martes, 18 de octubre de 2011

EL DESAMPARO

La desolación, el dolor, la infinita tristeza y desamparo causados por el terrorismo a las víctimas, inocentes objetivos de la barbarie cometida por quienes alentados por el odio, la crueldad y el fanatismo más inhumano y devastador destrozaron sus vidas, nos causa un profundo sentimiento de solidaridad, comprensión y respeto.
Vieron sus vidas sesgadas por aquellos que a la hora de cometer sus horribles actos, no mostraron ningún sentimiento de piedad a la hora de llevar a cabo sus abominables actos, injustificables, terribles, de una brutal e insensible atrocidad que ha llenado de espanto, soledad y desconsuelo a cientos de familiares durante cincuenta años de iniquidad, locura y la más injustificable de las atrocidades.
Nadie, en ningún momento, bajo ninguna circunstancia, puede tratar de acreditar, razonar, argumentar o defender tamaña ignominia, que, sin embargo durante mucho tiempo y no solamente en el País Vasco, pareció comprenderse con aquello de que algo habrían hecho, por algo los matan, no serán tan inocentes.
Bárbaro razonamiento, demasiado extendido para desgracia de las víctimas, y de sus familiares, que tuvieron que ocultarse, en un acto de doble crueldad hacia ellos, como si fueran los culpables de unos actos incalificables que tardaron en ser reprobados demasiado tiempo, hasta que fueron reconocidos como crímenes sin más, fruto del desprecio más absoluto por la vida y el dolor ajenos.
Durante mucho tiempo volvimos la vista, hicimos como que no iba con nosotros, hasta intentamos entenderlo, y de ello, muchos, demasiados, seguramente fuimos culpables. Hasta que nos abrieron los ojos las salvajadas a las que el fanatismo puede llegar y descubrimos las atrocidades cometidas por los mensajeros de la muerte y la devastación.
Descorazonador, triste y vergonzoso, que muchos continúen ahora, después de más de ochocientos muertos, justificando la violencia o al menos, tolerándola, sin condenar claramente a los autores de los asesinatos y colocando en la misma balanza a los verdugos y a las víctimas, tratando de equipararlos, como si hubiera habido dos bandos en lucha, como si las víctimas fuesen las culpables de sus crímenes.
No podemos olvidarnos en ningún momento de las víctimas causadas por otros terrorismos de otro signo, como el que se dio en Madrid el 11 M, y que resulta igual de odioso y cruel. Su rechazo ha de ser el mismo, ya que el dolor causado es igual de injustificable.
Recientemente ha tenido lugar en Euskadi la llamada Conferencia por la Paz. Representantes políticos de diversos países, según ellos, expertos en negociaciones de paz, ex presidentes, ex ministros, y otros representantes de organismos internacionales, se reunieron en San Sebastián, y durante tres horas y sin un exhaustivo grado de conocimiento de la situación que analizaban, debatieron sobre un tema que ya dura cincuenta años.
El comunicado final, después de una intervención de tres minutos de los que disponían cada uno de ellos, no puede ser más desalentador. Prácticamente equipara a víctimas y verdugos, los coloca a la misma altura y recomienda a los terroristas a los que en ningún momento califica de tales, que abandonen las armas y al Estado que negocie con ellos. Podían haberse quedado en sus países y haberles ahorrado a los familiares de las víctimas una afrenta más.
Sólo el abandono de la violencia, el reconocimiento del dolor causado a las víctimas y a sus familiares y el perdón expresado por los culpables hacia ellos, puede cerrar un capítulo de la historia de España que nunca se debiera haber escrito.

viernes, 30 de septiembre de 2011

CON EL ALMA EN UNA NUBE

No es éste un País que se haya distinguido a lo largo de su dilatada historia por el amor a la cultura y, sobre todo, por quienes se encargan de divulgarla y difundirla mediante su contribución directa, como son los maestros, los formadores, los enseñantes y educadores en general, que nunca han sido excesivamente bien considerados, ni admirados, ni mucho menos respetados y si no, recuerden cuando de una forma despectiva, bárbara e ignorante, se acuñó aquella odiosa e inculta expresión con la que se calificaba a quienes ejercían esta hermosa profesión: “el que vale, vale, y el que no para maestro”.
No deberían extrañarnos estas demostración de una soberana incultura, que, pese a todo, seguimos arrastrando, con una inmensa mayoría de la población que no lee ni un solo libro en toda su vida, pero que conoce a la perfección la marcha de la liga de fútbol o que recita de memoria el nombre de todos los aberrantes famosillos que invaden las pantallas de televisión con sus gritos, cotilleos y estupideces varias, siempre inmersos en el terreno de la incultura, la ignorancia y la brutalidad más acendradas.
Y es que la España de charanga y pandereta, del a vivir que son dos días o su sinónimo de a vivir del cuento, pese a los difíciles tiempos que vivimos, sigue vigente, y los defectos nacionales tradicionales, continúan estando demasiado presentes, hasta el punto que la mala educación, el mal gusto y las malas formas, siguen estando instaladas en una País que ha avanzado en todos los órdenes, sin lugar a dudas, pero al que le cuesta desprenderse de muchos defectos que aún le acompañan.
En estos días se vive en el sector de la enseñanza pública una cierta inquietud y desasosiego, sobre todo en la Comunidad de Madrid, a propósito de las declaraciones formuladas por su presidenta, la cual afirma sin sonrojo alguno que los profesores apenas trabajan veinte horas a la semana, que no dan ni golpe, que su jornada laboral supone un agravio comparativo con la de la mayoría de los trabajadores que duplican el número de horas trabajadas.
Más de lo mismo, una afrenta más hacia unos profesionales que dedican su vida a formar a nuestros jóvenes, con unas afirmaciones inexactas, que no responden a la verdad, tan alejadas de la realidad, como la población lo sigue estando de los enseñantes, a los que no se les reconoce su labor, pues ignoran las horas que dedican fuera del aula, en el mismo centro, en casa, preparando trabajo, corrigiendo, programando.
En definitiva, todo esto supone un desconocimiento absoluto hacia una labor que se desarrolla cada día en un ambiente de mayor dificultad debido a los problemas con los que se enfrentan cada vez con mayor frecuencia motivado por las características del alumnado y la incomprensión y a veces la desidia de las autoridades en unos casos y de los mismos padres en otros, que no contribuyen a mejorar una situación cada vez más deteriorada en el ámbito de la enseñanza.
Con el alma en una nube / y el cuerpo como un lamento / llega el problema del pueblo / llega el maestro. Cantaba Patxi Andión, que posteriormente ejerció también de enseñante, allá por los tiempos heroicos en los que los maestros rurales, ejercimos de maestro de escuela en aquellas deliciosas escuelitas unitarias repartidas por la mayoría de los pueblecitos y aldeas de la geografía española, donde el maestro era más respetado, querido y considerado que en los tiempos actuales.
Conservo un hermoso e imborrable recuerdo de aquellos impagables tiempos de maestro de escuela por pueblos de la provincia de Segovia. Sigo amando esta profesión que hace muchos años abandoné y para la que pido el respeto y la consideración que se merece.

viernes, 23 de septiembre de 2011

QUE INVENTEN ELLOS

Esta archiconocida y popular afirmación, muy de aquí, muy española, negativa y perversa como pocas, constituye, en principio, una dejación absoluta de la capacidad de un pueblo, de una nación para indagar, explorar, averiguar, utilizar la curiosidad como arma, como acicate y aliciente para acercarnos al conocimiento, al descubrimiento, que desde la invención de la rueda hace seis mil años, no se ha detenido, logrando así el progreso y el avance que la humanidad ha experimentado a lo largo d su historia.
Seguiríamos en la época de las cavernas si el ser humano hubiera hecho dejación de sus dotes para indagar, para preguntarse el por qué de cuanto nos rodea, de cuando sucede, de tratar de encontrar respuestas a fenómenos en principio inexplicables. Pero ese extraordinario sentido de investigación del que suele estar dotado el hombre, le ha llevado y le sigue conduciendo a explicarse el mundo, el universo y todo cuanto se encuentra a su alrededor, consiguiendo así el progreso logrado desde el descubrimiento del fuego hasta nuestros tecnológicos tiempos.
Pero aquí – por dejar de lado por una vez la expresión “en este País” – somos asín – recuérdese, que al igual que “ansí”, el diccionario de la Real Academia, lo permite – y, en consecuencia, así nos ha ido, así nos luce el pelo, con grandes inventores, con genios eminentes que han tenido que llevarse su capacidad inventiva y sus descubrimientos a tierras extrañas y lejanas, donde les han recibido con los brazos abiertos.
Y allí tuvieron que vender su ingenio y allí se patentó lo que nunca debiera haber salido de nuestro País, si la desidia, la ignorancia y cómo no, la envidia típica de estos lares por todos aquellos que destacan y tienen éxito, camparon por sus respetos provocando un vacío permanente en el terreno de la investigación que ya es endémico en España.
Isaac Peral y Narciso Monturiol, inventores del submarino, Juan de la Cierva con el Helicóptero, Alejandro Goicoechea con el Tren Talgo, son sólo algunos ejemplos de grandes personajes que tuvieron que ir en busca de otro País donde valorasen unos descubrimientos que tuvieron una enorme repercusión para la humanidad y que, paradojas del destino, al no haberse patentado en nuestro País, tuvimos que pagar un alto precio para poder utilizarlos aquí, en el lugar de origen de quién los inventó.
Somos unos de los principales países del mundo en fabricar automóviles, pero sin embargo ni una sola de la gran cantidad de marcas que los producen es Española, lo cual ya dice bastante de la situación que analizamos y de las desventajas económicas que esto supone.
Tuvimos una marca de primerísima categoría en este terreno, Hispano Suiza, un fabuloso automóvil al estilo de Ferrari y similares, una marca de prestigio reconocida por todo el mundo del automovilismo y que consiguió grandes éxitos compitiendo en los circuitos de todo el mundo. Pues bien, la desidia, la falta de imaginación y el desinterés general, lograron, una vez más, echar a pique una gran ocasión de demostrar que éramos capaces de conseguir altos grados de calidad en este sector.
Lo nuestro son los toros, las fiestas día sí, día no, los puentes – si la fiesta cae en domingo, la pasamos al lunes – las fiestas religiosa a miles, la semana santa y sus inefables y tétricos pasos, la navidad con fiestas a diestro y siniestro, y el mes de agosto inhábil para cualquier actividad que suponga producir, trabajar, levantar una economía en crisis y con una cifra de parados que sonroja y en la que, eso sí, somos los primeros con considerable ventaja.
No hemos mejorado mucho. Las cifras en investigación son ridículas comparadas con el resto de los países avanzados y hasta nos permitimos hacer recortes en enseñanza y sanidad, dos pilares absolutamente básicos del bienestar de una sociedad.
Que inventen ellos, vuelva usted mañana y a vivir que son dos días. Tres frases acuñadas en un País al que aún le faltan unos cuantos hervores para entrar definitivamente en la modernidad.

martes, 20 de septiembre de 2011

LECCIONES DE LA HISTORIA

La historia es una fuente inagotable de conocimiento que deberíamos conocer mucho más exhaustivamente de lo que tradicionalmente nos han enseñado, aunque esta deficiencia educativa, no es obstáculo alguno para alegar de su ignorancia, ya que su estudio está al alcance de todos independientemente de si poseemos o no la bibliografía y la documentación necesarias para semejante empeño.
Internet nos brinda esa posibilidad si realmente estamos interesados en conocer nuestro pasado, y a nada que nos molestemos y poseamos una mínima capacidad para bucear en tiempos pretéritos, dentro de esa maravillosa herramienta al alcance hoy en día de una inmensa mayoría de la población, encontraremos cuanta información deseemos de cualquier capítulo de la historia pasada de la civilización humana.
De esta manera, me adentré en una época de la historia de España como es la que comprende la Primera República, que apenas sobrevivió once meses, del 11 de febrero de 1872 al 29 de diciembre de 1874. Durante este breve período de tiempo ejercieron cuatro presidentes de la República, uno de los cuales, fue Nicolás Salmerón, nombre que a la mayoría, sin duda nos suena sin más, como tantas otras figuras de nuestra historia pasada, pero de las que en realidad ignoramos todo o casi todo.
Fue un hombre íntegro y un político singular, que apenas ostentó la presidencia de la Primera República durante el breve tiempo de un mes y medio, y no porque fuera derrocado – aunque fueron muchas las presiones que tuvo que soportar por parte de diversos estamentos – sino que decidió dimitir por negarse a firmar unas condenas de muerte, alegando lo siguiente: “ la pena de muerte como materia de penalidad no la admitiré nunca, porque es contraria a mi conciencia, a mis principios y a los principios que rigen la democracia”.
Tal integridad es difícil de entender hoy y siempre, y sitúan a este eminente político en un destacado lugar entre tanta mezquindad y miseria humana como encontramos no sólo ahora, sino en el pasado, a la hora de dedicarse a esta profesión tan denostada en nuestro tiempo.
Su rectitud, su honradez y su sentido del deber, le llevaron a enfrentarse con sus enemigos, no sólo políticos, sino a la monarquía – los borbones que serían restaurados poco después tras el golpe del general Martínez Campos – que no le perdonaron declaraciones del calado que sigue a continuación: “os gastos de todo el sistema de enseñanza en España, ascienden a tres millones de pesetas, los de la monarquía a trece millones”. Regresó a su cátedra de metafísica, pero con la restauración Borbónica, tuvo que exilarse en Francia. Volvió en 1885, merced a una amnistía que le permitió recuperar su cátedra.
Hoy, en este País, continúa la misma dinastía monárquica, pero a diferencia de aquellos tiempos, hoy desconocemos por completo los gastos que genera, que han de ser muy elevados dada la amplitud en número de miembros de la familia Real.
Si consideramos los tiempos difíciles y tremendamente complicados por lo que está pasando una población que se ve obligada a soportar continuos recortes en todos los órdenes, tanto sociales como económicos, la lección de la historia es clara y concluyente: tenemos derecho a saber, como entonces, cuales son los gastos que genera la Monarquía y que desde ahora mismo, se les apliquen los recortes que les correspondan.
Nicolás Salmerón tuvo el valor de denunciar un hecho que hoy en día, al cabo de casi ciento cuarenta años, se oculta a la ciudadanía que es quien sufraga sus onerosos gastos.
Si D. Nicolás formara hoy parte del gobierno de esta España tan absurdamente cortesana, quizás conoceríamos esas cifras que siguen empeñándose en mantener bajo un oscuro silencio, aunque lo más seguro es que se lo prohibirían, en nombre de un incomprensible sentido del secretismo que ampara a una institución, que no lo olvidemos, no ha sido elegida por la ciudadanía, sino que viene impuesta por una tradición histórica, anacrónica a todas luces en pleno siglo XXI.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

EL TESORO CATALÁN

Leí en alguna ocasión, que el hecho de poseer una u otra nacionalidad, no es sino una simple, azarosa y llana circunstancia que se da por el hecho de haber nacido en un determinado lugar de este Planeta, lo que de paso configura su idiosincrasia y por lo tanto sus costumbres, su cultura, y, por supuesto, su lengua, con la que aprenderá a expresarse, a comunicarse, a darse a entender con el mundo que le rodea.
Esta situación, es, por lo tanto, una contingencia, un accidente, por lo que el ciudadano no debería sufrir una dependencia tan estricta, rígida y determinante como de hecho experimenta y que le va a condicionar durante toda su existencia, marcándolo de por vida, como si de un sello permanente e indeleble se tratara, que va a llevar tatuado en su cuerpo y en su mente con toda la carga cultural que ello supone.
Si además nos encontramos con situaciones como aquellas en las que se encuentran quienes hayan nacido en territorio de territorios, es decir, en una nación de naciones, los condicionamientos culturales sobrevenidos, se multiplican, por lo que el individuo se hallará en una encrucijada de costumbres, hábitos y lenguas que, posiblemente le enriquecerán culturalmente, pero que posiblemente le obligarán, si no personalmente, sí administrativamente, a elegir una de las lenguas, lo cual puede suponerle un conflicto interno, que le alejará del concepto de ciudadano del mundo.
Según la UNESCO, se hablan en el mundo, aproximadamente seis mil lenguas. Una auténtica Babel, que en lugar de unir a los seres humanos, lo que realmente consigue es separarlos al evitar y dificultar su comunicación, que curiosamente es lo que una lengua persigue.
Recientemente, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha dado un plazo máximo de dos meses a la Generalitat de Cataluña para que implante el Castellano, como lengua vehicular en el sistema de enseñanza – junto con el Catalán - y no como una simple materia más de las que se imparten en Cataluña.
La respuesta, brusca, áspera, intempestiva, y al mismo tiempo inaceptable, por parte de la Generalitat, ha sido la siguiente: desobedeceremos la sentencia.
A continuación han lanzado al portavoz de las esencias y sensibilidades patrias, tan dadas al victimismo y a la rastrera capacidad de experimentar ofensas por doquier, con el objeto de lanzar a los cuatro vientos los lamentos acostumbrados de estos trasnochados nacionalistas, que recurriendo a los típicos y tópicos valores del idioma propio, identidad, bandera, himno, costumbres, gastronomía, territorio, folklore y hasta mar propios – Nosotros en Castilla y León tenemos de todo eso, salvo el mar, pero estamos en ello – tratan de justificar semejante desatino.
Y así, el susodicho representante de las esencias Catalanas, afirma sin rubor alguno, con exaltada y profunda emoción, que su lengua, su idioma, una de las seis mil que se hablan en el mundo, es “su tesoro”.
Acabáramos. La guerra de los símbolos típicos – lengua, bandera, himno- ataca de nuevo y lo hace de la forma más abyecta posible, en un mundo globalizado y harto de tanto símbolo, tanto patriota enfervorizado y exaltado que tantos destrozos ha dejado en su camino a lo largo de la historia.
Claro, que pensándolo bien, posiblemente este portavoz se haya liado, y sus aficiones cinéfilas le hayan traicionado a la hora de de citar aquello de “su tesoro”.
Dejémoslo así y démoslo por bueno de aquesta manera.

jueves, 11 de agosto de 2011

UNA CUESTIÓN DE CONFIANZA

Desde siempre, pero quizás aún más en los confusos, tensos y convulsos tiempos que nos ha tocado vivir, confiar o gozar de la confianza de alguieno de algo, es digno de tener en cuenta y de concederle al alto valor que hoy en día tiene, a la par de sentirse afortunado por un sentimiento que no parece estar en sus mejores momentos.
Hasta los mercados, la bolsa y en general, el capital y sus acólitos, se mueven, deciden y obran, según nos dicen ellos mismos, por una cuestión de confianza. A nivel personal, resulta imprescindible y necesario saber que podemos creer en alguien, depositar en las personas que nos rodean la capacidad de decidir por nosotros o viceversa, en definitiva, poder experimentar la tranquilidad que todo ello supone.
Confiar sin embargo en un grupo social o económico, es sin duda harina de otro costal. No siempre poseemos los elementos de juicio necesarios para poder emitir un juicio de valor con garantías de éxito, y así, nos encontramos con entidades cuya actividad reside en el movimiento de los activos dinerarios, cuya respetabilidad nos es difícilmente accesible como para poder juzgarlos y opinar si son confiables o no.
Leo en una publicación de alcance nacional, la confianza que inspiran diferentes instituciones y grupos sociales, adjudicándoles una nota que va desde el que inspira mayor confianza, los científicos, hasta los que se encuentran en el extremo contrario, los políticos.
Aprueban, entre otros, los médicos, la universidad, la policía, la sanidad, el rey – que no la monarquía – y hasta los notarios. Suspenden entre otros muchos, el defensor del pueblo, los jueces, los bancos, los funcionarios, los obispos – están los quintos por la cola - los bancos y la televisión.
Que aprueben con la mejor nota los científicos, me parece una buena muestra de la salud cultural de este país, aunque mantengo mis reticencias en cuanto a ello, así como que consiga buena nota la universidad. En cuanto al extremo opuesto, que los políticos estén a la cola, me parece elemental visto la panda de cantamañanas, mangantes y corruptos que pululan por ahí, de la cual la gente está más que harta y así lo manifiestan abiertamente.
Tampoco sorprende ver a los obispos en un puesto humillante, pero que se lo han ganado a pulso, así como la iglesia católica, de la cual están bastante hartos muchos de sus fieles, como está ocurriendo con la aparatosa, costosa y extravagante visita del Papa a Madrid, que está absolutamente fuera de lugar para una iglesia que debería ser de los pobres y que organiza unos fastuosos espectáculos que son propios de un poder eminentemente terrenal.
Especialmente triste es el caso de los jueces y del defensor del pueblo, ambas instituciones básicas y pilares de un estado democrático, y que quedan por los suelos. En cuanto a los bancos, están en el lugar que les corresponde y que se lo han ganado a pulso, por lo que nada que objetar al repecto.
Por último, la televisión, cada día más chabacana, vulgar y denigrante, con individuos incultos y vociferantes que dedican horas al cotilleo, el insulto y en general a la banalidad más inculta que verse pueda y que desgraciadamente refleja el nivel cultural de una importante parte de la población.
Resulta desalentador, contemplar cómo la mayoría de los integrantes de esos vulgares programas que atentan contra la más elemental de las sensibilidades y que de tanta audiencia gozan, sean mujeres, tanto las protagonistas, celebrities o nuevas y espantosas famosillas, como las tertulianas – nombre que ofende adjudicarles – y que no entiendo como las organizaciones feministas no han denunciado. En tertulias serias, que las hay, apenas se ven representantes femeninas, mientras que en las que citamos, abundan por doquier.
No es lógico ni deseable. La condición femenina se ve así, si no denigrada, sí injustamente considerada, una vez más.

sábado, 6 de agosto de 2011

SE APAGÓ LA VOZ DE AMY

Tan sólo en una ocasión y por apenas unos breves días, visité Londres, capital de la pérfida Albión. Confieso que me causó una agradable impresión, aunque apenas tuve tiempo de recorrer sus calles, visitar sus lugares más emblemáticos y disfrutar de su excelente cerveza y acogedores pubs, que no su gastronomía, al parecer inexistente, aspecto éste que me niego a admitir, pero que los ingleses no parecen hacer esfuerzo alguno por desmentirlo.
Mucho más populosa que Madrid, es con diferencia menos ruidosa y más limpia y ordenada, aunque no tan cálida ni acogedora como lo es nuestra capital. La Nacional Gallery - nada tiene que envidiar el Prado, sino más bien al contrario – conforma junto con el museo del Prado y el museo del Louvre, tres de lo los templos más sagrados de la pintura universal.
El Museo Británico, el BIritish, es la visita ineludible de Londres. Impresionante, enorme y majestuoso, nada hay comparable en el mundo. Allí se encuentra representada gran parte de la historia de la humanidad. Sus tesoros, muchos de ellos sustraídos por los ingleses, según ellos para evitar que se perdiesen o deteriorasen – y en parte llevan razón, pero sólo en parte– proceden de todas las civilizaciones que han poblado este Planeta a lo largo de su historia.
Y Camden, inmenso, multicultural, gigantesco babel de los tiempos modernos. Un mundo, una sinfonía de lenguas, razas, olores y sabores, integrados en una espacio original, ordenado, respetuoso y con un poderoso atractivo que atrapa al visitante.
En este barrio, tan peculiar y tolerante, residía Amy Winehouse hasta hace unos días, cuando de improviso decidió abandonarlo para siempre. Con veintisiete sufridos y machados años se apaga una voz única, una personalidad conflictiva y atormentada que parecía no hallar su lugar en este mundo, que le proporcionó, para su desgracia, el alcohol y las drogas que fueron minando su existencia poco a poco, hasta anular por completo su capacidad para desenvolverse en los escenarios y por ende, la posibilidad de regalarnos su maravillosa y hermosa voz.
Se movía por ellos como si paseando estuviera por el parque, al tiempo que su voz, fresca, clara, nítida y rotunda, surgía de su interior sin el menor esfuerzo, como si estuviera susurrando. Cantaba como deben de hacerlo los ángeles y así la despidieron sus padres: duerme bien, ángel mío.
Inevitable no saber de Amy, difícil no conocer sus excentricidades, imposible no haber oído una voz que los amantes del Soul tanto van a añorar. La conmoción que ha causado su desaparición ha sido enorme en el mundo donde se desenvolvía y entre los innumerables admiradores repartidos por todo el Planeta.
Incluso para mucha gente que apenas la conocíamos, ha logrado despertar una cierta pena, una sensación de vacío, una ternura que quizás encuentre su explicación en la imagen de ser inerme e indefenso que ofrecía ante tanta locura y desenfreno en la que parecía moverse permanentemente, pero que no respondía con exactitud a la verdad, y que la imagen de la copa en la mano mientras cantaba, ha contribuido en gran manera a deformar.
Amy no era así. Circunstancias adversas de toda índole le han condicionado y apartado para siempre del mundo de la música al que tanto aportó. Todos hemos salido perdiendo con su desaparición.
Descansa en paz, Amy.

viernes, 5 de agosto de 2011

CELEBRITIES

Nada nuevo bajo el sol de este comedido verano meteorológicamente hablando, con unas temperaturas agradablemente soportables, que invitan incluso a exponer al sol, los durante todo el año maltratados cuerpos, fiscal, laboral y políticamente hablando, hasta el punto de renegar, a nuestro pesar, de la omnipresente crisis y ahondar y rebuscar en el fondo de los sufridos bolsillos, hasta darles la vuelta y ponerlos del revés, con la esperanza de extraer de ellos hasta el último céntimo olvidado que allá hubiera podido hallar cobijo.
Por tercer año consecutivo, escribo la misma crónica desde el mismo rincón costero Levantino, cuyas playas me acogen durante dos semanas, que tal como está el patio, hacen que me sienta afortunado. A lo largo de estos tres años, y de forma ininterrumpida, he visto cómo la playa se queda cada vez más pequeña, con menor espacio para albergar a tanta gente que desde muy temprano ocupan la primera línea del frente playero.
Como si quisieran ganarle terreno al mar, se forma así una auténtica muralla de sillas, tumbonas, esterilla, sombrillas y bañistas de todos los tonos posibles de imaginar, que absorben como esponjas los primeros rayos de un sol que nunca falta a su cita. Ocupan, de este modo, la playa que se extiende a lo largo de la hermosa bahía, desde un extremo al otro, sin solución de continuidad alguna, dejando apenas unos pequeños huecos por donde los bañistas puedan acceder a su encuentro con las olas.
Llega la hora de recoger los bártulos y enfilar el camino del apartamento, donde tomar el tan anhelado refrigerio que siempre sabe a gloria, mientras surgen los comentarios tan manidos, pero a la vez tan certeros, sobre lo bien que lo estamos pasando, lo mucho que necesitábamos estas vacaciones y los pocos días que nos quedan ya.
Inevitable acompañar el aperitivo con la puesta en marcha del televisor para comprobar cómo independientemente del canal seleccionado, escupe sin piedad toda la incultura, la vulgaridad y el esperpento propios de estas fechas, aunque no hay tregua el resto del año, y que son el fiel reflejo del nivel cultural de un País que propicia con la elevada audiencia de estos bodrios, la permanencia y el auge de los mismos.
Y así nos encontramos con los/las insoportables celebrities según se autoproclaman ahora, que no son sino los repelentes famosillos/as de siempre y muchos/as más que penosamente aparecen casi a diario y que no hacen sino ensombrecer más aún el ya espantoso panorama televisivo veraniego, con sus infumables improperios, sus repugnantes insultos y sus insufribles historias sobre cualquiera que se ponga a tiro, incluyendo la vida de sus hijos, padres y demás familia que van relatando por capítulos, y vendiendo al mejor postor, como si de novelas por entregas se tratara.
Especialmente detestables por su gravedad y por su negativa repercusión social –han tenido que intervenir hasta la asociación de víctimas de accidentes de tráfico – las declaraciones de un personaje público que está involucrado en un gravísimo accidente con resultado de muerte y que en lugar de guardar silencio como respeto hacia el fallecido, muerte que dice tanto lamentar, se dedica a desmentir y a poner en tela de juicio las actuaciones de la autoridad de tráfico que intervino en dicho accidente, en una campaña orquestada con el objeto de rehuir las responsabilidades que le puedan corresponder.
Finalmente contemplo a mi pesar, cómo un matrimonio de famosillos, se insultan y desprecian en público – posiblemente todo esté amañado con el objeto de que el morbo alcance su máxima expresión – o cómo una cantamañanas sin escrúpulo alguno, sesentona ella, se declara amante del personajillo de turno, el cual, a su vez, se encarga de desmentirlo, con el objeto de atraer así la máxima audiencia posible que en estos casos suele responder con toda fidelidad.
Cambio de canal para, con espanto, escuchar los gritos, los vales y las más burdas y aberrantes imprecaciones de la famosilla por excelencia, es decir, la más inculta, vulgar, soez, tosca, grosera y ordinaria de cuantas pueblan el trivial y chabacano panorama televisivo nacional
Salgo a la terraza y contemplo el vuelo de las gaviotas. Después vuelvo la vista y contemplo el sublime, grandioso y majestuoso mar. Esto sí merece la pena

miércoles, 3 de agosto de 2011

FARSANTES

No son tan numerosas como para no poder citarlas aquí y ahora, las lacras, los oprobios y las miserias que acucian desde el principio de los tiempos a una humanidad que a lo largo de sus digamos seis milenios de existencia – posiblemente podríamos retroceder más tiempo – no se ha dado ni un momento de respiro y no ha cejado en su empeño de mantener, acumular e incluso de incrementar su capacidad de gestionar el sufrimiento, pese a la provisionalidad que la fecha de caducidad innata a nuestra condición humana, nos marca y nos condiciona toda nuestra existencia desde el comienzo de la misma.
Ignoramos si otras civilizaciones de otros mundos, guardarán un parecido semejante a cuando acontece en el nuestro a lo largo de los milenios que la vida humana lleva establecida sobre la faz de la Tierra, tan solitario e insignificante en una galaxia con cien mil millones de estrellas, a su vez un simple punto en el inconmensurable Cosmos poblado por una sobrecogedora e incalculable cifra de mundos que nuestro cerebro no puede ni imaginar, viajando a velocidades inimaginables por un Universo en expansión ante cuya presencia el hombre es simplemente un espectador sobrecogido ante tamaña y titánica expresión de arrebatadora fuerza que desborda nuestra más poderosa imaginación
No cabe la duda a la hora de plantearse la existencia de vida en otros planetas. La vida se abre camino con asombrosa facilidad y su presencia se hace inevitable en cuanto existen unas condiciones mínimas que necesariamente se han de dar en una inmensa cantidad de mundos a lo largo y ancho de un universo de dimensiones hercúleas y formidables cuyo alcance jamás podremos llegar ni siquiera a comprender.
Están sin duda ahí, viviendo en paralelo a nuestra existencia, aunque jamás entraremos en contacto, ya que las sobrecogedoras distancias que nos separan lo harán del todo imposible. Dejando volar la imaginación y dando rienda suelta a nuestros más profundos y ocultos deseos, podemos dar carta de naturaleza a unas civilizaciones no necesariamente ideales, porque seguro que no existirán, pero sí ausente de la maldad, la violencia y la miseria que azota a la especie humana a las cuales no hemos podido sustraernos con el paso de los milenios.
La ciencia no duda ya, prácticamente en su totalidad, de la presencia de vida entre los cientos de miles de millones de planetas habitables. La vida no es un fenómeno aislado, limitado a nuestro mundo. No seamos presuntuosos ni pequemos de ignorantes ni mucho menos de fanáticos religiosos, cuyo integrismo cegador les lleva considerar que estamos solos en medio de la nada infinita, de un universo que no necesita de la existencia ni de la mano de ningún Ser Superior, de ningún Dios para su existencia. La física, las matemáticas, así como la razón utilizada sin prejuicios religiosos ni de ninguna otra índole, desprovista de esa servidumbre que anula y nubla la capacidad de razonamiento, así lo demuestran.
¿Se han detenido a pensar por qué ningún texto religioso, ningún profeta, ningún salvador, ningún supuesto Ser Superior de los muchos que desafían y azotan la inteligencia de cualquiera de las religiones existentes, jamás han hablado, han dejado constancia, han llegado a vislumbrar siquiera que otros mundos aparte del nuestro pudieran existir?. ¿No les importa su salvación eterna?. No, sencillamente, esos falsos profetas, esos falsos Dioses, esas estúpidas religiones, son una farsa que condenan a la esclavitud y a la servidumbre más odiosa a sus fieles seguidores que no se preguntan nada, o mejor, que no se quieren interrogar a sí mismos para no descubrir unas respuestas que chocarían frontal y duramente contra su fe.
Semejante ceguera no tiene explicación alguna. Simple y llanamente deja meridianamente claro que no han hecho sino utilizar a los seres humanos, abusando del miedo existencial que los atenaza, para la consecución y el logro de sus propios fines.
Envidio a los habitantes de esos mundos que al menos se han librado de los cantamañanas que amenazan con el cielo y el infierno – creo que ya han anulado el infierno a título oficial – cuyos Dioses sapientísimos y todopoderosos, no se enteraron que otros seres habitaban otros mundos además del nuestro.
Hoy en día, con Internet omnipresente, no habrían cometido semejante error.

jueves, 21 de julio de 2011

LA SELECCIÓN NATURAL

La historia de la humanidad se ha ido escribiendo a lo largo de los siglos como si siguiera las directrices que marca la Teoría de de la Evolución de las Especies de Darwin, que se basa en la selección natural de los individuos, cuando afirma que los seres mejores dotados, los que mejor se adaptan al medio, los que son capaces de cambiar y evolucionar, en suma, los más fuertes, los más preparados, son los que sobreviven, los que dominan al resto, los que prevalen y son capaces por lo tanto de hacer valer su predominio al ser capaces de transmitir su información genética a sus descendientes y lograr de ese modo la mejora constante y continua de su especie.
Si aplicamos esta teoría, no a los individuos aislados, sino a los grupos sociales, obtenemos resultados parecidos, salvando las lógicas distancias que los separan, ya que para manifestarse los cambios en aquellos, han de pasar periodos de tiempo inmensamente largos, mientras que para que se hagan patentes en la sociedad, bastan apenas unos cuantos siglos, decenios en ocasiones, para que estructuras de todo tipo se vengan abajo, se modifiquen o se creen, ante los atónitos ojos de los que los contemplan y tienen ocasión de vivirlos.
Esta evolución histórica, generalmente ha sido secuencial y progresiva, siempre orientada hacia adelante, hacia el futuro. No obstante, sorprenden los vaivenes habidos, con avances continuos y a veces retrocesos inexplicables que han sumido en la barbarie y la desolación a una especie humana que aunque ha llegado a estar incluso a punto de su extinción, de su aniquilamiento, ha logrado sobrevivir, confirmando así su tendencia a seguir la teoría de la Selección Natural, al confirmar que los más preparados son los que han logrado los objetivos que la Humanidad se ha propuesto al perseverar en su deseo de continuar habitando nuestro hermoso planeta Tierra.
Y parece que lo estamos logrando, y digo que sólo lo parece, porque existen dos velocidades diferentes en este proceso, que debieran contradecir y poner en entredicho ese supuesto logro, con dos evoluciones distintas y con sentidos opuestos: uno hacia el progreso, hacia adelante, con vistas a la modernidad y al bienestar general; otro hacia el retroceso, hacia atrás, con vistas a la regresión material y social y al deterioro de una calidad de vida cada vez más denigrada y miserable.
En el primer caso hablamos del primer mundo, cada vía más evolucionado, más rico, con una tecnología apabullante que a veces ya nos sobrepasa, con un mayor bienestar y nivel de vida, mientras que en el extremo opuesto nos encontramos con el tercer mundo, más pobre cada día que pasa, sin futuro, sin esperanza, obligado a huir de su espacio vital para tratar de sobrevivir en nuestro mundo donde se ven rechazados, despreciados y vilipendiados por el hecho de ser pobres de no haber sido capaces de evolucionar hacia los niveles de vida que disfrutamos y que les negamos a ellos.
Leo en los medios de comunicación la espantosa hambruna que sufren varios países de África, sobre todo Somalia y contemplo con horror las espantosas fotografías de los niños en un estado de nutrición aterrador cuya mirada nos acusa y que no nos atrevemos a sostener. Los hemos dejado solos, como a medio mundo, mientras, los opulentos, nos lamentamos en medio de nuestra superabundancia, de la crisis y las dificultades económicas, mientras escuchamos todos los días las astronómicas cifras asombrosamente multimillonarias con las que juegan cada día los gobiernos, los bancos y las multinacionales de este primer mundo.
Inaceptable y desalentador, ya que con apenas una pequeña fracción de esas desorbitadas cifras, aquel mundo podría al menos sobrevivir dignamente, pero parece ser que no hemos evolucionado lo suficiente como para poder desterrar esas miserias, aunque sí permitimos que la selección natural actúe en este caso, resolviéndonos así un problema con el cual estamos escribiendo una de las páginas más vergonzosas de la historia de la Humanidad.