jueves, 9 de abril de 2020

HÉROES

Acostumbrados estamos a que los medios de comunicación y las redes sociales, nos machaquen con insistencia con personajes y personajillos, tanto de baja estirpe como de guante blanco, a los que les atribuyen actos dignos de resaltar y de exaltar, elevándolos a falsos altares de una indigna, injusta y excelsa divinidad, que de ninguna forma merecen.
Y es que los seres humanos, tan elementales y simples como con frecuencia nos mostramos, parecemos necesitar de entes tanto formales como materiales, a los que admirar, adorar y seguir, con el objeto quizás, sin que de ello seamos conscientes, de llenar nuestras vacías y vulgares vidas, posiblemente aburridas y desprovistas de los necesarios y gratificantes ingredientes que nos puedan faltar, para evitar el hastío y la desidia siempre negativos y absolutamente rechazables.
Son falso ídolos encumbrados por un absurdo impulso frenético de las masas poco pensantes, que en cadena, y más aún hoy en día con las nuevas tecnologías, elevan a alturas inconcebibles de una ridícula popularidad, a quienes no acaparan más méritos que una trivial y vulgar capacidad por aparecer en los medios atribuyéndose “heroicidades” como alguna “hazaña” deportiva, socialmente vitoreada, algún récord absurdo, o alguna proclama populista falsamente benefactora.
Pero aún más detestables son los que ostentando una posición elevada, generalmente de carácter político o de otro cariz semejante, más o menos popular, se erigen en adalides de la paz y la justicia en el mundo, cuando con sus decisiones desde su poltrona y con un poder demoledor, más bien han sido los causantes de desastres sin cuento, que no se colocan en la balanza, que mide las contradicciones existentes entre el bien y el mal, prevaleciendo aquellos sobre estos, y generando así falsos héroes que de ninguna manera merecen dicho calificativo.
Y están los verdaderos, los auténticos héroes sin paliativos, reconocidos por todos, aunque no por la oficialidad formal, aristocrática y cortesana, que es quién en último término otorga los galardones, y que lucha cada día por el bienestar de los demás, por la aplicación de la justicia y la igualdad entre los seres humanos, por la denuncia de los atropellos a los que se somete a los desheredados de la tierra, y por la defensa de los más débiles, allá dónde se encuentren.
Hoy, en este País y en el mundo entero, asolado por una espantosa pandemia, miles de héroes anónimos están dejando incluso su vida luchando cada día por la salud de los demás, en los hospitales, ambulatorios y otros centros, ya sean médicos, enfermeros, voluntarios en las ambulancias, personal de las fuerzas del orden, y otros que, aunque no están directamente con los enfermos, atienden en oficinas, supermercados y otros puestos de trabajo, siempre expuestos, constituyendo un grandioso y heroico ejemplo de sacrificio y dedicación hacia los demás.
Luchando denodadamente con una falta angustiosa de medios, con una admirable capacidad para ingeniárselas de múltiples formas para protegerse un mínimo absolutamente necesario, con recursos propios, duplicando turnos y cayendo enfermos con frecuencia y arriesgando y sacrificando sus vidas en numerosos y admirables casos que nunca podremos agradecer lo suficiente, estos generosos benefactores de la humanidad, son los auténticos héroes, que esperamos que una vez termine esta pesadilla, sean homenajeados, reconocidos y premiados como se merecen.

sábado, 4 de abril de 2020

LA LIBERTAD PERDIDA

Nadie, ni en el peor de los escenarios, ni en la más insoportable de las pesadillas, podía presagiar lo que nos está pasando a nivel mundial en pleno siglo XXI, cuando los libros de historia recogen las épocas vividas hace seiscientos años, en el siglo XIV, con la peste negra, o con la mal llamada gripe española, hace más de cien años, que diezmaron la población mundial.
En estos momentos, en el año del señor de dos mil veinte, cuando la humanidad, con todas sus deficiencias y miserias que sufre el tercer mundo, goza de unos avances en todos lo órdenes como jamás había disfrutado antes, con una tecnología desbordante, y, en general, con enormes progresos, incluida la sanidad y la higiene a todos los niveles, nos encontramos inmersos en una inaudita e inesperada pandemia, que está afectando a toda la humanidad, con unas consecuencias devastadoras.
Con un incierto origen, se ha extendido con una velocidad y una mortalidad inauditas, expandiéndose cada día ante la imposibilidad de controlar sus espantosos efectos por parte de una sanidad, que a nivel mundial se ve sobrepasada ante la incidencia de un virus contra el que no tenemos ninguna vacuna, ni habíamos previsto, pese a quienes venían avisando desde hace tiempo, y de modo generalista, que algo así podría suceder en el futuro, como efectivamente ha sucedido.
Hemos reaccionado tarde, mejor dicho, “lo han hecho tarde”, ellos y ellas, los responsables, los que nos dirigen y confinan, conculcando nuestra libertad, no sólo aquí, aunque nosotros ya teníamos las referencias de China e Italia, y que no tomaron las decisiones oportunas, acertadas, por motivos de todo tipo, entre los que figuran aquello de “que inventen ellos”, o sea, a ver qué pasa allí afuera, y luego, ya veremos.
Y así, nos pilló el toro, con errores garrafales como permitir eventos masivos varios, desde los deportivos a los sociales, como manifestaciones enormes, que han dejado un rastro terrible, cuando ya la Organización Mundial de la Salud, había advertido en su contra, incluido el acaparamiento de material sanitario, ybien por motivos puramente políticos o por aquello de “a ver quienpone el cascabel al gato”, se permitieron auténticas barbaridades, que nos han llevado adonde estamos, sin que nadie asuma responsabilidades, faltaría más.
Henos aquí, enclaustrados, confinados y prisioneros en nuestras propias casas,  lamentando una situación que necesariamente hemos de aceptar y respetar, según nos dicen por el bien de todos, pero que resulta, más que insoportable, que también lo es, absolutamente increíble a estas alturas de una Historia, que no nos permitía visualizar, ni por asomo, lo que nos está pasando.
Y es que si esto nos lo sugieren hace diez años, seguramente nos lo habríamos tomado a guasa, pese a que ya por entonces, algunas voces, entonces apenas audibles, ya avisaron del peligro de de este enemigo invisible, inmensamente pequeño, que nos ha dejado estupefactos, incrédulos, y sobre todo inmensa y ridículamente diminutos e insignificantes.
Todo ello supone una portentosa lección para nosotros, los altivos y soberbios seres humanos, que deberíamos aprender de esta catástrofe que seguimos sin asumir por inesperada e inaudita, y que pese a todo, me permito dudar, aunque siempre con la necesaria, fugaz y desesperada esperanza, de que esta vez sí rectifiquemos definitivamente, para no volver a caer jamás en tantos y tan repetidos errores.

jueves, 2 de abril de 2020

BAJO SOSPECHA

Las suspicacias más diversas, teñidas de la casi necesaria y correspondiente incredulidad, llena nuestras mentes atormentadas por lo que nos está pasando, tratando de encontrar respuestas a una angustiosa situación que estamos viviendo, a la que nos resistimos preguntándonos por qué nos ha tocado vivir estos desolados tiempos, y sobre todo qué y quienes, si los hubiere, han provocado está espantosa pandemia.
Es una reacción instintiva y espontánea que nos asalta a un amplio sector de la población más o menos pensante que se aleja de quienes por diversas razones de índole variada, no se lo plantean, sino que, o bien se resignan, o lo admiten como un designio supra terrenal, que bien pudiera ser un castigo, o simplemente algo irremediable que pronto o tarde había de llegar, que ya tocaba, que es cíclico e inevitable.
Muchos piensan que el Planeta ha dicho “basta”, que está harto de unos seres que no han parado de maltratarla de múltiples y malvadas maneras, que la han hecho reaccionar, con el objeto de avisarnos, quizás por última vez, que no está dispuesta a soportarnos más, si seguimos por este camino de destrucción a la que la sometemos diariamente, y que lleva advirtiéndonos con la subida de los niveles de los océanos, como una de las muchas amenazas con las que quiero hacernos ver lo lejos que hemos llegado en nuestra loca carrera hacia un desastre que quiere evitar por el bien la Humanidad.
Otros, mantienen la teoría cada vez más extendida, de que somos objeto de diabólicos experimentos de la guerra química, que o bien se les ha ido de las manos, o bien forma parte de una mezquina y ruin infamia de una maldad extrema, que persigue un fin perverso, infame y voluntario, de probar la eficacia, ahora limitada, de provocar una pandemia para observar los resultados en la sociedad y la economía mundial, con la intención de llevar a cabo sus  pavorosos resultados en una futura guerra mundial.
Pero cada vez menos creen, que toda esta atroz y escalofriante pandemia, tenga su origen en un pequeño mercado chino de pescados y mariscos, dónde vendían también animales salvajes, atribuyendo el origen del virus a un pequeño animal llamado pangolín, que al consumirlo hubiera transmitido el virus, y de ahí, a todo el Planeta, lo que resulta francamente difícil de asumir como una teoría creíble.
Por último estarían, los que, dada la magnitud de la tragedia, quieren pensar que nada es real, que todo es un sueño del que despertaremos un venturoso día. Resistiremos entonces, que remedio nos queda, a la espera de que todo acabe, y volvamos a una vida que ignoramos ahora si volverá a una completa normalidad, y podamos olvidarnos, aunque quizás no debamos, las sospechas que nos acechan
Mientras tanto, nuestro más cálido, sincero y agradecido homenaje, a los que luchan cada día en los hospitales, supermercados, transportes, oficinas y demás héroes, que arriesgan su vidas, y nuestro pésame a todos los que han perdido a algún ser querido. Y a los que aquí seguimos, ánimo, valor y constancia para sobrevivir, para no olvidar jamás, y para pedir las responsabilidades que corresponda para que nunca más vuelva a repetirse esta tragedia.

martes, 31 de marzo de 2020

EL DESENCANTO

Los fanáticos de las cifras, y de su significado aplicado, añoraban desde hace años la llegada del año 2020,  veinte veinte o cero dos cero dos leído al revés, maniáticamente hablando, presagiando que tan singular combinación de guarismos, sin duda debían constituir un presagio de un feliz y venturoso año nuevo, que nos traería satisfacciones sin cuento a toda la humanidad.
Valientes agoreros ellos, que visto lo poco que llevamos de tan singular año, no dieron ni una, olvidando además otras señales básicas y elementales, y de carácter popular, y por lo tanto sabio, según muchos, y que no parecieron tener en cuenta, como es el hecho de que obviaron aquello de “año de nieves, año de bienes”, algo que ha brillado por su casi total ausencia este invierno.
Y puestos a ello, y enfrentados a la cruda y terrible realidad que nos ha deparado el comienzo de este dos mil veinte, tan triste y vilmente decepcionante, no podemos por menos de confesar nuestro desencanto ante semejante traición, no sé si de los ineptos augures, o del caprichosamente desdichado año, que nos está dejando un terrible y espantoso rastro de sangre, sudor y lágrimas.
Está más que meridianamente claro, que ni uno ni otros tienen la culpa de nuestras penas y desencantos. Unos por ilusos, obsesos e involuntarios, y el otro por carecer de toda responsabilidad, dado el carácter anualmente inmaterial que nosotros le adjudicamos, no pueden responsabilizarse de nada, faltaría más.
Pero sí hay unos culpables que no pueden ni deben responsabilizarse del desastre, de los irreparables daños causados y por causar, del sufrimiento indecible de los que han sufrido en soledad, para acabar sus vidas apartados de sus seres queridos hasta el extremos de no poder despedirse de ellos, y que estos, ni siquiera hayan tenido la oportunidad de proporcionarles un descanso digno y humanamente aceptable.
Esa culpa, todas esas culpas, nos acusan a todos, a la inmensa mayoría de un Planeta Tierra que no nos merecemos, que recibimos impoluto, sin rastro de la miseria y la impudicia a la que lo hemos conducido, llevados por nuestra abyecta y perversa condición.
Seres avaros, indignos y soberbios, que no hemos reparado en devastar y asolar una hermosa naturaleza de este bellísimo planeta, al que nunca debiéramos haber arribado, dónde jamás debiéramos haber surgido, porque no nos lo meremos, porque no somos dignos de tan soberbio y grandioso regalo, que ahora parece estar diciendo basta ya, haciéndolo de múltiples maneras, como puede ser esta pandemia que padecemos.
Devastamos, contaminamos, destruimos y arrasamos como posesos cuanto encontramos a nuestro paso, dejando irreconocible el legado que recibimos de nuestros ancestros más pretéritos que cuidaron con esmero y dedicación, y con un uso racional  y equilibrado, un planeta que hoy, con una expresión de incredulidad, no reconocerían.
Y consumimos con tal fruición y desenfreno, que nos lleva a tirar comida y bienes que nos sobran, cuando medio mundo padece todo tipo de miserias, que usamos y tiramos sin considerar que podríamos repararlas, generando así miles de millones de residuos cada día, que, ingratos y desagradecidos, continuamos asolando este planeta.
Viajamos por todo el mundo, llevando de paso nuestras miserias como está pasando con la pandemia que padecemos. Igualmente vamos a Venecia, en crucero hasta San Marcos,  irreconocible hoy en día, masificada como tantos otros destinos turísticos, o vamos a un Safari, o recorremos exóticos países de Asia o de Extremo Oriente, cuando posiblemente no conozcamos, la catedral de Burgos, el Acueducto de Segovia o la Alhambra de Granada.
Hace cinco años, Bill Gates, genio de la informática y visionario con suficiente base para ello, avisó del peligro para el futuro de la Humanidad que suponían los virus, mayor aún que que la amenaza del espantoso arsenal nuclear. Invitó a los países a investigar en ese sentido para evitar pandemias como la presente. Nadie parece haberle hecho caso, y ahora nos lamentamos.

viernes, 15 de diciembre de 2017

ADOCTRINAMIENTO PERVERSO

Entre las muchas y pérfidas maldades que puedan atribuirse al ser humano, se encuentra la notable capacidad que siempre ha tenido para influir en las mentes de las gentes, maleándolas a su antojo, condicionando su pensamiento, la visión que tiene del mundo, de las cosas que le rodean y de la sociedad en la que vive, adoctrinándolas en definitiva, siempre con oscuros e inconfesables propósitos.
En estos tecnológicos tiempos, en pleno siglo XXI, aprovechando precisamente las inmensas posibilidades que comportan las redes sociales, se ejerce un destructivo adoctrinamiento de los más jóvenes ciudadanos amparándose en su capacidad para asimilar sin discriminar, como en Corea del Norte, entre otros, donde la feroz represión hacia sus infelices ciudadanos, comienza en la escuela infantil.
Pero no necesitamos recurrir a tan lejanos lares. Aquí, en nuestro País, en Cataluña, ya en la escuela manifiestan su odio a España, declarándose independentista y manifestando que España se rendirá ante la Nación Catalana, en una detestable demostración de aleccionamiento que no admite disculpa alguna.
 Infamia, vileza y perversión miserable y odiosa, la acción que llevan a cabo quienes utilizan los centros de enseñanza para adoctrinar a los niños desde su más tierna edad, con oscuras y detestables intenciones, ya sea en Corea del Norte, o en la Europa del siglo XXI, en un acto de imperdonable y cobarde acción de manipulación del intelecto y de la sutil sensibilidad de los más pequeños.
Acostumbrado estamos a escuchar comentarios acerca de estos detestables métodos utilizados por quienes no tienen moral ni ética alguna a la hora de considerar y preservar la sensibilidad y las delicadas mentes de los más tiernos infantes, con el agravante de llevarlo a cabo en la escuela, dónde deberían extremar el mayor de los cuidados para no pervertir la realidad en la que viven.
Pero aquí no hablo de lo que he leído o me han contado. Se trata de un caso muy próximo que conozco de primera mano, de un niño de SEIS años, hijo de un familiar directo, que vive en Barcelona, y que un día llegó del colegio, contándoles a sus padres las maravillas de la independencia y las bondades del amado líder exiliado.
A todo lo expuesto añadimos el aleccionamiento familiar, por parte de quienes no respetan el libre pensamiento de sus hijos, el resultado es sumamente descorazonador, pues les niegan de esta forma la libre capacidad de elección, decisión y discriminación a las que todo ser humano tiene pleno derecho para ejercer el disfrute del libre albedrío, inherente a todo ser humano.
Después de los espantosos años vividos en El País Vasco, pocos podían esperar la increíble situación que se está viviendo hoy en Cataluña, donde la crispación y el odio, próximos a la violencia, se están desarrollando con una inusitada intensidad quede nadie podía esperar de esa región, cuyos ciudadanos sufren las consecuencias de la radicalización y el fanatismo que divide a Cataluña.
Hechos  que está dejando atónitos a los ciudadanos de este País, y que está dividiendo hasta el entorno familiar y social, con proclamas que hablan de una España anti democrática e injusta, en un acto de suprema y vil falsedad que ellos, que han infringido todas las leyes, incluida La Constitución, saben que no responde a una verdad que les quieren ocultar, en aras de lograr sus aviesas, oscuras y siniestras intenciones.

martes, 5 de diciembre de 2017

LOS ESTRAGOS DE LA INDEPENDENCIA

Como se temía, después de la absurda y alocada aventura independentista que ha quedado en nada,  y de la imparable fuga de empresas que se cifran en varios miles, se ha sumado la negativa de la Agencia Europea del Medicamento, EMA, que ha descartado Barcelona como su próxima sede, lo que supone un duro golpe más a una economía que está sufriendo las consecuencias de una conflictiva situación que nadie desea.
Era sin duda la clara favorita, y ha sido eliminada a las primeras de cambio. Miles de puestos de trabajo, tanto directos como indirectos, decenas de miles de visitas que se esperaban, así como una importante inyección económica, se han esfumado. Todo gracias a una panda de cantamañanas, que a este paso van a acabar con la excelente reputación, el turismo y el poder económico de una inestable Cataluña que Europa no desea.
La Agencia Europea del Medicamento cuenta con un presupuesto de 340 millones de euros, unos 900 trabajadores que atienden a unas 1.500 empresas y 40.000 técnicos que anualmente acuden para plantear  consultas o presentar proyectos para su aprobación.
La EMA cuenta con un presupuesto de casi 400 millones de euros y atienden a unas 1,500 empresas, y recibe a unos 40.000 expertos al año y organiza diferentes congresos de alto nivel. Se calculan unas 36.000 visitas anuales, así como la previsión del desarrollo de nuevos negocios con personal de altísimo nivel técnico, ya que este organismo europeo cuenta con 1.600 proveedores.
No sólo la economía está sufriendo un duro castigo, lo que ya es sumamente importante, sin lugar a dudas, sino que también el prestigio y la buena imagen de una ciudad como Barcelona, notoriamente conocida y valorada en todo el mundo, está sufriendo el castigo que se le está infringiendo con una anómala situación de inseguridad que no favorece en absoluto la necesaria confianza que los mercados internacionales exigen.
Apenas se ha conocido la noticia, se han pronunciado los diversos agentes políticos y sociales de uno y otro lado, intentando los independentistas justificar esta negativa noticia, aduciendo que la culpa es del Estado Español por aplicar el artículo ciento cincuenta y cinco, en una muestra más del pedante e insoportable victimismo propio de quienes han provocado estos hechos.
Se lleva la palma la inefable alcaldesa de Barcelona, que una vez más, y ya van infinidad, ha demostrado que se merece con creces y que ha hecho méritos más que suficientes para que sea conocida como “la emperatriz de la ambigüedad”, al afirmar que la culpa de que no se instale en su ciudad la Agencia Europea del Medicamento, se debe tanto a la declaración de independencia como a la aplicación del famoso artículo.
El escritor polaco polaco, Ryszard Kapuscinski, afirma que el humanismo global del siglo XXI tiene fundamentalmente dos implacables y peligrosos enemigos: el fundamentalismo religioso y el nacionalismo. Los dos, envenenan y pervierten la razón y la capacidad de discernir que caracterizan al ser humano.
Ambos impiden que la lógica, la solidaridad y la cordura propias de una mente sensata, sean las protagonistas de las decisiones tomadas libremente, en lugar de la radicalización y el enfrentamiento a que conducen estos comportamientos fundamentalistas alejados de toda racionalidad, y que conducen a hechos, comportamientos y consecuencias indeseados, tales como los aquí citados.

domingo, 26 de noviembre de 2017

LA REPÚBLICA PROCLAMADITA

Después de tanto tiempo como nos han tenido en ascuas, en tensión, con una insoportable, continua y pertinaz historia de desafíos, desobediencias y transgresiones de todo tipo y condición, de ofensas a la Constitución, y por ende al Estado en su conjunto, el denominado Procés, en mayúsculas, la también denominada Cuestión Catalana, con independencia y República incluidas, después de todo esto, y muchas y variadas rebeldías y secesiones más, todo ha quedado en nada.
Quizás por no reducirlo a su mínima expresión, por no desvirtuar lo sucedido, por no tomarlo enteramente a broma, podemos dejarlo en algo mínimo, exiguo, ridículo, leve y minúsculo hasta extremos imposibles de predecir apenas hace un par de meses, cuando un cierto pesimismo y una honda preocupación, barrían este País como hace mucho tiempo no sucedía, llegando hasta el extremo de calificarse como el mayor y más serio problema de los últimos tiempos.
Y ciertamente, pocas veces tanto ruido no ha justificado de ninguna forma tan pocas nueces, como en el caso de la “mujer asesinadita”, obra de teatro de Miguel Miura y Álvaro de la Iglesia, en tono de comedia, con geniales toques de humor negro y variados matices del absurdo más acendrado y cabal, se había visto como en este caso real como la vida misma.
 Una representación en la que la realidad imita e incluso supera a la ficción, con unos personajes que deciden saltarse todas las normas, incluidas las suyas propias, en aras de alcanzar una independencia que sabían imposible, que les conduciría a una República, que no ignoraban que era sino una imposible, inverosímil y disparatada utopía.
Algo que no obstante que decidieron llevar a adelante, engañando al pueblo, ese ente abstracto y recurrente, con el que se le llenaban la boca y la mente, para sacar las masas a la calle a pedir un extraña y sorprendente “libertad y democracia para el pueblo catalán”, algo que ofende las más elementales y suspicaces mentes de quienes contemplan a una Cataluña próspera y avanzada de una España que pertenece a una Unidad Europea, adalid de las libertades y derechos desde la historia de los tiempos.
En la comedia citada, hay una gran pasión de fuerzas y un dulce y pequeño asesinato, al tiempo que se critican las convenciones burguesas y la moral establecida, así como la negación de lo políticamente correcto y la asunción de varias amargas conclusiones, teñidas de un exquisito y bufo humor.
Tanto como en el grotesco, histrión y tétrico espectáculo que nos han dado los políticos independentistas, que a sabiendas de que dicha opción era inviable, y documentos de ello constan, incluidas grabaciones al respecto, decidieron continuar con un dantesco y bufo espectáculo, que comenzó con la proclamación declarada y suspendida, todo ello en menos de un minuto, que continúa con la tocata y fuga del presidente del Govern, y la abjuración y renuncia a sus principios de la presidente del Parlament ante la fuerza legal del Estado.
Visto el denigrante espectáculo ofrecido por estos aprendices de repúblicas proclamaditas, dudo que en el resto de Europa les queden ganas a los posibles candidatos a intentar independencias unilaterales que se sustenten en la transgresión de leyes, reglamentos y Constitución incluida. Más les vale quedarse en casa.

martes, 14 de noviembre de 2017

EL HUMANISMO GLOBAL

Paseando por la calle, por el parque, por el centro comercial, por las escaleras y el vestíbulo del edificio dónde vivimos, es fácil escuchar con harta frecuencia, comentarios acerca de la situación política que tensa a los ciudadanos de este País, como consecuencia de una situación tan inesperada y confusa como grotesca, en una región como Cataluña, que está afectando al resto del País.
Nadie se merece esto, nadie ha provocado este conflicto, que sin embargo los radicales independentistas se empeñan en atribuir y culpar al resto de España. Son otros, y muchos, los problemas que afectan a tanta gente que no llega ni a mitad de mes, que pasa hambre y necesidades sin cuento, que nos parecen invisibles, sencillamente porque no los queremos ver.
Nadie podía esperar esto hace apenas un año, no digamos tiempo atrás, cuando era el País Vasco, incluso cuando el terrorismo había dejado de golpear, quien nos tenía continuamente inmersos en la incertidumbre por una situación parecida a la que ahora vivimos en Cataluña, con el inefable Ibarretxe presionando cada día, hasta el momento en que decidió abandonar su empecinamiento independentista.
Imposible, nos decíamos en aquellos tiempos, que los catalanes llegasen a optar por la vía del independentismo. Vista la trayectoria seguida por ambas regiones, Cataluña y el País Vasco, pensábamos que los problemas llegarían de éste último, pero jamás se nos pasó por la cabeza lo que hoy contemplamos con asombro, aunque visionarios hubo, hace ya mucho tiempo, que afirmaban que estábamos equivocados.
Nos decíamos que los catalanes eran muy listos, demasiado para llegar a pensar en la independencia,  son muy prácticos se comentaba, la pela es la pela, jamás cometerán semejante error. ¿Cómo es posible que no fuésemos capaces de considerar que podría llegar a plantearse la situación en la que nos hallamos inmersos?
Ni siquiera ha habido una retirada, ni táctica ni estratégica, como llevaron a cabo los Vascos, que observan el presente proceso con sumo interés, pendientes de su desarrollo y de los resultados que de él se deriven, imposible de conocer en este crucial momento en el que nos encontramos.
En una alocada y vertiginosa huída hacia adelante, saltándose todas las leyes y normas, incluidas las suyas, despreciando y obviando la Constitución y su Tribunal, que ha invalidado todas las actuaciones del parlamento, una fracción de la ciudadanía se ha lanzado a la calle impulsada y dirigida por el propio Govern, sus aliados anti sistema y sociedades civiles, en pos de una independencia que proclame la República Catalana.
Cataluña entera ha quedado dividida en dos, creando una dolorosa fractura que ya existía, pero que ahora se multiplicará sin duda en intensidad y número, lo que motivará odios, recelos y enemistades que llegarán a todos los rincones de una sociedad que no podrá soportar por mucho tiempo tanta incertidumbre, tanto desasosiego y tanta zozobra, salvo que el buen juicio, la serenidad y la sensatez se impongan de inmediato.
Pero no son estas las virtudes que adornan a unos dirigentes que son los primeros en mostrarse al frente de los acontecimientos, con una actitud secesionista, de rebeldía, deslealtad e irresponsable desobediencia, así como por un absoluto desprecio hacia las leyes. Kapuscinkski, escritor polaco, afirmó: “La ideología del siglo XXI, es el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso”.

lunes, 6 de noviembre de 2017

LA GRAN PANTOMIMA

Por fin se bajó el telón, y la larga e insoportable ópera bufa, acerca de la independencia catalana llegó al último acto de una penosa y patética representación que ha mantenido al público expectante y tenso ante una obra que ha durado mucho tiempo.
Demasiado, sin duda para la inmensa mayoría, que ahora, al abandonar sus incómodas y fatigadas butacas, respiran con un cierto aire de alivio, que no es interpretado por igual por todos los asistentes, que en función de sus expectativas, muestran sus impresiones divididos en dos irreconciliables bandos.
Unos más que otros, han salido desigualmente satisfechos de este inacabable drama, que en demasiados actos y sin apenas descanso alguno, ha logrado crear un ambiente de crispación y permanente estado de incredulidad, que no ha cesado durante toda la dramatización.
 Y es que ha conseguido mantener un estado de excitación permanente con continuas bajadas y subidas de tono, avances y retrocesos exhaustivos, dudas y afirmaciones, que han mantenido la atención de un público, que incrédulo ante lo que veía, sólo decidió abandonar la sala cuando creyeron que el desenlace había llegado a su fin, ignorantes de lo que aún tendrían que soportar.
Ha sido tanta la tensión acumulada durante todo este tiempo, tantas las falsas alarmas, los desmentidos, las idas y venidas, que los ciudadanos que creyeron quedar plenamente satisfechos en un caso y sumamente desencantados en el otro, pronto se darían cuenta de que todo había sido un engaño.
Una pesada y grotesca broma, que supuso un desencanto para los que pensaron que la independencia y la consiguiente República habían sido por fin proclamadas sin suspensiones ni arbitrariedades, y un alivio para quienes se oponían a una secesión que no parecía tomar carta de naturaleza.
 Así fue pasando el tiempo, sin proclamas solemnes en el balcón de la Generalitat, a cargo del President, sin arriar la bandera española en el Palau, algo que cabía esperar si la independencia se hubiera llevado a cabo sin ningún género de dudas, algo que a medida que pasaba el tiempo se iba sustanciando y materializando, con un gobierno que no dudó en aplicar la ley que suponía la intervención de la Autonomía Catalana.
Algo que dejó en su forzado y tozudo lugar, una división de opiniones manifestada antes de comenzar una cómica y burlesca función, que a su término pareció dejar bien claro que unos, al final, y afortunadamente, habían visto lo que ya no esperaban lograr, mientras que el resto, que pensaban disfrutar intensa y vivamente, quedaron sumidos en la más desesperante de las frustraciones.
Nadie, ni los más atrevidos y audaces profetas, podían prever el final de esta absorbente e impredecible ópera bufa, que ha divertido tan sólo a unos, mientras el resto, que todo lo esperaban y que tenían fundadas esperanzas de salir airosos y plenamente satisfechos, se preguntan ahora cómo es posible que algo que veían tan cercano y próximo, lo contemplen ahora lejos de su alcance.
Mientras tanto, los responsables políticos que fueron los culpables de tensionar la situación hasta extremos insoportables y que crisparon profundamente una sociedad ahora más dividida y fracturada que nunca, han tomado las de Villadiego, abandonando a sus partidarios que no cesan en su desconcertado asombro.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

NO HAY MAL QUE CIEN AÑOS DURE

Este popular refrán, tan conocido y usado, siempre ha estado de una vigencia plena, de una actualidad persistente, y de una absoluta y acertada pedagogía de andar por casa, que todo el mundo asimila y descifra al instante, que sirve tanto de consuelo ante las interminables desgracias, como de preventivo eficaz ante las aventuras más alocadas, y las fantasías más dispares, llevadas ambas a su más disparatado extremo, y a las que el ser humano es tan propenso, dispuesto siempre a tropezar dos veces con la misma piedra.
 Tan rico es en acepciones y en interpretaciones de toda índole, que se precia de tener múltiples, diversas y jugosas versiones, todas ellas más o menos sabiamente acertadas y no menos aceptadas, que completan su introducción inicial, aquí a modo de título, y que rezan como las que siguen:
No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista; con las que también juega el usuario para conseguir efectos cómicos como en la siguiente: no hay mal que cien años dure ni cuernos que lo aguanten;  o adaptadas a variadas  circunstancias, como la inmediata siguiente, tan taxativa y transparente, que no deja lugar a controversia alguna: no hay mal que cien años dure, ni enfermo que lo resista.
Y es que llevamos tanto tiempo con la insoportable y cansina melodía del llamado proceso catalán, que incluso para tratar de evadirlo, hemos de citarlo expresamente, en una ceremonia de la confusión, que nos ha conducido a gran parte de los ciudadanos, a una colectiva y desestabilizadora catarsis.
Tan emocional y obsesiva se nos presenta, que ha logrado que este tema esté presente en nuestra diaria vida, desde que nos despertamos hasta que retornamos al que debería ser un reparador sueño, que incluso puede verse alterado por unos acontecimientos que llegan incluso a influir en tan necesario descanso.
No hay noticia que cien años dure, ni ciudadano que lo soporte, es lo que esperamos y deseamos, con un ánimo plenamente dispuesto a que se cumpla esta nueva versión del tantas veces citado aforismo, que aquí materializado, nos martiriza día tras día, con su machacona y persistente presencia en los medios de comunicación, en las redes sociales, y en los lugares más próximos a cada uno de nosotros.
Y es que ya sea en el trabajo o en las reuniones, ya sean con los amigos y conocidos, o bien con los familiares, pueden acabar en ocasiones como el rosario de la aurora, ya que difícil es descartar con la mención de estos temas, las disensiones y desacuerdos, acerca de un tema que nos tiene absortos, sin desearlo, sin haberlo pedido ni expresamente solicitado.
Deseando estamos que ceje ya en su pedante e insoportable soniquete, esperando no dure, no ya cien años, sino su equivalente en días, que pese a que muchos nos pueden parecer, son bastante más los que ya llevamos soportándolo, con lo que pese a todo, y dadas las circunstancias, satisfechos quedaríamos si al menos nos dejasen de vez en cuando un remanso de paz, aunque solo fuesen unos cuantos días de sosiego.
Porque hay vida después de este desenfreno secesionista, que tan sólo a los vendedores de banderas, a los psicólogos y a los medios de comunicación les ha traído buenas y remuneradas nuevas, ya que a los ciudadanos, de la tendencia que fueren, les está suponiendo una desmesurada carga de tensión que ni desean ni merecen que se prolongue un solo día más.