jueves, 29 de septiembre de 2016

LAS ESPADAS EN ALTO

Debería sorprendernos tanto la bajada del PSOE, como la subida del PP, y sin embargo, y pese a las corruptelas varias, tanto en uno como en otro, más agravadas si cabe en éste último al estar en el gobierno, aunque sea en funciones, resulta francamente incomprensible, a la par que sorprendente, que un presidente que está tan tocado de cerca por la corrupción, siga en su puesto, y subiendo, y que un jefe de la oposición, con una rebelión permanente en sus filas, continúe impasible en su puesto.
El líder del PSOE, tan denostado por unos y alabado por otros, ciertamente los más, se ve en estos momentos en una encrucijada que le ha llevado a la dimisión de diecisiete componentes de la ejecutiva, que mantienen que su dimisión es de hecho efectiva, después de haber sido permanente cuestionado por parte de los barones del partido, que exigen un cambio de rumbo.
Pese a  las citadas dimisiones, Sánchez se mantiene en su puesto, aduciendo que las bases están con él, que le apoyan en su negativa a llegar a acuerdos con la derecha. Mientras en las últimas elecciones vascas y gallegas, un nuevo retroceso en los resultados, parecen desmentir este cerrar filas en torno a su líder.
Muchos son ya los que, no obstante, comienzan a plantearse la renovación de sus dirigentes, con más fuerza sin duda en el PSOE, que en el PP, donde cierran filas en torno a Rajoy, de tal forma que nadie se atreve a levantar mínimamente la voz, pese a que parece que algunos así lo desearían, ante el temor de que en caso de moverse, seguramente no saldrían en la foto.
Mientras que su oponente Sánchez, parece sentirse relativamente seguro pese a las voces, aquí clamorosamente más altas y más claras en su contra, pero que a él no le parecen suficientemente mayoritarias para desalentarle a la hora de plantearse una convocatoria inmediata de nuevas primarias, así como de un congreso del partido, que despejen un bloqueo hacia su política y su persona, en la que él, aparentemente no cree, pero que da una idea de la firmeza y seguridad que mantiene, y que parece materializar en las rígidas posturas que no duda en sostener a capa y espada con su ya famosa frase de no es no.
Y así, mientras en el PSOE, las aguas están rrevueltas,con una implacable y constante autocrítica y puesta en cuestión de Sánchez, que ha manifestado su intención de no dimitir, en el PP, y después del éxito obtenido en Galicia, y del mantenimiento de sus expectativas en el País Vasco, Rajoy se encuentra aparentemente más fuerte que nunca, sin que nadie se.plantee su recambio inmediato, algo que podía parecer previsible y hasta deseable para algunos hace sólo unas fechas, cercado por la galopante corrupción, y por numerosos escándalos que de todo tipo, que en cualquier país plenamente democrático, le habrían hecho dimitir hace tiempo.
En cualquier caso, tanto uno como otro, han visto como su imagen se ha ido deteriorando con el transcurso del tiempo, agravado por los problemas suscitados por la imposibilidad de formar gobierno, por lo que sería deseable que dieran un paso al lado, para dejar paso a nuevas caras, que con nuevas ideas y otros talantes diferentes, incluso referidos a una relación personal que mejore notable y claramente la presente,  fueran capaces de llegar a acuerdos que logren formar un más que deseable y necesario gobierno.
Y para ello, toda parece indicar que los consiguientes relevos ya existen, por mucho que nieguen y desmientan, en una maniobra que a nadie debería ya engañar. Uno de ellos se encuentra en el norte, en Galicia, donde ha obtenido un sonoro y rotundo triunfo en las últimas elecciones allí celebradas, habiendo sido exclusivamente suyo un mérito que el presidentede su partido se quiere arrogar.
En el otro partido, donde su líder ha cosechado pingües resultados, siempre a la baja, como le ha sucedido en el País Vasco, el posible relevo parece encontrarse en el sur, en Andalucía, donde destaca desde hace ya mucho tiempo una mujer, que una vez más ha dejado bien claro que se pone a disposición del partido para lo que haya menester, mientras en Ferraz, se viven horas tensas, casi dramáticas ante las fuertes disensiones internas que amenazan a un partido con más de cien años de historia.
Las espadas están en alto. Ahora toca esperar. Deseable sería que la tardanza en su resolución, se reduzca a la mínima expresión, y sobre todo, que el posible cambio haya merecido la pena. Muchos somos los que así pensamos. Juzguen ustedes, y obren en consecuencia si así lo consideran oportuno.

jueves, 22 de septiembre de 2016

EL CABALLITO DE MAR

Pasear por una hermosa playa, al borde mismo del agua que mansamente el mar conduce hasta la cálida y suave arena, es uno de los más sencillos y agradecidos placeres que pueden disfrutarse por la mañana, pronto, bajo un incipiente sol que apenas despunta en el horizonte.
Son esos inolvidables momentos a recordar, que todos los días nos regala la naturaleza marina, plenos de una tranquila y relajante paz que todo lo invade, y que preceden a la vorágine que comenzará después, cuando las oleadas de los durmientes veraneantes despierten de su letargo estival, y cruzando el paseo marítimo, solitario hasta entonces, se dirijan a la playa a la caza de la primera línea, como si de una competición se tratase.
A partir de ese momento, la pacífica playa se transforma, merced a una frenética actividad que durante el resto de la mañana apenas cederá, con un continuo trasiego de idas y venidas que llenarán y ocultarán por completo el extenso desierto de arena, que quedará irreconocible durante el resto del día.
Todo ello para dejar acomodo a una ingente multitud, presa de un irrefrenable deseo de disfrutar del ardiente sol y del agua de una mar que parece retroceder hacia sus dominios, ante el empuje de una masa humana que no quiere desperdiciar ni una rayo de sol, ni de una gota de agua, ni de una brizna de arena.
Después de ello, los cuerpos quemados por el sol y aún cubiertos por una arena que parece fijarse en las ropas y en la piel, como una inseparable segunda vestimenta, cruzarán de nuevo el paseo, esta vez en sentido contrario, para dirigirse hacia las torres de apartamentos de hormigón y cristal, en cuyas celdas, que parecen todas uniformes, idénticas, iguales, se alojarán durante la estancia veraniega.
Y así hasta la mañana siguiente, durante la cual se repetirá la misma e idéntica ceremonia con los mismos protagonistas que periódicamente se irán renovando, unos cada quincena, otros quizás cada semana, con el misma mar y la misma arena, con distintas historias, distintas vidas, pero en la misma playa.
La que ajena a todos ellos, permitirá su pertinaz y forzada ocupación, día tras día, desde el comienzo del verano hasta su ocaso, allá por finales del mes de septiembre, cuando llegará el venturoso día en que nadie violentará ni alterará su natural compostura.
Una paz bien ganada que disfruta desde hace millones de años, cuando por primera vez el mar comenzó a golpear violentamente la dura corteza de rocas de la costa para después ir desmenuzándolas suave e incansablemente, hasta quedar reducida al manto de arena que hoy contemplamos.
Así durante milenios, ese paciente mar fue lamiendo y suavizando una finísima arena durante tiempos que se nos antojan eternos e imposibles de asumir, arrojando de vez en cuando hacia la playa, fuera de sus dominios a diminutas criaturas que viven en su seno, en un gesto de impaciencia que nos parece impropia de tan longevo y sabio Neptuno, dios de la inmensidad del mar y de su insondables profundidades marinas.
Y es el paseante solitario que recorre la desnuda y apacible playa, quien descubre en su plácido paseo a uno de estos diminutos e indefensos seres marinos, expulsados de su líquido lecho y arrojado a la playa, depositándolo en la arena, lejos del indispensable y necesario elemento sin el cual no puede sobrevivir.
Un minúsculo, pequeño y en apariencia insignificante animal, extraño y raro a primera vista, que apenas puede vislumbrarse si el paseo no es tranquilo y sosegado. El sorprendido y solitario visitante de la pacífica playa, inclina su cuerpo y observa extraordinaria criatura que parece definirse en una imposible filigrana.
Se acerca y lo toma en su mano, momento en el que comprende que tiene al alcance de su vista a un caballito de mar, a un hipocampo, a una criatura marina de aspecto sorprendente, dotado de una gracia muy especial, casi indefinible, atrayente en extremo.
Se mueve ligeramente al acercar delicadamente un dedo sobre su frágil y diminuto cuerpecito, sin duda porque le falta un aire que sólo puede encontrar en su medio natural, en el mar, adonde lo devuelve de nuevo, deseando fervientemente que logre sobrevivir.
Algo muy especial parece llenar el ánimo del paseante. Quizás ha salvado una delicada e indefensa vida. Y eso le llenará de una especial y agradecida satisfacción.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

LA TIERRA PARA QUIÉN LA TRABAJA

Reivindicación proletaria por excelencia, anhelo, deseo y esperanza básica y fundamental desde el principio de los tiempos, pocas veces se ha materializado hasta el punto de llevarse a cabo de una forma literal y radicalmente aplastante, dando lugar a que aquellos que labran la tierra sean sus legítimos propietarios, o como mal menor, lo sean los frutos obtenidos mediante su esfuerzo, bien en su totalidad, bien en su mayor parte, como justo y lógico premio a su trabajo y dedicación a  una tierra que sin su contribución yacería baldía y yerma.
Los pueblos indígenas, que desde siempre y en todo el Planeta son y fueron expulsados de sus tierras y territorios, constituyen los adelantados que comenzaron a luchar por su espacio vital contrala la expulsión, la ocupación de su territorio por parte de quienes querían privatizarlos, con ánimo de rentabilizarlo mediante su ocupación por parte de nuevos colonos que allí se asentarían.
Del mismo modo, harían los gobiernos que lo utilizarían para construir infraestructuras de comunicaciones, o por aquellos terratenientes que una vez privatizados, utilizarían el terreno para construir viviendas, para especular o simplemente para dejarlo en barbecho a la espera de futuras ocasiones que sin duda llegarían, para obtener sustanciosas plusvalías.
Si hablamos de la era moderna, la tierra comenzó a ser objeto de maniobras dirigidas a explotar al máximo, espacios de todo tipo y condición, bien urbanos, bien rurales, con los sutiles matices de las recalificaciones, que convertían de la noche a la mañana suelos que antes eran rústicos y que se trocaban por arte de magia en, urbanos generando enormes beneficios.
Y de ahí a la corrupción galopante, apenas hay un paso. Algo que bien conocemos en nuestro país, golpeado por esta lacra imparable que lleva azotándonos quizás desde siempre, peros que se vio acentuado con el auge del turismo primero y de la construcción después, cometiéndose auténticas barbaridades urbanísticas en todo el litoral de la Península y territorios insulares.
Continuó después, una vez agotadas esas vías, en espacios protegidos en la montaña y en otros espacios, como en bosques, hoy afortunadamente restringidos a semejantes atropellos, y en pueblos, villas y ciudades, dónde sin el menor respeto se construía en cualquier espacio libre, ocultando y haciendo peligrar monumentos artísticos milenarios sin el menor atisbo de un necesario respeto, y con la anuencia muchas veces de las autoridades correspondientes, encargadas de conceder las oportunas licencias.
En Andalucía han tenido lugar diversas ocupaciones de tierras, propiedad en su mayor parte de la Junta de esta región autónoma, a cargo del Sindicato Andaluz de Trabajadores y de otros como Comisiones Obreras y otras coordinadoras de agricultores, que han llevado a éstos a labrarlas y explotarlas durante algún tiempo, hasta que han sido expulsados, cultivando cereales, legumbres y otros productos de la tierra, así como explotaciones ganaderas a cargo de ciudadanos en paro, que han trabajado en grupos de sol a sol, obteniendo un meritorio y necesario rendimiento a unas tierras abandonadas, en una región con unas altísimas tasas de paro.
La susodicha frase de la tierra para el que la trabaja, se debe a Emiliano Zapata, revolucionario mejicano que a finales del siglo XIX y principios del XX, se rebeló contra la injusta política del gobierno de su país, que desposeía a las clases más humildes de sus posesiones para entregárselas a los terratenientes, estimándose que más del noventa por ciento de los campesinos, carecían de tierra alguna.
La tierra para el que la trabaja, para el que la cuida, mantiene y labra. Si este lema lo aplicásemos a nuestros denostados políticos, habría que desposeer de los territorios que ocupan, a aquellos que son incapaces de sacar adelante el terreno que se encargaron de labrar por mandato de los ciudadanos, una tierra improductiva a causa de su incapacidad manifiesta para obtener el necesario y prometido rendimiento, que en este caso debería materializarse en acuerdos que condujesen a la formación de un gobierno que por su ineptitud y falta de actitud, lleva ya demasiado tiempo demorándose.

jueves, 8 de septiembre de 2016

VOTA EN CASA POR NAVIDAD

Abocados estamos a unas nuevas elecciones según todos los indicios a nuestro alcance, que a estas alturas son muchos y muy claros, de tal forma que ya no debería causarnos extrañeza ni confusión alguna, pues las cartas que están boca arriba sobre la mesa, que son conocidas de todos y que han sido descubiertas abiertamente, hablan bien a las claras, sin posibilidad alguna de llamarse a engaño.
No hay partida ganadora, no se vislumbra que esta nueva mano, y ya van dos consecutivas, tenga ganador alguno, por lo que una vez agotadas todas las cartas de la baraja, no ha lugar a repartir más, sino a comenzar una nueva partida desde cero, lo que supone no solamente cambiar de naipes, sino de me mesa, local, e incluso de estrategia y jugadores para iniciar una nueva partida.
Expectantes, los ciudadanos no dan crédito a una kafkiana situación, en la que no toman parte activa alguna. En su momento, depositaron su voto, confiando en que tendría algún valor, que sería considerado, estimado y hasta respetado en cada uno de los dos intentos habidos hasta el presente. Pero no ha sido así, y una vez más, los ciudadanos ven con crispación cómo nos dirigimos hacia una nueva convocatoria.
Los políticos, una vez depositado en la urna el consabido voto, dejan de mirar a la cara a sus votantes, olvidándose de ellos en una palpable y repetida manifestación de dejadez y abandono hacia quienes les han confiado su suerte, y tornan su mirada e intenciones hacia su particular y exclusivo mundo de intereses, tanto personales como de partido, y si te he visto no me acuerdo.
Les oigo desgranar sus consabidas y machaconas promesas, que llevan hasta límites casi inadmisibles en cuanto a su minuciosidad y detenimiento se refiere, en un acto de ominoso fariseísmo, que ofende a la inteligencia y a la sensibilidad de quién pone toda su capacidad de entendimiento, a la par que una infinita paciencia y una extrema buena voluntad para tratar de comprender y asimilar tanta verborrea, que al final suele estar vacía de contenido.
Defraudan e irritan por igual, tanto unos como otros. No contentan a nadie, salvo, y eso con matices, a ese voto esclavo, fanatizado y adicto, con una fe inquebrantable en su líder, que no necesita razones ni promesas de ningún tipo, cuyo voto le reserva incondicionalmente, así caigan chuzos de punta, corruptelas, ineptitudes y despilfarros varios, pues todo lo disculpará, en aras de la asunción de su partido al poder.
No se sabe si es una amenaza, una errata, o simplemente una chanza más, de las que nos tienen acostumbrados y que a veces profieren sin apenas percibirse de ello, tal es su despropósito y su falaz, singular y alocado discurso. Pero ya han adelantado, que las más que previsibles terceras elecciones, se llevarían a cabo el veinticinco de diciembre, es decir, el día de navidad.
En un país como el nuestro, tan dado a las innumerables fiestas y tradiciones que dicen ser populares, tan amantes de las fiestas religiosas, tan abundantes ellas, y con tanto meapilas irredento, este anuncio ha supuesto una auténtica conmoción de proporciones bíblicas, que ha puesto en estado de alerta a quienes consideran que un día tan señalado como el citado, es un auténtico insulto a la ética, a la estética y a la más elemental y lógica razón humana.
Pero todo parece indicar que si no en esa fecha, sí en otra cercana a la misma, posiblemente dentro de los límites de las citadas fiestas navideñas, que dada la idiosincrasia patria, seguramente propiciaría una considerable abstención, por la oposición siempre inexplicable a esa cerrazón absurda de esta España  de charanga y pandereta, que no puede contemplar el hecho de votar en tan señaladas fechas.
Pero contemplando las sesiones de investidura y escuchando a sus señorías, la impresión obtenida parece estar meridianamente clara: No votaremos en navidad, sino una semana antes. Faltaría más.

lunes, 5 de septiembre de 2016

PAÍS DE CAMAREROS

Tiempos hubo que aún retengo en la memoria, en los que el paro apenas era una anécdota. No recuerdo que el desempleo constituyese un acuciante problema, ni que fuese motivo de seria preocupación y debate en lugares públicos, ni en la calle, ni mucho menos en los medios de comunicación amordazados como estaban por la férrea dictadura entonces existente, que en todo caso, no hubiera permitido la publicación de datos de ese tipo, fuera de la versión oficial, si hubiesen sido contrarios a sus oscuros intereses.
La gente comenzaba a abandonar el ambiente rural, y con ello el campo y las labores agrícolas, en busca de las ciudades y de un trabajo más relajado, menos duro y mejor remunerado que allí solían encontrar en el sector servicios y en una incipiente industria cada vez más pujante.
No era una mano de obra cualificada, como cabía esperar de gentes sin apenas formación, pero sí lo suficientemente preparada y dispuesta para llevar a cabo unos trabajos que no exigían el inhumano esfuerzo de un desagradecido campo que les obligaba a labrar la tierra, sembrarla y cosecharla con el sudor y el esfuerzo que les suponía una dedicación total durante gran parte del año, de sol a sol, siempre mirando al caprichoso cielo, esperando y confiando que fueran benignos y se aliasen con ellos, algo que no siempre sucedía, cuando las temidas heladas y el devastador pedrisco destrozaba las cosechas.
Y así, con unos sueldos bajos, pero seguros, a base de sacrificios y no pocas penalidades y privaciones, iban acumulando unos ahorros que con el tiempo les permitirían pensar primero en adquirir una vivienda, aportar una entrada después, y finalmente comenzar a pagar las letras que durante un puñado de años, y la oportuna hipoteca, les permitirían finalmente ser los felices propietarios de un piso y lograr con ello llevar a cabo uno de sus sueños más anhelados.
Creo recordar, que el acceso a una vivienda era algo que estaba mucho más al alcance de los trabajadores de a pie, de lo que lo está ahora. No era una aventura casi temeraria como hoy en día, pues no estaban tan inflados los importes, ni tan escandalosamente sobrevalorados los pisos, ni las hipotecas y los plazos eran tan insoportablemente largos como en la actualidad.
Hoy se llega a los cuarenta años, toda una vida, mientras entonces lo normal eran quince años, a lo sumo veinte, que soportábamos estoicamente, no sin esfuerzo, pero sin las angustias y tribulaciones de hoy, que además duran una eternidad, y a veces con el sobresalto y la desgracia de un desahucio, que supone la pérdida de la vivienda y la humillante e injusta obligación de seguir pagando la hipoteca, pese a que el banco se queda con la propiedad.
Estos hechos narrados hasta ahora, no se corresponden con la década de los años sesenta y anteriores, cuando miles de españoles se vieron obligados a emigrar a Alemania, Francia, Suiza y otros países europeos, donde vivieron en condiciones muy precarias, dedicados totalmente a un trabajo que les absorbía al cien por cien, logrando ahorrar de esta forma lo suficiente para poder retornar a España cuando las condiciones laborales comenzaron a mejorar en nuestro territorio.
Cuando las cíclicas crisis comenzaron a azotar este país, el paro galopante experimentó una subida que hoy en día ha llegado a cifras impensables poco antes, con valores en torno al veinticinco por ciento, que apenas ha mejorado en los últimos años. Hoy, con un veinte por ciento de desempleo, y después de la última crisis que aún permanece latente, la legislación laboral aprobada, según el gobierno para atajarla y reducir sus efectos, así como relanzar la economía, no ha añadido, sino más sufrimiento a las clases más desfavorecidas.
Apenas se ha conseguido bajar unos puntos el paro, a costa de relajar los despidos, abaratándolos y permitiendo una flexibilidad inaudita, reduciendo las plantillas, así como minorando los costes laborales y de Seguridad Social a las empresas además de bajar los sueldos, con contratos temporales en su inmensa mayoría, determinando con todo ello un empobrecimiento desconocido hasta ahora en una población que ve cómo se multiplican los desahucios, los comedores sociales y un  deterioro de los servicios y de las infraestructuras.
Mientras tanto, al gobierno se le llena la boca con la pedante y pertinaz cantinela de la recuperación conseguida, a costa claro está, de los ciudadanos, que además sólo favorece a unos determinados sectores de la población, proclamando que el paro ha bajado con ellos, algo que no es real, sino ficticio.
Casi todos los contratos son temporales y a tiempo parcial, y cómo no, en determinados sectores como el turismo y la hostelería en general, que se limitan a temporadas estacionales, al finalizar las misms, se extinguen las relaciones laborales establecidas que han tenido una media de un mes de duración, para retornar a engrosar la listas del paro.
A este paso, este país, tal como se viene afirmando, y las estadísticas confirman, se va a convertir en un país de camareros.

lunes, 29 de agosto de 2016

LA CULTURA PATRIA

De ella, poco más se supo, salvo que fue vejada y maltratada desde el principio de los tiempos, en un país donde nunca se la tomó muy en serio, pese a los numerosos y honrosos genios que han destacado en todos los órdenes que las artes han sido, y que lograron situar a este país, que no a sus paisanos, y en diferentes épocas de nuestra historia, a una destacada y elevada cima.
No es rentable, ni excesivamente codiciada por la gente, por lo que para que molestarse en producir un bien que no se consume, que no se toma en serio, que no es valorada ni estimada en su justa medida, y que siempre ha ocupado un lugar poco destacado entre las aficiones y prioridades de una ciudadanía, que no ha tenido nunca la fortuna de contar con dirigentes preocupados por ella, por difundirla entre un pueblo al que solían distraerlo de una manera más vulgar, más pueblerina y dicharachera, que decían estaba más a su alcance.
Es la historia contada a grandes rasgos de la penosa trayectoria sufrida por la cultura aquí, en España, tierra de gentes que no suelen prodigarse en torno al cultivo de las artes, de las ciencias y las letras, donde se editan ingentes cantidades de libros que no parecen destinarse a su lectura, sino a las estanterías, anaqueles y librerías que ornamentarán las estancias donde dormirán el culto y solitario sueño del que sólo despertarán cuando de desempolvarlos se trate o de cambiarlos del aciago lugar en el que se encuentran..
Ocupa este país un destacado lugar en el mundo en la industria editorial, que no se corresponde en absoluto con el porcentaje de lectores declarados, en una ceremonia de la confusión, que causa asombro y sorpresa al no iniciado en el tema.
Pero ello, afortunadamente no descoloca a quien observa el tema desde una posición de privilegiado adepto a esa hermosa afición que consiste en explorar los mundos, viajar a través de ellos, recrearlos en nuestra mente, dejar volar la imaginación, la fascinación, el hechizo, la fantasía y rescatar la historia del olvido y las tinieblas, a través de la memoria almacenada y plasmada en la magia de los libros.
No es el nuestro un País que se haya caracterizado a través de su historia por la defensa de una cultura siempre necesaria para el desarrollo de una sociedad y de todas las estructuras que la componen y estructuran, ávidas a su vez de disfrutar, de formarse y de informarse, así como de satisfacer su ansia y necesidad de conocimiento del mundo que le rodea, hasta el punto de que muchos de nuestros más importantes representantes de la cultura, han tenido que exiliarse forzosamente, en un gesto que denota una vez más, el desprecio por el cultivo de las mentes pensantes, peligrosas siempre para quien ostenta el poder.
El Siglo de Oro, que fue nuestro particular Renacimiento, marcó una esplendorosa y brillante época en la que surgieron y florecieron con fuerza y brillo propio casi todas las artes conocidas, donde se dieron a conocer auténticos genios de la pintura, la literatura y la arquitectura, fundamentalmente, para dar lugar, más adelante con la Generación del 98, y del 27, a grandes poetas, ensayistas y escritores, a los que siguieron destacados genios en diversos campos de las artes, ya en los albores del siglo XX
Con la interminable crisis, los recortes llevados a cabo en todos los órdenes sociales y económicos, se han cebado de forma insidiosa con la cultura. Más que un error, es fruto y producto de la ignorancia y la desidia.

lunes, 22 de agosto de 2016

CONTRA EL RELOJ

Durante siglos, la construcción de las majestuosas catedrales a cargo de los sabios maestros de obra, de oficiales de gremios, artesanos y albañiles, conllevaba una duración tal, que en la mayoría de los casos superaba varias centurias desde que se colocaban los cimientos y los primeros sillares de la cabecera y las naves, hasta que se culminaba la soberbia obra.
Cuando siglos después comienza la edad llamada contemporánea, con la aparición de las máquinas y la consiguiente revolución industrial, el mundo sufre una catarsis colectiva tal, que le llevaría a una febril actividad que desembocaría en la actual modernidad, que podríamos dar en llamar la era de la velocidad, por la loca y disparatada rapidez con que todo se sucede a todos los niveles en cuantas actividades ocupan en nuestra ajetreada procelosa vida.
Contemplamos con asombro, cómo gigantescos edificios de cientos de plantas, con acumulación y empleo de tantos materiales como aquellas portentosas catedrales, pero carentes de su espléndida, eterna y espectacular belleza, son erigidos en apenas unos meses.
Gigantes en busca de un cielo que parecen querer alcanzar, en un esfuerzo fútil y absurdo, que no lleva sino a una simple y forzada mirada hacia las alturas, para descubrir su total ausencia de gracia, su monótona y uniforme estética, que no logra atraer la atención de nadie, salvo para sentirnos atrapados e inmensamente pequeños bajo sus siniestras fauces de cristal.
Trasladando estas situaciones a otros órdenes de la vida, hallamos ciertos paralelismos en la política, cuando contemplamos, ya si un ápice de rubor, cómo determinados grupos políticos con apenas dos años de historia, pretenden llegar al poder, en una ceremonia de la confusión que nos asombra y nos sorprende por muy escépticos que nos creamos, pugnando por desplazar a un PSOE, con ciento treinta y siete años de historia a sus espaldas.
Lo mismo sucede a nivel personal, cuando personajes políticos que han saltado en el curso de poco más de un año de trabajar en una empresa de trabajo temporal – en el caso que cito - a ostentar la portavocía en el Congreso, tal como ha sucedido con un conocido personaje de sonoro y explícito apellido, propio de una novela picaresca, perteneciente a un partido político catalán.
Y qué decir de tantos representantes del mundo de la farándula y el espectáculo, léase los llamados triunfitos, que de la noche a la mañana, merced a un concurso televisivo y en un par de semanas, pasan de la más desconocida de las incógnitas a la más estruendosa popularidad y fama, que a los equivalentes profesionales de siempre, les llevó años conseguir para saltar a un reconocimiento público de su ardua labor y su incesante y pertinaz trabajo durante tan largo periodo de tiempo.
La acertada y popular expresión de que las prisas son malas consejeras, cobra toda su erudita carga de veracidad en los supuestos aquí expuestos. Recuerdo haber escuchado en una conferencia a un arquitecto, que además ejercía de profesor de arte, cómo lamentaba la contemplación de muchas reconstrucciones de elementos arquitectónicos en edificios históricos de alto valor cultural, debido fundamentalmente a la velocidad con que dichas rehabilitaciones se llevaban a cabo, en lugar de dedicarles tiempo, amor y paciencia, como la que derrocharon los maestros artesanos que las labraron y mimaron en origen.
Sin embargo, si algo apremia en este momento en la vida política nacional, si se necesita con urgencia una solución que desatasque el actual estado político en el que nos encontramos, ese algo se caracteriza por la celeridad, la presteza y una premura necesarias para salir del atolladero en el que nos hallamos, y que en el fondo tampoco contradice la recomendación siempre sabia de hacer las cosas pausada y relajadamente, ya que nuestros representantes llevan ya demasiado tiempo sin haber logrado acuerdo alguno.
Es por ello, que en este caso las prisas son nuestras mejores aliadas. Pura contradicción.

viernes, 19 de agosto de 2016

OCHENTA AÑOS SIN FEDERICO

Hace ochenta años, una cálida y triste madrugada de agosto, los estrellados y límpidos cielos de granada contemplaron con horror, indignación y pena, cómo unos inhumanos y crueles asesinos segaban la vida de Federico García Lorca.
¡Que no quiero verlo! Muertos quedaron sus ojos, diamantes de pura vida, que derrochó a grandes tragos, cual si supiera que un día, una aciaga madrugada, antes de llegar el alba, su vida entregaría, en brazos de las estrellas, y a lomos de cien jinetes, oscuros como él quería. ¡Que no quiero verlo.
No puede describirse con palabras la inmensa y profunda tristeza con que los cielos, únicos testigos de la ignominia y la maldad allí cometidas, acogieron la visión del poeta traspasado por el odio y el rencor del duro metal, que dejó a Federico mortalmente herido, en medio de un atronador silencio de oprobio y denuncia ante la barbarie allí cometida.
La luna, su luna, la luna de los gitanos no ha dejado de llorar desde entonces. Desconsolada, vivió y sufrió su noche más triste, y desde entonces no ha cesado su doloroso llanto, su honda tristeza, su pena, su congoja y su más profundo y desgarrado espanto
Allí quedó para siempre. Allí reposa Federico. El poeta, el más sensible, tierno y delicado ser humano, que ha conocido Granada, de cuyas entrañas nació y adonde volvió resuelto en espuma de mar, en alegría de vivir, en versos y en una vibrante poesía que llenará eternamente el corazón de quienes como él, son capaces de trocarlo en collares y anillos blancos.
Junto a un olivo murió, en el camino de Víznar a Alfacar, al lado de un barranco, a las puertas de Granada. El mismo árbol al que Miguel Hernández cantó, el de los troncos retorcidos de la Andalucía que tanto amaba, la del olivar, los toros , el flamenco y el intenso y fragante olor de las flores de azahar.
Que ochenta años no es nada si volviera Federico, se oye a los gitanos cantar. Desde la Alhambra al Albaicín y de allí al Sacro Monte, que lo recogerá en sus cuevas con alma y cuerdas de guitarra para llevarlo a las cimas más altas de Sierra Nevada, para que todos escuchen, para que todos distraigan en su corazón y en su mente, el lamento de Granada.
Cómo pudieron albergan tanto odio en sus entrañas, aquellos malhadados seres dueños del rencor y la venganza, contra un alma tan pura como la de un poeta capaz de elevar su poesía hasta las alturas donde sólo los dioses habitan.
Devolvedme a Federico, deidades del paraíso, retornadlo a Fuente Vaqueros, dónde nació un mes de junio, para que siga alegrando las noches de plenilunio, iluminándolo todo con su sonora risa y bañando con su voz, la fértil vega de Granada, por donde discurre el Genil, con murmullos de guitarra.
Del romancero gitano a poeta en Nueva York, hay un mundo de versos decididos en lunas, gitanos y flamenco, de toreros como Ignacio, de apellido Sánchez Mejías, de Yerma y de Bernarda, Alba para más señas, y de bodas y de sangre, y de Rosita la soltera, y de la música de Falla, el arte de Margarita Xirgu y la voz de su bien querida Argentinita.
Quiso tanto que sufrió lo indecible, como reflejan algunos de sus más sentidos versos que derrochan dolor a raudales ante tanto amor insatisfecho. Cruzó el ancho océano para conocer ese mundo que le tenía intrigado, para allí descubrir sorprendido un maremágnum de máquinas, frío acero y negros esclavos, que destacó y cantó con ruda y noble dureza, hasta viajar más al sur, donde se habla su lengua, y allí fue testigo involuntario de cuanta adoración por él sentían y de cuanto amaban su delicada grandeza.
No morirá Federico, así pasen mil años, mientras nos acompañe su voz. La misma que nos ha sido negada a la posteridad, pero que quienes la oyeron, afirman que era grave y potente, desprovista de matices metálicos, ancha y líquida, bien timbrada, de sonora, abierta y contagiosa carcajada, la misma que gozaron y disfrutaron los afortunados que decían quedar atrapados cuando reía, cantaba y recitaba poesía, historias y leyendas, cuentos y textos clásicos y de su Andalucía.
Dotado de un poderoso magnetismo y de una memoria prodigiosa, derrochaba encanto y una espontánea y sincera alegría, que quienes bien le conocieron, afirman que era una capacidad natural, sin fingimiento alguno, que salía de lo más profundo de su corazón de músico, que fue su primera querencia, que amaba el piano, la guitarra y el flamenco de verdad, el auténtico, el canto primitivo andaluz, el cante jondo.
Y el duende de Federico que él poseía a raudales, ese don que se tiene o no se tiene, tan difícil de definir con palabras, pero del que él decía: “el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar; no hay posible emoción sin la llegada del duende”.
Mataron a Federico / cuando la luz asomaba / el pelotón de verdugos / no osó mirarle la cara / todos cerraron los ojos / rezaron: ni Dios te salva /.  Versos de Antonio Machado, como tantos otros que le dedicaron poetas del mundo entero, como los de su generación, la del veintisiete, que hondamente le lloraron, como lo hicieron los gitanos, su Andalucía, su Granada, y como ochenta años después, le está llorando su España.

martes, 9 de agosto de 2016

NO PASARÁN

Esta expresión, es sin duda alguna una de las más celebradas, legendarias y míticas de la guerra civil española, atribuida a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, aunque existe documentación en el sentido de que su origen se remonta a la primera guerra mundial, donde un comandante del ejército francés, habría sido el primero en pronunciar tan celebrada frase en la batalla de Verdún, donde los combatientes franceses intentaban detener el avance del ejército alemán, algo que al final lograron, pese a las espantosas bajas causadas en ambos bandos.
En nuestra guerra civil, las calles de Madrid se llenaron de pancartas, escritos y pintadas con la frase citada, en un desesperado intento por insuflar ánimos a los combatientes republicanos de una ciudad asediada por el ejército rebelde, que acabaría tomando la capital de España, pese a la heroica resistencia de soldados y ciudadanos leales a la república, dejando el mal lugar tan atribulada cita, que quedó a partir de entonces como símbolo de la resistencia contra la opresión y la imposición por la vía de la fuerza.
Desde entonces, muchas batallas se han perdido y se han ganado en contiendas donde se exhibía este popular lema, con la esperanza, la determinación, y la firme decisión de impedir el avance de quienes intentaban de grado o de fuerza, someter a su voluntad a quienes ofrecían una resistencia que no siempre se ofrecía con la utilización de una violencia que a veces no estaba presente en los conflictos planteados.
Acontecimientos de todo tipo, rencillas de diverso cariz, y disgresiones diversas, han enfrentado con frecuencia a dos bandos, que manteniendo posiciones divergentes, han recurrido a este grito mítico y solidario, en aras de mantener y afirmar su posición frente a quienes pretendían, bien con la fuerza, bien mediante el empleo del argumentario más o menos razonable y razonado, consolidar sus posturas, afirmando que la razón y la lógica estaban de su parte, por lo que no darán su brazo a torcer mientras no se atiendan sus justas posiciones, a las que no han de renunciar por mucho que la otra parte insista en lograr sus propósitos, haciendo honor ambos a tan determinante, firme y decidido intento de no dejar paso al bando contrario.
En una de las abundantes tertulias y variados debates que asolan permanentemente el territorio nacional, uno de los tertulianos introdujo en su discurso, en este caso político, un sonoro “no pasarán”, que a estas alturas podría parecer un tanto anacrónico, pero que visto que lo que sigue, continúa vigente, por ser aplicable a situaciones que hoy en día nos ocupan con harta frecuencia.
¿A qué hacía mención con esta expresión el susodicho tertuliano?
¿Quizás al hecho de impedir el trepidante e imparable ascenso de los “neocomunistas” de Podemos?
¿A la derecha, que pretende volver a gobernar, y que con este gesto expresivo pretendía cortar el paso?
¿A la inversa, es decir, a la izquierda que en buena lógica, también pretende alcanzar el poder?
¿Se refería quizás a lo que los ciudadanos pensaban, hartos de unos ineficaces e ineptos políticos?
No iban por ahí los tiros. Se refería a la endiablada y pertinaz pretensión de los políticos independentistas catalanes, que han decidido desoír y desobedecer todas y cada una de las sentencias del Tribunal Constitucional, que ha fallado en contra de sus hasta ahora imparables pasos hacia adelante, decididos a llevar a cabo la ruptura con España, desconectando todas sus instituciones y creando unas nuevas propias que culminen dicha ruptura con la creación de un nuevo Estado y la declaración unilateral de la independencia catalana, que no solamente supondría una imposible vuelta atrás, sino unas nefastas consecuencias de todo orden, difíciles de predecir y precisar en estos momentos, pero que en todo caso serían traumáticas para todos.
A cada paso que dan los catalanes, y muchos han sido en los últimos años, el Estado responde a través del Constitucional con la oportuna y desestimante sentencia, que es recibida por los rupturistas con un claro mensaje de desobediencia, que es nuevamente contrarrestado por el Tribunal, al que nuevamente harán oídos sordos los independentistas, en un juego ridículo que no se sustancia de una forma taxativa y definitiva por parte de un Estado que parece tener miedo a actuar soberana y eficazmente, aplicando las leyes que la Constitución contempla, y dejar de jugar al ratón y al gato, en un juego que le desacredita y le debilita a partes iguales.
Si un día quizás no muy lejano en el tiempo, el Presidente de la Generalitat convoca a los ciudadanos catalanes, y comparece en el balcón rodeado de sus acólitos, no para lanzar una vez más las tan conocidas proclamas soberanistas, sino para proclamar una solemne declaración unilateral de independencia, que nadie se sorprenda ni se llame a engaño, pues todos lo sabíamos y nadie hizo nada.
Y a partir de entonces, ya no cabrían más recursos ni sentencias. El que avisa, no es traidor.

lunes, 1 de agosto de 2016

LA HUCHA SE AGOTA

Aquellas huchas de barro, guardaban nuestros magros ahorros que Íbamos atesorando celosamente día tras día, a lo largo de todo un año, a base de introducir en ella, y a través de la correspondiente y discreta ranura, las monedas que ocasionalmente lográbamos, bien en el cumpleaños, en alguna agradecida visita, en los festivos y luminosos domingos, navidades y en otras gozosas y felices ocasiones, cuando agitábamos alegre y sugerentemente el sonoro artefacto de basta y rústica cerámica, delante de quienes pensábamos, se dejarían influir por nuestra tierna, sugerente y solícita sonrisa infantil, que no solía verse defraudada.
Monedas de diez céntimos, llamadas perras gordas; de cincuenta céntimos, denominadas también de dos reales; de peseta, e incluso de cinco pesetas, también conocidas por duros, si éramos afortunados, se depositaban a través de la estrecha ranura, golpeando el fondo de la vasija de barro, también denominada alcancía, provocando en nuestros ingenuos y alegres rostros, una abierta y feliz sonrisa, que nos movía a agitarla enérgicamente, en señal de alegre y regocijante agradecimiento, hacia tan espléndido y generoso contribuyente, al que le quedábamos eternamente agradecido.
Predominaban las que poseían una forma cilíndrica, achatada por sus polos, y rematada por un sencillo adorno en su parte superior, a modo de minúsculo pináculo, que rivalizaban con las que tenían forma de cerdito, seguramente porque como ellos, estaban destinadas al sacrificio, que solía hacerse una vez al año, cuando con motivo, quizás de alguna fiesta o acontecimiento similar, se rompía la hucha, soltando su preciado y precioso contenido, para alegría y regocijo de quienes tenían la fortuna de celebrarlo.
Pero la hucha de la que aquí hablamos, no responde a ninguna de las que aquí citamos, ni tiene parangón posible con lo anteriormente relatado, salvo que, al fin y al cabo, se trata también de un fondo de reserva, pero en este caso, de la Seguridad Social, fondo que no debe tocarse salvo circunstancias muy excepcionales.
Y estas parecen haberse dado últimamente con excesiva y precipitada frecuencia, hasta el punto de que el gobierno ha echado mano de dicho fondo con nocturnidad y alevosía, con el objeto de pagar la última paga extra de los pensionistas, correspondiente a junio del presente año, con lo que el remanente que queda en esta singular hucha, cubriría la extra de diciembre, y las dos pagas extras del año 2017, momento en que la citada alcancía virtual, quedaría a cero, sin existencia alguna, lo que vislumbraría un oscuro futuro pleno de incertidumbre para los pensionistas que verían en peligro el cobro de sus pagas extra.
Llegados a este punto, nos vemos obligados a sacar a la luz un Fondo de pensiones ejemplar y sumamente efectivo que disfrutan en Noruega. Es el fondo de inversión más importante del mundo, propiedad del gobierno de Noruega y que cuenta en la actualidad con un patrimonio superior a los 400.000 millones de euros.
El fondo se creó en el año 1990 por el gobierno de Noruega con un objetivo bien claro: invertir todos los beneficios que el país obtenía de la extracción de petróleo (en Noruega la extracción de petróleo es controlada por grandes empresas cuya propiedad es el estado) en empresas de todo el mundo con el fin de poder mantener y pagar las futuras pensiones de sus ciudadanos.
El Fondo de Pensiones de Noruega, que invierte con criterios éticos, sociales y ambientales, participa en cerca de 700 compañías de todo el mundo, de las que unas 70 son españolas. La composición del fondo es ciertamente agresiva, el 60% de las inversiones del fondo son activos de renta variable (acciones de empresas), un 35% en renta fija (deuda soberana) y el 5% restante en bienes raíces (inmuebles). 
Noruega sólo toma cuatro por ciento de las ganancias del Fondo, mientras que enfoca su estrategia de país hacia la diversificación porque tienen algo muy claro en mente, “no tendremos por siempre petróleo”.
Un encomiable ejemplo para todos los países del mundo y para las sociedades más avanzadas, donde los pensionistas pugnan por asegurar su futuro, en ocasiones amenazado, como sucede en nuestro país. La Administración invita y recomienda con harta y pertinaz frecuencia a los ciudadanos, en el sentido de que suscriban planes de pensiones privados, para poder afrontar así con garantías un incierto futuro.
De nuevo, al cabo de tantos años, nos vemos en la necesidad de retomar aquella añorada hucha, a la que esperemos, no haya que recurrir con frecuencia.