miércoles, 22 de abril de 2020

ALARMA BAJO SOSPECHA

Nos encontramos inmersos en un estado de ausencia de alguna de las libertades que proclama nuestra constitución, encargada de garantizarlas, y que en estos momentos no disfrutamos plenamente, ya que el denominado estado de alarma, las ha suspendido de hecho, pese a que el gobierno insiste en que aplica dicha situación con arreglo a la ley suprema que nos ampara a todos los ciudadanos, pero con lo que no todos están de acuerdo, levantándose voces en contra, por no estar conformes con su aplicación, sumamente restrictiva, que supera con mucho el susodicho estado de alarma.
El estado de alarma prevé la limitación de ciertas libertades, pero nunca su supresión. La diferencia es evidente, ya que las garantías de reunión, movilidad y manifestación, han quedado manifiestamente eliminadas, y en estos momentos, no pueden ser llevadas a efecto, no pueden ser disfrutadas por los ciudadanos de este País, lo que constituye un serio y contundente agravio que han denunciado reputados personajes de diversos sectores, sobre todo del área jurídica, como jueces, profesores y magistrados, que consideran el estado de alarma inconstitucional, y así lo han denunciado ante el correspondiente tribunal.
La inmensa mayoría de este País, se limita a cumplir este durísimo confinamiento sin cuestionarse su legalidad, con una actitud más o menos amable de aceptación o rechazo de sus consecuencias, que a medida que se avanza en el tiempo, van dejando huellas más o menos palpables en el ánimo de una ciudadanía enormemente castigada por una pandemia, que pese a la forzosa y obligada reclusión, arroja espantosas cifras de muertes y contagios, así como unas terribles consecuencias negativas en la economía y en el mundo laboral de las gentes de un País que se plantea un futuro incierto y con unas expectativas en absoluta halagüeñas.
Hemos asistido estos días, a una auténtica ceremonia de la confusión, cuando un alto portavoz del gobierno, que pertenece a la fuerzas del orden público, ha manifestado que se están controlando las opiniones en las redes sociales para evitar críticas al gobierno, algo que han tratado de desmentir con aquello de que se ha tratado de un malentendido, que ha quedado en ridículo, cuando se han descubierto correos internos que ratifican este lamentable suceso que deja en muy mal lugar a una administración que entra así en un juego peligroso.
Veleidades autoritarias, en suma, que dudo lleguen más allá de un ligero ramalazo de poder, en unos momentos terribles, cuando más necesita la población de unos gobernantes que no han sabido estar a la altura cuando primero China, y después Italia, avisaron que el desastre se avecinaba, y como de costumbre en este País, actuaron mal y tarde, permitiendo eventos masivos de toda índole hasta el último momento, son que nadie se atreviera a poner el cascabel al gato, sin tomar unas decisiones rápidas y decisivas, que hubieran minimizado una catástrofe que nos llevado adonde estamos, con unas cifras espantosas de pérdidas humanas, que en parte se podían haber evitado.
Numerosas denuncias se han presentado ante el Tribunal Supremo y el Constitucional, ante un confinamiento extremo y riguroso, con importantes multas y detenciones caso de no ser respetado, que después de mes y medio de absoluto encierro, va a permitir salir a los más pequeños, para dar un simple paseo con sus padres, habiendo llegado incluso a regular cómo han de moverse, comportarse o dar saltos, que reflejan hasta qué punto han llegado los gobernantes a la hora de controlar a una población que no sale de su asombro ante lo que está pasando en un País, dónde la democracia se pregunta si ha llegado el momento de velar por su respeto y continuidad.

lunes, 20 de abril de 2020

UN INCIERTO FUTURO

Llegará un día, en que esta situación presente que nos maltrata cada uno de nuestros sufridos días, con un confinamiento obligado a causa de la pandemia que asola al mundo, será sin duda un mal recuerdo, una pesadilla vivida durante, aún no sabemos cuánto tiempo, pero que terminará, que tendrá un final en un momento determinado, que ahora ignoramos, y que esperamos, con una profunda incertidumbre que nos angustia cada momento de nuestra sufrida y pesarosa existencia, tan sólo un mal recuerdo, una mala jugada del destino.
Es lo lógico, lo que cabe pensar para una mente lógica y razonable, quizás por aquello de que no hay mal que cien años dure, que aunque no es una reflexión que entre dentro de la racionalidad más sensata, sí es consecuente con la experiencia humana de la sucesión de acontecimientos históricos vividos a lo largo de los tiempos, que concluyen que todo tiene un principio y un final, que nada es eterno, nada es para siempre, salvo la desaparición física de los seres vivos, todos ellos con fecha de caducidad, no obstante, desconocida.
Pero mientras tanto, al margen de razonamientos más o menos acertados, o impregnados de un humano y elemental deseo, las esperanzas de millones de seres obligados contra su voluntad, a guardar un encierro que nos aseguran es por nuestra seguridad, algo que muy pocos se atreven a dudar, aunque ahí están, y que nos causa una angustia y una tensión vital, de tal envergadura, que a medida que pasa el tiempo y se alarga está reclusión, se va haciendo más insoportable.
La sensación de confinamiento sin límite, llega a ser insoportable para muchos ciudadanos que anímica y físicamente tienen una menor capacidad para sobrellevar una situación que los supera, y que les genera un sufrimiento vital tan elevado, que puede llegar a causarles traumas, lesiones y conmociones que pueden condicionar su futuro, tal como ya predicen, más bien diagnostican, los especialistas en psicología y psiquiatría, algo que en cualquier caso, resulta fácil de concluir.
Algo que puede marcarles para siempre si este encarcelamiento se prolonga demasiado tiempo, que no necesariamente, según nos dicen, será continuado, seguido, consecutivo, sino que puede alargarse indefinidamente, con tramos en los que nos dejarán salir a la calle por tiempo limitado, para regresar de nuevo a nuestro enclaustramiento, a la espera de la próxima liberación temporal que nos corresponda. Pero aún peor es la siniestra perspectiva de que nos plantean quienes auguran que a partir de ahora, y para el resto de nuestros días, nos veremos sometidos a la aparición de estas pandemias, con lo que el futuro más negro e incierto, teñiría nuestro porvenir inmediato.
Sería algo que aún pesaría más sobre los apesadumbrados y frágiles ciudadanos que más están sufriendo estos siniestros tiempos, al visualizar un panorama venidero que en nada les alegrará ni suavizará sus ya pesarosas vidas, pegados a una máscara y unos guantes, a los que jamás nos acostumbraremos y que esperamos algún día desparezcan de nuestras vidas.
Pero son los niños, los más pequeños y los que no lo son tanto, como los incipientes adolescentes, los que más duramente están sufriendo esta insoportable condena, encerrados entre cuatro paredes, en ocasiones de dimensiones muy reducidas, sin un pequeño patio o una mínima terraza desde dónde contemplar un cielo que se les niega cada día durante ya demasiado tiempo.
Preguntan cada día por qué de este castigo, obteniendo por toda respuesta una tan irreal y abstracta como que ahí afuera, está el coronavirus. Esta situación puede causarles daños de diferente tipo que quizás acusen más adelante, si no se  pone remedio a este confinamiento lo antes posible, permitiéndoles, aunque sea de forma temporal e intermitente, poder salir a una calle que no pidan desde hace mucho tiempo.
Y quedan los jóvenes, los que tienen todo un oscuro e incierto futuro por delante, con una economía diezmada que les va a ofrecer aún menos oportunidades laborales de las que ahora carecen, con un curso académico paralizado, que les va a causar trastornos sin cuento.
Todo ello a la hora de una formación cada vez más exigente para poder acceder a un trabajo, algo que les está sucediendo también a los trabajadores en activo y que la parada de la actividad y el paro consiguiente, les está conduciendo al pesimismo y a la incertidumbre, ante un futuro imprevisible, que nadie se atreve a augurar, dadas las circunstancias actuales.

jueves, 16 de abril de 2020

LA CIUDAD FANTASMA

Tiempos nos han tocado vivir, que jamás olvidaremos. No es una frase hecha, ni una expresión vacía de contenido. Es una insólita y singular etapa de nuestras vidas, que ni aún viviendo cien años, tiene parangón posible, algo que no es necesario que contemos a nuestros actuales nietos, porque también ellos, desdichadamente, están lo están viviendo a la par que nosotros.
Por muy pequeños que sean, en su ingrato y duro confinamiento, si se les pregunta el motivo por el que no van al cole - y de ello sí están contentos – responden que lo que hay ahí afuera es un coronavirus, por lo que, sea lo que fuere y signifique esa palabra tan de actualidad, tan desafortunadamente de moda en estos días, es lo que les impide salir a la calle e ir al colegio, algo que muchos de ellos sí contarán a sus nietos dentro de algunos años cuando todo no sea, sino un mal recuerdo que esperamos no repetir.
Todo esto, no es un sueño, que ya quisiéramos que lo fuera, porque resulta duro e insoportable hasta extremos que nos hace pensar en ocasiones que esta pesadilla no es más que una mala experiencia, una espantosa ensoñación que acabará al despertarnos una mañana cualquiera, algo que se verá frustrado cuando abramos las ventanas y contemplemos con tremendo desconsuelo el silencio casi absoluto con el que se despierta nuestra ciudad, callada, desierta, irreconocible.
Ciudades y pueblos en apariencia carentes de vida, pese a que los edificios están ocupados día y noche por millones de seres confinados, encerrados, asustados porla amenaza de un enemigo invisible que espera ahí afuera en cualquier lugar, sospechando del resto de seres humanos que puedan ser portadores del letal virus, que poseyendo una capacidad portentosa de propagarse, está asolando al mundo entero.
La ciudad fantasma apenas respira a través de los contados seres pertrechados de mascarillas y guantes, que se mueven desconfiando unos de otros, guardando una prudencial distancia, impregnados de una oscura y siniestra sospecha, como si de apestados se trataran, mientras las sirenas de las ambulancias aúllan desaforadamente, portadoras de la pandemia que mantiene a la población vigilada por la policía que patrulla para evitar presencias no justificadas en las solitarias y tristes calles antes tan bulliciosas.
Pasado un tiempo, en una gran cantidad de urbes, algo está sucediendo y que nos recuerda tantas películas de ficción, cuando empiezan a sufrir  cambios inimaginables, que nadie podía haber predicho en el pasado. Los animales, sorprendidos, se han ido acercando hasta ellas, invadiendo sus calles y plazas ante la ausencia del silencio atronador y la apabullante y frenética actividad habituales, que ahora brillan por su ausencia.
Y así, penetran en ellas y campan por sus respetos, en un espacio que hasta ahora  les estaba vedado, ampliando de esta manera su mundo, antes limitado a los campos y bosques, su hábitat natural, lo que hacen sorprendidos y expectantes ante semejante situación, que da una idea de lo que nos espera, de lo que ha cambiado este desolado, desconocido e imprevisible mundo, dónde ficción y realidad se confunden.
Impresiona salir a la calle, fugazmente, durante un escaso período de tiempo, apenas el necesario para comprar, tirar la basura o pasear a la mascota, sin transgredir lo más mínimo el tiempo establecido para ello, salvo ser sancionados o detenidos si se reincide, y sentir el absoluto vacío que provoca la contemplación de un mundo sin vida, salvo alguna fugaz presencia que con pasos ligeros se apresura a retornar a su confinamiento obligado.
Los sobrecogidos ciudadanos,  no acaban de creerse lo que está pasando, con el agravante de no saber lo que esta situación puede prolongarse en el tiempo, así como las consecuencias físicas y anímicas que puede conllevar, sobre todo para los niños encerrados en sus casas, lejos del colegio y de los parques hoy vacíos. Al mismo tiempo, el paro de casi toda la actividad laboral, está provocando un desastre económico brutal, que como siempre pagarán las clases más humildes.

domingo, 12 de abril de 2020

AUTE

En medio de la desolada situación en la que nos encontramos, ensombrecidos, deprimidos y humillados por un confinamiento extremadamente insoportable, con una extraña sensación de soledad, pese al obligado y duro compromiso de compartir las veinticuatro horas de cada uno de los días que llevamos, y sin saber cuántos aún nos quedan, nos despertamos con la triste y melancólica pesadumbre de la desaparición de uno de los últimos grandes creadores, protagonistas del mundo de nuestra cultura: Luis Eduardo Aute.
Como si lo hubiera sabido, como si lo presintiera, pese a ausente estado de salud desde hace bastante tiempo, como si hubiera decidido abandonar este mundo que juzgaba tan caótico, devastador y profundamente decepcionante, se ausentó lenta, tranquila, sosegadamente, sin hacerse notar, sin molestar a nadie, como si no deseara dejar una huella que nos ha quedado profundamente impresa a quienes le seguimos, admiramos y respetamos como ser humano, músico y poeta.
Qué feo, feo, mundo / qué feo, feo inmundo / qué feo, feo, contramundo / sin revés. Así rezaban algunos de los versos de una de sus últimas composiciones que ya presagiaban el desastre en el que ahora nos encontramos inmersos, y que afortunadamente para él, no tendrá ocasión de sufrir ni lamentar, que le habría angustiado, sin duda, como lo está haciendo con la inmensa mayoría de una población que no comprende, ni quiere entender, porque no es culpable, de lo que nos está pasando, soportando una forzosa reclusión que nos está desgastando física y anímicamente.
Aute nos acompañó, en momentos duros, de hierro, durante una dictadura que suprimió las libertades más elementales, durante demasiado tiempo, sorteando las limitaciones que nos imponían a la fuerza, con su poesía y su música liberadora y sedante, sin estridencias, pero con la fuerzaque la belleza siempre imprime a los versos de quien ama y siente la profunda y honda sensibilidad de su poesía, como en el tema “al alba”, que disfrazada bajo una letra que parece una carta de amor, una denuncia de las atrocidades de la dictadura.
No solamente fue un excelente y reconocido letrista y cantautor, sino que su actividad artística y creativa, se extendió a otras artes como la pintura, la escultura, la arquitectura y el cine. Hablaba varios idiomas y fue un admirador de los cantautores franceses Georges Brassens y Jacques Brel, que conoció, admiró en y siguió en su estancia en París, dónde residió temporalmente.
Sin cultura no somos más que zombies. Ya no somos sapiens, nos hemos quedado en s.a., en sociedad anónima. Estamos en la edad media, con cruzadas, epidemias y una nueva inquisición. La tecnología es el gran Dios y tiene abducido a todo el mundo. Tenemos sobredosis de información y absoluta ausencia de conocimiento.
Todas las anteriores expresiones, llenas de sensatez y sabiduría, son suyas. Dan una idea bastante clara acerca de su capacidad para analizar el mundo y su sociedad, hoy hundida en unos terribles momentos que nos hacen lamentar aún más todavía la desaparición de personajes como Luis Eduardo Aute, que se ha ahorrado este tiempo de pandemia, de soledad y de la necesaria y triste reflexión que debiera acompañarnos, y que ya forma parte de la historia, no sólo de la música, sino de la cultura en general de este País.

jueves, 9 de abril de 2020

HÉROES

Acostumbrados estamos a que los medios de comunicación y las redes sociales, nos machaquen con insistencia con personajes y personajillos, tanto de baja estirpe como de guante blanco, a los que les atribuyen actos dignos de resaltar y de exaltar, elevándolos a falsos altares de una indigna, injusta y excelsa divinidad, que de ninguna forma merecen.
Y es que los seres humanos, tan elementales y simples como con frecuencia nos mostramos, parecemos necesitar de entes tanto formales como materiales, a los que admirar, adorar y seguir, con el objeto quizás, sin que de ello seamos conscientes, de llenar nuestras vacías y vulgares vidas, posiblemente aburridas y desprovistas de los necesarios y gratificantes ingredientes que nos puedan faltar, para evitar el hastío y la desidia siempre negativos y absolutamente rechazables.
Son falso ídolos encumbrados por un absurdo impulso frenético de las masas poco pensantes, que en cadena, y más aún hoy en día con las nuevas tecnologías, elevan a alturas inconcebibles de una ridícula popularidad, a quienes no acaparan más méritos que una trivial y vulgar capacidad por aparecer en los medios atribuyéndose “heroicidades” como alguna “hazaña” deportiva, socialmente vitoreada, algún récord absurdo, o alguna proclama populista falsamente benefactora.
Pero aún más detestables son los que ostentando una posición elevada, generalmente de carácter político o de otro cariz semejante, más o menos popular, se erigen en adalides de la paz y la justicia en el mundo, cuando con sus decisiones desde su poltrona y con un poder demoledor, más bien han sido los causantes de desastres sin cuento, que no se colocan en la balanza, que mide las contradicciones existentes entre el bien y el mal, prevaleciendo aquellos sobre estos, y generando así falsos héroes que de ninguna manera merecen dicho calificativo.
Y están los verdaderos, los auténticos héroes sin paliativos, reconocidos por todos, aunque no por la oficialidad formal, aristocrática y cortesana, que es quién en último término otorga los galardones, y que lucha cada día por el bienestar de los demás, por la aplicación de la justicia y la igualdad entre los seres humanos, por la denuncia de los atropellos a los que se somete a los desheredados de la tierra, y por la defensa de los más débiles, allá dónde se encuentren.
Hoy, en este País y en el mundo entero, asolado por una espantosa pandemia, miles de héroes anónimos están dejando incluso su vida luchando cada día por la salud de los demás, en los hospitales, ambulatorios y otros centros, ya sean médicos, enfermeros, voluntarios en las ambulancias, personal de las fuerzas del orden, y otros que, aunque no están directamente con los enfermos, atienden en oficinas, supermercados y otros puestos de trabajo, siempre expuestos, constituyendo un grandioso y heroico ejemplo de sacrificio y dedicación hacia los demás.
Luchando denodadamente con una falta angustiosa de medios, con una admirable capacidad para ingeniárselas de múltiples formas para protegerse un mínimo absolutamente necesario, con recursos propios, duplicando turnos y cayendo enfermos con frecuencia y arriesgando y sacrificando sus vidas en numerosos y admirables casos que nunca podremos agradecer lo suficiente, estos generosos benefactores de la humanidad, son los auténticos héroes, que esperamos que una vez termine esta pesadilla, sean homenajeados, reconocidos y premiados como se merecen.

sábado, 4 de abril de 2020

LA LIBERTAD PERDIDA

Nadie, ni en el peor de los escenarios, ni en la más insoportable de las pesadillas, podía presagiar lo que nos está pasando a nivel mundial en pleno siglo XXI, cuando los libros de historia recogen las épocas vividas hace seiscientos años, en el siglo XIV, con la peste negra, o con la mal llamada gripe española, hace más de cien años, que diezmaron la población mundial.
En estos momentos, en el año del señor de dos mil veinte, cuando la humanidad, con todas sus deficiencias y miserias que sufre el tercer mundo, goza de unos avances en todos lo órdenes como jamás había disfrutado antes, con una tecnología desbordante, y, en general, con enormes progresos, incluida la sanidad y la higiene a todos los niveles, nos encontramos inmersos en una inaudita e inesperada pandemia, que está afectando a toda la humanidad, con unas consecuencias devastadoras.
Con un incierto origen, se ha extendido con una velocidad y una mortalidad inauditas, expandiéndose cada día ante la imposibilidad de controlar sus espantosos efectos por parte de una sanidad, que a nivel mundial se ve sobrepasada ante la incidencia de un virus contra el que no tenemos ninguna vacuna, ni habíamos previsto, pese a quienes venían avisando desde hace tiempo, y de modo generalista, que algo así podría suceder en el futuro, como efectivamente ha sucedido.
Hemos reaccionado tarde, mejor dicho, “lo han hecho tarde”, ellos y ellas, los responsables, los que nos dirigen y confinan, conculcando nuestra libertad, no sólo aquí, aunque nosotros ya teníamos las referencias de China e Italia, y que no tomaron las decisiones oportunas, acertadas, por motivos de todo tipo, entre los que figuran aquello de “que inventen ellos”, o sea, a ver qué pasa allí afuera, y luego, ya veremos.
Y así, nos pilló el toro, con errores garrafales como permitir eventos masivos varios, desde los deportivos a los sociales, como manifestaciones enormes, que han dejado un rastro terrible, cuando ya la Organización Mundial de la Salud, había advertido en su contra, incluido el acaparamiento de material sanitario, ybien por motivos puramente políticos o por aquello de “a ver quienpone el cascabel al gato”, se permitieron auténticas barbaridades, que nos han llevado adonde estamos, sin que nadie asuma responsabilidades, faltaría más.
Henos aquí, enclaustrados, confinados y prisioneros en nuestras propias casas,  lamentando una situación que necesariamente hemos de aceptar y respetar, según nos dicen por el bien de todos, pero que resulta, más que insoportable, que también lo es, absolutamente increíble a estas alturas de una Historia, que no nos permitía visualizar, ni por asomo, lo que nos está pasando.
Y es que si esto nos lo sugieren hace diez años, seguramente nos lo habríamos tomado a guasa, pese a que ya por entonces, algunas voces, entonces apenas audibles, ya avisaron del peligro de de este enemigo invisible, inmensamente pequeño, que nos ha dejado estupefactos, incrédulos, y sobre todo inmensa y ridículamente diminutos e insignificantes.
Todo ello supone una portentosa lección para nosotros, los altivos y soberbios seres humanos, que deberíamos aprender de esta catástrofe que seguimos sin asumir por inesperada e inaudita, y que pese a todo, me permito dudar, aunque siempre con la necesaria, fugaz y desesperada esperanza, de que esta vez sí rectifiquemos definitivamente, para no volver a caer jamás en tantos y tan repetidos errores.

jueves, 2 de abril de 2020

BAJO SOSPECHA

Las suspicacias más diversas, teñidas de la casi necesaria y correspondiente incredulidad, llena nuestras mentes atormentadas por lo que nos está pasando, tratando de encontrar respuestas a una angustiosa situación que estamos viviendo, a la que nos resistimos preguntándonos por qué nos ha tocado vivir estos desolados tiempos, y sobre todo qué y quienes, si los hubiere, han provocado está espantosa pandemia.
Es una reacción instintiva y espontánea que nos asalta a un amplio sector de la población más o menos pensante que se aleja de quienes por diversas razones de índole variada, no se lo plantean, sino que, o bien se resignan, o lo admiten como un designio supra terrenal, que bien pudiera ser un castigo, o simplemente algo irremediable que pronto o tarde había de llegar, que ya tocaba, que es cíclico e inevitable.
Muchos piensan que el Planeta ha dicho “basta”, que está harto de unos seres que no han parado de maltratarla de múltiples y malvadas maneras, que la han hecho reaccionar, con el objeto de avisarnos, quizás por última vez, que no está dispuesta a soportarnos más, si seguimos por este camino de destrucción a la que la sometemos diariamente, y que lleva advirtiéndonos con la subida de los niveles de los océanos, como una de las muchas amenazas con las que quiero hacernos ver lo lejos que hemos llegado en nuestra loca carrera hacia un desastre que quiere evitar por el bien la Humanidad.
Otros, mantienen la teoría cada vez más extendida, de que somos objeto de diabólicos experimentos de la guerra química, que o bien se les ha ido de las manos, o bien forma parte de una mezquina y ruin infamia de una maldad extrema, que persigue un fin perverso, infame y voluntario, de probar la eficacia, ahora limitada, de provocar una pandemia para observar los resultados en la sociedad y la economía mundial, con la intención de llevar a cabo sus  pavorosos resultados en una futura guerra mundial.
Pero cada vez menos creen, que toda esta atroz y escalofriante pandemia, tenga su origen en un pequeño mercado chino de pescados y mariscos, dónde vendían también animales salvajes, atribuyendo el origen del virus a un pequeño animal llamado pangolín, que al consumirlo hubiera transmitido el virus, y de ahí, a todo el Planeta, lo que resulta francamente difícil de asumir como una teoría creíble.
Por último estarían, los que, dada la magnitud de la tragedia, quieren pensar que nada es real, que todo es un sueño del que despertaremos un venturoso día. Resistiremos entonces, que remedio nos queda, a la espera de que todo acabe, y volvamos a una vida que ignoramos ahora si volverá a una completa normalidad, y podamos olvidarnos, aunque quizás no debamos, las sospechas que nos acechan
Mientras tanto, nuestro más cálido, sincero y agradecido homenaje, a los que luchan cada día en los hospitales, supermercados, transportes, oficinas y demás héroes, que arriesgan su vidas, y nuestro pésame a todos los que han perdido a algún ser querido. Y a los que aquí seguimos, ánimo, valor y constancia para sobrevivir, para no olvidar jamás, y para pedir las responsabilidades que corresponda para que nunca más vuelva a repetirse esta tragedia.

martes, 31 de marzo de 2020

EL DESENCANTO

Los fanáticos de las cifras, y de su significado aplicado, añoraban desde hace años la llegada del año 2020,  veinte veinte o cero dos cero dos leído al revés, maniáticamente hablando, presagiando que tan singular combinación de guarismos, sin duda debían constituir un presagio de un feliz y venturoso año nuevo, que nos traería satisfacciones sin cuento a toda la humanidad.
Valientes agoreros ellos, que visto lo poco que llevamos de tan singular año, no dieron ni una, olvidando además otras señales básicas y elementales, y de carácter popular, y por lo tanto sabio, según muchos, y que no parecieron tener en cuenta, como es el hecho de que obviaron aquello de “año de nieves, año de bienes”, algo que ha brillado por su casi total ausencia este invierno.
Y puestos a ello, y enfrentados a la cruda y terrible realidad que nos ha deparado el comienzo de este dos mil veinte, tan triste y vilmente decepcionante, no podemos por menos de confesar nuestro desencanto ante semejante traición, no sé si de los ineptos augures, o del caprichosamente desdichado año, que nos está dejando un terrible y espantoso rastro de sangre, sudor y lágrimas.
Está más que meridianamente claro, que ni uno ni otros tienen la culpa de nuestras penas y desencantos. Unos por ilusos, obsesos e involuntarios, y el otro por carecer de toda responsabilidad, dado el carácter anualmente inmaterial que nosotros le adjudicamos, no pueden responsabilizarse de nada, faltaría más.
Pero sí hay unos culpables que no pueden ni deben responsabilizarse del desastre, de los irreparables daños causados y por causar, del sufrimiento indecible de los que han sufrido en soledad, para acabar sus vidas apartados de sus seres queridos hasta el extremos de no poder despedirse de ellos, y que estos, ni siquiera hayan tenido la oportunidad de proporcionarles un descanso digno y humanamente aceptable.
Esa culpa, todas esas culpas, nos acusan a todos, a la inmensa mayoría de un Planeta Tierra que no nos merecemos, que recibimos impoluto, sin rastro de la miseria y la impudicia a la que lo hemos conducido, llevados por nuestra abyecta y perversa condición.
Seres avaros, indignos y soberbios, que no hemos reparado en devastar y asolar una hermosa naturaleza de este bellísimo planeta, al que nunca debiéramos haber arribado, dónde jamás debiéramos haber surgido, porque no nos lo meremos, porque no somos dignos de tan soberbio y grandioso regalo, que ahora parece estar diciendo basta ya, haciéndolo de múltiples maneras, como puede ser esta pandemia que padecemos.
Devastamos, contaminamos, destruimos y arrasamos como posesos cuanto encontramos a nuestro paso, dejando irreconocible el legado que recibimos de nuestros ancestros más pretéritos que cuidaron con esmero y dedicación, y con un uso racional  y equilibrado, un planeta que hoy, con una expresión de incredulidad, no reconocerían.
Y consumimos con tal fruición y desenfreno, que nos lleva a tirar comida y bienes que nos sobran, cuando medio mundo padece todo tipo de miserias, que usamos y tiramos sin considerar que podríamos repararlas, generando así miles de millones de residuos cada día, que, ingratos y desagradecidos, continuamos asolando este planeta.
Viajamos por todo el mundo, llevando de paso nuestras miserias como está pasando con la pandemia que padecemos. Igualmente vamos a Venecia, en crucero hasta San Marcos,  irreconocible hoy en día, masificada como tantos otros destinos turísticos, o vamos a un Safari, o recorremos exóticos países de Asia o de Extremo Oriente, cuando posiblemente no conozcamos, la catedral de Burgos, el Acueducto de Segovia o la Alhambra de Granada.
Hace cinco años, Bill Gates, genio de la informática y visionario con suficiente base para ello, avisó del peligro para el futuro de la Humanidad que suponían los virus, mayor aún que que la amenaza del espantoso arsenal nuclear. Invitó a los países a investigar en ese sentido para evitar pandemias como la presente. Nadie parece haberle hecho caso, y ahora nos lamentamos.

viernes, 15 de diciembre de 2017

ADOCTRINAMIENTO PERVERSO

Entre las muchas y pérfidas maldades que puedan atribuirse al ser humano, se encuentra la notable capacidad que siempre ha tenido para influir en las mentes de las gentes, maleándolas a su antojo, condicionando su pensamiento, la visión que tiene del mundo, de las cosas que le rodean y de la sociedad en la que vive, adoctrinándolas en definitiva, siempre con oscuros e inconfesables propósitos.
En estos tecnológicos tiempos, en pleno siglo XXI, aprovechando precisamente las inmensas posibilidades que comportan las redes sociales, se ejerce un destructivo adoctrinamiento de los más jóvenes ciudadanos amparándose en su capacidad para asimilar sin discriminar, como en Corea del Norte, entre otros, donde la feroz represión hacia sus infelices ciudadanos, comienza en la escuela infantil.
Pero no necesitamos recurrir a tan lejanos lares. Aquí, en nuestro País, en Cataluña, ya en la escuela manifiestan su odio a España, declarándose independentista y manifestando que España se rendirá ante la Nación Catalana, en una detestable demostración de aleccionamiento que no admite disculpa alguna.
 Infamia, vileza y perversión miserable y odiosa, la acción que llevan a cabo quienes utilizan los centros de enseñanza para adoctrinar a los niños desde su más tierna edad, con oscuras y detestables intenciones, ya sea en Corea del Norte, o en la Europa del siglo XXI, en un acto de imperdonable y cobarde acción de manipulación del intelecto y de la sutil sensibilidad de los más pequeños.
Acostumbrado estamos a escuchar comentarios acerca de estos detestables métodos utilizados por quienes no tienen moral ni ética alguna a la hora de considerar y preservar la sensibilidad y las delicadas mentes de los más tiernos infantes, con el agravante de llevarlo a cabo en la escuela, dónde deberían extremar el mayor de los cuidados para no pervertir la realidad en la que viven.
Pero aquí no hablo de lo que he leído o me han contado. Se trata de un caso muy próximo que conozco de primera mano, de un niño de SEIS años, hijo de un familiar directo, que vive en Barcelona, y que un día llegó del colegio, contándoles a sus padres las maravillas de la independencia y las bondades del amado líder exiliado.
A todo lo expuesto añadimos el aleccionamiento familiar, por parte de quienes no respetan el libre pensamiento de sus hijos, el resultado es sumamente descorazonador, pues les niegan de esta forma la libre capacidad de elección, decisión y discriminación a las que todo ser humano tiene pleno derecho para ejercer el disfrute del libre albedrío, inherente a todo ser humano.
Después de los espantosos años vividos en El País Vasco, pocos podían esperar la increíble situación que se está viviendo hoy en Cataluña, donde la crispación y el odio, próximos a la violencia, se están desarrollando con una inusitada intensidad quede nadie podía esperar de esa región, cuyos ciudadanos sufren las consecuencias de la radicalización y el fanatismo que divide a Cataluña.
Hechos  que está dejando atónitos a los ciudadanos de este País, y que está dividiendo hasta el entorno familiar y social, con proclamas que hablan de una España anti democrática e injusta, en un acto de suprema y vil falsedad que ellos, que han infringido todas las leyes, incluida La Constitución, saben que no responde a una verdad que les quieren ocultar, en aras de lograr sus aviesas, oscuras y siniestras intenciones.

martes, 5 de diciembre de 2017

LOS ESTRAGOS DE LA INDEPENDENCIA

Como se temía, después de la absurda y alocada aventura independentista que ha quedado en nada,  y de la imparable fuga de empresas que se cifran en varios miles, se ha sumado la negativa de la Agencia Europea del Medicamento, EMA, que ha descartado Barcelona como su próxima sede, lo que supone un duro golpe más a una economía que está sufriendo las consecuencias de una conflictiva situación que nadie desea.
Era sin duda la clara favorita, y ha sido eliminada a las primeras de cambio. Miles de puestos de trabajo, tanto directos como indirectos, decenas de miles de visitas que se esperaban, así como una importante inyección económica, se han esfumado. Todo gracias a una panda de cantamañanas, que a este paso van a acabar con la excelente reputación, el turismo y el poder económico de una inestable Cataluña que Europa no desea.
La Agencia Europea del Medicamento cuenta con un presupuesto de 340 millones de euros, unos 900 trabajadores que atienden a unas 1.500 empresas y 40.000 técnicos que anualmente acuden para plantear  consultas o presentar proyectos para su aprobación.
La EMA cuenta con un presupuesto de casi 400 millones de euros y atienden a unas 1,500 empresas, y recibe a unos 40.000 expertos al año y organiza diferentes congresos de alto nivel. Se calculan unas 36.000 visitas anuales, así como la previsión del desarrollo de nuevos negocios con personal de altísimo nivel técnico, ya que este organismo europeo cuenta con 1.600 proveedores.
No sólo la economía está sufriendo un duro castigo, lo que ya es sumamente importante, sin lugar a dudas, sino que también el prestigio y la buena imagen de una ciudad como Barcelona, notoriamente conocida y valorada en todo el mundo, está sufriendo el castigo que se le está infringiendo con una anómala situación de inseguridad que no favorece en absoluto la necesaria confianza que los mercados internacionales exigen.
Apenas se ha conocido la noticia, se han pronunciado los diversos agentes políticos y sociales de uno y otro lado, intentando los independentistas justificar esta negativa noticia, aduciendo que la culpa es del Estado Español por aplicar el artículo ciento cincuenta y cinco, en una muestra más del pedante e insoportable victimismo propio de quienes han provocado estos hechos.
Se lleva la palma la inefable alcaldesa de Barcelona, que una vez más, y ya van infinidad, ha demostrado que se merece con creces y que ha hecho méritos más que suficientes para que sea conocida como “la emperatriz de la ambigüedad”, al afirmar que la culpa de que no se instale en su ciudad la Agencia Europea del Medicamento, se debe tanto a la declaración de independencia como a la aplicación del famoso artículo.
El escritor polaco polaco, Ryszard Kapuscinski, afirma que el humanismo global del siglo XXI tiene fundamentalmente dos implacables y peligrosos enemigos: el fundamentalismo religioso y el nacionalismo. Los dos, envenenan y pervierten la razón y la capacidad de discernir que caracterizan al ser humano.
Ambos impiden que la lógica, la solidaridad y la cordura propias de una mente sensata, sean las protagonistas de las decisiones tomadas libremente, en lugar de la radicalización y el enfrentamiento a que conducen estos comportamientos fundamentalistas alejados de toda racionalidad, y que conducen a hechos, comportamientos y consecuencias indeseados, tales como los aquí citados.