jueves, 11 de febrero de 2021

AÑO DE NIEVES

Terminaba el lamentable año dos mil veinte, con las navidades a la vuelta de la esquina, que se enfrentaron con la seguridad de que las reuniones familiares provocarían un mar de nuevos contagios, y a las que este País tan costumbrista, tan aferrado a sus tradiciones, difícilmente sería capaz de renunciar, que pese al evidente riesgo que comportaban, una mayoría de ciudadanos no estaba dispuesto a dejar pasar sin su disfrute, aunque redujesen el número de comensales sentados a la mesa, a sabiendas de que ello podría resultar peligroso, confiando en que el bajo número de familiares redujesen el impacto de un riesgo que no obstante estaban dispuestos a asumir, sin un detenido y reflexionado examen de la situación que pocos decidieron llevar a cabo, eliminando toda reunión familiar durante las largas fiestas navideñas, dando prioridad absoluta a la salud sobre una tradición tan arraigada.

Tanto el gobierno central como los autonómicos, aunque recomendando limitar el número de personas que deberían reunirse, no se atrevieron a imponer medidas más restrictivas, que hubieran impedido la avalancha de contagios que sabían iban a ocasionar, permitiendo los contactos, aunque con un máximo de convivientes y allegados, pero sin restringir al máximo el toque de queda, que hubiera imposibilitado la mayoría de las reuniones familiares, ahorrándose así, el rechazo de la ciudadanía por una medida impopular que les habría restado apoyos a medio plazo cuando llegaran las oportunas elecciones.

Y así, con la sensación más o menos presente en la mente de las gentes, más o menos interiorizado por mucho que quisieran obviarlo, sabían que aquello tendría su precio, algo que no hubo que esperar demasiado tiempo, poco después de la entrada del nuevo año, cuando los casos se dispararon de forma incontrolada, con unas cifras insoportables de contagios y fallecimientos, que aunque estremecedores, quizás por esperadas y también porque ya nada nos espanta ante tanto dolor y que asumimos, esperando como siempre, tal cómo avanza el gobierno, como de costumbre, con total frialdad, la llegada al vértice máximo de la curva, mientras nos comunicaban unas sobrecogedoras cifras de casi tres mil muertos semanales, que ya apenas lograban impresionar a una población que parecía ajena tanto sufrimiento.

Y comenzó el nuevo año, con las luces navideñas a todo brillo iluminando las calles y plazas de la ciudad como todos los años, como siempre, sin una mínima concesión a la baja por parte de unos insensibles ayuntamientos que seguían sin reparar en gastos, con las gentes contemplándolas como si no pasara nada, como si las espantosas cifras diarias de decesos y los hospitales y las ucis a rebosar, no fueran algo que nos pudiera afectar, comprando compulsivamente, con las calles y centros comerciales llenos, a tope, con las mascarillas puestas, eso sí, como si este molesto aditamento pudiera por sí solo limpiar y eliminar los humores que la masa de gente que llenaba sus tiendas, pasillos y galerías, desprendían a su paso.

Pasaron por fin las fiestas, y mientras se esperaban con toda la frialdad del mundo las temidas cifras pronosticadas, que llegarían a manifestarse alrededor de dos semanas después de terminadas, las para muchos inevitables festividades navideñas, llegó la gran nevada, que los especialistas del tiempo habían avisado con una semana de antelación, y que la mayoría del País, quizás por el extraordinario énfasis que pusieron los meteorólogos en su anuncio, presagiaba una nevada de cincuenta centímetros de espesor, como no se conocía desde hacía cincuenta años, que duraría muchos días, y que vendría seguida de intensas heladas en casi todo el País, que escuchaba todo esto con sorpresa, sin mucha credibilidad, y, como siempre, sin prepararse adecuadamente, comenzando por el gobierno central, los comunitarios y los ayuntamientos, que como siempre actuaron tarde y mal, mientras los ciudadanos no daban crédito a lo que sus ojos contemplaban al abrir las ventanas de sus casas, y quedar admirados, sorprendidos y estupefactos, ante la visión de las calles que comenzaban a mostrar una capa de nieve, que ya se veía iba a cuajar poderosamente, como así sucedería, tal como habían advertido.

Durante treinta horas, una intensa y copiosa nevada cubrió todo el centro peninsular, alcanzando unos insospechados límites, que paralizaron medio País, y que no se conocían desde hace más de cuarenta años, cubriendo los campos y ciudades con un manto blanco que llegó a un espesor tal, que la nieve tardó en desaparecer por completo más de dos semanas, y que las posteriores heladas convirtieron las calles y carreteras en auténticas pistas de patinaje, que llenaron las vías de circulación de vehículos atascados, que tuvieron que abandonar en muchos casos, previo rescate de sus ocupantes, después de pasar multitud de penalidades, mientras los responsables gubernamentales y municipales, como siempre, actuaron tarde, pese a que los especialistas en el tiempo, avisaron con al menos, una semana de antelación a la citada gran nevada, con la que dio comienzo en esperado año dos mil veintiuno, que nos hiciera olvidar el lamentable año anterior.

Los inicios del nuevo año, como se vio con la nevada, no se caracterizaron por un cambio radical respecto al anterior, sino que al contrario, las cifras de la pandemia reflejaron las consecuencias de los excesos cometidos durante las pasadas fiestas, aunque el anuncio de la disponibilidad inmediata de las vacunas, aminoró en parte el desastre pandémico que se cernió de nuevo sobre una población devastada, en forma de tercera ola, con una estadística espantosa, que alcanzaba a estas alturas valores próximos a los ochenta mil muertes, pese a que los números oficiales se empeñan en rebajar esta cifra en más de veinte mil víctimas.

Comenzaron las vacunaciones, con un ritmo menor al esperado, permitiéndonos el lujo, cómo no, de vacunar de lunes a viernes, mientras que en el resto de Europa, se llevaba a cabo todos los días, con una velocidad muy superior, y utilizando espacios abiertos y de grandes dimensiones, desde pabellones deportivos a catedrales, mientras aquí, apenas utilizamos hospitales, medio colapsados por la pandemia, y centros de salud, con el mismo problema. Todo ello conduce a una situación, que unido al problema del pésimo suministro de vacunas por parte de las farmacéuticas, difícilmente lograremos conseguir los objetivos previsto de un mínimo del setenta por ciento de ciudadanos vacunados para el próximo verano.

La falta de unidad de acción contra la pandemia, que se ha convertido en una carrera a diecisiete velocidades, tantas como Comunidades tenemos, unido a los intereses políticos derivados de las elecciones catalanas, con un ministro de sanidad que en plena tercera ola ha dado el salto a ese escenario, está dando unos pésimos resultados, que nos colocan a la cola de Europa una vez más, con un pésimo espectáculo circense que lleva a cada Comunidad Autónoma a adoptar las medidas que considera oportunas.

Y todo ello, sin coordinación alguna entre ellas, mientras el gobierno mira hacia otro lado, evadiendo una responsabilidad que deposita en ellas, en un gesto que no es sino populismo puro y duro, en un afán de evitar tomar medidas que resultaran impopulares, con la correspondiente pérdida de apoyo popular, que nos lleva a lo de siempre en este País, a aquello de que inventen ellos, a ver quién le pone el cascabel al gato, así que no me miren, que yo no he sido.

Nada nuevo por lo tanto en un País indestructible, cómo quedó dicho hace más de un siglo por un relevante político alemán, y que, añadía, lleva intentándolo toda su historia, y no lo ha conseguido, aunque a este paso, todo podría suceder, ya que seguimos igual que hace siglos, con los mismos comportamientos desmesurados, anacrónicos, y carpetovetónicos, aptados a una modernidad, en la que no acabamos de entrar, pese al paso de los siglos, que apenas nos han hecho cambiar.

El último vestigio de esta circunstancia, el último capotazo hispano en este sentido, lo encontramos en la sentencia de un juez, que ha ordenado reabrir la hostelería en el País Vasco, alegando que los virólogos, que como el resto de sanitarios recomiendan lo contrario, no son más que médicos que han hecho un cursillo, algo que supone una falta total de respeto hacia ellos, cuando en Alemania, con diez veces menos incidencia de la pandemia, la hostelería permanece cerrada. Sin duda la España de charanga y pandereta, sigue, por desgracia, plena y desdichadamente vigente.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

UNA RECONOCIBLE ESPAÑA

En medio de una espantosa pandemia, que dejará su terrible rastro en las generaciones futuras con unas huellas indelebles que durarán decenios en forma de marcas de diversa índole, este inefable País, continúa su proceloso caminar, en medio del sufrimiento y del intento de sus gobernantes por alterar unas brutales cifras de víctimas, que no reconocen oficialmente, pero que diversos medios estadísticos, sanitarios, y de comunicación, establecen en veinte mil más de los dados a conocer, por lo que el número total a día de hoy se aproximan a los setenta mil, lo que sitúa a España, como uno de los primeros países del mundo, en términos relativos, en cuanto a número de muertos se refiere, causados por la epidemia, situándonos una vez más, en esos tristes lugares de negativo y aborrecible privilegio, a los que por desgracia, tan acostumbrados estamos.

Lo mismo sucede con la situación laboral, económica y social, a la que nos han arrastrado quienes tomaron las decisiones, tarde y mal, a la hora de enfrentar una epidemia que ya se había manifestado con toda su cruel y brutal fuerza destructiva en China e Italia, cuando incluso aquí ya se habían dado algunos casos, haciendo caso omiso de todos estos claros avisos, y de una organización mundial de la salud, que, con tiempo, avisó para adquirir material sanitario para enfrentar lo que se avecinaba, algo a lo que se hizo oídos sordos, con las consecuencias espantosas que tuvo para los sanitarios, que se vieron obligados a improvisar, y en la que perdieron la vida tal número de ellos, que una vez más, logramos un primer puesto en el mundo, esta vez en mortandad entre el personal médico, con la brutal consecuencia para los enfermos que colapsaron los hospitales.

Pero nadie, ninguna autoridad sanitaria, ha asumido responsabilidad alguna ante este demoledor desastre, que fue particularmente pavorosa en las residencias de ancianos, dónde no se tomaron las medidas oportunas para evitar un inasumible y estremecedor desastre, que ha causado un sobrecogedor dolor ante tanto sufrimiento por la muerte de decenas de miles de ancianos que se vieron desprotegidos y marginados ante la pasividad de unas autoridades sanitarias, que ahora, como en todo lo demás, evaden toda responsabilidad, que cuentan con el beneplácito de una justicia que ha rechazado las innumerables denuncias presentadas contra el ejecutivo por su irresponsable gestión de la pandemia, y que tan sólo las ha admitido en cuanto a la gestión de las residencias se refiere.

Nada nuevo, por desgracia, para los ciudadanos de un País demasiado acostumbrados ya a unos gobernantes irresponsables e indignos, que en medio de una desastrosa situación nacional, no piensan sino en eludir responsabilidades, tirándose los tratos a la cabeza  y culpándose unos a otros, mintiendo y falseando datos, hechos y circunstancias, en un bochornoso espectáculo que está consiguiendo que los ciudadanos odien y aborrezcan a semejantes individuos de todos los bandos, partidos y tendencias, que están consiguiendo el rechazo absoluto hacia unos políticos que están traicionando a todo un País.

Un estado que se constituye en una monarquía hereditaria, que como todas, está a años de luz de la modernidad propia del siglo XXI, anacronía absurda y fuera de lugar, con el agravante en nuestros País, de haber caído tan bajo, como para que el rey emérito haya salido por pies, huyendo de la que se le venía encima, al descubrirse sus vergüenzas, léase corruptelas, por fraude fiscal, al atesorar grandes cantidades de dinero en diversas cuentas en otros países, sin declarar aquí, y sin que el fisco español lo hubiese denunciado y perseguido.

Algo que ha tenido que sacar a la luz un periódico extranjero, para mayor sonrojo de un gobierno, que pese a las apariencias, siempre ha procurado la opacidad y falta de transparencia de una monarquía que juró los principios del fascista movimiento nacional del dictador, que fue quien lo designó para sucederle, algo profundamente vergonzante, pese a que lo refleje una constitución, que nos coló está circunstancia, sin habernos dado la oportunidad de decidir si aceptábamos semejante situación de una manera clara y rotunda sin ambages ni subterfugios de ningún tipo.

Descripción desalentadora de un País, que como dijo hace ya más de un siglo un político alemán, “España es un País indestructible, porque lleva toda su historia intentándolo, y no lo ha conseguido”. Nada nuevo por lo tanto. Ahí seguimos, ocupando los primeros lugares en las listas más negativas y reprobables en cuanto a avances sociales, científicos, económicos, sanitarios (y nos creíamos los reyes del mambo en este aspecto), y culturales se refiere.

Y eso que no hemos entrado a describir la “España de charanga y pandereta, devota de Frascuelo y de María” tal como dijo Antonio Machado de una España que ahora reconocería, pese a que en este terreno sí ostentamos, y con diferencia, el número uno en las listas de la vulgaridad y la chabacanería, sin que nadie pueda hacernos sombra. Pobre balance para un País que, pese al paso del tiempo, sigue siendo demasiado reconocible.

domingo, 6 de diciembre de 2020

UN AÑO DEPLORABLE

Felices nos las prometíamos, cuando esperanzados, con tiempo, y a futuro, deseábamos la llegada de este peculiar año, más por la singularidad de sus repetitivas cifras, que por otros motivos que alegar pudiéramos de una forma lógica y razonable, que difícilmente podríamos justificar, ya que, en cualquier caso, respondería única y exclusivamente a manías, obsesiones y extravagancias varias, que como tales, están muy lejos de una realidad objetivable y pretendidamente razonable, pero que son perfectamente entendibles, cuando de analizar las reacciones humanas se trata.

Acostumbramos los humanos, a analizar y encasillar períodos y épocas de nuestra vida, y más allá, de nuestra historia, calificándola no sólo por sus acontecimientos reales y sobresalientes, sino por las peculiaridades que de una u otra forma suelen presentar, y que nos dan pie a definirlos con muy pocas palabras que resuman la esencia de dichos tiempos, que reduciéndola a nuestra existencia, siendo ésta limitada, y cíclica, dónde la gran mayoría de nuestras vivencias se repiten una y otra vez, tendemos a definirlos, resumirlos y darles nombre, como si de entes vivos se tratara, algo que seguro llevamos a cabo con lo que hoy nos ocupa, que es la disección y análisis de este último año, tan peculiar e inolvidable para toda una Humanidad, que está sufriendo los espantosos golpes de una devastadora pandemia que afecta a todo el Planeta.

Deplorable año, sin duda, este dos mil veinte del que tanto esperábamos, veinte años después de dejar atrás el siglo veinte, con dos veintes consecutivos en su curiosa y repetitiva cifra, que lamentamos, luctuoso, triste y definitivamente lamentable, que como el diccionario define este último y expresivo término, “es digno de ser lamentado, que está muy desmejorado y maltrecho”, y que aunque queramos, jamás podremos olvidar, que nos ha cambiado la vida presente, y que sin lugar a dudas, nos va dejar tales huellas, que condicionarán nuestros futuro, tales han sido, y son, las traumáticas experiencias vividas, que han dejado un terrible rastro de dolor y sufrimiento.

No es por lo tanto un año para olvidar, sino todo lo contrario, un año para mantener en el recuerdo como uno de los peores vividos en nuestra existencia, con una influencia universal, de la que nadie ha podido escapar, con un enemigo invisible que ha llegado a todos los rincones y ha afectado de una u otra forma a toda la población mundial, cuyos efectos aún perviven, sin que sepamos a estas alturas, después de casi un año de sufrimiento, cuando ni cómo acabará, después de una pavorosa actividad, que deja ya más de un millón y medio de muertos, y un desastre económico y social como el Planeta no conocía desde hace casi cien años.

Particularmente lamentable el caso de nuestros País, dónde al comienzo de la pandemia, y después de seguir la evolución de China e Italia, el gobierno tardó en tomar medidas, permitiendo concentraciones masivas de toda índole, como las manifestaciones del día ocho de marzo, mítines, partidos de fútbol y otros acontecimientos de todo tipo, cuando ya se habían presentado casos en España, en un ejercicio de irresponsabilidad que no tiene explicación alguna, cuando ya se habían confinado cuarenta personas en Haro, precisamente un día antes de la manifestación del 8 M, algo que deja perplejo a cualquiera que conozca estos acontecimientos, y traten de entender cómo se pudo permitir ese y otros eventos, en los que participaron multitudes.

Si a todo esto se suma el sufrimiento de decenas de miles de personas cuyos familiares perdieron la vida por esta pandemia – a estas alturas son ya más de sesenta mil las víctimas en nuestro País – y el de los ciudadanos que han perdido su empleo, su negocio, y su estabilidad emocional, a causa del duro y estricto confinamiento que tuvimos que soportar el País entero, el espantoso balance de este siniestro año, es sencillamente estremecedor, imposible de olvidar, y que sin duda marcará nuestras vidas para siempre.

Un año lamentable y apocalíptico, que pese a todo, y a sus espeluznantes cifras negativas, parece que hemos llegado incluso a soportar estoicamente, algo que en realidad no es así, ya que si en apariencia vivimos el día a día como si no fuésemos conscientes de lo que estaba sucediendo, como si no fuera verdad lo que cada día nos machacan los medios de comunicación, en realidad estábamos tratando de evadirnos de tanto sufrimiento, de tanto espanto, que en cualquier caso, interiorizábamos en nuestro subconsciente, como una forma de aislarnos de unos hechos que nos dejarán una indeleble huella para el resto de nuestros días.


sábado, 28 de noviembre de 2020

EL ENSAYO GENERAL

La ciudad se despertó en medio de un silencio sepulcral, solamente interrumpido por el ulular de las sirenas de la policía y el ruido sordo y uniforme de las botas de los soldados golpeando pesadamente el duro y rugoso asfalto, tomando posiciones a las órdenes secas y vociferantes de los oficiales que repetían a voz en grito una y otra vez, mientras los coches de las fuerzas de orden público patrullaban arriba y abajo avenidas y plazas, y las tanquetas ligeras con su intimidante presencia, cerraban los diversos accesos hacia los edificios oficiales, girando sus torretas amenazantes con hostiles centinelas armados dispuestos a una acción armada inminente, dirigida contra un invisible enemigo que no se podía divisar por ningún lado.

Todo parecía indicar que sólo los sorprendidos y atemorizados ciudadanos podían ser los objetivos de semejante operativo que nadie había previsto, y para el que nadie encontraba explicación, mientras los pocos que se atrevían a salir a la calle, eran obligados a la fuerza a volver a sus casas, sin explicación alguna, con una violencia inusitada, que se resolvía en la detención inmediata de los pocos que se atrevían a desobedecer a la policía y a los militares que encañonándolos, los introducían a empellones en los camiones dispuestos al efecto.

Salvo pequeños disturbios que se resolvían de inmediato, nada ni nadie alteraba el estado de sitio al que parecía sometida la ciudad, cuyos habitantes, asomados tímidamente a sus ventanas, no podían dar crédito a lo que contemplaban sus ojos, mientras conectaban las radios y los televisores para conocer lo que les estaba pasando, como si desconfiasen de su vista, como si pensasen que todo era una pesadilla, que todo era un sueño, que aún no se habían despertado, que todo era fruto de una imaginación desbordante, de la que acabarían saliendo en cuanto volviesen a mirar a través de los cristales de las habitaciones de sus viviendas, algo que instintivamente llevaron a cabo, para contemplar las mismas increíbles escenas que acababan de ver instantes antes, y que los atemorizaba por su inusitada y feroz violencia.

Los medios de comunicación, confirmaron los peores presagios de los atemorizados ciudadanos, a los que se les ordenaba mantenerse en sus casas, bajo amenaza de detención por las fuerzas de orden público, que patrullaban las calles, avenidas y plazas de los pueblos y ciudades de todo el País, que asistía incrédulo a un intimidante espectáculo, para el que nadie encontraba explicación, aunque el temor a un golpe de estado, era lo primero que llegaba a sus inquietas e incrédulas mentes, que no obstante no parecía ser la razón, pues los antecedentes, y los últimos acontecimientos, no lo hacía plausible, aunque la situación actual, con el país ocupado por las fuerzas del orden, hacían pensar en que ello fuera posible.

Confinados en sus domicilios, asustados por una situación que los superaba, sin más explicación que las continuas consignas de no abandonar sus domicilios, con una tensión insoportable, los habitantes del País, se vieron sometidos a un encierro vigilado por una fuerza que actuaba sin contemplaciones, sin explicaciones de ningún tipo, y sin que el gobierno se manifestase en ningún sentido, como si no quisiera que se conociesen unas oscuras y siniestras intenciones, que nadie había previsto, y que resultaban inadmisibles, a la par que inquietantes y amenazantes para una ciudadanía que no daba crédito a tanta inseguridad y tanta dureza mostrada por sus gobernantes, tan alejados en estos momentos de un estado de derecho, de una democracia de la que hasta ahora afortunadamente habían disfrutado.

Amaneció el día siguiente con las calles desiertas, sin resto alguno del despliegue mostrado por las fuerzas de orden, sin explicación alguna por parte de un gobierno, que rehusó hablar con unos medios, que con todas las precauciones debidas, después de la demostración de fuerza exhibida, temerariamente osaron acercarse a la sede del ejecutivo, que se negó a atenderlos, y que tan solo les entregó una nota en la que se les instaba a informar a la población para que estuvieran pendientes de su televisor.

Esa misma tarde, un representante del gobierno, leyó un comunicado, con el que se instruía a los ciudadanos del País sobre cómo iba a ser su vida a partir de entonces, con rígidos confinamientos, restricción de las libertades públicas, de la movilidad, con estado de alarma permanente, y un severo toque de queda, a la par que se prohibían todo tipo de reuniones y manifestaciones, reduciéndose la vida al trabajo y a la estricta convivencia familiar, sin excepciones de ningún tipo, añadiendo que cualquier alteración de este estado de excepción, daría lugar a la puesta en marcha de la representación de la obra, cuyo ensayo general había tenido lugar el día anterior, y que el gobierno estaba dispuesto a poner en marcha por el bien de una ciudadanía que a partir de ese momento quedaba a cargo de aquellos, quienes pensarían y decidirían por ellos y por su bienestar.

Mientras tanto, una espantosa y mortal pandemia azotaba sin compasión una gran ciudad China, de dónde procedían las escasas noticias que de dicho acontecimiento se daban a conocer en los medios, que  al mismo tiempo apenas informaban de los rumores acerca de los contagios que habrían llegado a Europa, en concreto a Italia,  todo ello debido a la censura informativa existente a todos los niveles, que impedía conocer lo que en realidad estaba sucediendo en el Planeta, y sobre todo en el propio País, dónde el gran teatro del mundo se estaba escenificando en un último y definitivo ensayo de la obra, aún sin fecha definitiva , pero lista ya para su inminente estreno.


jueves, 19 de noviembre de 2020

LA SUPERIORIDAD MORAL

Definir algo tan abstracto como el término moral, no es ni fácil, ni asequible para cualquiera, sin consultar un medio de apoyo como puede ser un diccionario, una enciclopedia un texto especializado, un ensayo sobre el tema, o, más rápido y versátil en estos tiempos, el compendio de todo el saber, que lo es, posiblemente, ese prodigio del conocimiento que es Internet, que lo define como“disciplina filosófica que estudia el comportamiento humano en cuanto al bien y el mal”, o aquella que se sustancia como “conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad”.

Definiciones que, como todas, no son sino una declaración de intenciones elaboradas por determinadas personas, que a su vez se basan en otras, que previa la correspondiente consulta, elaboran el texto que consideran definitivo, y que no siempre satisface a todos, sobre todo, como en este caso, se trata de un término tan conceptual, tan inmaterial, tan inconcreto, susceptible de un cierto tratamiento subjetivo, que no favorece en absoluto su clara y absoluta percepción, sin posible lugar a duda alguna.

Leo un ensayo, que considero atrevido en extremo, excesivamente personal y radicalmente concebido, que asegura que “los de izquierdas son moralmente superiores a liberales, conservadores y democratacristianos porque sus ideas son la expresión más pura de la mejor forma de vida en sociedad, aquella donde no hay explotación ni dominación y los hombres y las mujeres son, como diría Rosa Luxemburgo, completamente iguales, humanamente diferentes, totalmente libres”.

Esto no deja indiferente a nadie, pues afirma categóricamente algo que no resiste un análisis profundo, no solamente sobre la acepción conceptual de la izquierda, sino sobre la ausencia de una objetividad desapasionada, que brilla por su ausencia en este texto, que no duda en calificar como “superior” la ideología de izquierdas, cuando semejante afirmación, deja serias dudas sobre la imparcialidad de semejante aserto, así como de su “moralidad”, que denota una soberbia personal, y una ausencia de sensibilidad, que desacredita a quién generaliza de semejante y altiva forma.

Nadie puede arrogarse la facultad de estar en posesión de la verdad, como meridianamente queda claro el intento mostrado en las rotundas afirmaciones que en dicho texto se vierten. Nadie está capacitado para apropiarse de una verdad que considera suya, única y excluyente, pues ello supone una concepción autoritaria y tiránica de una posición que por sí misma se desacredita por motivos obvios, porque no hay verdad suprema alguna, porque todo es relativo, y sobre todo, porque somos humanos, seres falibles y susceptibles de errar una y otra vez.

Por supuesto, el razonamiento exhibido sería el mismo en caso de invertirse los términos, es decir, afirmar la superioridad moral de la derecha - barbaridades sin cuento han cometido unos y otros a lo largo de la historia - ni de ningún otro caso similar, salvo de declarar la bondad humana como cualidad superior, de la que necesariamente dimanan otras íntimamente relacionadas con ella, y que nadie le negaría su alto valor humano, tan alejado de la soberbia y la tiránica arrogancia de quienes se creen infalibles, en posesión de la única y absoluta verdad.

Tanto la izquierda como la derecha han dado amplios y números ejemplos de no estar en posesión de verdad alguna, sino más bien todo lo contrario, como podemos contemplar ahora con un gobierno de coalición integrado por una izquierda moderada y otra radical, que están dando incontables muestras de comportamientos caudillistas, con una deriva autoritaria que está sorprendiendo a propios y extraños.
Tal ha sido su deriva, que mintiendo, falseando e imponiendo actitudes impropias de su supuesta ideología, desmienten absolutamente la susodicha afirmación de la superioridad moral de las izquierdas, cometiendo los mismos errores y desmanes que criticaban y censuraban a las derechas, siempre con el objetivo de mantenerse en el poder a toda costa, integrándose en la casta que antes denunciaban, haciéndolo de una forma vergonzante y ruin, cayendo en las mismas miserias que decían rechazar, y donde ahora parecen haber encontrado su confortable lugar.

Carl Sagan, eminente científico estadounidense, afirmaba que en la ciencia, la única verdad sagrada es que no hay verdad sagrada, en un rotundo y radical aserto, que es válido en el ámbito dónde él se desenvolvió, en el que solamente la demostración y la experimentación de los hechos demostrables tienen valor científico, algo que es en parte trasladable al tema que nos ocupa, en el sentido de que nadie posee la verdad absoluta, que todo es relativo, que tratar de apropiarse de la única verdad, arrogándose su exclusivo patente de corso, es además de una soberana insensatez, propio de majaderos y mentecatos, de cuya soberbia altanería y estúpido alarde, se ríen y burlan quienes tienen dos dedos de frente.

lunes, 9 de noviembre de 2020

LA DERIVA AUTORITARIA

Vivimos tiempos confusos, complicados, hasta el extremo de pasar desapercibidos determinados acontecimientos de diversa y amplia relevancia, ocultos tras la densa niebla que se ha extendido por el País desde hace suficiente tiempo como para no recordar si han tenido lugar hechos destacables, aparte de la omnipresente pandemia, que tan ocupados tiene a los medios de comunicación, y por ende, a toda una sociedad, que se acuesta, convive todo el día y se levanta, con las mismas y machaconas noticias, que a fuerza de repetirse, nos han convertido en asiduos y fieles consumidores de las mismas, como si de una adictiva serie pesadilla se tratara, cuyos contenidos nos impiden vislumbrar lo que está sucediendo en otros niveles, de los que en gran medida dependemos, y, que en definitiva, son los que se encargan de ponernos la venda que no deja pasar lo que no quieren que veamos.

Empeñados en retorcer el estado social y de derecho, este gobierno tan peculiar, tan jaula de grillos, tan parecido al camarote de los hermanos Marx, tan contradictorio, no ceja en meterse en nuevos y controvertidos jardines, ya sea para nombrar casi por decreto a los jueces, para lanzar continuos desafíos a la prensa o para decirnos cuáles son las verdades y dónde están, con la creación de un siniestro organismo que remeda al famoso Ministerio de la Verdad, de la novela 1984 de George Orwell, y que asusta y preocupa a quienes no pueden dejar de pensar que algo así pueda, no ya suceder, sino simplemente imaginar, y que nadie puede descartar, dada la reciente historia de Europa, y los tormentosos tiempos por los que ahora estamos pasando.

Algo que ha provocado la indignación de amplios sectores de un País, que contempla con estupor e incredulidad, una deriva autoritaria, impensable en una Unión Europea del siglo XXI, que creía estar curada de espanto, cuyos organismos han dado un serio toque de advertencia a nuestros gobernantes, por estos y otros motivos, que deberían enrojecer de vergüenza las caras de unos componentes del ejecutivo actual en el poder, que no parecen darse por aludidos, aunque al final suelen retractarse anulando dichos oscuros intentos, sin reconocer nada, como si no fuera con ellos, como si fueran auténticos especialistas en soltar la piedra y esconder la mano.

Tal es la desmesurada soberbia que los caracteriza, con un presidente al frente, que ha sido ya calificado por muchos como una persona sin escrúpulos, capaz de mentir, como ha hecho reiteradamente, con una Incalificable e increíble capacidad para falsear y manipular multitud de aseveraciones, afirmaciones y negaciones, que dichas hoy, trocará mañana en aquello que más le interese en cada momento, sin inmutarse lo más mínimo, que le ha hecho acreedor a un auténtico aprendiz de caudillo bolivariano, que escandaliza y ofende a tantos seguidores socialistas que no pueden dar carta de naturaleza a estos comportamientos, aunque no pueden evitar mostrar su rechazo, ante unos hechos que no ayudan ni a su partido, ni por supuesto, a este País, y a la democracia.

La vergonzante espantada del presidente del gobierno en la sesión dónde se trataba de la ampliación del estado de alarma a seis meses, de una trascendencia innegable, ha quedado como un desplante, un desprecio y una falta de respeto absoluta e imperdonable hacia el Congreso de los diputados, y por extensión a los ciudadanos de todo un País que contempla con estupor cómo este gobierno, junto con sus inefables compañeros de viaje, tanto de la coalición de gobierno, como los que le apoyan y mantienen desde la investidura, cada día se escora más hacia una deriva bolivariana, que nos deja perplejos a una mayoría de ciudadanos, que contemplan incrédulos, cómo los aires autoritarios se implantan en un ejecutivo, dónde prevalece la soberbia y los ramalazos dictatoriales y arbitrarios, que son impropios de un gobierno democrático.


sábado, 31 de octubre de 2020

JUGUETES ROTOS

No hace mucho tiempo, era harto complicado que en España, un científico español hablara abiertamente sobre los animales con los que se investigaba en laboratorio, mientras los abusos en prácticas experimentales en el pasado, la presión de los gru pmpos en defensa de los animales, y los ataques sufridos en algunas instalaciones en Europa obligaron a una política de puertas cerradas que no ha ayudado a su maltrecha reputación, ya que continúan dichas actividades en todo el mundo, pretextando que no hay otra solución para poder avanzar en el desarrollo de la ciencia en cuanto a las enfermedades se refiere, lo que repercute en la salud de los ciudadanos de todo el planeta.

Argumento difícil de rebatir, de oponerse a su incontestable contenido, de una lógica, en principio aplastante, a la que parece que nadie en su sano juicio puede oponerse, dado el hecho poderoso y radicalmente taxativo, que supone la defensa y mejora de la salud de las personas mediante una actividad que, aunque repugne por su metodología, que en definitiva incluye el maltrato de los animales utilizados en laboratorio, su finalidad es la de beneficiarnos mediante los resultados obtenidos a través de esos métodos, de cuya existencia somos plenamente conscientes, pero que tratamos, y en última instancia conseguimos olvidar, debido a nuestra mala conciencia.

 sin embargo, pocos esfuerzos llevamos a cabo para intentar encontrar alternativas a estas actuaciones científicas, cuyos métodos imaginamos, pero que desconocemos en sus más intrincadas y perversas manifestaciones a que dan lugar estos oscuros y siniestros modos de utilización de unos seres vivos sometidos a torturas, absolutamente indefensos ante el egoísmo de quienes van a beneficiarse de su dolor y sufrimiento, en un acto a todas luces reprobable y de dudosa legalidad, que desdichadamente no pueden reclamar, y que nosotros, los ególatras y narcisistas humanos, no se esfuerzan en denunciar.

Ante estos deplorables y malvados hechos, acostumbramos a cerrar los ojos y la insensible y perversa inteligencia, para no ver ni sentir lo que nos molesta, lo que nos incomoda, en un acto culpable de cinismo colectivo, de un siniestro e irresponsable modo de actuar, mediante un silencio interesado, que no obstante no podemos obviar ante la mala conciencia que nuestro subconsciente no nos permite mantener al margen de nuestras desagradecidas e interesadas vidas, que no dudamos hacer prevalecer tiránicamente, sobre las de los vulnerables y desvalidos animales, que denominamos irracionales, sin habernos detenido jamás a analizar tan despótica y brutal aseveración.

Y ahora, somos nosotros, los humanos, los auto denominados seres superiores, los que deciden sobre la vida de los seres inferiores, los animales, a los que nos permitirnos utilizar a nuestra entera conveniencia, los que, ahora, en esta devastadora pandemia, se sienten, nos sentimos, utilizados por nuestros semejantes, instalados en el poder de decidir sobre la vida y la hacienda de los demás, con las muchas y poderosas armas legales de diverso tipo, que se supone les hemos autorizado a utilizar contra nosotros mismos, apoyados por las fuerzas del orden, que no dudan en aplicar las medidas que ejecutan sin miramientos, en un ejercicio de autoridad inapelable e incontestable para los ciudadanos.

Ante esto, nada podemos oponer, salvo la frustración y la indignación más humillante, cuando de semejante demostración de fuerza somos víctimas, a cargo de aquellos que elegimos un día en votación libre y secreta, según nos aseguraron, y de cuyo sentido, hoy, sometidos, vigilados, y tratados como cobayas humanos, comenzamos a dudar, de una forma razonable, absolutamente detestable y rechazable,  mientras que la mayoría no se plantea cuestionar cuanto nos está pasando, ya que no discriminan, ni analizan, ni ponen en cuarentena las decisiones de las instancias oficiales, sino que las asimilan y admiten como buenas, como las mejores para nosotros, obedientes y serviles ciudadanos, que no se plantean las decisiones de los que ostentan el poder.

Sorprendidos e incrédulos, contemplamos cómo los políticos mercadean con nuestras vidas, sobre todo en estos complicados y adversos tiempos, cuando vivimos en un continuo sobresalto, atemorizados por una pandemia, que quienes tanto nos exigen, se sienten incapaces de contener, con errores iniciales, que por supuesto no admiten, y con continuos cambios de rumbo, confinándonos unas veces, limitando la movilidad otras, sectorizando ciudades a su antojo, perimetrando, cambiando horarios, con estados permanentes de alarma y toques de queda incluidos, prohibiendo e imponiendo en definitiva, el recorte y restricción de las libertades, mientras su señorías del gobierno y compañía llegan a acuerdos y desacuerdos, negociando sobre las vidas de nosotros, los ciudadanos, como si fuésemos simple y vulgar mercancía con la que jugar, como si  fuésemos figuras inanimadas, juguetes rotos, movidos en un gigantesco tablero de ajedrez.


domingo, 18 de octubre de 2020

UN NUEVO ORDEN

Han sido tantos los vaivenes que la humanidad ha experimentado a lo largo de su corta historia, que ya de nada nos sorprendemos cuando con frecuencia nos encontramos inmersos en uno de ellos, como en el presente, que de una forma brutal está afectando a todo el planeta, esta vez en forma de pandemia, que está consiguiendo cambios que jamás llegamos a soñar, no sólo en el orden social, económico y laboral, sino incluso en el político, que están dejando un patético rastro de devastación y sufrimiento, con un bagaje terrible en forma de víctimas mortales, así como de dolorosas secuelas en muchos de los que logran sobrevivir al misterioso y secreto enemigo, que en forma de virus, está azotando al mundo entero.

En el orden político, los cambios, apenas imperceptibles, no se aprecian en principio y a simple vista para quien sólo los visualiza cuando los tiene delante de sus ojos, cuando las evidencias son tales, queno se pueden ocultar, que son notorias y claras, hasta tal punto que nadie puede negarlas, por lo que su aceptación es innegable, y nada ni nadie puede oponerse a su material y cristalina materialización, algo que nada tiene que ver con una situación aparentemente normal, que esconde una realidad radicalmente opuesta, de la que no todo el mundo es consciente, y que disfrazada de una aparente normalidad, oculta unas intenciones siniestramente malévolas e ilegales, que se oponen sutilmente a un estado social y de derecho, tan cacareado por los protagonistas que pudieran estar incursos en estas consideraciones.

Hablamos de la democracia, del estado de bienestar al que todos aspiramos y tenemos derecho, dirigida por unos gobernantes que hemos elegido en unas elecciones libres y democráticas, en los que supuestamente confiamos, que pueden pertenecer o no a la opción que hemos elegido, y qrue en cualquier caso tienen la obligación y el alto deber de defender a todos los ciudadanos, algo que confiamos en que lleven a cabo, y de lo que solemos desentendernos una vez hemos depositado el voto en las pertinentes urnas, que decidirán en gran medida nuestro futuro.

Experiencias recientes en el tiempo, en una desconcertante Europa, nos mostraron el rostro terrible de una salvaje guerra en la antigua Yugoslavia, a finales del siglo XX, que tuvo dramáticas consecuencias, con una violencia brutal que conllevó una auténtica y despótica demostración de desprecio por los derechos humanos, mientras el resto del mundo miraba hacia otro lado, como ocurrió con la guerra de Chechenia, o la ocupación de la península de Crimea a cargo de Rusia, hace apenas seis años,todo ello en la Europa de las libertades, en los tiempos actuales, cuando ya nadie pensaba que tales soluciones violentas, dictatoriales, tiránicas y antidemocráticas, pudieran tener lugar en nuestro avanzado, democrático y confiado mundo.

Vivimos unos tiempos de desesperación, humillantes e inciertos, tiempos de hierro e indignación, provocados por un desastre absoluto en todos los órdenes, con la pandemia como origen de todos los males, que han dado la excusa suficiente, según ellos, para confinarnos una y otra vez, para encerrarnos en nuestros hogares, en nuestros barrios, en nuestras ciudades, en nuestro País, en una ceremonia de la confusión y el despotismo, tan sutil, que para las mentes pensantes que no se contentan con la verdad oficial, no les valen tales razonamientos, tan radicales, tiránicos y excesivos, que no satisfacen su deseo de saber, de conocer lo que en realidad está sucediendo.

Y es así, porque discriminan, porque ponen en cuarentena cuanto procede del omnímodo poder, ante lo que suena a sospechosa acción dictatorial y arbitraria, dado el hecho de que quienes ordenan tales limitaciones de los derechos ciudadanos, no aportan alternativa alguna, detentando el poder de una forma sutilmente brutal y sin ambages, pretextando que es lo mejor para unos ciudadanos tan afectados por una situación que está dejando unas huellas indelebles en todos los órdenes, en una población sometida ante las formas que sus gobernantes utilizan para obligarlos a seguir sus imperativos dictados, con la policía controlándolos, aplicando los innumerables medios coercitivos de que disponen, para hacerse respetar ante una ciudadanía que temerosa unas veces, e indignada otras, comienza a preguntarse si todo esto es verdad, si nos estarán mintiendo en cierta medida, o si se trata de una gigantesca y brutal confabulación, que afecta a la humanidad entera.

Nadie levanta la voz, sin embargo, ante este nuevo orden que parece estar fraguándose. Ni siquiera los intelectuales, se preguntan, con su innegable poder de influencia en la sociedad, si todo esto no obedece a oscuras y siniestras maniobras del poder. Tampoco los científicos y los sabios en la materia contradicen a los políticos, bien por miedo, bien por seguridad absoluta de lo que está pasando, de que todo tiene un origen natural, de que no es fruto de una maniobra provocada artificialmente para crear el estado de inquietud extrema en que vivimos con todas las terribles y dolorosas consecuencias que la humanidad está soportando.

Alguien, debe de saber algo, pero sin duda, no se nos va a trasladar a quienes somos objeto de tan siniestras maniobras, a quienes no nos queda más remedio que la obediencia obligada y servil, ante la que tan solo la resignación y la más firme indignación, puede aplacar nuestras profundas dudas, ante lo que nos está sucediendo, y que el alemán Martin Niemoller, plasmó en sus famosas reflexiones: “primero vinieron a por los comunistas, y no dije nada, porque yo no era comunista, luego vinieron a por los socialistas, y yo no dije nada, porque no era socialista, después vinieron a por los sindicalistas, y no dije nada porque yo no era sindicalista, luego vinieron a por los judíos, y no dije nada, porque yo no era judío, luego vinieron a por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada”.


jueves, 1 de octubre de 2020

CENTENARIO DE MIGUEL DELIBES

Entre tanta y tan vulgar mezquindad con la que convivimos en estos difíciles tiempos, con políticos ineptos y ruines, incapaces de hacer frente a las miserias de todo tipo que padecen los ciudadanos de nuestro País, surge el recuerdo centenario de la figura de un gigante de las letras, con la inteligencia, la sabiduría y la sensibilidad que a los antes citados les falta, con una arrolladora fuerza tal, que parece ahora tan vigente, fresco y actual, de un arte que manejó a la perfección, con una portentosa capacidad de atraer a todos los sectores pensantes, léase ávidos lectores, del  genio vallisoletano y universal de las letras españolas y del mundo, Miguel Delibes.

Cien años hará de su nacimiento en Valladolid, este mes de octubre, quién obtuviera los más altos galardones de las letras, entre las que figuran el premio Cervantes, el premio nacional de las letras, el premio Nadal, y el premio nacional de narrativa.  Académico de la Lengua, fue director del Norte de Castilla, dónde realizó una ingente labor, pese a los problemas que le causó la censura. Autor de una obra inmensa, tanto en narrativa como en ensayo, como en libros de viajes, relatos, libros de caza, es un autor por todos alabado, y sobre todo respetado, por su enorme capacidad para llegar a todas las sensibilidades posibles, y hacerlo de una manera culta, noble y digna, que a nadie pudiera ofender, salvo a quienes le reprochaban estar contra el progreso, algo que está fuera de toda realidad.

Fue un hombre que amaba la naturaleza, pese a sus detractores por el hecho de que fuera cazador, y que detestaba el consumismo voraz y absurdo que llevaba a las gentes a no reponer nada, sino a sustituir una y otra vez los bienes de consumo que podían ser reparados, y que de esta forma contribuían a una masificación brutal de residuos, que, como vemos ahora, contaminan una naturaleza, que él consideraba se estaba maltratando de esta forma, así como también mediante el continuo abandono de la misma por las masificadas e inhumanas ciudades, en detrimento del campo, de la vida rural que tanto amaba.

Se le acusaba de “alabar la aldea” y “censurar la corte”, cuando lo que preconizaba era la deshumanización y falsedad de la vida en la gran ciudad, algo por lo que lo tacharon de reaccionario, como cuando un protagonista de Camino, Daniel el mochuelo, renuncia a la gran urbe, para no convertirse en cómplice de un falso progreso, de esplendorosa apariencia, pero de una absoluta y necia insensatez. Decía Delibes, literalmente: “En los grandes centros urbanos, viven en gigantescas torres colmena, en donde viven apiñados perdiendo todo rasgo personalizador, de esta manera, las comunidades degeneran en unas masas amorfas, fácilmente controlables por el poder concentrado en unas pocas manos”.

Sorprendente y genial precursor del cuidado del medio ambiente, contrario al consumismo desaforado, a la par que visionario en sus predicciones sobre la sociedad de un futuro que aventuró y presagió su avanzado pensamiento, y que hoy en día vemos materializado, un sexenio después, y que en muchos casos refleja en su extensa obra, como en el caso del disputado voto del señor Cayo, dónde se lamenta de la destrucción de la cultura rural, creada a través de siglos, sustituida por la cultura industrial, que ha destrozado una cultura campesina sin alternativa alguna para una tradición de siglos, tal como él afirmó en su momento.

Hablar de su ingente obra necesitaría de un tratado aparte para poder hacerle justicia. Desde la sombra del ciprés es alargada, premio Nadal, hasta el Hereje pasando por la Hoja Roja, Las Ratas, cinco horas con Mario, Los Santos Inocentes, diario de un cazador, señora de rojo sobre fondo gris, y tantos otros títulos, que han hecho de Delibes un escritor accesible para el gran público, ameno y sencillo, siempre con un profundo, sensible y humano mensaje que se adivina tras su claro lenguaje, que trasciende los tiempos, y que se mantiene fresco, actual y vigente, como sólo los grandes escritores logran impregnar e incorporar a su obra.

martes, 29 de septiembre de 2020

LAS MALAS COMPAÑÍAS

Malos tiempos para los ciudadanos de este País, que no paran de sobresaltarse con nuevas y cada vez más desconcertantes noticias que tienen por frecuente y pertinaz origen al gobierno de una nación, que cual camarote de los hermanos Marx, como lo calificara el expresidente González, no ceja en sorprendernos día sí y día también, con sus continuos vaivenes, escarceos y resbalones, que casi siempre caen del mismo lado, léase compañeros de coalición, de alianzas varias, y de otros acuerdos puntuales, a los que tan acostumbrados están, y que a nadie dejan indiferente, dado el juego político que dan, así como en los medios de comunicación, tertulias y debates varios, que no obstante, nada suelen aclararnos entre tanta verborrea como derrochan.

En medio de una severa y nueva oleada de la pandemia, que nos ha erigido en los líderes europeos de nuevos casos, el gobierno está empeñado en hacer gestos continuos persistentes y variados hacia los compañeros de viaje que le han asistido hasta ahora en su viaje, y sin los cuales ni podría aprobar los presupuestos, salvo que recurra a Ciudadanos – algo que le niegan sus compañeros de coalición – ni podría seguir adelante en sus tareas de gobierno, cediendo en asuntos como el indulto a los secesionistas catalanes, la reprobación del rey - sin duda por la presión de los mismos –o la política de presos para satisfacer las demandas de los independentistas vascos.

Todo ello configura un panorama, que a nadie se le escapa, supone una dura y constante presión sobre un gobierno atrapado en las propias redes que ha ido tejiendo para poder mantenerse en una delicada, inestable y frágil mayoría, que le obliga continuamente a ceder en todo tipo de terrenos, que le convierten en rehén de unos grupos que le exigen cada día nuevas cesiones, que unidas a las que se ve obligado a conceder a sus inefables compañeros de coalición, cabe la duda de si dicho gobierno, representado por su ínclito presidente, es más víctima que verdugo, que en cualquier caso está dispuesto a continuar adelante, dada la seguridad y la firmeza con que lleva adelante sus firmes declaraciones y su labor de gobierno, a la que no está dispuesto a renunciar.

Mientras tanto, con la ola  pandemia galopante, en un país dónde la administración central y regional andan a la constante e irresponsable greña, la ciudadanía asiste indignada y sorprendida, cómo gobierno y oposición se tiran los trastos a la cabeza sin llegar a acuerdo alguno –léase la tan traída y mal llevada gobernanza - cada uno enrocado en su posición, sin que nadie tome una iniciativa rápida, tajante y efectiva, haciendo dejación de funciones los unos, y lavándose las manos los otros, mientras el país se desangra, social, anímica, económica y laboralmente hablando.

Pero al gobierno parecen preocuparle más sus problemas para mantenerse en el poder, sustentado por unos apoyos débiles y tambaleantes, que continuamente le exigen más concesiones, sabedores de la extrema flaqueza de un ejecutivo que se ve obligado a ceder en todas y cada una de sus pretensiones, mientras trata de contener a su socio de gobierno, que muy poco tiene de leal, tratando por todos los medios de dar la nota, y de presentar una buena imagen ante sus votantes, que ya llevan años abandonándolo, como ha ocurrido con la debacle en Galicia, dónde perdieron todos sus escaños y el país Vasco dónde cedieron la mitad, lo que lleva a pensar, que si saliesen del gobierno, quedarían reducidos casi a la nada, escenario que les conduce a extremar sus acciones dentro del gobierno, con una labor de autobombo, que cada vez queda más de manifiesto, y que sus socios no tienen más remedio que soportar.

Causa estupor, por lo tanto, que el gobierno siga empeñado en satisfacer las demandas de los nacionalistas catalanes con la famosa y denostada mesa de negociación, con los gestos acerca de los indultos, del rey y de otros varios que no hacen sino desviar la atención del principal problema que no es otro que el control de una pandemia y el desastre económico,  que siguen golpeando a una población que asiste incrédula a este espectáculo de abandono por parte de un gobierno, que no parece tener otro objetivo que mantenerse en el poder, así como su obstinada determinación de defender a unos impresentables socios de gobierno y a unos insaciables compañeros de viaje que lo mantienen en una posición tan inestable como desafortunada, que no parece tener otro objetivo que el de mantenerse a toda costa, algo que deja a los sufridos ciudadanos, expectantes, incrédulos e indignados, ante tanta dejadez y tanto abandono.