentes algunos idearios patrios que confunden la integridad y la dignidad con la estúpida desfachatez de la solidaridad mal entendida.

martes, 28 de diciembre de 2010

NO ESTAMOS SOLOS

A la eterna y nunca respondida cuestión múltiple de quienes somos, de dónde venimos y adónde vamos, a estas alturas del conocimiento humano, deberíamos añadir un nuevo elemento para completar dicha pregunta: con quién estamos. Y es que si abrimos un poco el plano de nuestra mente, aunque sólo sea mínimamente, deberíamos concluir que habitamos un planeta que no está aislado, que forma parte de un todo, de un universo inmenso, infinito quizás, pero al que necesariamente pertenecemos.
Nuestras limitaciones humanas son tan grandes que rechazamos cualquier idea o pensamiento tendente a identificarnos como habitantes del universo. Nuestra tecnología, que tanta soberbia despierta en nosotros, no está ni remotamente preparada para intentar navegar por el cosmos en busca de vida inteligente, que sin lugar a dudas existe ahí afuera y que se desarrolla paralela a la nuestra con grados de civilización sin duda dispares en el sentido de estar más o menos adelantadas con respecto a nosotros.
Pobres humanos, que en cinco milenios de existencia, no hemos logrado desterrar la violencia siempre presente a lo largo de una historia plagada de desigualdades y atropellos de toda índole que han ocasionado que media humanidad sufra lo indecible a causa de la otra mitad que vive en la opulencia si la comparamos con el resto, pero donde igualmente el hombre sigue siendo depredador de sí mismo en la lucha por sobrevivir.
Resulta extremadamente inquietante, para quién de vez en cuando deje volar su imaginación basada siempre en el conocimiento científico que hoy poseemos y vagar por esos mundos desconocidos de cuya existencia cada vez más segura está la ciencia y los científicos, cuya mayoría, en progresión constante, afirma que un veinticinco por ciento de las estrellas del universo poseen planetas con condiciones similares a las de nuestro planeta Tierra, que por lo tanto podrían albergar vida.
Si consideramos que nuestra galaxia, la Vía Láctea, a la que pertenece nuestro pequeño sistema solar, está integrada por cien mil millones estrellas y que dicha galaxia es una de las miles de miles de millones que el universo posee, la conclusión es que la posibilidad de que exista vida es adquiere una consistencia absoluta y que dicha vida sea inteligente, supone una posibilidad enorme habida cuenta de la infinita cantidad de planetas que podrían alojarla.
Ingenuos nosotros los humanos, hemos enviado alguna pequeña nave a deambular por el universo en busca de alguien que pueda recogerla y entender los mensajes que contiene sobre la vida en nuestro planeta, tratando de darles a conocer nuestra civilización a todos los niveles. Esperemos que sólo hablen de lo positivo, de la capacidad del hombre para crear, para amar, para mostrar su cara amable y no la terrible y espantosa capacidad que posee para destruir, y sembrar el horror y la violencia como viene haciendo a lo largo de los milenios de su existencia en un planeta que hace tiempo que empezó a dar signos de cansancio ante tanta agresión y desamparo a la que la sometemos cada día.
Estamos condenados a vivir en un planeta que maltratamos sin compasión, sin posibilidad alguna de abandonarlo emigrando a otros planetas, como ingenuamente aventuran quienes ignoran y desprecian la maravillosa e inmensa majestuosidad del universo y nuestra absoluta incapacidad técnica para semejante desafío. En cien años de desarrollo industrial lo hemos dejado irreconocible. La contaminación, destrucción y acoso permanente al medio físico y la barbarie e injusticia social, nos auguran un futuro incierto.
Posiblemente nunca entremos en contacto con nuestros desconocidos compañeros de viaje espacial que, en todo caso, estaría a cargo de ellos, dada nuestra ridícula capacidad tecnológica para semejante intento. Quizás para entonces ya nos hayamos extinguido. Pero de lo que no me cabe duda alguna es que si efectivamente llegaran a visitarnos, antes de encontrar en contacto, tratarían de conocernos, de saber quiénes somos.
Seguramente no tardarían en descubrirnos y en cambiar el rumbo en busca de otros mundos.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

EL SUEÑO DE LA LIBERTAD

En pocos días hemos podido comprobar cómo la libertad de diversos intelectuales de lugares tan dispares del mundo como China, Cuba e Irán, ha sido ultrajada, vilipendiada y maltratada ante los atónitos ojos de los ciudadanos libres del resto del mundo que contemplan estos hechos con estupor e incredulidad no exenta de ingenuidad, al pensar que estos hechos ya no formaban parte del siglo veintiuno, sino más bien de un pasado que creíamos olvidado por obsoleto, anacrónico y simple y llanamente injusto.
Y digo bien cuando hablo de ingenuidad pensando en los que se llevan las manos a la cabeza asombrándose ante la contemplación de estos hechos – más bien de estas fechorías – llevadas a cabo por los regímenes dictatoriales de esos tres países que cito y que no son los únicos, ya que podrían incluirse algunos más. Nos centraremos en los citados, y en los tres personajes afectados, cada uno de un país diferente y que son conocidos y reconocidos a nivel mundial: Liu Xiaobo de China, Yoani Sánchez de Cuba y Jafar Panahi de Irán.
El más conocido quizás, Liu Xiaobo, recientemente designado premio Nobel de la Paz, disidente Chino, condenado a once años de cárcel y firmante de un manifiesto en el que se piden reformas democráticas, ha visto cómo se le prohibía salir de su país – tampoco se lo han permitido a su esposa - con el objeto de recoger dicho premio en un gesto más de férrea dictadura comunista China, de la mano de hierro con la que gobiernan una nación, cuyos ciudadanos nunca han tenido la oportunidad de elegir a quienes han de ostentar las tareas de gobierno. Como en todas las dictaduras, se erigen en salvadores de la patria.
El caso de Yoani Sánchez, es aún más sangrante si cabe. La escritora y disidente cubana, ha visto en estos últimos años, en los que le han concedido múltiples premios internacionales, como el corralito cubano de los Castro y compañía le ha prohibido una y otra vez la salida del país para recoger dichos premios. El último, en Holanda, el premio Príncipe Claus para la cultura y el desarrollo.
Exactamente en dieciséis ocasiones le han impedido abandonar el país, su país, conculcando uno de los derechos más elementales como es el de la libertad de viajar, de residir y de trasladarse a cualquier parte del mundo. Este derecho como todos los demás derechos humanos, están pisoteados en una Cuba sumida en la miseria, hasta el punto de tener que reconoce públicamente que van al desastre si no hay cambios, según palabras textuales del dictador de turno Raúl Castro, aunque eso sí, sin abandonar los principios comunistas que los han llevado a esta situación y sin permitir que los ciudadanos elijan a sus gobernantes. Hasta ahí podríamos llegar.
Y por último, el caso del director de cine Iraní, Jafar Panahi, premio León de Oro en el festival de Internacional de cine de Venecia y premio Oso de Oro en el festival Internacional de cine de Berlín, entre otros, que ha sido condenado a seis años de prisión, y a una inhabilitación de veinte años, durante los cuales no podrá llevar a cabo ninguna realización creativa. Sencillamente pavoroso, esperpéntico y denigrante. Este país sufre las consecuencias de un gobierno teocrático y de un fanatismo religioso tal, que causa indignación e incredulidad al considerar que estos hechos tienen lugar en el siglo veintiuno.
Son sólo tres ejemplos de los incontables atentados contra la libertad que miles de seres humanos sufren en este planeta cada día. Inconfesables intereses de todo tipo llevan a los gobernantes de las democracias occidentales a no actuar. Sólo nos queda la denuncia permanente, constante e irrenunciable. Los modernos medios tecnológicos ponen a nuestro alcance los medios necesarios para ello, los cuales intentan torpedear, bloquear y anular los países causantes de tantos destrozos contra los derechos humanos. La libertad nunca puede reducirse a un sueño. Es un derecho irrenunciable.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

EL PERVERSO HÁBITO DE LA LECTURA

Afirma el escritor Peruano Vargas Llosa en su discurso de aceptación del Premio Nobel de literatura, que el hecho de aprender a leer, ha sido sin lugar a dudas, lo más importante que le ha sucedido en la vida. Con cinco años de edad aprendió a traducir las palabras de los libros en imágenes, en Cochabamba, Bolivia, donde el hermano Justiniano fue el encargado de descubrirle un mundo nuevo del que ya no se desprendería jamás y en el que se ha desenvuelto desde entonces con la soltura, la ilusión y la alegría de quién vive permanentemente instalado en un mundo mágico, mezcla de realidad, ficción y fantasía.
Y ahí sigue, con el mismo entusiasmo de sus primeros años, legándonos desde entonces su obra, como la de tantos escribidores que diría él, desde los primeros textos Sumerios, que se remontan a dos mil años antes de Cristo, pasando por los poemas épicos de la literatura India hasta llegar a la Ilíada y la Odisea de Homero, que marcan los comienzos de la Antigüedad Clásica, para llegar a la primera mitad del siglo XV, cuando la invención de la imprenta supuso un formidable paso de gigante al pasar a papel impreso los textos manuscritos y de tradición oral que hasta entonces y casi en exclusiva, los monjes en sus monasterios habían conseguido copiar.
Y hasta ahora, cuando la tecnología del siglo XXI, ha puesto a nuestra disposición los libros digitales electrónicos, que suponen un paso de gigante en la difusión de la lectura y que sin embargo tantos detractores encuentra a su paso. No entienden, dicen quienes así piensan, que pueda disfrutarse la lectura cuando se lleve a cabo en un artefacto frío, estático, donde no pueda apreciarse ni su olor, ni su calor ni su tacto singular cuando de pasar las hojas se trata, de abrirlo, cerrarlo, tocarlo con las manos, sentir que tiene vida propia, que los personajes, las situaciones y los hechos van a desbordar el papel y van a salir a la luz tomando vida propia.
No podemos descartar en absoluto esta moderna tecnología, que nos brinda un mundo de comodidades que debieran facilitan el placer de la lectura. Posiblemente estas personas lo descartan a priori, sin haberse tomado la molestia de tomar uno entre sus manos, de pasar las páginas con un simple gesto de la mano, de volver atrás, adelante, de cambiar el tamaño del texto, el tipo de los caracteres, de ajustarlo, en fin a su capricho y, sobre todo, de disponer en un espacio equivalente al de un libro clásico, miles de títulos, de cientos de autores; en suma, una pequeña gran biblioteca en un solo tomo.
Pero por encima de todas estas consideraciones, están todas aquellas que predisponen al lector a disfrutar de la magia de traducir las palabras en imágenes, de introducirnos en mundos irreales, fantásticos, imaginarios o de potenciar nuestros conocimientos, nuestro afán de saber, de conocer, de perfeccionar lo que ya sabemos y de introducirnos en mundos nuevos, apasionantes, que la lectura nos descubre para deleite, disfrute y satisfacción del saber y conocer de quienes se acercan a ellos, los abren, los leen y los cierran cada día, marcando la página donde quedaron, con la ilusión puesta en su continuación que ya se demora demasiado.
No es éste un País donde se lea mucho, es más, se lee poco. Un botón de muestra, nos lo da el hecho de que el periódico más leído, por encima de los grandes diarios de información general, es un conocido periódico deportivo. Un poco triste este panorama, que se agrava cuando comprobamos que las jóvenes generaciones apenas leen, que se encierran en su mundo tecnológico, permanentemente comunicados mediante los móviles y las numerosas Redes Sociales, que por cierto, son un vehículo fantástico para compartir, comentar y divulgar la lectura.
Pero no lo utilizan para estos fines, sino, en general, para otros temas intrascendentes, que en nada fomentan el hábito de la lectura, perdiendo con ello no sólo el disfrute que conlleva, sino la divulgación del conocimiento que supone leer un libro, así como la adquisición de una cultura de la que carecen la mayoría y que nos sitúa, según las últimas estadísticas de la Comunidad Europea, a niveles que inducen al sonrojo al conocerlas.
Navegando en esa maravillosa herramienta que es Internet, encuentro con sorpresa y alegría mal disimulada, que siguen editando Selecciones del Reader´s Digest. No recuerdo cómo ni donde los conseguía, pero sí que desde muy pequeño, tendría diez años, leía con fruición esta publicación todos los meses. Quizás algunos la recuerdan. Contenía numerosos relatos de todo tipo que no eran sino extractos de artículos literarios, científicos y divulgativos en general, publicados en revistas y periódicos de todo el mundo.
Para mí, supuso la iniciación a la lectura, hábito perverso como pocos, porque te absorbe, te esclaviza y te ata de tal forma, que de sus garras no puedes escapar. La lectura nos hace libres, cultos e informados y tiene la virtud de cambiar nuestro mundo y de confundir realidad con fantasía, a imagen y semejanza del inefable Alonso Quijano trocado en Don Quijote de la Mancha.