lunes, 28 de marzo de 2011

PARA QUÉ SIRVE UN REY

Desde tiempos inmemoriales, la figura del Rey, se nos ha presentado como una persona lejana, ajena, desconocida, casi mítica, presente en los libros de texto, en las aulas, en los despachos oficiales, como un personaje omnipresente y necesario, como si debiera figurar en nuestras vidas con una presencia constante y siempre cierta, con reminiscencias de un pasado ya muy lejano, de siglos, y a la que se nos pide un especial respeto, casi veneración, nunca explicado aquél ni justificado éste.
Y así, todos los años, en la escuela, a los niños además de las socorridas redacciones sobre las estaciones del año y otras varias, se les sigue planteando desde hace muchos años el mismo tema de siempre: qué es para ti un rey. Tema que hoy en día, sobrepasando las fronteras de la escuela, se ha elevado al rango de concurso nacional, ya no sé si infantil exclusivamente o si llega incluso a las sufridas mentes adolescentes - cosa que me permito dudar, pues considero que pasan ampliamente de semejante asunto – en ruda y desleal competencia con el resto de los certámenes que pueblan con habitual frecuencia el territorio nacional.
No deja de ser curioso el título – que no coincide con el que encabeza este escrito – y que considero sería más lógico, sino que cada candoroso, pueril, cándido e ingenuo autor, debe hacerse la susodicha pregunta como si de un objeto a su alcance se tratara, y esforzarse en encontrar respuestas a tan singular pregunta, tratando de mostrarse halagüeños/as, asesorados, supongo, por el clan familiar, que dependiendo de las simpatías que en ella despierte, quedará más o menos edulcorada.
No deja de suponer una alienación de esas mentes – me dicen que llevan cabo esa redacción niños a partir de seis años – el hecho de someterles a esta dura prueba, lo cual resulta inconcebible en un País occidental como el nuestro con una democracia formal plenamente establecida, pero con rémoras aún tan enraizadas como esta institución o la inefable iglesia católica, que continúan con unos privilegios que no les corresponden.
Estos ejemplos no contribuyen en absoluto a fomentar en la escuela y en los escolares una capacidad crítica y una estricta observancia de inculcar la capacidad de discriminar tan necesaria a la hora de fomentar la existencia de seres libres capaces de pensar sin sentirse cohibidos, reprimidos, coartados o limitados por no analizar detenida y libremente una información a la que se ven expuestos con una frecuencia cada vez mayor, más densa y no siempre bienintencionada cargada en ocasiones de oscuros intereses que deforman la información con inconfesables fines.
Bastante anacrónica resulta la permanencia de una institución como la que nos ocupa, que no responde a ninguna necesidad de un estado moderno para el que supone además una importante carga económica que soportamos todos los ciudadanos, cuyo alcance desconocemos, ya que las cuentas de la casa real no se hacen públicas, pero que imaginamos enormes, sobre todo si consideramos lo amplia y numerosa que es, hasta el punto de empezar a incorporar a su elenco a princesas provenientes del pueblo llano y trabajador, léase deportistas y periodistas, perteneciendo a éste último gremio la más reciente adquisición, que incluso se transformará con el tiempo, y de la noche a la mañana, en nada menos que Reina de las Españas.
Y tanto ha aprendido y lo ha hecho tan rápido que se muestra irreconocible, no sólo físicamente – parece que su única preocupación es la transformación continua y permanente de su cara – sino de su carácter, altivo, soberbio y arrogante que le hace mirar por encima del hombro a todo el mundo – incluidos sus antiguos compañeros de redacción – y que a este paso, a base de su impopularidad creciente, ella sola va a acabar con la monarquía.
Dejen por lo tanto en paz a los niños. No les sometan al martirio anual de esa redacción absurda y alienante que condiciona sus mentes y que posee el mismo interés que divagar sobre el sexo de los ángeles. Háblenles de Lorca, de Miguel Hernández, de Machado: y todo un coro infantil / va cantando la lección / mil veces ciento cien mil / mil veces mil un millón.

miércoles, 16 de marzo de 2011

EL INFIERNO NUCLEAR

Estamos jugando con fuego, con la aterradora capacidad energética que posee el átomo en sus entrañas cuando lo alteramos, cuando jugamos con él, llegando adonde quizás jamás debiéramos haberlo hecho, porque las terroríficas consecuencias de la sobrecogedora energía que desprende su manipulación, quedan fuera de nuestro control, fuera del alcance de una tecnología que pretende imitar a las estrellas donde las reacciones nucleares que en ellas tienen lugar están perfectamente controladas y destinadas a crear y mantener la vida en un planeta como el nuestro, donde nos empeñamos en manejar la naturaleza a nuestro antojo, sin tener los conocimientos necesarios ni la fuerza moral suficiente, ni la humildad mínima exigible a una humanidad que le ha perdido el respeto.
Y de vez en cuando nos lo recuerda, nos envía señales de su sobrecogedor poder y pasa por encima de nosotros trágicamente, causando unos tremendos destrozos ante los cuales el hombre nada puede hacer ya que su capacidad de defensa ante ella es inexistente, incapaz e inútil pese a toda la tecnología y la estúpida soberbia que despliega ante las fuerzas de la naturaleza que estaba aquí antes que nosotros, que nos proporciona su cobijo, nuestro sustento y su belleza.
Sobrecogen las escenas de Japón, donde una central con seis reactores nucleares arden en llamas mientras los pocos ingenieros que quedaban deben abandonarla para huir de la pavorosa radiación contra la que nada pueden hacer. Abandonada a su suerte, tratan de refrigerarla desde lejos, con helicópteros, como si se tratase de un aterrador ente llegado de otros mundos, contaminado e incontrolado del que, atemorizados, deben alejarse.
Espeluznante las imágenes de una pequeña zona creada por los hombres, de la que ahora la población debe alejarse decenas de kilómetros para evitar la contaminación nuclear, recordándonos a Chernobil, lugar desértico e inhóspito ahora y para siempre a causa de la explosión del monstruo nuclear que causó y sigue causando la muerte y la enfermedad entre la población que ya nunca jamás podrá volver, ya que la radiación permanece miles de años.
Nos habían hecho creer que esta energía era limpia, que no contaminaba, que nos permitiría cumplir con los acuerdos internacionales de rebaja y disminución de emisiones contaminantes y, de improviso, a causa de un terremoto, siempre imprevisible en un Planeta Tierra vivo y en constante cambio, nos hablan de pánico nuclear, de apocalipsis nuclear, de infierno nuclear.
Viajando por este País nuestro, contemplamos cada vez con más frecuencia los modernos molinos de viento emulando a aquellos que Sancho Panza describió a D. Quijote como tales molinos y no como gigantes contra los que desatar su justa cólera en fiera y desigual batalla. No poseen brazos de casi dos leguas como creía ver nuestro héroe Cervantino, pero están dotados de una fuerza descomunal como lo estarían aquellos, no para luchar, sino para generar una energía limpia al exponer sus brazos al viento, y recibir del dios Eolo el impulso generoso necesario para producir electricidad de una forma limpia y no contaminante.
Nos encontramos en un país con una envidiable capacidad para generar energía procedente de dos fuentes limpias e inagotables: el viento y el Sol. Deben por lo tanto sobrar razones para explotar éstas y no la energía nuclear.
No podemos esperar al siguiente sobresalto. Las consecuencias de un desastre atómico no conocen límites ni fronteras, y un accidente en cualquier lugar del planeta puede trasladarse y tener repercusiones en el resto del mismo. El futuro debe estar en las energías limpias que nos brinda la naturaleza sin necesidad de manipularla.

miércoles, 9 de marzo de 2011

LA HISTORIA POR ESCRIBIR

Habitamos un planeta con cinco mil millones de años a sus curvadas espaldas, un planeta vivo, en eterno cambio, que ha sufrido continuas modificaciones en su rugosa y arqueada piel, que ha visto cómo lenta e inexorablemente el tiempo cambiaba su faz una y otra vez, permanentemente, con hundimientos y levantamientos, con avances y retrocesos de las aguas, con ardientes y violentas manifestaciones procedentes de su interior que lo han ido modelando a lo largo de los miles de millones de años de su existencia, hasta dejarlo en el estado en que hoy lo podemos ver quienes lo habitamos desde hace cincuenta mil años, los humanos, aunque nuestros más primitivos ancestros, se remonten más allá del millón y medio de años.
Aunque desde hace cuarenta mil años tenemos noticias de las huellas que dejaron a través de las pinturas rupestres y diversos objetos de caza y pesca, fue hace aproximadamente ocho mil años a.c., momento en que los glaciares se retiran de Europa, cuando comienza la civilización en sentido estricto, con los primeros asentamientos estables humanos y la aparición de la agricultura en China y el inicio de los regadíos en Mesopotamia, y por fin, la aparición de las primeras ciudades que dieron comienzo a las grandes civilizaciones, que con el curso de los milenios conducen al hombre al actual siglo XXI.
Corta historia la del ser humano en comparación con los tiempos geológicos del planeta que habita. No obstante pronto se sintió dueño y señor del mismo al que ha maltratado de todas las formas imaginables, sin respeto alguno, sin la menor de las consideraciones, campando a sus anchas, explotando sus recursos y degradando su medio ambiente hasta que se dio cuenta, a su pesar, que todo esto se volvía contra él y comprometía su futuro en el mismo.
Y ahí nos encontramos, diez mil años después del comienzo de todo, habiendo pasado todo tipo de vicisitudes a lo largo de una historia turbulenta plena de épocas heroicas que han dignificado y dado sentido a la estancia del ser humano sobre el Planeta y de otras muchas, las más, que lo han hecho merecedor de la más baja de las consideraciones, muy por debajo de su condición de ser racional, al convertirse en depredador de sí mismo, violento, cruel y despiadado con sus semejantes, con el resto de los animales y con el medio natural, que estaban aquí antes que él y que le dieron alimento y alojo para su subsistencia.
En muy poco tiempo, apenas una fracción mínima de su estancia total, desde que comenzó la era industrial y la aparición de las máquinas que transformarían el trabajo manual y artesanal en una producción a gran escala, en apenas cien años, ha logrado dejar irreconocible un hermoso planeta del que no puede escapar pese a los sueños infantiles de quienes creen poder emigrar en el futuro a otros astros próximos, inhabitables y agresivos por otra parte, para la vida humana.
Si en tan poco período de tiempo hemos logrado esta dudosa hazaña, cabe preguntarse qué nos esperará en los próximos mil años. El problema energético es fundamental, ya que dependemos casi en exclusiva de los combustibles fósiles, altamente contaminantes y extinguibles en el tiempo, así como de una energía nuclear, aún inestable e insegura, que auguran un futuro como mínimo incierto, salvo que descubramos nuevas fuentes de energía limpias que nos salven del desastre.
Deberemos limpiar cuanto antes el aire que respiramos, los ríos, los mares y una naturaleza agredida a todos los niveles imaginables, así como limitar el consumos desmedido y eliminar las tremendas desigualdades sociales que cada día crean más tensiones en un mundo enloquecido, donde la mitad de la población sufre del hambre, la miseria y el abandono a causa de la otra mitad que se empeña en mirar hacia otro lado.
Quizás hemos dejado pasar demasiado tiempo para poder remediar tanto destrozo. Quizás estemos aún a tiempo. De lo que no cabe duda es de que aquel ser humano que comenzó a andar erguido hace un millón de años y que con el tiempo se mostró cruel y violento consigo mismo y con el resto de de los seres vivos y el medio en el que vive, también fue capaz de levantar una majestuosa catedral, escribir un bello poema o llevar a cabo una hermosa y heroica acción solidaria. Siempre nos quedará la esperanza y la fe en las bondades del ser humano.

miércoles, 2 de marzo de 2011

CON VELAS Y A LO LOCO

Mientras que cualquier automóvil recién salido de fábrica es capaz de sobrepasar ampliamente los ciento ochenta kilómetros por hora y la potencia disponible en una importante mayoría de los mismos ronda los doscientos caballos y bastante más allá aún que los disparan a doscientos cincuenta kilómetros por hora, alguien, no sabemos quién, ni cuando, ni cómo recibió la inspiración divina o humana, y hallándose bien en brazos de Morfeo o bien en los de Baco, decidió que a partir de ya, de inmediato, sin darle tiempo a la opinión pública a que pudiera analizar y debatir, se reduciría la velocidad en autopista a 110 Km/hora.
Así las cosas, una mañana de éstas, amanecerán miles de señales de tráfico con una bonita pegatina con la mágica cifra que nos recordará que a semejante velocidad no deberíamos dormirnos, pese a que nada de extraño tendría, dado el sopor que debe experimentarse en una recta de veinte kilómetros viajando por una moderna autopista, sólo y a las ocho de la mañana con cuatrocientos kilómetros por delante y unas irrefrenables ganas de pisar el freno y poner la marcha atrás.
Y Esto es sólo el principio, ya que, a estas velocidades, podrían perfectamente sustituir las lámparas de los faros por velas de cera, las de toda la vida, los candiles o los quinqués, los cuales alojadas en el hueco dejado por las antiguas inquilinas, alumbrarían a la perfección, dadas las necesidades ahora requeridas y permitirían un ahorro muy considerable, no solamente en lámparas, sino en cables, interruptores y demás complementos antes necesarios y ahora obsoletos.
Pero prefiero no dar ideas, ya que en el plan que los señores ahorradores se encuentran, no me extrañaría que las llevasen a cabo, no solamente estas, sino cualquiera que podamos sugerirles y que supongan un ahorro por estrafalaria que sea la medida. Y es que su desesperación es tal, su capacidad de ingeniárselas para inducir al ahorro y gastar menos llega a tales alturas que nuestra capacidad de sorpresa se va agotando a medida que amanece un nuevo día y nos disponemos a tratar de averiguar con qué han soñado la pasada noche y en qué nuevas y delirantes medidas se traducirán dichos sueños.
Lo que sí sabemos es lo que nos van a costar las pegatinas, que un ejército de artistas tendrán que colocar apropiándose de la noche, para así, de una manera callada, subrepticia y un tanto de incógnito, dedicarse a una incalificable pegada de carteles, en este caso pegatinas, para que al amanecer nuestras autopistas aparezcan como nuevas, remodeladas con su nuevo look, con una imagen nueva, más sosegada y tranquila, tanto que muchos conductores ni se darán cuenta.
Caerá así sobre ellos el voraz apetito recaudador de la Dirección General de Tráfico que, sin duda, compensará con sus numerosas multas los casi trescientos mil euros que nos va a costar la susodicha remodelación de las sufridas señales de tráfico, muchas de las cuales, es posible que no soporten durante mucho tiempo su nuevo ropaje, ya que las inclemencias del tiempo, las manos cabreadas y otros elementos varios sin calificar, podrían despojarlas de su nueva vestimenta, lo cual tendrían consecuencias jurídicas en cuanto a recursos de todo tipo se refiere, a lo cual, de todas formas y casi con seguridad, habrá lugar.
No se lo pierdan. Acabo de oír en la radio en un programa de muy buena reputación, lo siguiente: un conductor ha hecho el recorrido de Madrid a Galicia, con un total de 569 Km y a 110 Km/hora. Ha hecho el recorrido inverso, es decir de Galicia a Madrid a 120 Km/hora.
Conclusión: ha tardado una hora más y ha ahorrado 1,88 euros. Sin comentarios.

viernes, 18 de febrero de 2011

LA REINA DE LAS PROMOCIONES

Estudia en la universidad historia del arte, una carrera que muy pronto terminará y que trata de compatibilizar con un trabajo por las tardes o los fines de semana que le dé una cierta autonomía, a ella, que posee una envidiable y maravillosa capacidad innata para desarrollar cualquier actividad plástica, sea la pintura, la escultura, la danza, la música, cualquiera de las artes. Pero eso no se valora hoy en día en el mundo laboral, no es relevante, la cultura no es rentable, no parece ser un valor seguro y en todo caso habría que valorarlo en su justa medida, y eso sale muy caro.
Posee un currículum completo que le capacita para llevar a cabo diversas actividades laborales, variados trabajos, diferentes puestos en múltiples empresas donde se desenvolvería con soltura y eficacia a plena satisfacción, pero que no le sirve absolutamente de nada. Ha pasado por muchos trabajos, mejor, trabajillos. Desde servir banquetes en las bodas a recepcionista, pasando por encuestadora telefónica y tantos otros, siempre a tiempo parcial siempre con contratos en precario.
Vive con sus padres a los que no les pide ni un euro porque no desea ser una carga, y así, se recorre los centros comerciales en los que los fines de semana y con el oportuno e infame uniforme de turno, de pie, cinco, seis ó siete horas, se sitúa en el correspondiente pasillo del centro comercial o gran almacén, con el objeto de promocionar un producto, cualquiera, el que sea, qué más da, una maquinilla de depilar, una tostadora, un licor.
Le pagan a razón de cinco euros brutos, que líquidos se le quedan en cuatro de las antiguas pesetas, que, por supuesto, no recibirá de inmediato, sino al mes y medio siguiente, cuando podrá percibir sus ochenta euros escasos con los que podrá tirar unas semanas más hasta que consiga la siguiente promoción. Esta vez será ese espantoso almacén mayorista, frío, oscuro, desvencijado, donde se colocará frente al ridículo puesto que ella misma tendrá que montar y en ocasiones recoger adonde le digan.
Para ello ha tenido que llegar media hora antes que, claro está, no le van a pagar y que deberá desmontar cuando cierren el local, allá por las diez de la noche, en los que empleará otra media hora sin paga, sin ningún reconocimiento, sin que nadie, salvo los clientes de paso ante los que deberá explayarse con el objeto de contarles las bondades del producto en cuestión. A veces, con vender uno ó dos maquinillas, le sobra a la empresa para pagarle a ella.
No por ello dejará de estar controlada, ya que suele haber alguien a quien no conoce y que trabaja por allá vigilando de forma anónima, no sea que vaya al baño o se distraiga. Es así y lo saben ella y otra compañera que suele acompañarle en este desdichado trabajo, y que coinciden de vez en cuando, cada una en su promoción, donde están sujetas a las oportunas llamadas para comprobar cómo va el negocio, cuantos productos han vendido, a cuantos han informado.
Y así va tirando, esperando la llamen para la siguiente promoción. Mientras tanto se recorre los numerosos centros comerciales del lugar, sus múltiples, idénticas e impersonales tiendas que lo abarrotan, confiando que necesiten a alguien, vendiendo lo que sea, ya sean baratijas, gafas, chuches o camisetas, pero nunca necesitan gente, así que se pone frente al monitor y envía cientos de currículos a través de Internet. Y a esperar la siguiente promoción.
Ha decidido rebajar su currículo, retirar cuanto se refiera a preparación académica, cultural, y formativa, dejarlo simple y llanamente en lo más elemental, en la ESO, a ver si así la toman en serio y consigue algún trabajillo, algún ingreso que le permita pagarse lo más elemental – ahora quiere sacarse el carnet de conducir - y evitar la desesperación en la que en ocasiones se ve sumida, aunque se lo toma con cierto sentido del humor, que afortunadamente no le falta.
Papá, me dice una mañana, me han llamado para una promoción en un supermercado. Tienes que llevarme a Madrid a recoger el puesto que tengo que montar una hora antes de empezar la promoción. Cuando termine, tendré que recoger y llevarlo de nuevo y aunque no me pagan ese tiempo ni el desplazamiento, son sesenta euros el fin de semana, en horario de once a diecinueve, con cuarenta y cinco minutos para comer, ¿Qué te parece?
Tú eres la reina de las promociones, hija mía, no puedes, por lo tanto, rebajarte hasta esos extremos. Que se lo alojen donde les corresponda, le dije - evidentemente en otros términos mucho más claros y rotundos -. Seguramente alguien acabará por acatar los términos de ese humillante trabajo, pero tú, en esta ocasión, no lo vas a hacer.
Con todo, lo realmente indignante, vil y rastrero, es que el Sistema permita, firme, selle, registre y apruebe unas infames condiciones – y me refiero al susodicho contrato y a tantos otros que no son sino auténticas vilezas - que nos devuelven a tiempos de la esclavitud laboral.
El Estado Social y de Derecho no puede, ni debe ni tiene que permitir estos atropellos.

sábado, 12 de febrero de 2011

CINCUENTA SIGLOS DESPUÉS

Cinco mil años han pasado desde sus comienzos como nación y al fin los ciudadanos Egipcios se han librado del último dictador que durante treinta años se había obcecado en mantener el poder a toda costa, a imagen y semejanza de los antiguos faraones que reinaron durante tres mil años, constituyendo una de las civilizaciones más grandiosas que ha conocido la humanidad a lo largo de su historia.
Durante tres largas e interminables semanas, los ciudadanos de Egipto se han erigido en una gigantesca multitud, en un grito unánime, en un sorprendente y admirable pueblo que ha decidido llevar a cabo una revolución pacífica que desde la plaza de Tahrir de El Cairo ha dado un hermoso ejemplo al mundo en general y a la sociedad Árabe en particular, proclamando a los cuatro vientos las ansias de libertad que las grandiosas Pirámides han recogido y elevado hacia el cielo para que su voz así amplificada en sus cuatro costados, se escuche para siempre en todo el planeta.
Admirables y valientes, los ciudadanos egipcios han tomado la determinación de expulsar de su trono al sátrapa que ha usurpado el poder durante tres decenios. Y lo han conseguido. Pese a las reticencias del dictador y su, según él, firme decisión de no desalojar el trono, la larga marcha de ciudadanos se ha dirigido desde la Plaza de Tahrir - plaza de la liberación – y calles adyacentes y así, la impresionante manifestación ha convergido en una inmensa masa humana frente al palacio Real, donde el acosado Rais, ha tenido que dar su brazo a torcer vencido por la multitud enfurecida y ha comunicado que dejaba el poder después de treinta años de mandato impuesto.
Digna de mención ha sido la posición del ejército que aunque sacó los tanques a las calles, ocupando la plaza Tahrir, tanques que los manifestantes han rodeado uno a uno, impidiendo así que pudieran movilizarse, no ha utilizado la fuerza así como el resto de las policía y demás fuerzas del orden, dando así un impecable ejemplo de respeto hacia la población a la que incluso comunicaron que entendían su posición.
Algo se mueve en el Mundo Árabe. Comenzó Túnez expulsando al dictador de turno, ha seguido Egipto y, posiblemente seguirán el mismo camino otras dictaduras de la zona. Alguien dijo que el destino de la forma de gobierno de las naciones árabes era la de quedar bajo el yugo de la tiranía o de la teocracia. Con estos hechos se demuestra que también allí, el pueblo soberano puede llegar a decidir su destino.
No ha sido fácil el camino recorrido por estos dos países en tan poco tiempo. Desgraciadamente, sobre todo en Túnez, aunque también en Egipto, han tenido que morir varios ciudadanos para que la liberación se hiciese realidad. Afortunadamente no ha tenido lugar ninguna masacre como se temía si los respectivos dictadores se hubieran empecinado en continuar en su puesto y hubiesen lanzado al ejército y al resto de las fuerzas represivas contra los indefensos ciudadanos.
Queda un largo camino por recorrer a estos países que ahora ven con ilusión el advenimiento de una democracia tan ansiada y que en tantos países, no sólo de esa zona, brilla por su ausencia.
La libertad llegó cinco mil años después. Sea bienvenida para siempre.

martes, 8 de febrero de 2011

NO NOS MERECEMOS ESTO

Me pregunto con frecuencia si de verdad hemos vivido, como nos dicen, como nos quieren hacer creer, muy por encima de nuestras posibilidades, consumiendo como posesos, endeudándonos con los bancos hasta extremos inconcebibles, viviendo alegre y despreocupadamente sin mirar hacia adelante, hacia un futuro que ahora parece de lo más negro e incierto para un importante sector de la población que se ve abocado al paro con la consiguiente marginación laboral que les impide mirar hacia adelante con ilusión, con esperanza, con una alegría de vivir sin la cual nada tiene sentido.
Cómo es posible que un período de tiempo tan pequeño – en poco más de un año - todo haya dado un vuelco de trescientos sesenta grados, que en tan poco tiempo se haya trastocado toda la economía mundial, que nadie, durante décadas, haya podido percibir que esto pudiera pasar, que no se haya podido remediar poco a poco, paso a paso, con medidas lentas y progresivas y no de golpe, cual hachazo doloroso y cruel, con unas consecuencias altamente traumáticas que han llevado a gran parte de la población al desánimo y al desaliento más absolutos como se puede contemplar hasta en la calle, donde la gente parece marchar algo más silenciosa, ausente y cabizbaja, como si una pesada losa pesara sobre los transeúntes.
Y pienso en los jóvenes, ya de por sí bastante acomodaticios hoy en día, y en su futuro y siento una profunda preocupación por su porvenir, por su ausencia de expectativas laborales, por su, a veces, ausencia de concienciación de lo que les está pasando, de la que se les viene encima, con un horizonte oscuro, casi negro, que debería ponerles en una rebelión permanente y que sin embargo se limitan a continuar en casa como si nada pasara, como si no fuera con ellos, con la que está cayendo, con la que está por caer. Es trágico, frustrante y desolador.
Pero aún más preocupante es la situación en la que se encuentran los trabajadores con esa cierta edad, digamos a partir de los cuarenta, que de una forma increíble, irresponsable y vergonzosa, es considerada por muchos como de ancianidad laboral. Es terrible, es triste, es de una injusticia desmedida, pero los que han sido despedidos recientemente tienen muy pocas posibilidades de conseguir un nuevo trabajo.
Con cargas familiares muchos de ellos y con una moral que arrastran por los suelos la desesperación es su día a día, y así se va creando una bolsa de población que vive en la angustia permanente, que se acrecienta trágicamente cuando son varios los miembros de la familia que se encuentran en la misma situación.
Ningún Estado puede permitirse las espantosas cifras que arrojan las estadísticas de un paro galopante, insoportable e insufrible que golpea las conciencias de los ciudadanos de un País que no se cree lo que ve y oye porque le cuesta admitir que esas cifras sean reales. Pero pocos son los que pueden afirmar que no conocen a alguien que haya perdido su empleo o que se encuentre en paro permanente. Un estado social y de derecho no puede maltratar así a sus ciudadanos.
No me pidan soluciones ni permitan que se las pidan a ustedes. Bastante nos han castigado con las ultrajantes medidas que han dictado desde las poltronas de sus despachos. No nos merecemos esto, nadie se merece esto.

viernes, 28 de enero de 2011

EL QUINTO PODER

Apenas posee dos décadas de vida desde que nació y ya se ha convertido en uno de los fenómenos más importantes y trascendentales de la historia de la humanidad. Nació como una red privada, interna y militar del ejército de los Estados Unidos y surgió como un proyecto destinado a proteger la seguridad nacional frente a un ataque nuclear. Hablamos de una poderosa herramienta que ha ido extendiendo sus tentáculos a lo largo y ancho de un mundo que ha visto cómo éste se transformaba para siempre merced a las portentosas posibilidades que lo erigen en un auténtico quinto poder. Hablamos de Internet.
Sus creadores, no sospechaban entonces, ni por asomo, que su invento iba a suponer para una civilización acostumbrada ya a los ordenadores, limitados entonces a una gestión y trabajo local que podía estructurarse en redes de computadoras unidas entre sí, compartiendo información, pero siempre a un nivel contenido, discreto y limitado en la capacidad de transmitir información muy concreta y determinada.
No vamos a descubrir aquí sus méritos y, cómo no sus deméritos, que también los tiene, ya que todo progreso supone de una forma automática y sin exclusiones, que un pago ha de hacerse como compensación al vertiginoso avance a la que las modernas tecnologías nos tienen acostumbrados.
Son no obstante muchas más las ventajas que los inconvenientes, y así maravilla la utilización del correo electrónico, la ventana multimedia, inmediata y permanentemente abierta al mundo que nos permite echarle un vistazo a cualquiera de sus rincones y comunicarnos en el momento mediante la utilización de las Redes Sociales, permitiendo así un intercambio a todos los niveles que ya apenas nos deslumbra, pero que hace apenas unos años, no lo vislumbrábamos ni remotamente.
Su influencia es tan grande, su enorme capacidad para remover conciencias, de alterar creencias, de modificar criterios, de crear estados de opinión y debate, son tales, que traspasando los umbrales del mero instrumento de comunicación, se ha erigido por méritos más que sobrados en una potente arma capaz de traspasar fronteras a lo largo y ancho del Planeta, influyendo en organizaciones de todo el mundo, instituciones de todo tipo y en última instancia en los gobiernos de las naciones más poderosas, en las más cerradas, en las más dictatoriales, que ven en Internet un peligroso instrumento a combatir.
Así, nos encontramos con que dichos Poderes, tratan de limitar su poderosa influencia, limitando o impidiendo el acceso de su población a las Redes Sociales, con el objeto de ocultar las miserias de todo tipo que le acucian, propios de las tiranías que siguen azotando el mundo y que se empeñan en cercenar la libertad de expresión impidiendo que sus ciudadanos abran esa ventana a través de la cual puedan gritar al mundo cuanto en su país sucede, cuyos gobernante quieren ocultar, al tiempo que evitan el posible contagio de las libertades y las bondades de una sociedad libre que contemplan a través de dicho espacio de libertad.
Pero el afán de bloquear e impedir el acceso a Internet no procede sólo de esos países. También los más ricos y poderosos tratan de recortar la influencia de dichas Redes Sociales en su población. No les interesa que se sepan las numerosas mezquindades que albergan los gobiernos de esas naciones y que a través de Internet se propagan por todo el mundo. En los documentos aireados por Wikileaks tenemos un soberbio ejemplo.
No debemos olvidarnos, que no solamente tratan de ejercer una limitación sobre la información que nos pueda llegar, si no que tratan de saber cada día más y mejor sobre nosotros los ciudadanos, y que es mucha y variada, ya que lo saben todo sobre nuestras vidas y haciendas.
He sido profesor durante muchos años. Un puñado de mis antiguos alumnos, a los que perdí la pista hace mucho tiempo, han conseguido dar conmigo gracias a las Redes Sociales de las que estamos hablando. Gracias a ellas nos comunicamos, intercambiamos opiniones, recuerdos de entonces y vivencias de ahora. Me enviaron fotos de aquella época en las que me encuentro entre mis alumnos. Enternecedor sentir que aún se acuerdan de ti, que te han buscado y han logrado encontrarte. Y todo gracias a Internet.
Mientras escribo estas líneas, escucho que en Egipto el ejército ha sacado los tanques a la calle para acallar a la población. Han cortado todas las conexiones de Internet con el exterior, así como las líneas de telefonía móvil como antes lo hicieron en otros países donde se halla instalada la tiranía empeñada en cercenar la libertad de expresión.
He ahí una prueba del poder de este medio y del miedo que los gobiernos totalitarios le profesan. Pronto o tarde, esa ventana al mundo libre que se empeñan en cerrar, se abrirá de nuevo y un soplo de aire fresco penetrará a través de ella inundando de luz y de libertad los espacios y las gentes que los déspotas se empeñan en ocultar al mundo libre.

viernes, 21 de enero de 2011

LA CEREMONIA DE LA CONFUSIÓN

Hace treinta mil años, nuestros ancestros, con la aparición del Homo Sapiens, ya poseían un nivel elemental de lenguaje que les permitía comunicarse. A partir de entonces fue perfeccionándolo hasta llegar a hace aproximadamente cinco mil años en que las diversas oleadas de poblaciones diversas, procedentes del centro de Asia, se extendieron por el resto del mundo conocido, entrando en contacto la multitud de lenguas existentes, iniciándose un intercambio entre ellas, que merced a los préstamos, cesiones y cambios lingüísticos habidos, originó las lenguas Indoeuropeas, que dieron lugar a los diferentes idiomas modernos tanto de Europa como de Asia meridional.
Desde esos comienzos, multitud de lenguas, hablas y dialectos han surgido, experimentando cambios, y desaparecido a un ritmo vertiginoso tal, que se calcula que hoy en día se hablan alrededor de seis lenguas y dialectos en todo el mundo. Para un planeta con más de seis mil millones de habitantes, la cifra es abrumadora y hasta cierto punto inexplicable, si tenemos en cuenta la moderna civilización que permite un comunicación permanente e instantánea entre la población de una sociedad cada día más mezclada y por lo tanto más necesitada de entenderse, de comunicarse, de poder transmitir sus emociones, sus deseos y sus vivencias al resto de los ciudadanos con los que conviven.
Pero parece que no estamos muy interesados en ello, pese a que en este empeño mucho nos jugamos, ya que las sociedades, sobre todo las europeas, cada día son más cosmopolitas, están más inmersas en un mar de lenguas que los integrantes de los diferentes países que nos visitan – no precisamente por placer, sino por necesidad – traen consigo, configurando así un panorama lingüístico realmente complicado.
De abrumador y hasta desolador podríamos calificar esta situación, si tenemos en cuenta los tremendos problemas de comunicación que se plantean y que impiden el entendimiento y la comprensión hacia estas gentes, y con ello la ausencia de malos entendidos e indeseadas suspicacias que se originan y que podrían desaparecer dando lugar así a la solidaridad, a la comprensión y a una postura más afecta hacia ellos, y que en estos momentos suele brillar por su ausencia.
Y en este punto nos encontramos, cuando en medio de mis reflexiones contemplo con estupor, como el Senado de nuestro País - con doscientos sesenta y cuatro miembros – ha decidido que se hablen cuatro lenguas, lo cual supone que tocan a un idioma por cada sesenta y seis senadores – en el planeta Tierra tocamos a un millón de habitantes por cada lengua – y algunos nacionalistas catalanes se permiten el lujo de manifestar que esto es sólo el principio, es decir, que con el tiempo se llegará a aceptar también en dicha Cámara al Ardanés Catalán, el Berciano Leonés y la Gacería de Cantalejo (Segovia) - con todo respeto y consideración hacia estos dialectos - y algún otro que de paso se les ocurra y que logre configurar la Babel más absurda, anacrónica e ininteligible que pueda imaginarse.
Todo esto me recuerda que hace una treintena de años se aventuraba cómo en el mítico año dos mil la sociedad, a la que denominaban la sociedad del ocio – imagino que querrían decir del aburrimiento – dispondría de tanto tiempo para no hacer nada – pensaban que las máquinas trabajarían por nosotros - que no sabríamos cómo disponer de tanto tiempo libre.
Adivinos ellos, no dieron una en el clavo, ni en éste aspecto ni en las supuestas ciudades fantásticas que diseñaban con los coches voladores y demás zarandajas con las que nos machacaban los aprendices de brujo. Contemplamos ahora como aceptaron de pleno, – salvo que se refirieran a los parados, aunque creo que no llegaran a tanto acierto - pues estamos mucho más ocupados – los que pueden estarlo, claro está – y pese a ello, bastante más abrumados económicamente que entonces.
Pues eso, que en el asunto que nos ocupa, pasa lo mismo. En lugar de simplificar, de hablar una sola lengua, de evitar con ello mal entendidos, de facilitar en suma la comunicación – y no hablamos del derroche económico que los gastos de las traducciones conlleva – montamos una moderna torre de babel, que choca frontalmente con la modernidad en la que nos desenvolvemos.
Las estadísticas mienten cuando afirman que en este País no hablamos idiomas. Sólo en un edificio de Madrid, en concreto en el Palacio del Senado, se hablan cuatro.

miércoles, 19 de enero de 2011

REBELIÓN A BORDO

No es éste un País que se distinga en exceso por su capacidad de autodisciplina, su espíritu de sacrificio ante determinadas situaciones que exijan un posicionamiento restrictivo ante las circunstancias negativas que puedan afectarle, su grado de unidad nacional, de solidaridad y de unión a la hora de defender valores comunes que afectan a la comunidad, salvo si se trata de celebrar los triunfos futboleros, las corridas de toros, las procesiones de semana santa, los innumerables puentes y fiestas de todo tipo que abundan por doquier y otros valores patrios que puedan afectar a la intocable individualidad que siempre nos ha caracterizado.
No obstante, es de justicia manifestar que seguimos siendo un tanto Quijotescos en determinadas situaciones, a la hora de defender causas perdidas – sobre todo si ello no nos afecta al bolsillo - , y, y así, somos solidarios con las desgracias ajenas ante las cuales mostramos un alto grado de capacidad de ayuda humanitaria como hemos demostrado en varias ocasiones ante diversas calamidades públicas que han asolado nuestro territorio y otras que afectan y han afectado a otros países.
Somos los primeros a nivel mundial en donar órganos y en la capacidad organizativa necesaria por parte de las instituciones sanitarias que llevan a cabo dicha labor, lo cual nos honra a todas luces vista. En otro orden de cosas, también hemos sido pioneros en legalizar las bodas gay, en tomar al asalto el islote Perejil y en declarar los toros Bien de interés Cultural, equiparándolos así al Museo del Prado, al acueducto de Segovia o a la Catedral de Burgos, por citar unos pocos ejemplos que muestren a las claras la desfachatez de semejante medida. Así de contradictorios nos mostramos con frecuencia, lo cual no puede ser un buen síntoma, pues denota o bien cierta inseguridad, o bien cierta anarquía o quizás cierta incapacidad para dilucidar entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, lo oportuno y lo inconveniente.
Y es que en este País, somos asín.
Pero lo que ya resulta incalificable es la rebelión a bordo que se está gestando por parte de los afectados – según ellos, aunque en mayor grado lo son los clientes – por la reciente ley antitabaco, que ha llevado a muchos propietarios de hostelería a declararse en rebeldía haciendo frente a una medida que hace años debería haberse puesto en marcha y que en Europa funciona a la perfección desde hace tiempo.
Claro que aquí, somos diferentes. Que nos suben la gasolina, la luz, el teléfono y otros productos de primera necesidad, pues oiga, no pasa nada, a aguantar. Nos congelan el sueldo – si no nos lo bajan como a los funcionarios – nos paralizan las pensiones, nos jubilan a los setenta años, pues muy bien, aquí no se mueve nadie, que me lo resuelva el vecino.
Ahora bien, que no nos dejan fumar en lugares públicos, que me impiden contaminar a los demás, que tengo que tomarme una cerveza sin el oportuno pitillo; pues no señor, de eso ni hablar, monto en cólera, me declaro insumiso en abierta desobediencia ciudadana y decido no respetar la ley, faltaría más.
Eso los clientes, que los propietarios, amparándose en la lentitud de la justicia – hay locales que se han declarado abiertamente rebeldes y no han sido ni multados – hasta rotulan sus locales declarándose en rebeldía y recabando firmas en contra de una norma que debería cumplirse con absoluto rigor.
La cultura del esperpento nacional, llega en este caso a tachar de chivatos a quienes denuncien a aquellos que incumplan, no lo olvidemos, una norma con rango de ley. Está claro que, desgraciadamente, siguen aún vigentes algunos idearios patrios que confunden la integridad y la dignidad con la estúpida desfachatez de la solidaridad mal entendida.