martes, 28 de junio de 2016

QUE VIENEN LOS COMUNISTAS

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, gente con al menos dos dedos de frente en este País, puedan pensar que a estas alturas cabe la posibilidad, nada remota según dicen, de que acedan al gobierno los comunistas?
Si dejamos de lado a quienes utilizan artera y malintencionadamente este concepto, siempre con afán de desgastar y de paso demonizar, a quienes acusan de semejante maldad, propia de los años de hierro del comunismo más acendrado, nos quedarían todos aquellos ciudadanos que lo llegan a creer sinceramente, en un acto de una ingenuidad tal, que resulta inconcebible a estas alturas.
Influenciados sin duda por aquellos que quieren sembrar el desprestigio y la duda entre las gentes más a su alcance, llegan a imaginarse un comunismo radical y fanático, que sembró el miedo y erradicó las libertades, convirtiendo a los desdichados ciudadanos en siervos propiedad del Estado de partido único, promotor de la denominada dictadura del proletariado.
Mentes, si no infantiles, sí al menos decididamente manipuladas desde siempre, o como mínimo desde que llegaron las hordas marxistas, apenas hace un par de años, a trastocar con sus diabólicos planes, la tranquilidad y la seguridad de un País, que hasta dicen, saliendo estaba de una crisis, que con los comunistas, comenzará de nuevo, pero esta vez por intrincados derroteros que nos pueden llevar a la ruina total.
Así deben de pensar quienes les atribuyen demoniacos poderes a los futuros gobernantes, sin Dios y sin moral alguna,que dejarán esta España irreconocible, atea y alejada de los valores eternos, que no dejarán iglesias en pie, ni curas, ni misas, ni rezos, que quedarán prohibidos como toda manifestación religiosa que con el tiempo sólo serán un recuerdo de la muy sacrosanta y católica España.
Bromas aparte, cada vez más gente se mueve en esos parámetros mentales próximos a la exageración, que si bien no llegan a lo aquí citado, no quedan muy lejos de semejantes postulados, absurdos hasta el aburrimiento, e inconcebibles en un país Europeo avanzado del siglo XXI, y que muchos agoreros malintencionados, explotan hasta la extenuación.
Maniobras que no son ni éticas, ni estéticas, inadmisibles como argumento político que utilizan los adversarios, con las malsanas intenciones aquí ya expuestas, y que aunque parezca mentira, aún calan en determinados y amplios sectores de la población, a los que inculcan unos miedos atávicos, que no tienen ni razón, ni fundamento, ni justificación alguna.
Hasta tal punto resultan absurdas estas conjeturas, que los mismos protagonistas, acusados de tamaña maldad, han decidido dar un giro a su imagen en vista de las alarmas surgidas, modificando su vestimenta, suavizando sus formas y limando asperezas varias, en un discurso programático que quieren se acerque el máximo posible a la socialdemocracia, con la que en realidad, muy poco tienen en común.
Y lo hacen, a sabiendas de que pueden llegar a tocar poder, incluso a muy alto nivel. Los pronósticos vaticinan que Podemos - tachados de comunistas - podrían llegar a formar gobierno con los Socialistas – de siempre socialdemócratas - de tal forma que no sería nada descabellado contemplar un presidente de extracción izquierdista radical, o comunista como algunos prefieren denominarle, sin que por ello se hundan las estructuras políticas, sociales y económicas de un país europeo como el nuestro.
Gente joven, impulsiva, y con nuevas y refrescantes ideas, que traerán, en principio un soplo de aire fresco del que tan necesitada está la política española, sin que por ello tengan que alarmarse ni escandalizarse cuantos así lo hacen, influidos los más, por la demonización a la que están siendo sometidos.
Si es así, será porque la ciudadanía los ha elegido. Sean comunistas o no - concepto que hace ya tiempo perdió todo su contenido en las sociedades avanzadas – y que merecen el respeto de todos, porque habrían logrado escalar hasta tan prestigiosa posición en justa lid, y porque la legalidad aceptada por todos, les ampara.

martes, 21 de junio de 2016

EL VOTO DEL MIEDO

En la corta trayectoria de la democracia de nuestro atribulado país, jamás se había dado una situación semejante, en cuanto a la disposición de muchos ciudadanos a la hora de considerar el destino de su voto.
La impetuosa irrupción de un partido como Podemos, en nuestro panorama político, ha llenado de un mar de susceptibilidades y reparos de todo tipo a los electores, ante un nuevo grupo, con poco más de un año de existencia, de cuyo programa, intenciones y tendencias, poco se sabe a ciencia cierta.
Y es que pese a que mucho se intuye, se adivina, vislumbra y supone, en un alarde de suprema y admirable especulación, lo cierto es que sus integrantes han llevado al ciudadano a un exacerbado confusionismo, a base de elucubrar, exhibir, y desmarrar contenidos programáticos, de una forma permanente y continua tal, que descolocan al votante, que no sabe finalmente a qué palo atenerse ante tanto despropósito como parecen vaticinar.
La situación ha llegado a tal extremo de polaridad manifiesta, que los que para unos son, simple y llanamente, unos desaforados agoreros, para otros suponen unos aplicados y fríos analistas que observan una realidad que creen van a transformar intensa y profundamente todo un Estado como el nuestro, sus instituciones y sus políticas económicas y sociales, hasta el punto de dejarlo irreconocible, a poco que les dejen las manos libres, si al poder logran acceder en las próximas elecciones.
Con un mensaje generalmente agresivo y vibrante, parecen comerse el mundo y sus pertenencias, con un discurso con el que parecen romper todos los moldes establecidos, manifestando su contrariedad ante todo lo que no se pliegue a su estricto ideario.
Dicha doctrina, parece estar de vuelta de todo, en un giro de ciento ochenta grados con respecto a casi todo el arco político patrio, sembrando el desconcierto y la incertidumbre en una parte de la población, que no sale de su asombro ante tantos y tan intrépidos cambios como parecen querer llevar a cabo.
Y es que nadie sabe con certera y rotunda seguridad hasta dónde podrían llegar, caso de tocar poder, algo que a muchos les pone los pelos de punta, en un supremo, irreprimible e irremediable alarde de duda y recelo ante tantos y tan novedosos cambios como preconizan los integrantes de Podemos y sus múltiples, variadas y diversas ramas diseminadas por todo el territorio nacional.
Mientras tanto, el resto de los partidos, está empeñado en tratar de demonizarlos, en un gesto que no les honra precisamente, sino más bien al contrario, tachándolos de comunistas y otros calificativos similares, que no son sino un intento de desacreditarlos, y que se puede volver contra ellos,una vez que los ciudadanos descubran tamaña argucia, que carece de sentido, pues hablar a estas alturas de revolucionarios, leninistas y otras absurdas lindeces, es recurrir a viejos y trasnochados métodos y argumentos, en los que ya nadie cree, comenzando por ellos mismos, aunque sí puedeafectar a parte de suelectorado, proclive a creer en estas patrañas.
El hecho cierto, es que existe un colectivo de votantes, léase jubilados y pensionistas, entre los que hay un porcentaje numeroso, sensible a este intento de difundir el voto del miedo, que puede sucumbir ante estos manejos, ante el temor a perder sus pensiones, algo irracional y absurdo, pero que puede causar estragos en este sector, y otros similares.
Pero recurrir a estas artimañas, no es solo privilegio y juego sucio que pueden llevar a cabo sus oponentes. También ellos, Podemos y sus asimilados, pueden utilizar ese voto del miedo con el que quieren influir en los indecisos, a base de sembrar la duda y el consiguiente desconcierto con su discurso rompedor, incitando al único voto, que según ellos, puede salvar del desastre a una población condenada a la pérdida de sus derechos y conquistas sociales y económicas, lo que de ninguna forma puede considerarse como algo seguro e inmediato.
Escuchar, razonar y discernir, sosegada juiciosa y libremente, es tarea de cada uno, con el objeto de no dejarse engatusar, engañar, y finalmente manejar, con un voto del miedo, que es el peor consejero que podemos tener por compañía.

miércoles, 15 de junio de 2016

EL ABRAZO DEL OSO

Continúa la incertidumbre política. A estas alturas, después del consabido recurrido y machacado 20 D, seguimos en ascuas, sin saber a qué atenernos, a qué palo mágico tocar, en un intento de descifrar pronta y certeramente la que se avecina para el 26J.
Algo que es más que lógico y ciertamente explicable, habida cuenta de los profundos cambios que se han dado en las preferencias de los votantes, y que se han visto reflejados en la imposibilidad manifiesta de las múltiples tendencias para llegar a acuerdos y formar un gobierno que se está haciendo esperar más de la cuenta.
Curiosamente, lo que no fue posible en todo ese tiempo, parece haberse enmendado en apenas unos días. La irrupción de Unidos Podemos - nada ingeniosa una denominación, cuya búsqueda les ha llevado más tiempo que los propios términos del acuerdo - y que ha supuesto un auténtico golpe de mano que han llevado a cabo Izquierda Unida y Podemos.
Las consecuencias de esta alianza, son ahora mismo un tanto impredecibles. El electorado, los ciudadanos, en suma, aún no han asimilado un hecho, que necesariamente supondrá un cambio para muchos de ellos a la hora de depositar el voto en las urnas, lo que traerá consigo unos resultados forzosamente diferentes a los de la anterior votación.
¿Cómo reaccionarán los partidarios de cada uno de los dos grupos? Parece, en principio, que después de la consulta previa llevada a cabo, la mayoría está de acuerdo con la suma de fuerzas, pero no hay que dejar al margen, no hay que olvidar, ni obviar por un sólo momento, que el porcentaje de participación en dicha consulta, ha sido muy minoritario.
Tan sólo alrededor de un treinta por ciento, que debería considerarse muy preocupante, y que se presta a múltiples interpretaciones, todas ellas no analizadas en profundidad hasta ahora, pero que en definitiva suponen que un alto número de sus votantes con su abstención, o están en desacuerdo, o no tienen una decisión formada sobre el tema.
Todo esto no debería permitir a ambos partidos lanzar las campanas al vuelo - que no obstante ya están llevando a cabo con auténtica fruición y entusiasmo - pues pueden llevarse una desagradable sorpresa, si no se esfuerzan, y mucho, en convencer a ese setenta por ciento que no ha tomado partido en la decisión previa acerca de la unión de ambos grupos.
¿Un partido con una sólida base y tradición histórica como Izquierda Unida, se ha echado en brazos de una formación como Podemos, surgida hace poco más de un año, o ha sido a la inversa? ¿Quién se ha subido al carro de quién? ¿Ambos se necesitaban y se han unido en un fraternal abrazo? ¿Se adivina por algún resquicio el abrazo del oso? ¿Y en este caso, a cuál de ellos le correspondería el papel del plantígrado?
La respuesta, a priori, parece sumamente elemental: Podemos ejercería del bello y fiero animal. Pero quizás quepa una mejor, más elaborada y precisa, más sopesada y racional. Hasta quizás más lógica, si me lo permiten: Hay abrazo, pero no hay un sólo oso dominante. En el otro lado se encuentran los oseznos. Y además, los papeles están cambiados. Juzguen ustedes.
¿Y quién teme a estos osos transformados en un único lobo feroz? La respuesta no puede ser más sencilla, nítida y evidente: todos los demás partidos, y en especial los dos grandes, por mucho que intenten disimularlo en un esfuerzo vano e inútil, que no logra confundir a nadie.
La campaña, aunque no oficialmente, ya ha comenzado. Algunos están señalando a Unidos Podemos como un partido comunista, leninista y cuantos apelativos similares podamos encontrar. Todos ellos apuntan a calificarlos como extremistas de izquierdas, capaces poco menos que a destruir el Estado moderno, tal y como lo conocemos, y convertirlo en un modelo bolivariano, cuyas connotaciones suenan sumamente funestas.
El hecho es que la coalición resultante, impone un auténtico respeto demasiado próximo al miedo para demasiada gente, no sólo los partidos oponentes, sino, y esto es más preocupante, para muchos ciudadanos, que desconfían de un grupo en exceso escorado hacia una izquierda que consideran en extremo radical, y que podría dar al traste con su seguridad y tranquilidad económica, léase jubilados y pensionistas entre otros, que podrían restarles muchos votos.
El abrazo del oso podría quedar sólo en eso: en un gesto amistoso de cara a la galería, que los contemplaría como si de un circo se tratase. Pero sin permitirles superar los límites de la pista donde se desenvuelven.

jueves, 9 de junio de 2016

LA GRAN ESTAFA

Nos han mentido, engañado, engatusado y cuantos calificativos podamos encontrar aplicables, para describir la estafa que hemos sufrido por parte de los políticos, epítetos que nunca serán los suficientes, ni los oportunos para describir el fastidio y el quebranto causados a los ciudadanos de este país.
Incapaces, ineptos y despectivos, han desoído olímpicamente la voz de los votantes, que les exigían cumpliesen con su obligación, con ese mandato depositado en las urnas, que han desoído pese a todas las críticas, las quejas y las manifestaciones de la población, recordándoles y demandándoles cual era su cometido.
A ello han hecho oídos sordos, en medio de la ira en exceso contenida,de una ciudadanía que contempla con una mal disimulada rabia y una desmedida contrariedad, como después de cuatro meses han sido incapaces de llegar a acuerdos que hubiesen hecho gobernable un país, que no se merece a unos representantes políticos que debieran dimitir de inmediato, y dejar paso a quienes tengan la voluntad, la aptitud, y capacidad necesarias para formar gobierno.
Y sin embargo, ni se lo plantean. Tienen la desvergüenzay la desfachatez de continuar en sus puestos, en un gesto más de una clase política que no está al nivel exigible, y que una vez más han demostrado una falta de seriedad, actitud y preparación, que en conjunto han logrado un absoluto rechazo por parte de una población que los detesta profundamente, y los considera inútiles e insolventes para gobernar un país, que no sale de su asombro ante tanta y tan manifiesta incompetencia.
Desencuentros continuos entre los líderes de losdiversos partidos, han mantenido al país en vilo, en continua zozobra y estado de ansiedad, contemplando con asombro, fastidio y hastío, como ya desde el principio se adivinaba un desacuerdo al que finalmente se ha llegado, pese al tiempo transcurrido, que debiera haber sido más que suficiente para conseguir el deseado acuerdo.
Ansiado por los ciudadanos, que no por unos políticos en extremo egoístas, que parecen haberse inclinado más por sus intereses personales y de partido, que han llegado incluso al insulto y la descalificación personal, en una muestra más de la insufrible e inepta clase política que soportamos por estos lares.
Sin lugar a dudas, pese a que nosotros, los votantes, los hemos elegido, sinceramente creo que no nos los merecemos. Ni nosotros ni nadie, ya que han demostrado con su actitud negativa, una irresponsabilidad que los desacredita para continuar representando a los ciudadanos en las próximas elecciones a las que nos han conducido, merced a su incapacidad manifiesta.
Sin embargo, todos ellos, los mismos que han derrochado en vano y a manos llenas, tiempo, dinero y la enconada ira de los ciudadanos, vuelven a postularse sin el menor atisbo de rubor, en una demostración más de una inusitada y lacerante demostración de una ausencia total de dignidad, y de una rotunda y total falta de respeto hacia los habitantes de un País que no sale de su asombro ante tamaña majadería como la que están demostrando estos denostados oportunistas.
He asistido recientemente a un concierto popular, a cargo de los más populares cantautores de los años de hierro en este País. He podido contemplar cómo una juventud enardecida asistía vibrante, entusiasmada y enardecida – muchos  también de los quienes vivimos directamente aquellos épicos tiempos – proclamando a viva voz su desencuentro absoluto con los actuales gobernantes y políticos, que no estaban allí, ni se preocupan lo más mínimo por una cultura popular, sana y de la calle, como la que allí se estaba desarrollando.
Estafados, engañados y burlados, los ciudadanos tienen todo el derecho a reclamar unos derechos que le son continuamente negados por quienes deberían garantizarlos. O bien rectifican, o se echan a un lado. Como lo primero, como de costumbre, no lo harán, Hay que pedirles que se vayan, que se alejen, y dejen paso a las nuevas generaciones, que con nuevas ideas y nuevas intenciones, traerán quizás de nuevo la esperanza.

sábado, 4 de junio de 2016

LOS AMIGOS DE LA MANCHA

Leyendo El Quijote, se puede apreciar que por encima de la relación formal que une a Don Quijote y Sancho, sobresale una sincera y leal amistad, que constituye todo un admirable y edificante canto a este valor tan universal, caballero y escudero, del que Miguel de Cervantes, a través de tan singulares personajes, deseó sin duda dejar clara y notoria constancia.
Sancho amigo y amigo Sancho, son dos expresiones que utiliza con harta frecuencia Don Quijote, durante el tiempo que dura su fructífera y sincera amistad, que fue toda su vida, desde que le nombra su fiel escudero, hasta la muerte de su estimado y muy querido caballero, hacia el que sintió una auténtica y devota veneración que demuestra con creces a lo largo de todas sus inefables y fascinantes aventuras.
Prodigioso libro que nadie debiera dejar de leer, ahora que existen versiones absolutamente inteligibles para el lector del siglo XXI, gracias a escritores que han dedicado años de su vida, para hacer legible un texto de hace cuatrocientos años, que hasta se introdujo en la escuela de mi tiempo, en un intento desafortunado, pues no es libro para infantes, y que más tarde, ya adultos y lectores consagrados, intentamos leer.
Pero desafortunadamente, y como la inmensa mayoría, opté por abandonarlo al cabo de unas cuantas páginas, hasta que afortunadamente di con una traducción – si así me permiten llamarla – que me hizo disfrutar inmensamente, que leí con auténtico deleite, y que recomiendo a todo el mundo que quiera saborear una novela que le dejará una indeleble huella para el resto de su vida, que querrá volver a leer, como sin duda yo haré, y que contiene todos los ingredientes de una obra genial, tan válida entonces como en la actualidad.
Retomando los valores de la amistad, tan considerados a lo largo de la obra, merece la pena destacar no solamente la que se pone de manifiesto entre los dos principales protagonistas, y en ello pone todo su empeño Cervantes, sino con otros personajes que intervienen asiduamente en la novela, como son el cura, el bachiller Sansón Carrasco y el barbero, entre otros.
Tal amistad llega a establecerse incluso entre amos y jumentos, como es el caso de Sancho, que manifiesta una auténtica devoción por su rucio o Don Quijote por su jamelgo Rocinante, hasta el punto de que llega a trabarse una unión entre los cuatro, amos y animales, y animales entre sí, tal como demuestra el siguiente texto, que Miguel de Cervantes, que reza como sigue:
“La amistad de el Rucio y Rocinante fue tan única y tan trabada, que hay fama, por tradición de padres a hijos, que el autor de esta verdadera historia hizo particulares capítulos de ella, más que por guardar la decencia y decoro que a tan heroica historia se debe, no los puso en ella, puesto que algunas veces se descuida de este su presupuesto y escribe que así como las dos bestias se juntaban, acudían a rascarse el uno al otro”.
Una amistad que no se fundamente en la verdad, no es verdadera amistad. Este principio universal, queda patente entre los dos protagonistas, pese a que Sancho se ve obligado a hacer la vista gorda con relativa frecuencia ante los desatinos y excesos de su amo.
Pero al final, casi siempre acaba recomendándole lo que mejor considera para él, o recurriendo a las clásicas y condescendiente mentiras piadosas, que a su pesar, se ve obligado a dedicarle, todo ello merced al inmenso agradecimiento que le manifiesta y a la amistad que le une a su amo, a quién no abandonará en ningún momento, pese a las muchas promesas incumplidas, que la imaginación de Don Alonso Quijano le procura, y que Sancho asume con una bondadosa comprensión.
En aquellos tiempos llamábase escudero al criado o siervo que acompañaba a un señor. En el primer diálogo entre los dos, nada más ser elegido por don Quijote, Sancho le recuerda que no se olvide de la ínsula que le ha prometido, a lo que don Quijote le responde:
“Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza, antes pienso aventajarme en ella”
En la segunda parte, cuando recobra el juicio, Don Quijote, en un admirable alarde de sincera y gratificante amistad, pide perdón a Sancho, su fiel escudero:
“Es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo de ellos ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga”
Es por todo ello, que a veces cabe preguntarse, por qué el título no hace mención y referencia expresa a ambos, Don Quijote y Sancho, habida cuenta del destacado protagonismo que desempeñan caballero y escudero y de la fraternal amistad que los une.
Bien así está, no obstante, si así lo decidió su autor, que a ambos concibió, y a los que supo darles inmortal y amigable vida, en su venturoso viaje por los campos de La Mancha.

lunes, 30 de mayo de 2016

LA DÉCIMA Y UNA MÁS

Hace apenas dos años, y tras doce de paciente espera,  llegó por fin la Décima Copa de Europa que los madridistas celebramos con una inmensa ilusión, que nos llenó de una absoluta y completa satisfacción, que consideramos incluso suficiente para sentirnos satisfechos por unos pocos años más, al ver colmadas y resueltas las esperanzas que teníamos depositadas en tan emblemática cifra, conseguido por este legendario club, especialista como nadie en esta reputada competición.
Recuerdo con emoción, aquella generación de las cinco copas de Europa que el Madrid obtuvo de forma consecutiva, cuando este club reinaba de forma absoluta y contundente en una Europa admirada ante el contundente potencial futbolístico de un equipo procedente de una España sumida en una férrea dictadura.
Tendría yo apenas siete u ocho años, pero mantengo intactos, como estoy seguro lo harán multitud de aficionados de aquellos tiempos, los recuerdos de aquella maravillosa época, en los que el Real Madrid causaba admiración en todo el mundo, con aquellos míticos jugadores que marcaron toda una época.
El himno de Eurovisión, lo asociábamos de inmediato con la Copa de Europa, pues los partidos que tenían lugar en los campos de todo el Continente, comenzaban con dicha sintonía, obligatoria mientras se realizaba la conexión con el País donde se celebraba el encuentro.
Cuando lo oigo, los recuerdos afloran de inmediato, ya que era presagio de una de las muchas finales que todos seguíamos con una incontenible emoción y que tantas veces disputó el Real Madrid, y que mantenía pegado a la pequeña pantalla a todo un País que estaba pendiente de un ya glorioso Real Madrid.
Y he aquí, que al cabo de apenas dos años, este equipo ha conseguido una Copa de Europa más La Undécima, algo que nos ha llenado de una grandísima satisfacción a los aficionados madridistas, y que ha colmado totalmente las aspiraciones de unos seguidores que han visto cómo en tres años conseguían dos grandes éxitos, cuando habíamos tenido que esperar doce para lograr la ansiada, mítica y legendaria Décima Copa de Europa.
Se ha conseguido frente al mismo rival de entonces, el Atlético de Madrid, en una apasionante final que hemos vuelto a ganar y que nos enfrentó a un serio y digno rival, donde dos equipos españoles se enfrentaban de nuevo, y dónde sólo uno de ellos gozaría del ansiado triunfo.
Dos caras opuestas de la moneda, muy diferentes y extremadamente distintas, con emociones y sentimientos radicalmente distintos, que han ido de la alegría desbordante de unos, a la tristeza y frustración de los otros, que han sufrido la amarga derrota en dos finales a las que brillantemente han accedido en los últimos tres años, ante el mismo rival.
Profundamente desolados, los seguidores del Atlético de Madrid, mostraban en sus rostros la amargura de una nueva derrota que les sume en una infinita tristeza, que no obstante el tiempo borrará. De nada sirve llegar a la final, ningún consuelo de ello se obtiene si no se logra el triunfo final.
La historia, en todos los deportes, sólo destaca y recuerda al vencedor, aunque la victoria refleje una diferencia mínima de un gol, de un punto, o de un segundo. Es duro, y hasta cruel, pero el segundo clasificado no figurará jamás como un ganador, sino como el primero de los perdedores, de los desafortunados derrotados, a los que nunca nadie conservará en el recuerdo, sino en el más injusto de los olvidos, en un acto de suprema y dura ingratitud.
 Pero así se escribe la historia desde el principio de los tiempos. Nos ha tocado a nosotros, los seguidores del Real Madrid, disfrutar de las mieles del triunfo, y en ello estamos. Gozaremos de esta nueva Copa de Europa, y esperaremos felices a la llegada de la próxima. ¡Hala Madrid!

lunes, 23 de mayo de 2016

CERVANTES EN EL OLVIDO

Solemos pecar de excesos en esta nuestra vieja patria, con inusitada y continua frecuencia, tanto en un sentido como en el otro, si de solo dos hablamos, porque si los posibles fueran tan numerosos como erráticos nuestros despropósitos, las descalificaciones superarían de tal forma a los reconocimientos, halagos y alabanzas que debieran reconocerse, que el término gratitud y todos sus sinónimos desaparecerían de nuestro lenguaje, para dejar paso a la negación y la indiferencia hacia todo valor humano, material o inmaterial que objetivamente fuera merecedor del más estricto reconocimiento.
Así pasen cuatro días o cuatrocientos años, no tenemos inconveniente ni pudor alguno en tornarnos olvidadizos y remolones a la hora de cantar las alabanzas y aleluyas debidas hacia quien haya hecho los méritos suficientes para ser públicamente cantados de viva y sincera voz, pues ello parece escarnecer dolorosamente a quienes les pesa en exceso, no solamente su capacidad de valorar lo ajeno, sino su incapacidad para hacerse merecedor de los méritos cuyo reconocimiento deniegan.
No siempre estos comportamientos son debidos a ese vicio nacional tan negativo y persistente en el tiempo, que hemos dado en llamar envidia, sino a una desidia injustificable y consciente, casi siempre llevada a cabo por personas e instituciones que debieran tomar la iniciativa en determinadas y puntuales ocasiones, y que parecen mantenerse ajenas a toda responsabilidad que pudieran tener, y de la que suelen deshacerse con ese otro defecto, tan recurrido como necio e hipócrita, que es pasarle la pelota al de al lado, en un gesto que nos conduce al origen de toda esta maraña de despropósitos, que no es otro que la falta de una seriedad exigible, origen de tantos males.
Algo que nada ni nadie puede permitirse, y que nos ha perseguido a lo largo de toda nuestra procelosa y dilatada historia, que pese a nuestra indudable huella cultural en todos los órdenes, que nos acerca y ancla por un lado al mundo occidental, y por el otro, la picaresca, la chapuza y la desidia, nos han procurado una bien ganada fama de país de charanga y pandereta, que tanto daño nos ha hecho, y de lo que no tenemos obstáculo en reconocer, hasta el punto de hacer chanza y chirigota a su costa, en un gesto más de una insensatez y falta de conciencia histórica.
Ni siquiera ahora, cuatrocientos años después de la desaparición del más ilustre representante de la literatura española y universal, Miguel de Cervantes, hemos sido capaces de honrar en su justa medida a quién ya entonces dejó entrever en sus escritos algunos de los aspectos más característicos que siempre han acompañado al temperamento hispánico, que no parece haberse visto modificado sustancialmente desde entonces. “Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes”.
En sus obras, y sobre todo en su inmortal Quijote, Cervantes deja constancia de la ligereza, la desidia, la desmesura, y la ausencia de una seria y trascendente actitud ante determinados actos humanos que se suelen sustanciar con una frívola y negativa manera de afrontarlos mediante la burla, la chanza y la ridiculización de hechos y personas, como en el caso de Don Quijote, ingenioso personaje, cuya bondad e ingenua actitud, siempre dispuesto a hacer el bien y a deshacer entuertos, es tomado como objeto de burla y diversión, donde los más bajos instintos humanos, como la crueldad y el afán de ridiculizar y despreciar al indefenso, alcanzan su más alta amplia y alta expresión.
Dos genios de la literatura universal, Cervantes y Shakespeare, son celebrados en sus respectivos países, con motivo de los cuatrocientos años transcurridos desde su muerte, con muy desigual empeño. En Inglaterra, hay programados una inmensidad de actos y acontecimientos diversos que se desarrollarán a lo largo de todo el año, por todo el país, y en numerosos escenarios que alcanzan a todas las instituciones y organismos sociales, culturales y educativos.
Sin embargo en nuestro país, las críticas alzan su voz ante la indiferencia y la cicatera y manifiesta falta de interés por parte de las instituciones oficiales y culturales a la hora de exaltar y divulgar la vida y obra de nuestro más insigne escritor, algo que solo puede surgir de las insensatas y despectivas instancias encargadas de desarrollar y divulgar una cultura que ahora, más que nunca, ahora se hallan bajo mínimos.
Piensa Unamuno, que es mejor tener ideales, aunque no sean los más pertinentes, que no tenerlos, lamentándose de que la España de Sancho Panza haya perdido su fe en don Quijote y su esperanza en la ínsula Barataria.
Un genio de la literatura, que hace cuatrocientos años, escribió el texto que sigue, acerca de un bien que el ser humano ha perseguido siempre con denuedo y por el que tantas vidas y se han sacrificado, merece nuestra más absoluta y total dedicación, algo que hasta ahora, de forma inexplicable, le estamos en gran medida negando.
"La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida".

lunes, 16 de mayo de 2016

LA LETRADA ESPELUZNADA

Se acercaba la señora letrada a la sala donde se desarrollaba el juicio, donde ella forma parte de la acusación, en un conocido proceso que dada su popularidad y resonancia mediática que tiene lugar en un juzgado de cuyo nombre todos tenemos constancia y que en todo caso resultaría harto sencillo su localización, para cualquiera que se lo propusiese, dadas las  considerables facilidades que hoy en  día pone a nuestra disposición el mundo digital en el que vivimos.
Caminaba con paso firme y decidido, que diríase, parecía más bien apresurado, dispuesta a no hacerse esperar por el resto de los miembros de la mesa, con las carpetas de documentos en ristre, y con una sonrisa de circunstancias que exhibía a su paso entre las dos filas de periodistas que flanqueaban la entrada a los juzgados.
Uno de ellos le hizo una pregunta sobre una cuestión que ella no debía ignorar, dada la importancia de la cuestión planteada, que atañía a su gabinete, que además era de dominio popular, y que podía poner en cuestión su continuidad como letrada representante del mismo en el susodicho proceso, en principio no por causa achacable a ella – aunque a última hora, están surgiendo dudas al respecto -  sino por un posible delito del más alto representante del gabinete al que ella pertenece.
La respuesta que dio al representante de la prensa y que no se hizo esperar, siempre con una cara de sorpresa, que no podemos saber si era impostada o no, pero que por su tono y timbre, daba la impresión de ser absolutamente sincera, ya que según ella era la primera noticia que tenía fue la que sigue: "estoy espeluznada”.
Sorprendido ante el inesperado vocablo, de inmediato analicé la expresión, que me pareció de una oportunidad impropia y excesiva, y de una rotundidad pretendida, que lejos de conseguir su objetivo, que no era otro que el de impresionar vivamente en el auditorio, juzgué, con perdón, constituía un despropósito inapropiado en una letrada acostumbrada a hablar en público, y que debiera hacer honor al nombre que su cargo representa.
Ignoro si en las intervenciones en las fases orales de los procesos en los que actúa, suele utilizar estos desfases lingüísticos que aunque tuviesen cabida dentro de un uso admitido por la lengua y los órganos que la cuidan y rigen, suponen en todo caso, un empleo desproporcionado y excesivamente burdo y rudo de expresión, que en este caso hubiese bastado con "estoy asombrada, sorprendida, anonadada, estremecida, horrorizada”, y tantos otros a los que hubiera podido recurrir, dada su supuesta preparación cultural, que debiera ser más que suficiente para capear estos imprevistos.
Y no es que no pueda utilizarse dicho término, "espeluznada", sino que no debiera recurrirse a semejante improperio, cuando se utiliza en un contexto, como en el que se daba en este caso, algo que no siempre tienen en cuenta tantos personajes públicos y representantes de los medios de comunicación, que nos tienen acostumbrarnos a frecuentes dislates lingüísticos, que en este año del cuatrocientos aniversario de la muerte de Cervantes, golpean con más fuerza aún en nuestros ya maltratados oídos, por parte de aquellos que más debieran velar por la pureza de la lengua, ya que de ella se valen al utilizarla como herramienta de un trabajo que los dignifica, cuando de ella hacen un correcto, preciso y precioso uso.
Espeluznantes - ahora mejor empleado el vocablo - resultan estas traumáticas incursiones lingüísticas, que suelen maltratar continua y persistentemente nuestra lengua cervantina, que tenemos el deber, la obligación y la satisfacción de velar por ella y por su pureza, con el ánimo siempre dispuesto para dar cabida a nuevos términos, con una flexibilidad lógica y razonable, que los nuevos tiempos demandan.

lunes, 9 de mayo de 2016

LA MALA GENTE

No siempre resulta fácil calificar determinados comportamientos humanos, sobre todo a nivel de grupos de diferente signo, y entidades se refiere, cuando la responsabilidad se ampara en lo corporativo, aunque de hecho siempre reside en una persona o grupo de personas físicas, que son de las que en definitiva emanan las oportunas órdenes, ideas y tomas de decisión.
Y así nos encontramos con escándalos, y despropósitos varios, fundamentalmente a nivel político, dónde las consecuencias de los correspondientes estragos causados, merced a la inapelable e imperiosa decisión del responsable de turno, quedan camuflados y ocultos tras un mar de difusos, oscuros e intrincados intentos de confundir y desviar la atención, algo que consiguen lograr con frecuencia, con sorprendente y relativa facilidad.
Se intenta así diluir toda posible autoría en un mar de inconfesables desatinos, que a modo de intrincadas y laberínticas excusas, tratan de desviar las culpas, alejándolas de sus verdaderos autores, y depositándolas en los brazos del grupo, que al final eludirá toda responsabilidad, sobre la base de su mole administrativa, ante la que los órganos competentes de la administración y la justicia, poco suelen y a veces pueden hacer.
Son maniobras  que conllevan una indudable dosis de maldad, muchas veces permitidas por quienes deben velar por la ética y la limpieza de unos actos que tienden a ocultar inconfesables decisiones llevadas a cabo por parte de quienes tienen un ineludible y determinante compromiso con la legalidad y la limpia ejecución a las que su cargo obliga.
Todas estas circunstancias, suelen darse no solamente en corporaciones bien oficiales, bien privadas, de mayor o menor entidad y tamaño, sino que en ocasiones, el nivel del listón se halla a una mayor y más importante y determinante altura, que suele ser intocable.
Es el caso de los responsables políticos situados al máximo nivel, llegando incluso a su más alta expresión, que llegado el caso, se blinda tras la muralla del ejército de subordinados y de obstáculos administrativos y jurídicos de todo orden y condición, para desviar la carga culpable hacia ellos, cuando toda la responsabilidad última es única y exclusivamente suya.
Casos tenemos en nuestro país en los que el que debiera dar la cara y afrontar las oportunas consecuencias, se evade de las mismas, alegando un desconocimiento no creíble, de lo que está sucediendo en su propia casa, llámese despacho, departamento, ministerio o zonas nobles del más alto y decisivo nivel.
Despilfarros vergonzantes, corruptelas miserables, sobres que se pasean por los despachos, mordidas y porcentajes del tres y cinco por ciento, cantidades que van en negro y retornan en blanco, discos duros que desaparecen en diferido y formateos en directo, whatsapp animando al personal a ser fuerte, correos obscenos en las inmediaciones de palacio, y en fin, toda clase de desvaríos imaginables, que denotan una picaresca subida de tono, que denotan una absoluta falta de control de tal entidad, que no se corresponde con un país serio.
Y sin embargo, aquí nadie dimite, nadie reconoce sus errores, nadie toma las decisiones que debiera por mor de su posición, nadie quiere enfrentarse a sus responsabilidades.
Y es que eso de dimitir, aquí, y desde siempre, nunca ha estado bien visto.

martes, 3 de mayo de 2016

LA SOSEGADA COCINA DE LAS ABUELAS

Un precioso día de invierno, como tantos suelen darse por allí, llamo a la casa del pueblo: madre, vamos este fin de semana, no se te olviden las alubias, las mejores del mundo, las tuyas, las que pones a cocer en el puchero de barro desde primera hora de la mañana.
Claro, hijo, me responde la tía María, como yo la llamo.
No te preocupes, en cuanto me levante, enciendo la cocina y las pongo en la placa a fuego lento hasta que lleguéis.
Encargaré un cuarto lantero de cordero, y lo aso en el horno de la cocina económica.
Gracias, madre, seguro que estará todo buenísimo. Tú asas como nadie en el pueblo, y tus judías, son las mejores, con ese toque que sólo tú le sabes dar
Ay qué hijo. Cuanto me alegra que vengáis.                     
Tened cuidado, que hay bastante nieve, y desde Somosierra a Cerezo, dicen que está mal la carretera. Venid despacio.
Tranquila, estaremos allí a la hora de comer. Un beso, tía María. Hasta mañana.
            Adiós hijo. Un beso para las niñas.
            ¡Cuantas veces he disfrutado con esta conversación hablando con mi madre!
Se fue para siempre hace años, que no parecen haber transcurrido, que no han pasado, porque la tengo en mis recuerdos permanentemente, junto con mi padre.
Ambos yacen juntos y para siempre en el pequeño cementerio de Duruelo, el pueblecito de Segovia donde nací, y al que regreso de vez en cuando.
            Como vuelvo también, con el recuerdo, a sus sencillos y deliciosos platos, cocinados en la acogedora y encantadora cocina de la casa del pueblo.
Las alubias eran espectaculares. El cordero un auténtico festín para el paladar, maravillosamente asado, sin más añadidos que un poco de agua y un ligero toque de manteca, y todo ello elaborado en un horno sencillo como el que tenían las cocinas económicas de entonces.
Son los platos que más recuerdo, aunque mención especial merecen también otros, como el cocido, las patatas guisadas, la tortilla, las sopas de ajo, la sopa castellana, el arroz con leche, los flanes, enormes y deliciosos, y tantos otros platos y postres que hacían las delicias de todos.
Una cocina basada en la natural sencillez de los ingredientes, en la autenticidad de los alimentos empleados, en la infinita paciencia y el tiempo empleado para cocinarlos, así como en el amor y la dedicación que nuestras madres ponían a la hora de condimentarlos.
            Uno de los grandes placeres de este terrenal mundo, lo constituye sin lugar a dudas el disfrute de la buena mesa, la tradicional, la que excita los sentidos sólo con el disfrute de su sugerente visión, y todo ello, pese a la existencia y el auge de la denominada cocina minimalista, que parece oponerse a semejante y celestial disfrute, que no obstante jamás podrá competir con el deleite que proporciona la cocina clásica.
No se trata tampoco, de la mesa ampulosa, cara y  sofisticada, al alcance de tan sólo unos cuantos, que disfrutarán sumamente de la exquisitez de unos productos de primera categoría, regados por unos fabulosos caldos, rodeados por cubertería de plata y envueltos en manteles de exquisitos tejidos, sino de la cocina sencilla, natural, ingeniosa y audazmente cotidiana que siempre elaboraron en nuestras casas nuestras madres, a base de legumbres, patatas, alubias y ensaladas, regadas con un buen aceite de oliva.
Metidos en faena, merece la pena recordar, yo que soy de Segovia, cómo se celebraban las bodas en los tiempos de mi infancia, en los pueblos. Se habilitaba el corral, allí donde se guardaban el carro y los aperos de labranza, se disponían unas borriquillas de madera y encima unos largos tablones de madera.
Sobre ellos se disponían  las tarteras de barro, cada una de ellas con un par de cuartos de asado, uno lantero y otro trasero, los platos de ensalada, el pan y las jarras de vino. Eso era todo. Casi nada.
            Y hoy contemplamos con sorpresa y un poco de hartazgo, cómo proliferan en los medios de comunicación los programas de cocina, algunos excesivamente  sofisticados, mientras surgen chefs a diestro y siniestro, incluidos los infantiles, lo cual resulta en ocasiones un poco excesivo y desproporcionado.
Un despropósito que en ocasiones tiene más de espectáculo que de auténtico, pero que puede servirnos para tomar didácticas notas, y nunca mejor dicho, porque no estaría nada mal que se introdujera en la escuela  la gastronomía y la cocina.
Aprender a cocinar desde pequeños, chicos y chicas. Una práctica y divertida asignatura.