martes, 9 de mayo de 2017

LA SOLEDAD DE LOS PUEBLOS

Recorro con lentos y sosegados pasos, las calles y plazuelas del pueblecito donde nací, hace ya los años suficientes como para mantener lejanos recuerdos en el tiempo, que ocupan un amplio y querido espacio en una memoria que hace afluir a raudales lugares, casas y personas, la mayoría de las cuales, ya no volveré a ver por mucho que a sus puertas llame, en un afán de un imposible retorno a un pasado que se muestra ajeno a mis añorados deseos de retomarlo.
Es un frío y desangelado día de invierno. La sierra, cubierta de un ligero manto blanco, parece abarcarlo todo, describiendo un arco de ciento ochenta grados a una distancia prudencial del pueblo, como si así pareciera querer respetarlo, entre los cuales media un espacio de campo cubierto por montes de encinas, robles y enebros, fincas de cereales, tierras de labor, prados y praderas, plantíos y arboledas, caminos y sendas, y algunos huertos y suaves colinas,  que salpican el paisaje desde la falda de la montaña hasta las inmediaciones del serrano y solitario pueblecito.
El río, leve y silencioso, hasta el extremo de decidirse a serpentear alejado del pueblo, que como quien dice, está a un paso, pero lo suficientemente lejano como para no dejarse oír, en una ceremonia de una sutil y delicada intención de dejarse ver sin molestar, sin alterar su curso, que en verano apenas es un tímido reguerillo y que en invierno troca en caudaloso y sonoro verso de agua.
Un pueblo que como tantos, parece verse abocado a una soledad, que afecta a innumerables zonas rurales de diversas zonas de España, que ven cómo se despueblan, cobrando algunos cierta vida en verano, como si fuera un espejismo, para decaer en invierno, cuando parece desaparecer toda vida en unas calles desiertas, y donde solamente el parsimonioso humo que surge de alguna chimenea, parece contradecir esta impresión, que en cualquier caso nos habla de que aún unas pocas gentes allí habitan, al amor de la lumbre.
La hermosa iglesia se yergue solitaria en el punto más alto, como si se mostrase vigilante ante la llegada de cualquier visitante que lo hiciera a través de las dos entradas de acceso, como si quisiera ser la primera en celebrar su llegada, sabedora de su privilegiada posición, no sólo geográfica, sino en calidad de edificio más representativo y singular del pueblo.
 Adosada al pequeño, cuidado y leve cementerio, se muestra orgullosa de su bella y escultural torre en espadaña, poseedora de centenaria campanas, que han celebrado las fiestas con algarabía, así como bodas y bautizos, y que han despedido a innumerables vecinos con lúgubres sones, cuando llegó su hora de partir, y que trataron de ahuyentar las temibles y demoledoras granizadas que destrozan las cosechas, y que siguen llamando una vez a la semana, a los pocos vecinos que asistir quieren a la misa dominical.
Produce honda tristeza, y una sensación de hondo vacío contemplar este penoso despoblamiento, así como el desolador espectáculo que ofrecen la mayoría de estos hermosos lugares abandonados a su suerte, en medio del silencio que los habita. Un silencio y una paz, que los ciudadanos de las ruidosas ciudades ansían, que tienen ahí, muchas veces a poca distancia, pero que son incapaces de disfrutar, porque acaso ignoran que allí pueden encontrar todo cuanto puedan necesitar, en un entorno idílico y natural.

miércoles, 3 de mayo de 2017

LAS ARMAS DE LA INFAMIA

Pocos temas resultan tan dolorosos y difíciles de tratar, como el de la nefasta, cruel y abyecta historia de la banda terrorista ETA, que durante cincuenta años asoló este País, sembrando el dolor, el sufrimiento y el más atroz y desesperado desconcierto en sus ciudadanos, que durante tantos años vivieron en vilo cada uno de sus días, pendientes de la actividad asesina de sus fanáticos miembros, que ahora dicen, cinco años después, que entregan las armas, seguramente ya obsoletas, caducadas la mayoría, lo que no supondría por lo tanto ninguna medida de claudicación y de asunción de una derrota, que de ninguna manera quieren aceptar.
Un anuncio que tiene más de maniobra publicitaria, de un deseo de dejar constancia del hecho de que siguen ahí, que no se han retirado a sus cavernas, que continúan en una lucha sin armas, de la que jamás han renegado, que de una auténtica y efectiva acción de un desarme humano que debería conducirles a pedir perdón a sus víctimas y a los familiares de los que segaron sus vidas, a la vez que de una vez por todas, se disolvieran definitivamente para cerrar un oscuro y patético capítulo de la historia, que nunca debió abrirse.
Pero fueron sus víctimas, más de ochocientas, y sus familias, quienes han soportado un martirio de gigantescas proporciones durante la mayor parte de esos espantosos años de plomo, en los que sufrieron el escarnio más odioso de cuantos apoyaron a los asesinos, siendo continuamente humillados y vilipendiados, en medio del odio y la incomprensión, justificando y apoyando a los verdugos, en un acto de incomprensible e inadmisible falta de humanidad y de una mínima y elemental compasión, desconocida para ellos y sus ofuscados y siniestros corazones, ciegos de odio y de un fanatismo que ha dejado un inmenso rastro de dolor y sufrimiento.
Hace muchos años, cuando no había semana en la que no nos despertásemos sin un sangriento atentado, que para sembrar más confusión, frustración y desazón en los ciudadanos, llevaban a cabo los lunes, cuando la gente retornaba al trabajo, cuando más podían hacer extensivo el dolor y el miedo, recuerdo haber leído las declaraciones de un etarra que se manifestaba en el sentido de que no contemplaba la posibilidad de perder la lucha armada, que no concebía la posibilidad de no ganar esa guerra, de no conseguir su último fin, su único objetivo, que no era otro que el de la independencia de Euskal Herría.
Y ahora, cuando hace cinco años que dejaron de matar, cuando anuncian la entrega de las armas, que no su disolución, cuando el País Vasco vive en paz, cuando la tensión ha disminuido los suficientes enteros como  para que ya no suponga el problema que llegó a atenazar la vida de todo un País, cuando la normalización ha llegado al punto de que ya casi nadie habla del tema, los presos de la banda que aún quedan en las cárceles, se acogen cada vez en mayor número a una solución individual para acercarlos a sus lugares de origen, reducir sus penas o conseguir la libertad, alejándose de las consignas de la ETA que aún sigue vigente y que les obligaba a cumplir la condena completa.
Nada han conseguido después de tan estúpido y cruel suplicio. Han perdido la inútil y cruenta guerra. Han destrozado las vidas de cientos de personas, de sus familiares, e incluso las suyas. Pero son pocos, muy pocos los que han pedido perdón, los que han reconocido el daño causado. La mayoría sigue pensando que la lucha armada mereció la pena. Vileza, infamia y desprecio por la vida, es lo que destilan tan ofuscadas mentes.

lunes, 24 de abril de 2017

LOS ENREDOS DE PODEMOS

¿Qué pasa por la mente de los componentes de Podemos, que se muestran absolutamente incapaces de desligarse de sus postulados más irracionales, hasta el extremo de relativizar cualquier controversia de las muchas en las que con frecuencia se ven inmersos?
¿Cómo es posible que una y otra vez, mantengan posiciones ambiguas unas veces y radicalmente absurdas y obcecadas otras, hasta el extremo de que ante determinadas y comprometidas preguntas, se adivinen ya sus invariables respuestas antes de ser emitidas?
Y es que es tal el grado de estancamiento al que han llegado, que ante la increíble muestra de una aparente imposibilidad de desmarcarse de sus rígidas posiciones, emiten invariablemente un discurso ya archiconocido que parece pretender diferenciarse y distanciarse del resto del arco político.
Prisioneros de su ideario, que suena en exceso a populismo trasnochado, se les aprecia un aire neo progre y esnob, a estas alturas ya pasado hasta la extenuación y el aburrimiento, que a este paso les va a hacer perder otro millón de votos, ante un electorado cada vez más hartos y cansado de sus posiciones extremistas y sus adhesiones más inoportunas por ridículas y fuera de lugar.
Los últimos acontecimientos que se han desarrollado en Venezuela, con el auto golpe de Maduro, han dejado a la vista, con toda la meridiana claridad más explícita y esclarecedora, cómo los diversos interlocutores de Podemos que se han pronunciado sobre el tema, lo han hecho con la tibieza y relatividad acostumbradas, en un alarde de no condenar unos hechos injustificables y a un tirano populista que está arrasando el País, y dejando en la miseria más absoluta a sus ciudadanos.
Con un lenguaje que recuerda antiguos comportamientos, afortunadamente pasados, cuando ante hechos bárbaros, en los que una parte era la que ejercía la violencia contra el Estado y sus ciudadanos y la otra sufría sus consecuencias,los simpatizantes de los agresores llevaban a cabo declaraciones en las que repartían equitativamente el peso de la culpa y del sufrimiento, equiparando a víctimas y verdugos, siendo incapaces de condenar clara y taxativamente unos hechos que bastaban por sí solos para dejar constancia de que sólo ellos eran los causantes de tanto dolor.
No es el caso aquí analizado en cuanto a violencia se refiere, no hay hechos dolorosos ni sufrimiento soportado por ninguna parte. Pero sí existe la constancia, de unos numerosos sucesos acontecidos, no sólo el aquí citado, en el que los componentes del grupo políticos Podemos, siempre toma partido por las posiciones más extremistas, radicales e irracionalmente planteadas, en oposición a casi todos, en un acto que más parece tratar de diferenciarse del resto, que de asumir unas convicciones que no obedecen ni a la razón, ni a la más mínima y elemental sensatez.
Esta obcecación en negarse a condenar determinados hechos en múltiples ocasiones, como en el acoso de unos energúmenos abertzales en Alsasua a dos guardias civiles,no tiene sentido alguno, con el agravante de que muchos votantes suyos o potenciales simpatizantes, son disuadidos por este incalificable comportamiento, que no tiene excusa alguna, y que se empeñan en mantener, aunque  es verdad que en alguna ocasión no ha sido unánime la postura,a la hora de llevarla a cabo, lo cual indica una cierta división, aunque mínima, en sus impenetrables y tupidas filas.
Dos de sus últimas y peculiares intervenciones, tienen que ver con las misas televisadas por una cadena pública, cuya emisión no entienden en un Estado aconfesional, algo en lo que llevan toda la razón, y la petición de perdón por el consumo de coca cola en el Senado. Una de cal, y otra de arena.

lunes, 17 de abril de 2017

PATENTE DE CORSO

Difícil y comprometido resulta en este País ejercer una somera crítica acerca de determinadas costumbres ancestrales, algunas de ellas sagradas, no en sentido figurado, sino en sentido absolutamente estricto, como es el caso de la Semana Santa, ya que el arriesgado e ingenuo, a la par que infeliz ciudadano que a ello se atreviere, puede resultar maltrecho y vapuleado por semejante y descarado desliz.
Y es que razones nos asisten a quienes no comulgamos con estas demostraciones que durante siete días al año, y en todo el País, parecen gozar de una patente de corso para ocupar las calles, en una aparente demostración de fervor religioso, muy lejos de una realidad social que se mantiene al margen de una religiosidad, promovida por la iglesia católica, que continúa injustificadamente sostenida por un Estado aconfesional como el nuestro.
Conozco el caso de un conocido escritor y articulista, que narraba en una de sus colaboraciones en un medio de alcance nacional, cómo airadamente le recriminaron el hecho de intentar cruzar a través de una procesión que ocupaba toda la calle dónde él tenía su vivienda, cuando su intención no era otra que la de acceder al portal de su casa. Él, que nunca se distinguió por su afición a estas demostraciones religioso-callejeras, dedicó el susodicho artículo a dejar en no muy buen lugar a estos actos que se adueñan de las calles de nuestras ciudades.
La España de charanga y pandereta, devota de Frascuelo y de María, la España inferior que ora y embiste cuando se digna usar la cabeza, la que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz, tal como la describía Machado, y que pese al tiempo ya pasado, casi cien años desde que escribió estos atribulados versos, apenas nada parece haber cambiado, ostentando una desafiante actitud combativa para ocupar calles y plazas de todo un País, durante una semana de pasión, dolor y tétrica y oscura demostración de arte religioso.
Es como si el tiempo se hubiera detenido, como si no hubiera tenido tiempo de experimentar una transformación necesaria en un País donde el carácter de las gentes y las ancestrales costumbres se mantienen incólumes, como si hubiese sufrido un proceso de paralización social y humano, que impidiera cualquier cambio, cualquier manifestación dirigida hacia la modernidad en todos los órdenes.
Los turistas que nos visitan en tan señalada semana, asisten perplejos y sumamente asombrados ante semejante demostración de una aparente fervor religioso, con un continuo gesto de sorpresa y extrañeza, que los divierte y asombra al mismo tiempo, que no entienden ni comprenden, y que les da qué pensar, en cuanto a si este País pasa de la modernidad a la más siniestra y atávica demostración ancestral.
No deseamos herir sensibilidades que en estos casos parecen estar siempre a flor de piel a cargo de tanta gente que ante estos hechos se muestras intransigentes y a la defensiva, y que mantienen una actitud de una testaruda inflexibilidad, sin conceder un ápice de espacio hacia los demás, desde su rígida actitud, hacia las diferentes posturas de quienes no piensan como ellos, pero que ven como todos los años la semana santa se apodera de las calles y de los medios de comunicación, que retransmiten las procesiones.
No cabe duda de que el sector turístico en general, y el de la hostelería y restauración en particular, tienen grandes intereses en estas demostraciones religiosas. Con ellos y con la iglesia hemos topado.

martes, 11 de abril de 2017

LA REBELIÓN CATALANA

Tiempos aquellos en los que el inefable Ibarretxe nos martirizaba con una constante y permanente tozudez, amenazando con una consulta independentista del País Vasco, que nunca llegó a celebrarse, pero que nos tuvo en continua y exasperante tensión durante todo el tiempo que duró su irritante mandato, hasta que vino al Congreso de los Diputados y se le comunicó que dicho referéndum no podía llevarse a cabo, porque así la impedía la Constitución.
Para sorpresa de muchos, y descanso de todos, que no confiaban en que simplemente con este sencillo pero radical y convincente argumento se le pudiera convencer, de la noche a la mañana se retiró a sus cuarteles, dejó de reivindicar la consulta y poco le faltó para olvidarse de una Euskadi situada fuera de una España que le agradeció inmensamente su relajación independentista, hasta el punto de que si no fuera porque siempre demostró su testarudez en estas convicciones, podríamos afirmar que se había retractado de las mismas.
Algo impensable en los actuales dirigentes catalanes, que están dando muestras de una inquebrantable y decidida marcha hacia un separatismo radical y feroz, que están llevando desde hace ya varios años de una manera tal que les ha llevado a plantar cara al Estado, llevando a cabo una serie de medidas dirigidas llevar a cabo un referéndum unilateral que les conduzca a una independencia de la que no están dispuestos a hacer dejación alguna, pese a las continuas sentencias negativas y condenatorias del Tribunal Constitucional.
El problema planteado es mucho más serio y trascendente de lo que parecen querer dar a entendernos tanto los medios oficiales, como los medios de comunicación. Los primeros se dedican a negar la imposibilidad legal de llevar a cabo un referéndum que la Constitución no contempla, y los segundos nos trasladan las declaraciones que llevan a cabo los dirigentes catalanes, en un tono cada día más insumiso y desafiante, pero sin sugerir o plantear soluciones a un conflicto que cada vez está más estancado y que puede desencadenar consecuencias imprevisibles y en absoluto deseables.
Mientras tanto, los dirigentes independentistas, cada día más radicalizados se preparan para plantar cara al Estado con acciones que llevarían a cabo con la imprescindible colaboración de una ciudadanía que tendría que movilizarse en masa, siempre con vistas a una resistencia activa y no violenta, que impediría las supuestas acciones represoras del Estado, y que sucintamente citamos a continuación en nueve resumidos puntos:
1.- Si se precintan los colegios electorales, sencillamente se desprecintarán. 2.- Creación de grupos de defensa de la república catalana. 3.- Ocupación de infraestructuras de todo tipo y protección de la radio y la televisión. 4.- Invitación a los trabajadores para que paguen sus cotizaciones y tributos a la Generalitat y no al Estado español. 5.-Desobediencia civil masiva.
 6.- Cuando un juez dicte una inhabilitación contra un cargo público, la desobediencia por parte de éste, y con el apoyo de la ciudadanía, serán la norma a seguir. 7.- Se advertirá al pueblo catalán, que se llevarán a cabo acciones que se situarán al margen de la legalidad. 8.- Se llevarán a cabo acampadas de protesta indefinidas por parte de los ciudadanos. 9.- Se invitará a los catalanes a la insumisión fiscal.
Una declaración de rebeldía en toda regla. Un gigantesco problema, que este País debe afrontar.

lunes, 3 de abril de 2017

LA CIUDAD EN SILENCIO

Disponer del suficiente tiempo para recorrer las desoladas calles de una pequeña ciudad cualquiera de este País de nuestros desvelos, y hacerlo sin prisa ni precipitación alguna que pudiera distraernos en nuestro afán observador, supone descubrir un mundo aparte del que nos solemos formar en la aburguesada y tranquila mente, de quienes solemos tender a imaginar e idealizar, situaciones y vivencias que solemos hacer extensivas a los demás.
Tanta gente, que a veces sin saberlo ni mucho menos sospecharlo, está muy próxima y cercana a nosotros, tanto que no nos damos cuenta de que pueden vivir en mundos absolutamente dispares y distintos del que habitamos nosotros, acostumbrados como estamos a encerrarnos en nuestro pequeño mundo,al margen de los demás, inmersos en nuestro duro e impermeable caparazón defensivo que nos aisla del resto.
Una coraza de duro material, generalmente inmune a los desvaríos y desafíos externos que pudieran alterar nuestro tranquilo y relajante mundo interior, exclusivo y excluyente, que no atiende más que a sus expresas y siempre justificadas y perentorias necesidades, y que casi nunca está dispuesto a permitir que ningún intruso destruya la estabilidad material y anímica que lo mantiene en su lugar, a modo de muralla defensiva impenetrable.
Impermeable a cualquier intromisión que pudiera alterar su vida, este duro muro defiende un interior que no ignora una realidad externa que le acucia y le molesta, y que aunque no conoce en su totalidad, si sabe de su existencia, pues no impide que pueda conocerlo a través de los numerosos medios que posee para observarlo, algo que no le agrada, que le incomoda, pues le obliga a considerarlo, y eso es algo que trastorna su pacífica y cómoda existencia.
Una realidad que la tenemos delante día a día, posiblemente en nuestro entorno más próximo, que incluso se observa en esas frías calles de un duro invierno, recorriéndolas en esos horarios desacostumbrados e imtempestivos que la mayoría no solemos contemplar, en una visita que para muchos pasa sin que se altere su visión del mundo, pero que otros lo perciban de una manera traumática, a fuerza de aplicar los cinco sentidos a cuanto le rodea.
Una ciudad de tamaño medio, como casi todas, generalmente ruidosa, pero no por las gentes que la transitan como si de incógnito se movieran, sino por un inclemente y permanente tráfico que roba el espacio y la vida de las personas que se han visto relegadas a unas estrechas aceras, como si hubiesen sido expulsadas y relegadas a esos mínimos espacios.
Que cada vez son más pequeños y no siempre carentes de peligro, que nos recuerdan cada día, que las voraces y contaminantes máquinas, hace ya demasiado tiempo que se apropiaron de las urbes, desalojando a sus legítimos propietarios y relegándolos a un segundo plano, perdiendo desde entonces el protagonismo que por derecho corresponde a unos peatones que no se reconocen como tales en medio de la vorágine del tráfico.
En estas ciudades, descubriremos los días de diario un espectáculo a veces triste, a veces desolador, pero siempre sombrío, con gentes, generalmente pocas, que se mueven como si fuesen empujadas por algo o alguien que les infunde el ánimo necesario para avanzar, para dar un paso más, como si no fuesen capaces de hacerlo por sí mismas.
Gentes de toda condición, mujeres y jubilados en su mayoría, las unas con las bolsas de la compra en una mano y quizás un niño pequeño en la otra, quizás calculando si llegarán a final de mes, si se ha pasado en los mínimos gastos en la tienda del barrio, y los otros, con una mirada que parece siempre perdida, contemplando cualquier espectáculo por leve que sea que altere la monotonía de sus vidas.
Los parques apenas registran actividad, salvo algunas madres con sus hijos más pequeños en los columpios, si es que los hubiere, personas mayores sentados en los bancos de madera, charlando entre ellos, o mirando a un vacío infinito donde quízás habite la soledad más profunda.
La parte más amarga y cruel de la existencia, se aloja en esos grupos de indigentes y jóvenes enganchados al alcohol y la droga, que se reúnen en torno a unas mesas donde discuten y hablan, todos a la vez, acerca de sus mutiladas vidas, alejados del resto, en un rincón alejado del parque, como si de apestados se tratasen, en un acto de cruda y despiadada marginación, que ellos mismos se procuran, y donde ni siquiera se molestan en contemplar las miradas aviesas y precavidas de quienes por allí pasan.

sábado, 25 de marzo de 2017

EL GRAN HERMANO

En la novela 1984, de George Orwell, el Gran Hermano es el ente que gobierna Oceanía, un personaje que nadie conoce, pero que está presente a lo largo de toda la novela, con una constante y enigmática presencia, pues nunca llega a aparecer en persona ni a conocerse su nombre real, pudiéndose tratar de una invención llevada a cabo por el Partido, con el fin de ser utilizada como arma de propagando para infundir confianza, temor y respeto en la población.
George Orwell se inspiró en líderes totalitarios caracterizados desarrollar una política de miedo y de extremada reverencia hacia sus personas, educando a la población a través de una propaganda gubernamental intensiva, existiendo una especial reminiscencia en gobernantes del comunismo y del fascismo tales como Stalin o Hitler, en particular el primero de ellos, quien tiene más similitudes con el personaje de la novela.
Las nuevas tecnologías se basan en una comunicación a escala global, en la que todos los dispositivos conectados son susceptibles de intercambiar información entre ellos, de tal manera que quien posea los conocimientos y habilidades precisos en el manejo de la informática de alto nivel, así como en la situación de conocer y manejar las aplicaciones y programas necesarios, puede llegar a acceder desde un ordenador a otros remotos situados en cualquier lugar del globo terrestre.
Famosos son los casos en los que hace ya bastantes años, en los comienzos de la era de la informática, unos jóvenes lograron modificar la trayectoria de un satélite espacial de los Estados Unidos, así como la invasión de cuentas bancarias sobre las que se actuó, llevando a cabo transacciones fraudulentas, que se saldaron, nunca mejor dicho, con transferencias y otras operaciones bancarias de unas cuentas a otras, o casos documentados, en los que las intrusiones tuvieron lugar en los sistemas de defensa, entrometiéndose así en un sector tan delicado como el del armamento, poniendo en peligro los sistemas de lanzamiento de misiles.
Desde entonces, la tecnología ha progreso enormemente hasta extremos inimaginables entonces, y aunque hoy, las medidas relativas a la seguridad informática han progresado inmensamente, ello no es obstáculo para que las contramedidas oportunas se hayan desarrollado al mismo tiempo, lográndose así saltarse cuantas barreras se colocan para evitar intromisiones de todo tipo.
El problema es de tal calibre, que en algún país avanzado europeo, léase Holanda, en las últimas elecciones generales que se han llevado a efecto, se ha decidido llevar a cabo el recuento de los votos depositados en las urnas, de una singular forma hoy en día: a mano. Tal es el miedo a que los hackers, especialistas en intromisiones informáticas, puedan introducirse en el sistema informático de recuento de votos y desvirtuar los resultados.
Recientemente,  la archiconocida WikiLeaks – fuga, filtración, goteo de información – del no menos famoso Julian Assange, ha sacado a la luz La primera de las siete entregas que compondrán la “mayor filtración de datos de inteligencia de la historia” es un capítulo denominado Year Zero, que abarca el período desde 2013 a 2016, fase en la que la CIA habría puesto en marcha unprograma encubierto de hacking que incluye malware y que ha explotado las vulnerabilidades de un amplio segmento de productos y empresas tanto europeas como estadounidenses.
Tal y cómo informaba WikiLeaks, algunos de estos productos que los servicios de inteligencia han usado para llevar a cabo sus planes de ciberespionaje son los teléfonos móviles o Smartphone, y hasta las Smart TV quepueden transformarse en micrófonos encubiertos a través de un software elaborado en colaboración con el MI5 británico, según la plataforma de Assange.
La web de filtraciones Wikileaks ha publicado 8.761 documentos confidenciales de la CIA sobre varios métodos de espionaje a través de las nuevas tecnologías. Las filtraciones dejan en evidencia los procedimientos que utilizó la agencia para piratear aplicaciones de mensajería teléfonos móviles, televisores inteligentes u ordenadores portátiles, una información que ha dejado a los usuarios de estas tecnologías un tanto inseguros sobre su privacidad.
El Gran Hermano nos vigila, nos controla y nos graba, sin tener en cuenta nuestra privacidad, seguridad, y por supuesto intimidad. Esta expresión se popularizó enormemente cuando un programa concurso televisivo del mismo nombre se hizo famoso, que consistía en la grabación permanente de un grupo de personas que habitaban una casa donde residían por un tiempo, utilizando múltiples cámaras que les grababan continuamente, aunque con el correspondiente permiso de los oportunos concursantes.
Pero el Gran Hermano tecnológico, no nos pregunta, no nos pide permiso ni anuncia su visita. Nos espía continuamente barriendo los múltiples dispositivos que utilizamos en la vida diaria. Quizás no lo haga conmigo ni con usted, ciudadanos de a pie sin relevancia alguna, pero si destacásemos en alguna importante faceta que pudiera incomodar a los ocultos y siniestros poderes repartidos por el planeta, posiblemente pudiéramos ser objeto de la perversa atención de ese Gran Hermano que nunca duerme ni jamás descansa y que George Orwel describió con su portentosa imaginación en su famosa novela, que al cabo de los años, vuelve a cobrar pleno sentido, como si de una nueva puesta en escena fuera a tener lugar.

martes, 21 de marzo de 2017

EL SIGLO DE LOS MITOS

Hace unos cuantos años, cuando se percibía desde la lejanía el mítico año dos mil como el comienzo de una nueva era para la humanidad, las mentes más fantásticas aventuraban un futuro de ensueño, donde las máquinas sustituirían a los seres humanos en el trabajo, lo que propiciaría un mundo de ocio y tiempo libre de tales dimensiones, que los ciudadanos no sabrían cómo ni dónde emplearlo.
 Era tan prodigiosa y abundante la imaginación de estos augures, que consideraban que el espacio de tiempo del que iban a disponer iría in crescendo, merced a que los robots desarrollarían la inmensa mayoría de las funciones laborales y otras más específicas, como las propias de la casa y afines, con lo que el asueto, recreo y holganza permanentes, estarían garantizadas para unos ciudadanos felices y dichosos a tiempo completo.
La loca e irrefrenable agudeza clarividente de aquellas obnubiladas mentes, descargaban en las máquinas la mayor parte de la actividad humana. Las ciudades cambiarían radicalmente hasta el punto de hacerlas irreconocibles a los ojos de entonces.
Los silenciosos y autónomos automóviles surcarían los cielos a través de las autopistas aéreas que sobrevolarían las inmensas avenidas recorridas únicamente por los peatones, todo ello en un ambiente descontaminado, ausente del bullicio y del ruido propio de las urbes de la época.
Mostraban con una delirante capacidad imaginativa, un panorama de ensueño para los felices y afortunados seres humanos que viviesen y disfrutasen el idílico, paradisíaco y fantástico siglo XXI, que tan lejano y ansiado se veía entonces desde la perspectiva de la mitad del siglo XX.
Tan calenturientas mentes no paraban de aventurar nuevos e imaginativos inventos que transformarían radicalmente los fabulosos años del legendario año dos mil, hasta el punto de que se editaron numerosas publicaciones gráficas plenas de ilustraciones, así como abundantes documentales exhaustivamente informados.
En ellos se mostraban unas modernísimas ciudades transformadas hasta lo indecible, con gigantescas y futuristas construcciones, entre las que se desenvolvían con suma agilidad, y presteza, ingentes cantidades de vehículos y todo tipo de naves ultramodernas que se deslizaban entre los rascacielos a velocidades de vértigo.
Si bien es verdad que tanta y tan exhaustiva predicción resultaba exagerada y hasta ridícula para muchos, bien es cierto que el resto, una gran cantidad de ciudadanos del mundo, llegaron al extremo de creer que en gran medida cuanto se predecía, no estaba tan lejos de la realidad.
 Y es que tan abrumadores y fabulosos pronósticos, pensaban que no estaban exentos de una razonable veracidad, llegando a pensar que el ocio pronosticado y la transformación de las ciudades y de la vida en general, entraba dentro de las capacidades del ser humano para cambiar un futuro que aún se percibía lejano.
Si se considera además, que dado el hecho de que la ciencia y los avances técnicos que con frecuencia empezaban a experimentarse, tenían la virtud de sorprender y admirar a los ciudadanos que sentían curiosidad y capacidad de asombro ante los ingenios y nuevos inventos habidos, todo ello les hacían concebir esperanzas de que los cambios sugeridos pudiesen llegar a darse, dada la capacidad demostrada por el hombre a lo largo de su historia, para superarse y progresar. Desdichadamente aquellas iluminadas mentes no dieron ni una en el clavo.

martes, 14 de marzo de 2017

SEGOVIA DESDE EL PARADOR

Vigilante en su privilegiada posición de guardián de la muy hermosa y monumental ciudad de Segovia, se alza su singular y admirable parador - que lo es por muchos y muy merecidos motivos - en una atalaya, un altozano que por sus generosas dimensiones, más parece una elevada y grácil colina, allí situada expresamente por una generosa orografía, que a sabiendas de lo que el destino le deparaba como afortunada observadora de la ciudad que allí surgiría, reservó su espacio y su tiempo, con paciencia y honda sabiduría.
Una espléndida, audaz y avanzada construcción para su tiempo, que continúa conservando su plena vigencia varias décadas después, que sorprende y enamora de inmediato al asombrado y fascinado viajero, que una vez traspasado el umbral de su imponente vestíbulo, contempla con deleite y admiración los amplios y luminosos espacios asombrosamente diáfanos, que acogen en un único y atrevido volumen, una multiplicidad de espacios sabiamente resueltos para disfrute y solaz de quienes tienen la suerte de allí alojarse.
Enormes y luminosas ventanas dejan paso a una prodigiosa visión de la grácil y monumental ciudad, situada al fondo, próxima y apartada de la ilustre fonda, lo suficiente para no sentirse relegada a sus pies, siempre orgullosa, bella y radiante, ubicada sobre un promontorio, que ahora sí, el viajero descubre en toda su extensión, en todo su esplendor. Prodigiosa ciudad, celtíbera, romana, medieval y eterna.
Desde el grandioso Acueducto hasta el soberbio Alcázar, pasando por la majestuosa y bellísima catedral, el agradecido y fascinado observador pasea su deslumbrada vista por las numerosas y esbeltas torres de las numerosas y espléndidas iglesias que salpican por doquier un primoroso y delicado paisaje monumental, románico, gótico, mozárabe y mudéjar, que parece haberse conjurado para conciliar estilos diferentes, manteniendo una sutil y delicada armonía que es orgullo y seña de identidad de tan hermosa y digna ciudad.
Todo ello en aras de mantener una natural y primorosa estética que atrapa y llena de emoción a quién tiene la fortuna de deleitarse con tan sublime visión que lo mantiene literalmente pegado a los transparentes y dimensionados ventanales, que le separan de tan hermoso, sublime e irrepetible espectáculo, y que parecen haberse aliado para evitar que el emocionado espectador se separe de ellos, pues tal es el derroche de emocionada belleza que desde allí se contempla.
Todo ello, invita al agraciado huésped, a recorrer las estancias del formidable y acogedor parador, para descubrir sus rincones y atractivas estancias, así como para tomar en última instancia posesión de la habitación correspondiente, que en cualquier caso, sea cual fuere, gozará del privilegio de disfrutar de unas espectaculares y deliciosas vistas de la ciudad de Segovia.
A ella se dirigirá sin pérdida de tiempo, bajando por la cuesta de la Lastrilla, para en pocos minutos acceder a la ciudad, que le recibirá con los brazos abiertos de un portentoso Acueducto que descubrirá en primer término, colosal y formidable, prodigio de la arquitectura romana, que con dos mil años de historia recibe al viajero con sus más esbeltos y estilizados arcos, algo que perdurará para siempre en su memoria.
Desde allí, acceder al casco histórico y a los monumentos que alberga una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad, será harto sencillo, ya que toda Segovia es una experiencia artística y gastronómica sin igual.

lunes, 6 de marzo de 2017

EL EFECTO SÁNCHEZ

Para la física, un efecto constituye un fenómeno que se genera por una causa específica y que aparece acompañado de manifestaciones puntuales, que pueden ser establecidas de forma cualitativa y cuantitativa.
 El efecto invernadero, el efecto mariposa, el efecto placebo, son manifestaciones producidas por las oportunas causas, que en cada caso, conducen a unas consecuencias derivadas de unos hechos concretos que se sustancian en unas secuelas o resultados característicos, siempre dentro del ámbito de la acción reacción.
Pero el efecto es también la impresión que un acontecimiento o una circunstancia sorpresiva deja en el ánimo de las personas, después de haberse desencadenado el correspondiente desenlace derivado de unos hechos que determinaron un concreto y puntual comportamiento personal.
El caso del socialista Pedro Sánchez, defenestrado secretario general del PSOE, que ha desatado una profunda crisis que ya dura demasiado tiempo, es un claro ejemplo de un devastador efecto que está trayendo perversas consecuencias a un partido político que jamás se había visto inmerso en tales lides.
La guerra por su cuenta que está llevando a cabo, al margen de la inmensa mayoría de los barones, y que apenas cuenta con aquellos que mantuvieron su voto negativo a la hora de elegir al actual presidente del gobierno, en contra de la abstención mayoritaria que votó casi todo el resto, ha conducido a Sánchez a una huída hacia adelante, que le ha llevado a declarar una auténtica guerra no declarada, con serios efectos aún desconocidos, pero que sin duda tendrán consecuencia tanto para el PSOE como para el resto del arco parlamentario y político nacional.
¿Será Sánchez el detonante que el PSOE precisa para retomar de nuevo la senda perdida por donde discurrían antaño las mejores esencias de ese gran partido centenario?
 ¿Tendrá la suficiente fuerza, el empuje necesario para recuperar a tantos antiguos y fieles votantes, que quedaron cual huérfanos abandonados en el proceloso y extraviado camino que ha dejado a este partido político, irreconocible hasta límites insospechados?
 ¿Será suficiente su impetuoso y radical giro a la izquierda para recuperar las esencias de un PSOE, que aunque nunca derivó en exceso hacia esas posiciones, siempre se caracterizó por una ideología política siempre cercana a un progresismo social y de apoyo a la clase obrera?
¿Quién se atreve a decir a Pedro Sánchez que no debe hacer una consulta a los militantes?». Esta incómoda pregunta que formula un destacado dirigente del PSOE andaluz, muestra la preocupación creciente que hay en una buena parte del partido por la deriva populista de su líder.
El argumento de los socialistas andaluces es claro: si le preguntas a los militantes que si votamos a la derecha o los dejamos fuera del Gobierno, la respuesta está clara. Fuera del Gobierno. Pero el PSOE es un partido de Estado y tenemos una responsabilidad que cumplir.
Este es el sentir que suena cada vez con más intensidad en el PSOE de Andalucía, donde miran con inquietud las decisiones internas que está tomando Pedro Sánchez. Hasta ahora, el Comité Federal era el máximo órgano entre congresos, el que decidía toda la política de pactos y el que sigue teniendo estas competencias en las normas internas del partido.
A este malestar, se ha unido el hecho de que Pedro Sánchez se está aproximando a Podemos, e incluso a los independentistas, un extremo para el que no está autorizado precisamente por un Comité Federal que está pendiente cada día de la trayectoria errática de quién fue su secretario general, y que no parece haberles perdonado, ni en el fondo ni en la forma, la manera con que fue destituido de dicho cargo.