sábado, 24 de abril de 2021

JUANA Y LOS COMUNEROS

Este año del señor de dos mil y veintiuno, cuando justo han pasado quinientos años de la batalla de Villalar que dio fin a la rebelión popular de los Comuneros de Castilla, recordamos también aquel doce de octubre de 1504, en la villa de Medina del Campo, cuando la Señora Reyna Católica, Doña Isabel, dictó testamento, que en lo relativo a su hija Juana, rezaba, a grandes rasgos cómo sigue: “Otrosí, conformándose con lo que debo y soy obligada de derecho, ordeno y establezco e instituyo por universal heredera de todos mis Reynos, e Tierras, e Señoríos, e de todos mis bienes rayces, después de mis días, a la Ilustrísima Princesa Doña Juana, Archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña, mi muy cara, e muy amada hija, primogénita, heredera e sucesora legítima de los dichos mis Reynos e Tierras e Señoríos, la cual luego que Dios me llevare, se intitule Reyna”, al tiempo que entre otras disposiciones, añadía, que si Juana no estaba en sus reinos, ya que se encontraba en Flandes, no quería entender de su gobernación, nombraba al rey su señor, regente mientras su nieto, el infante Don Carlos, alcanzase la edad legítima para regir y gobernar.

De alguna forma, de este testamento parecen desprenderse las dudas que Juana despertaba en la reina, dado su carácter complicado y sus desequilibrios emocionales, que mostraba ya desde niña, acentuados en la madurez, unido al poco interés que denotaba en las tareas de gobierno, a la par que se aprecia la mano, sin duda, del rey Fernando, interesado en el reino de Castilla, algo que se manifiesta, cuando en las Cortes de Toro, afirma que uno de los motivos que le llevaron encargarse del gobierno de Castilla, es el hecho de que “la Reina, mucho antes de fallecer, conoció y supo de una enfermedad y pasión que sobrevino a la Reyna Doña Juana”, constituyendo esa declaración, la primera vez que, en un documento oficial, se reconocía la posible incapacidad de Juana para gobernar.

Pero la gran incógnita, aún no resuelta, y que posiblemente nunca conoceremos, es si realmente esta apreciación responde a la realidad, aspecto en el que los estudiosos no se ponen de acuerdo, salvo en el hecho de que tanto su esposo Felipe, como su padre el Rey, estaban interesados en relegarla del gobierno, e hicieron cuanto pudieron por evitar que Juana reinase, algo que se llevó a cabo, aunque Juana siempre ostentó el título de Reina hasta el final de sus días, habiendo compartido dicho título, de derecho, que no de hecho, con su hijo Carlos, que la mantuvo en Tordesillas, hasta su muerte en 1555, sometida a un vergonzante estado de prisionera, bajo el mando de quienes la mantuvieron cautiva, con unas estrictas, duras y crueles condiciones carcelarias dictadas por su hijo el rey, que apenas fue a verla en los largos cuarenta y seis años, desde 1509, que estuvo recluida con la sola compañía de su hija Catalina, que lo hizo, hasta que en 1525, casó con Juan III de Portugal.

Juana, pronunció ante la Santa Junta de los Comuneros de Castilla, reunida en Tordesillas en 1520, una frase, que revela su afable carácter, pese a la leyenda que le rodea, y que tantas dudas ha suscitado a lo largo de la historia: “Yo tengo mucho amor a todas las gentes y pesaríame mucho de cualquier daño o mal que hayan recibido”, aunque ella, nunca demostró excesivo interés en gobernar, salvo en concierto con su hijo, algo que parece ser que pretendió, y a lo que su hijo se negó, aunque nunca le discutió su título de Reina, que conservó hasta el final, pero sin efecto material alguno, y a la que dispensó un trato profundamente injusto e inhumano, llegando hasta el maltrato, instruyendo para ello a  sus crueles carceleros, los marqueses de Denia, y llegando hasta el extremo de robarle de sus aposentos numerosas joyas, oro, plata, libros y tapices, para que sirvieran como parte de la dote de Catalina.

En septiembre de 1520, los Comuneros Padilla, Bravo y Maldonado, rodilla en tierra fueron a liberar a su reina y rehacer las cortes del reino para luchar contra el absolutismo imperial de un rey, que además de usurpador, le consideraban extranjero, a lo que Juana respondió que “la junta hera buena y se daba por servida della, y vengan aquí, que yo huelgo dello y de comunycar con ellos lo que conviene a mis Reynos, y de lo bueno me placera, y de lo malo me pesara, y espero en Dios que lo hará todo bien”. Juana, no quiso enfrentarse a su hijo, y se negó a firmar el documento que le presentaron, dando así por finiquitado el movimiento Comunero, que la historia guarda celosamente en sus anales, como una lucha por la libertad, la opresión y la injusticia.

martes, 20 de abril de 2021

NO NOS MERECEMOS ESTO

Parece mentira, pero ha pasado ya más de un año del comienzo de esta brutal y agotadora pandemia, que está próxima a dejar un rastro de casi cien mil víctimas en nuestro País, y de tres millones en todo el mundo, con unas consecuencias espantosas de todo orden en la sociedad y la economía, con una población trastornada en gran medida por unos traumáticos cambios en su vida diaria, con pérdidas del trabajo en un alto porcentaje, de negocios arruinados, abocados al cierre, con mucha gente sufriendo anímicamente, por tanto dolor debido  no solamente a las pérdidas familiares, sino a las distancias creadas debido a los duros confinamientos, a las restricciones y limitaciones impuestas, al constante y machacón impacto de las mismas noticias cada hora de cada día de los casi quinientos transcurridos desde el comienzo de esta pesadilla.

Después de tanta crueldad cambiante en este interminable periodo de tiempo, contemplamos con desolación y rabia pese a la llegada de las vacunas, que es nuestra única esperanza, que los políticos, miserables ellos, durante todo este tiempo, entran en una nueva espiral egoísta y despreciable, con una guerra violenta, desigual y sin cuartel por captar los votos de unos ciudadanos que no dan crédito a lo que captan sus cinco sentidos, maltratados por las imprecaciones, los gritos, los odios y las malas formas de quienes dicen ser sus representantes y sus mejores valedores, siempre, como no, hasta que depositan su voto en las maltratadas urnas, para olvidarse después de ellos, y de cuanto les prometieron.

Nada nuevo, no obstante, a que no nos tuvieran acostumbrados estos bellacos, en una nueva ceremonia de la confusión, que vienen celebrando desde el principio de los tiempos, con el agravante y la alevosía de encontrarnos en unos momentos inmensamente delicados, que hacen aún más imperdonable la actuación de estos políticos ineptos, ambiciosos y soberbios, que tenemos la desdicha de soportar en este desafortunado País, que hace ya mucho tiempo no golpeaban de nuevo nuestros oídos y la sensibilidad de una población, que no sale de su asombro, y que comenta con indignación, que no hay parangón alguno entre estos malandrines que nos gobiernan, y los peores que habíamos soportado hasta ahora.

De tal calaña son los actuales, que no son capaces de aguantar una mínima comparación con los que tuvimos en el pasado inmediato, que aunque no resisten una exigente capacitación, quedan a mejor nivel que los actuales, incapaces de olvidarse de sus rencillas, odios y faltas de respeto que llevan a efecto incluso en sede parlamentaria, con intervenciones que no tienen más contenido que la ofensa, el insulto y la denigración del enemigo, que no del oponente político, pues tal es el concepto que de esta actividad tienen, siempre dirigida a su interés personal y de partido, olvidándose de los ciudadanos que se sienten olvidados y ninguneados por estos individuos, que no parecen sentirse vinculados ni responsables con el mandato recibido.

La absoluta descoordinación entre el gobierno central y el de las Comunidades, incapaces de ponerse de acuerdo en las restricciones a la movilidad, el estado de alerta, y hasta en el plan de vacunación, queda en continua evidencia antes los asombrados ciudadanos, ante los que no quieren tomar medidas radicales, aunque sean necesarias, que pudieran restarles votos, ante el temor a la impopularidad de dichas decisiones comprometidas, y menos ahora, con la lucha abierta y sin cuartel por el gobierno de la Comunidad de Madrid, dónde todo vale con tal de llegar al poder, con una disputada campaña, llena de insultos e improperios, que denotan una absoluta falta de respeto por el rival, al que no lo consideran como tal, sino como su enemigo.

Todo esto, desemboca en un espectáculo, que ciertamente, y para desdicha nuestra, no nos lo merecemos, pero a los que en definitiva, hemos elegido, erróneamente, como de todo esto se deduce, por lo que, nota debiéramos tomar de cada uno de ellos, a la hora de decidir un voto, que sin duda, no se merecen, como no nos merecemos esta pandemia que tantas vidas está destrozando, que se manifiesta, sobre todo, con absoluta y espantosa crueldad, en los países más atrasados de este proceloso mundo, en algunos de los cuales, ni siquiera han comenzado la vacunación, o apenas lo han hecho, cuando en el primer mundo llevamos varios meses llevándolo a cabo. Ellos, el mundo pobre, siempre condenado a la miseria, por encima de todo y de todos, no se merecen tanta desidia y tamaño abandono por parte del resto de este Planeta.

lunes, 15 de marzo de 2021

POLÍTICOS Y TABERNEROS

Cumplido un año desde el inicio del confinamiento, que no de la pandemia, que ya estaba instalada en España después de comenzar en China y de arrasar en Italia, sin que los poderes públicos se decidiesen a actuar, asistimos a un escenario terrible con noventa mil víctimas de hecho, aunque el gobierno se empecine en declarar veinte mil menos de forma oficial, con una incidencia aún considerable, casi cuatro millones de infectados y más de cien muertes diarias, que nos llevan a ocupar una posición penosamente privilegiada entre los diez primeros países del mundo, en una demostración más del triste espectáculo que este País ofrece al mundo cuando de ocupar puestos nada privilegiados se trata.

Mientras tanto, como si aquí no pasase nada, como si la economía no hubiera quedado devastada, la sociedad traumatizada, y el paro absolutamente disparado, por encima de los cuatro millones, los políticos siguen a lo suyo, con continuas y desesperantes peleas, que están logrando que la ciudadanía desprecie a esta ignominiosa especie que una vez elegidos no tiene otro objetivo que mantenerse a toda costa en su onerosa poltrona, utilizando los medios de comunicación, las redes sociales, y, sobre todo, y para sonrojo de la política y los políticos, el parlamento, dónde aprovechan su inmunidad a todos los niveles para insultarse olvidando a los ciudadanos que son los que los han elegido para que los representen y luchen por sus intereses, en lugar de por los propios personales y de partido.

Todo ello en medio de una situación sanitaria, económica y social espantosa, que está causando estragos en todos los sentidos en la población, que los contempla con asombro primero, indignación después, e indiferencia finalmente, pese a lo cual, en lugar de reaccionar en consecuencia, se enrocan en sus egoístas posiciones, con una actitud inexcusable de falta de empatía y de interés por mejorar las cosas, con cada una de las Comunidades dictando normas al margen de las demás, sin unidad de acción alguna, mientras el gobierno procura mantenerse al margen, dejando a cada región a su aire, para no complicarse, sin tomar medidas más drásticas que serían impopulares, que no serían rentables políticamente, pese a que serían necesarias para mejorar la situación sanitaria, que es lo primero por lo que deben velar los gobernantes.

Y así nos encontramos con gobiernos regionales que dan prioridad a la economía por encima de la salud, permitiendo horarios más amplios en el toque de queda, en la regulación de horarios de apertura y cierre de comercios y, sobre todo bares, restaurantes y, por encima de todo, las terrazas, que parecen tener prioridad absoluta en este País de taberneros, que parecen haberse convertido en elementos fundamentales para la supervivencia anímico económica de este País, sin las cuales fuese imposible la convivencia, algo que parece tener un punto de realidad, ya que suelen aparecer llenas, pese al evidente peligro de contagio por una falta de respeto hacia las normas de higiene y salud pública, que está originando multitud de denuncias, tanto a los taberneros como a los ciudadanos, muchas más a éstos que a aquellos, en un escenario que está dejando a este País, como un lugar chabacano y de charanga, ante el espectáculo que estamos dando.

Tanto es así, que jóvenes de otros países, atraídos por esta permisividad que en su país es inexistente, se están trasladando a ciudades como Madrid, con ofertas asumibles para ellos, en lo que ya se denomina turismo de borrachera, algo que debería avergonzarnos, pero que los políticos de esta Comunidad aplauden, alegando que hay que reactivar la actividad económica, aunque sea de esta detestable manera, poniendo en riesgo a la población, que sufre los efectos de estas devastadores masas que generalmente no respetan las normas, y a las que se les permite vagar por la ciudad con un solo y estúpido fin, que no es otro que beber en unos días, todo aquello que en su país no podrían consumir en mucho tiempo, ya que allí los bares están generalmente cerrados, o con horarios muy reducidos, que les imposibilitan correrse las juergas y borracheras que aquí pueden llevar a cabo, gracias a una permisividad absoluta y estúpidamente negligente.

Por si todo esto fuera tema  baladí, la inefable e impresentable presidenta de la Comunidad de Madrid, defensora a ultranza de los taberneros, restauradores, hoteleros y demás representantes de la omnipresente actividad turística nacional, aprovechando lo que ella considera su oportunidad para gobernar en solitario, ha convocado elecciones, pese a la pandemia, que sobre todo en Madrid, golpea aún con fuerza, ocupando uno de los primeros lugares del País, sin que ello haya supuesto obstáculo alguno a la hora de considerar esta inoportuna decisión en la delicada situación actual, que no debiera aconsejar semejante decisión, que no responde sino a un interés política y personal de quién preside el gobierno de Madrid, que ha visto cómo de inmediato, el también singular vicepresidente del gobierno, ha anunciado que va a dimitir en el ejecutivo, para presentar su candidatura a la presidencia de dicha Comunidad, con lo que la campaña electoral, va a dar mucho juego tanto a los medios como a los electores, que no se van a aburrir en absoluto, como suele ocurrir en estos casos, dada la altura grotesco política de estos dos contendientes.

Mientras tanto, el ritmo de vacunación, cómo no, sigue a un ritmo demasiado lento, con lo que la pretensión de tener vacunado a un mínimo del setenta por ciento de la población antes del verano, va a ser sumamente difícil, lo que va a suponer un obstáculo para que los dos especímenes más genuinos del tan cacareado parque nacional actual, léase políticos y taberneros, estén de permanente actualidad, aunque sea por motivos harto dispares, pero sobre todo, para una ciudadanía que necesita seguridad y tranquilidad después de tanto padecimiento y tanta paciencia como está demostrando a lo largo de todo un año desde que comenzó esta pesadilla, que sólo terminará cuando la vacunación alcance a toda la población de este sufrido País.

sábado, 6 de marzo de 2021

UN AÑO DESPUÉS

Un interminable año está a punto de transcurrir desde que comenzó en este País la alerta de una pandemia espantosa, que ya había causado miles de víctimas en China, y aquí al lado, en Italia, sin que nadie tomara unas medidas que ya muchos considerábamos urgentes, que nadie llegó a poner en práctica, pese a que los primeros casos ya se habían dado, permitiéndose todo tipo de reuniones de masas, ya fueran espectáculos deportivos, culturales o sociales, como la manifestación del 8 de marzo dónde una ingente masa de ciento veinte mil personas, conmemorando el Día Internacional de la mujer, ocasionó según cálculo de entonces, un diez por ciento de contagios, cuando el día anterior, día 7 de marzo, se habían confinado cuarenta personas en la ciudad riojana de Haro.

Aún habría de pasar una semana más, para que un negligente gobierno impusiera un estricto, tardío y necesario confinamiento, que duró tres duros y terribles meses, que dejó exhausto al país, sus ciudadanos, y una economía que quedó maltrecha y destrozada al cerrar rigurosamente toda actividad no esencial, dejando por el camino cientos de miles de desempleados, de pequeñas y medianas empresas, que al cabo de un año, ven como todo sigue prácticamente igual, mientras la ciudadanía, en un porcentaje muy elevado, sufre las negativas consecuencias del confinamiento y las restricciones de todo tipo que han ido sucediéndose durante todo este tiempo, sin que veamos fecha límite para el final de esta terrible y dramática historia, que ya dura un año, y que arroja una cifra de más de noventa mil víctimas, y tres millones de afectados.

Un año agobiante, que pesa enormemente en el ánimo de la gente, que ahora espera pacientemente la única esperanza que alberga, que no es otra que la vacuna, que avanza despacio, que llevará casi todo el año presente, pese a que ya se habla de salvar el verano, cuando apenas se han vacunado poco más del dos por ciento de la población, siendo necesario un setenta y cinco por ciento, para empezar a ver la luz, y comenzar a vislumbrar una salida a esta nefasta situación, que al cabo de un año, nos sigue obligando a guardar estrictas normas de seguridad, de higiene, y de distanciamiento social, que están dejando profundas marcas en un País, que ya va por la tercera ola de contagios, debido a desescaladas en exceso precipitadas, y que ya está pensando en las vacaciones de semana Santa, cuando aún tenemos una media de más de trescientas víctimas diarias y varios miles de contagios.

Mientras tanto, al margen de una unidad de acción Nacional, cada Comunidad se rige por sus propias normas, estableciendo sus horarios de toque de queda, la apertura de comercios, y, sobre todo, bares y terrazas, algo que parece fundamental en este País de charanga y pandereta, con restricciones por barrios, ciudades y pueblos, en un maremágnum múltiple y desigual, que confunde e indigna a unos ciudadanos, que no dan crédito a semejante descoordinación por parte de unos políticos, que en lugar de dar ejemplo, están más desacreditados que nunca, en una carrera que se han ganado a pulso, a base de indignar a la población con sus detestables, odiosos e ineptos comportamientos, que no tienen justificación alguna.

Nada parece ser igual que hace un año, cuando el mundo se nos vino abajo con un confinamiento brutal, con unas interminables y sucesivas limitaciones restrictivas que nos han sumido en un agobio anímico que está dejando en la gente un pesado rastro de pesimismo fatal y permanente, cuando de mirar hacia el futuro se trata, tanto desde una perspectiva vital inmediata, personal y laboral, como de una visión amplia del porvenir de una civilización humana que necesita cambios a todos los niveles para no vernos inmersos en nuevos desastres.

Catástrofes como la que sufrimos, que no sabemos aún cómo y cuándo terminará, y que en cualquier caso debería movernos a modificar tanto nuestro estilo actual de vida en sociedad, como el radical cambio en el cuidado de un Planeta que está dando muestras de cansancio y de protesta indignada, desde hace ya mucho tiempo, mientras nuestra respuesta no parece ser otra, que hacer oídos sordos a su clamor constante, que es algo muy propio de una especie humana, que parece dirigirse hacia su aniquilamiento programado desde la noche de los tiempos, hacia la que parece que nos dirigimos de nuevo, en un camino de vuelta, que no tendría posibilidad alguna de retroceso, si no rectificamos ya, de inmediato, cuando aún estamos a tiempo.

jueves, 11 de febrero de 2021

AÑO DE NIEVES

Terminaba el lamentable año dos mil veinte, con las navidades a la vuelta de la esquina, que se enfrentaron con la seguridad de que las reuniones familiares provocarían un mar de nuevos contagios, y a las que este País tan costumbrista, tan aferrado a sus tradiciones, difícilmente sería capaz de renunciar, que pese al evidente riesgo que comportaban, una mayoría de ciudadanos no estaba dispuesto a dejar pasar sin su disfrute, aunque redujesen el número de comensales sentados a la mesa, a sabiendas de que ello podría resultar peligroso, confiando en que el bajo número de familiares redujesen el impacto de un riesgo que no obstante estaban dispuestos a asumir, sin un detenido y reflexionado examen de la situación que pocos decidieron llevar a cabo, eliminando toda reunión familiar durante las largas fiestas navideñas, dando prioridad absoluta a la salud sobre una tradición tan arraigada.

Tanto el gobierno central como los autonómicos, aunque recomendando limitar el número de personas que deberían reunirse, no se atrevieron a imponer medidas más restrictivas, que hubieran impedido la avalancha de contagios que sabían iban a ocasionar, permitiendo los contactos, aunque con un máximo de convivientes y allegados, pero sin restringir al máximo el toque de queda, que hubiera imposibilitado la mayoría de las reuniones familiares, ahorrándose así, el rechazo de la ciudadanía por una medida impopular que les habría restado apoyos a medio plazo cuando llegaran las oportunas elecciones.

Y así, con la sensación más o menos presente en la mente de las gentes, más o menos interiorizado por mucho que quisieran obviarlo, sabían que aquello tendría su precio, algo que no hubo que esperar demasiado tiempo, poco después de la entrada del nuevo año, cuando los casos se dispararon de forma incontrolada, con unas cifras insoportables de contagios y fallecimientos, que aunque estremecedores, quizás por esperadas y también porque ya nada nos espanta ante tanto dolor y que asumimos, esperando como siempre, tal cómo avanza el gobierno, como de costumbre, con total frialdad, la llegada al vértice máximo de la curva, mientras nos comunicaban unas sobrecogedoras cifras de casi tres mil muertos semanales, que ya apenas lograban impresionar a una población que parecía ajena tanto sufrimiento.

Y comenzó el nuevo año, con las luces navideñas a todo brillo iluminando las calles y plazas de la ciudad como todos los años, como siempre, sin una mínima concesión a la baja por parte de unos insensibles ayuntamientos que seguían sin reparar en gastos, con las gentes contemplándolas como si no pasara nada, como si las espantosas cifras diarias de decesos y los hospitales y las ucis a rebosar, no fueran algo que nos pudiera afectar, comprando compulsivamente, con las calles y centros comerciales llenos, a tope, con las mascarillas puestas, eso sí, como si este molesto aditamento pudiera por sí solo limpiar y eliminar los humores que la masa de gente que llenaba sus tiendas, pasillos y galerías, desprendían a su paso.

Pasaron por fin las fiestas, y mientras se esperaban con toda la frialdad del mundo las temidas cifras pronosticadas, que llegarían a manifestarse alrededor de dos semanas después de terminadas, las para muchos inevitables festividades navideñas, llegó la gran nevada, que los especialistas del tiempo habían avisado con una semana de antelación, y que la mayoría del País, quizás por el extraordinario énfasis que pusieron los meteorólogos en su anuncio, presagiaba una nevada de cincuenta centímetros de espesor, como no se conocía desde hacía cincuenta años, que duraría muchos días, y que vendría seguida de intensas heladas en casi todo el País, que escuchaba todo esto con sorpresa, sin mucha credibilidad, y, como siempre, sin prepararse adecuadamente, comenzando por el gobierno central, los comunitarios y los ayuntamientos, que como siempre actuaron tarde y mal, mientras los ciudadanos no daban crédito a lo que sus ojos contemplaban al abrir las ventanas de sus casas, y quedar admirados, sorprendidos y estupefactos, ante la visión de las calles que comenzaban a mostrar una capa de nieve, que ya se veía iba a cuajar poderosamente, como así sucedería, tal como habían advertido.

Durante treinta horas, una intensa y copiosa nevada cubrió todo el centro peninsular, alcanzando unos insospechados límites, que paralizaron medio País, y que no se conocían desde hace más de cuarenta años, cubriendo los campos y ciudades con un manto blanco que llegó a un espesor tal, que la nieve tardó en desaparecer por completo más de dos semanas, y que las posteriores heladas convirtieron las calles y carreteras en auténticas pistas de patinaje, que llenaron las vías de circulación de vehículos atascados, que tuvieron que abandonar en muchos casos, previo rescate de sus ocupantes, después de pasar multitud de penalidades, mientras los responsables gubernamentales y municipales, como siempre, actuaron tarde, pese a que los especialistas en el tiempo, avisaron con al menos, una semana de antelación a la citada gran nevada, con la que dio comienzo en esperado año dos mil veintiuno, que nos hiciera olvidar el lamentable año anterior.

Los inicios del nuevo año, como se vio con la nevada, no se caracterizaron por un cambio radical respecto al anterior, sino que al contrario, las cifras de la pandemia reflejaron las consecuencias de los excesos cometidos durante las pasadas fiestas, aunque el anuncio de la disponibilidad inmediata de las vacunas, aminoró en parte el desastre pandémico que se cernió de nuevo sobre una población devastada, en forma de tercera ola, con una estadística espantosa, que alcanzaba a estas alturas valores próximos a los ochenta mil muertes, pese a que los números oficiales se empeñan en rebajar esta cifra en más de veinte mil víctimas.

Comenzaron las vacunaciones, con un ritmo menor al esperado, permitiéndonos el lujo, cómo no, de vacunar de lunes a viernes, mientras que en el resto de Europa, se llevaba a cabo todos los días, con una velocidad muy superior, y utilizando espacios abiertos y de grandes dimensiones, desde pabellones deportivos a catedrales, mientras aquí, apenas utilizamos hospitales, medio colapsados por la pandemia, y centros de salud, con el mismo problema. Todo ello conduce a una situación, que unido al problema del pésimo suministro de vacunas por parte de las farmacéuticas, difícilmente lograremos conseguir los objetivos previsto de un mínimo del setenta por ciento de ciudadanos vacunados para el próximo verano.

La falta de unidad de acción contra la pandemia, que se ha convertido en una carrera a diecisiete velocidades, tantas como Comunidades tenemos, unido a los intereses políticos derivados de las elecciones catalanas, con un ministro de sanidad que en plena tercera ola ha dado el salto a ese escenario, está dando unos pésimos resultados, que nos colocan a la cola de Europa una vez más, con un pésimo espectáculo circense que lleva a cada Comunidad Autónoma a adoptar las medidas que considera oportunas.

Y todo ello, sin coordinación alguna entre ellas, mientras el gobierno mira hacia otro lado, evadiendo una responsabilidad que deposita en ellas, en un gesto que no es sino populismo puro y duro, en un afán de evitar tomar medidas que resultaran impopulares, con la correspondiente pérdida de apoyo popular, que nos lleva a lo de siempre en este País, a aquello de que inventen ellos, a ver quién le pone el cascabel al gato, así que no me miren, que yo no he sido.

Nada nuevo por lo tanto en un País indestructible, cómo quedó dicho hace más de un siglo por un relevante político alemán, y que, añadía, lleva intentándolo toda su historia, y no lo ha conseguido, aunque a este paso, todo podría suceder, ya que seguimos igual que hace siglos, con los mismos comportamientos desmesurados, anacrónicos, y carpetovetónicos, aptados a una modernidad, en la que no acabamos de entrar, pese al paso de los siglos, que apenas nos han hecho cambiar.

El último vestigio de esta circunstancia, el último capotazo hispano en este sentido, lo encontramos en la sentencia de un juez, que ha ordenado reabrir la hostelería en el País Vasco, alegando que los virólogos, que como el resto de sanitarios recomiendan lo contrario, no son más que médicos que han hecho un cursillo, algo que supone una falta total de respeto hacia ellos, cuando en Alemania, con diez veces menos incidencia de la pandemia, la hostelería permanece cerrada. Sin duda la España de charanga y pandereta, sigue, por desgracia, plena y desdichadamente vigente.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

UNA RECONOCIBLE ESPAÑA

En medio de una espantosa pandemia, que dejará su terrible rastro en las generaciones futuras con unas huellas indelebles que durarán decenios en forma de marcas de diversa índole, este inefable País, continúa su proceloso caminar, en medio del sufrimiento y del intento de sus gobernantes por alterar unas brutales cifras de víctimas, que no reconocen oficialmente, pero que diversos medios estadísticos, sanitarios, y de comunicación, establecen en veinte mil más de los dados a conocer, por lo que el número total a día de hoy se aproximan a los setenta mil, lo que sitúa a España, como uno de los primeros países del mundo, en términos relativos, en cuanto a número de muertos se refiere, causados por la epidemia, situándonos una vez más, en esos tristes lugares de negativo y aborrecible privilegio, a los que por desgracia, tan acostumbrados estamos.

Lo mismo sucede con la situación laboral, económica y social, a la que nos han arrastrado quienes tomaron las decisiones, tarde y mal, a la hora de enfrentar una epidemia que ya se había manifestado con toda su cruel y brutal fuerza destructiva en China e Italia, cuando incluso aquí ya se habían dado algunos casos, haciendo caso omiso de todos estos claros avisos, y de una organización mundial de la salud, que, con tiempo, avisó para adquirir material sanitario para enfrentar lo que se avecinaba, algo a lo que se hizo oídos sordos, con las consecuencias espantosas que tuvo para los sanitarios, que se vieron obligados a improvisar, y en la que perdieron la vida tal número de ellos, que una vez más, logramos un primer puesto en el mundo, esta vez en mortandad entre el personal médico, con la brutal consecuencia para los enfermos que colapsaron los hospitales.

Pero nadie, ninguna autoridad sanitaria, ha asumido responsabilidad alguna ante este demoledor desastre, que fue particularmente pavorosa en las residencias de ancianos, dónde no se tomaron las medidas oportunas para evitar un inasumible y estremecedor desastre, que ha causado un sobrecogedor dolor ante tanto sufrimiento por la muerte de decenas de miles de ancianos que se vieron desprotegidos y marginados ante la pasividad de unas autoridades sanitarias, que ahora, como en todo lo demás, evaden toda responsabilidad, que cuentan con el beneplácito de una justicia que ha rechazado las innumerables denuncias presentadas contra el ejecutivo por su irresponsable gestión de la pandemia, y que tan sólo las ha admitido en cuanto a la gestión de las residencias se refiere.

Nada nuevo, por desgracia, para los ciudadanos de un País demasiado acostumbrados ya a unos gobernantes irresponsables e indignos, que en medio de una desastrosa situación nacional, no piensan sino en eludir responsabilidades, tirándose los tratos a la cabeza  y culpándose unos a otros, mintiendo y falseando datos, hechos y circunstancias, en un bochornoso espectáculo que está consiguiendo que los ciudadanos odien y aborrezcan a semejantes individuos de todos los bandos, partidos y tendencias, que están consiguiendo el rechazo absoluto hacia unos políticos que están traicionando a todo un País.

Un estado que se constituye en una monarquía hereditaria, que como todas, está a años de luz de la modernidad propia del siglo XXI, anacronía absurda y fuera de lugar, con el agravante en nuestros País, de haber caído tan bajo, como para que el rey emérito haya salido por pies, huyendo de la que se le venía encima, al descubrirse sus vergüenzas, léase corruptelas, por fraude fiscal, al atesorar grandes cantidades de dinero en diversas cuentas en otros países, sin declarar aquí, y sin que el fisco español lo hubiese denunciado y perseguido.

Algo que ha tenido que sacar a la luz un periódico extranjero, para mayor sonrojo de un gobierno, que pese a las apariencias, siempre ha procurado la opacidad y falta de transparencia de una monarquía que juró los principios del fascista movimiento nacional del dictador, que fue quien lo designó para sucederle, algo profundamente vergonzante, pese a que lo refleje una constitución, que nos coló está circunstancia, sin habernos dado la oportunidad de decidir si aceptábamos semejante situación de una manera clara y rotunda sin ambages ni subterfugios de ningún tipo.

Descripción desalentadora de un País, que como dijo hace ya más de un siglo un político alemán, “España es un País indestructible, porque lleva toda su historia intentándolo, y no lo ha conseguido”. Nada nuevo por lo tanto. Ahí seguimos, ocupando los primeros lugares en las listas más negativas y reprobables en cuanto a avances sociales, científicos, económicos, sanitarios (y nos creíamos los reyes del mambo en este aspecto), y culturales se refiere.

Y eso que no hemos entrado a describir la “España de charanga y pandereta, devota de Frascuelo y de María” tal como dijo Antonio Machado de una España que ahora reconocería, pese a que en este terreno sí ostentamos, y con diferencia, el número uno en las listas de la vulgaridad y la chabacanería, sin que nadie pueda hacernos sombra. Pobre balance para un País que, pese al paso del tiempo, sigue siendo demasiado reconocible.

domingo, 6 de diciembre de 2020

UN AÑO DEPLORABLE

Felices nos las prometíamos, cuando esperanzados, con tiempo, y a futuro, deseábamos la llegada de este peculiar año, más por la singularidad de sus repetitivas cifras, que por otros motivos que alegar pudiéramos de una forma lógica y razonable, que difícilmente podríamos justificar, ya que, en cualquier caso, respondería única y exclusivamente a manías, obsesiones y extravagancias varias, que como tales, están muy lejos de una realidad objetivable y pretendidamente razonable, pero que son perfectamente entendibles, cuando de analizar las reacciones humanas se trata.

Acostumbramos los humanos, a analizar y encasillar períodos y épocas de nuestra vida, y más allá, de nuestra historia, calificándola no sólo por sus acontecimientos reales y sobresalientes, sino por las peculiaridades que de una u otra forma suelen presentar, y que nos dan pie a definirlos con muy pocas palabras que resuman la esencia de dichos tiempos, que reduciéndola a nuestra existencia, siendo ésta limitada, y cíclica, dónde la gran mayoría de nuestras vivencias se repiten una y otra vez, tendemos a definirlos, resumirlos y darles nombre, como si de entes vivos se tratara, algo que seguro llevamos a cabo con lo que hoy nos ocupa, que es la disección y análisis de este último año, tan peculiar e inolvidable para toda una Humanidad, que está sufriendo los espantosos golpes de una devastadora pandemia que afecta a todo el Planeta.

Deplorable año, sin duda, este dos mil veinte del que tanto esperábamos, veinte años después de dejar atrás el siglo veinte, con dos veintes consecutivos en su curiosa y repetitiva cifra, que lamentamos, luctuoso, triste y definitivamente lamentable, que como el diccionario define este último y expresivo término, “es digno de ser lamentado, que está muy desmejorado y maltrecho”, y que aunque queramos, jamás podremos olvidar, que nos ha cambiado la vida presente, y que sin lugar a dudas, nos va dejar tales huellas, que condicionarán nuestros futuro, tales han sido, y son, las traumáticas experiencias vividas, que han dejado un terrible rastro de dolor y sufrimiento.

No es por lo tanto un año para olvidar, sino todo lo contrario, un año para mantener en el recuerdo como uno de los peores vividos en nuestra existencia, con una influencia universal, de la que nadie ha podido escapar, con un enemigo invisible que ha llegado a todos los rincones y ha afectado de una u otra forma a toda la población mundial, cuyos efectos aún perviven, sin que sepamos a estas alturas, después de casi un año de sufrimiento, cuando ni cómo acabará, después de una pavorosa actividad, que deja ya más de un millón y medio de muertos, y un desastre económico y social como el Planeta no conocía desde hace casi cien años.

Particularmente lamentable el caso de nuestros País, dónde al comienzo de la pandemia, y después de seguir la evolución de China e Italia, el gobierno tardó en tomar medidas, permitiendo concentraciones masivas de toda índole, como las manifestaciones del día ocho de marzo, mítines, partidos de fútbol y otros acontecimientos de todo tipo, cuando ya se habían presentado casos en España, en un ejercicio de irresponsabilidad que no tiene explicación alguna, cuando ya se habían confinado cuarenta personas en Haro, precisamente un día antes de la manifestación del 8 M, algo que deja perplejo a cualquiera que conozca estos acontecimientos, y traten de entender cómo se pudo permitir ese y otros eventos, en los que participaron multitudes.

Si a todo esto se suma el sufrimiento de decenas de miles de personas cuyos familiares perdieron la vida por esta pandemia – a estas alturas son ya más de sesenta mil las víctimas en nuestro País – y el de los ciudadanos que han perdido su empleo, su negocio, y su estabilidad emocional, a causa del duro y estricto confinamiento que tuvimos que soportar el País entero, el espantoso balance de este siniestro año, es sencillamente estremecedor, imposible de olvidar, y que sin duda marcará nuestras vidas para siempre.

Un año lamentable y apocalíptico, que pese a todo, y a sus espeluznantes cifras negativas, parece que hemos llegado incluso a soportar estoicamente, algo que en realidad no es así, ya que si en apariencia vivimos el día a día como si no fuésemos conscientes de lo que estaba sucediendo, como si no fuera verdad lo que cada día nos machacan los medios de comunicación, en realidad estábamos tratando de evadirnos de tanto sufrimiento, de tanto espanto, que en cualquier caso, interiorizábamos en nuestro subconsciente, como una forma de aislarnos de unos hechos que nos dejarán una indeleble huella para el resto de nuestros días.


sábado, 28 de noviembre de 2020

EL ENSAYO GENERAL

La ciudad se despertó en medio de un silencio sepulcral, solamente interrumpido por el ulular de las sirenas de la policía y el ruido sordo y uniforme de las botas de los soldados golpeando pesadamente el duro y rugoso asfalto, tomando posiciones a las órdenes secas y vociferantes de los oficiales que repetían a voz en grito una y otra vez, mientras los coches de las fuerzas de orden público patrullaban arriba y abajo avenidas y plazas, y las tanquetas ligeras con su intimidante presencia, cerraban los diversos accesos hacia los edificios oficiales, girando sus torretas amenazantes con hostiles centinelas armados dispuestos a una acción armada inminente, dirigida contra un invisible enemigo que no se podía divisar por ningún lado.

Todo parecía indicar que sólo los sorprendidos y atemorizados ciudadanos podían ser los objetivos de semejante operativo que nadie había previsto, y para el que nadie encontraba explicación, mientras los pocos que se atrevían a salir a la calle, eran obligados a la fuerza a volver a sus casas, sin explicación alguna, con una violencia inusitada, que se resolvía en la detención inmediata de los pocos que se atrevían a desobedecer a la policía y a los militares que encañonándolos, los introducían a empellones en los camiones dispuestos al efecto.

Salvo pequeños disturbios que se resolvían de inmediato, nada ni nadie alteraba el estado de sitio al que parecía sometida la ciudad, cuyos habitantes, asomados tímidamente a sus ventanas, no podían dar crédito a lo que contemplaban sus ojos, mientras conectaban las radios y los televisores para conocer lo que les estaba pasando, como si desconfiasen de su vista, como si pensasen que todo era una pesadilla, que todo era un sueño, que aún no se habían despertado, que todo era fruto de una imaginación desbordante, de la que acabarían saliendo en cuanto volviesen a mirar a través de los cristales de las habitaciones de sus viviendas, algo que instintivamente llevaron a cabo, para contemplar las mismas increíbles escenas que acababan de ver instantes antes, y que los atemorizaba por su inusitada y feroz violencia.

Los medios de comunicación, confirmaron los peores presagios de los atemorizados ciudadanos, a los que se les ordenaba mantenerse en sus casas, bajo amenaza de detención por las fuerzas de orden público, que patrullaban las calles, avenidas y plazas de los pueblos y ciudades de todo el País, que asistía incrédulo a un intimidante espectáculo, para el que nadie encontraba explicación, aunque el temor a un golpe de estado, era lo primero que llegaba a sus inquietas e incrédulas mentes, que no obstante no parecía ser la razón, pues los antecedentes, y los últimos acontecimientos, no lo hacía plausible, aunque la situación actual, con el país ocupado por las fuerzas del orden, hacían pensar en que ello fuera posible.

Confinados en sus domicilios, asustados por una situación que los superaba, sin más explicación que las continuas consignas de no abandonar sus domicilios, con una tensión insoportable, los habitantes del País, se vieron sometidos a un encierro vigilado por una fuerza que actuaba sin contemplaciones, sin explicaciones de ningún tipo, y sin que el gobierno se manifestase en ningún sentido, como si no quisiera que se conociesen unas oscuras y siniestras intenciones, que nadie había previsto, y que resultaban inadmisibles, a la par que inquietantes y amenazantes para una ciudadanía que no daba crédito a tanta inseguridad y tanta dureza mostrada por sus gobernantes, tan alejados en estos momentos de un estado de derecho, de una democracia de la que hasta ahora afortunadamente habían disfrutado.

Amaneció el día siguiente con las calles desiertas, sin resto alguno del despliegue mostrado por las fuerzas de orden, sin explicación alguna por parte de un gobierno, que rehusó hablar con unos medios, que con todas las precauciones debidas, después de la demostración de fuerza exhibida, temerariamente osaron acercarse a la sede del ejecutivo, que se negó a atenderlos, y que tan solo les entregó una nota en la que se les instaba a informar a la población para que estuvieran pendientes de su televisor.

Esa misma tarde, un representante del gobierno, leyó un comunicado, con el que se instruía a los ciudadanos del País sobre cómo iba a ser su vida a partir de entonces, con rígidos confinamientos, restricción de las libertades públicas, de la movilidad, con estado de alarma permanente, y un severo toque de queda, a la par que se prohibían todo tipo de reuniones y manifestaciones, reduciéndose la vida al trabajo y a la estricta convivencia familiar, sin excepciones de ningún tipo, añadiendo que cualquier alteración de este estado de excepción, daría lugar a la puesta en marcha de la representación de la obra, cuyo ensayo general había tenido lugar el día anterior, y que el gobierno estaba dispuesto a poner en marcha por el bien de una ciudadanía que a partir de ese momento quedaba a cargo de aquellos, quienes pensarían y decidirían por ellos y por su bienestar.

Mientras tanto, una espantosa y mortal pandemia azotaba sin compasión una gran ciudad China, de dónde procedían las escasas noticias que de dicho acontecimiento se daban a conocer en los medios, que  al mismo tiempo apenas informaban de los rumores acerca de los contagios que habrían llegado a Europa, en concreto a Italia,  todo ello debido a la censura informativa existente a todos los niveles, que impedía conocer lo que en realidad estaba sucediendo en el Planeta, y sobre todo en el propio País, dónde el gran teatro del mundo se estaba escenificando en un último y definitivo ensayo de la obra, aún sin fecha definitiva , pero lista ya para su inminente estreno.


jueves, 19 de noviembre de 2020

LA SUPERIORIDAD MORAL

Definir algo tan abstracto como el término moral, no es ni fácil, ni asequible para cualquiera, sin consultar un medio de apoyo como puede ser un diccionario, una enciclopedia un texto especializado, un ensayo sobre el tema, o, más rápido y versátil en estos tiempos, el compendio de todo el saber, que lo es, posiblemente, ese prodigio del conocimiento que es Internet, que lo define como“disciplina filosófica que estudia el comportamiento humano en cuanto al bien y el mal”, o aquella que se sustancia como “conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad”.

Definiciones que, como todas, no son sino una declaración de intenciones elaboradas por determinadas personas, que a su vez se basan en otras, que previa la correspondiente consulta, elaboran el texto que consideran definitivo, y que no siempre satisface a todos, sobre todo, como en este caso, se trata de un término tan conceptual, tan inmaterial, tan inconcreto, susceptible de un cierto tratamiento subjetivo, que no favorece en absoluto su clara y absoluta percepción, sin posible lugar a duda alguna.

Leo un ensayo, que considero atrevido en extremo, excesivamente personal y radicalmente concebido, que asegura que “los de izquierdas son moralmente superiores a liberales, conservadores y democratacristianos porque sus ideas son la expresión más pura de la mejor forma de vida en sociedad, aquella donde no hay explotación ni dominación y los hombres y las mujeres son, como diría Rosa Luxemburgo, completamente iguales, humanamente diferentes, totalmente libres”.

Esto no deja indiferente a nadie, pues afirma categóricamente algo que no resiste un análisis profundo, no solamente sobre la acepción conceptual de la izquierda, sino sobre la ausencia de una objetividad desapasionada, que brilla por su ausencia en este texto, que no duda en calificar como “superior” la ideología de izquierdas, cuando semejante afirmación, deja serias dudas sobre la imparcialidad de semejante aserto, así como de su “moralidad”, que denota una soberbia personal, y una ausencia de sensibilidad, que desacredita a quién generaliza de semejante y altiva forma.

Nadie puede arrogarse la facultad de estar en posesión de la verdad, como meridianamente queda claro el intento mostrado en las rotundas afirmaciones que en dicho texto se vierten. Nadie está capacitado para apropiarse de una verdad que considera suya, única y excluyente, pues ello supone una concepción autoritaria y tiránica de una posición que por sí misma se desacredita por motivos obvios, porque no hay verdad suprema alguna, porque todo es relativo, y sobre todo, porque somos humanos, seres falibles y susceptibles de errar una y otra vez.

Por supuesto, el razonamiento exhibido sería el mismo en caso de invertirse los términos, es decir, afirmar la superioridad moral de la derecha - barbaridades sin cuento han cometido unos y otros a lo largo de la historia - ni de ningún otro caso similar, salvo de declarar la bondad humana como cualidad superior, de la que necesariamente dimanan otras íntimamente relacionadas con ella, y que nadie le negaría su alto valor humano, tan alejado de la soberbia y la tiránica arrogancia de quienes se creen infalibles, en posesión de la única y absoluta verdad.

Tanto la izquierda como la derecha han dado amplios y números ejemplos de no estar en posesión de verdad alguna, sino más bien todo lo contrario, como podemos contemplar ahora con un gobierno de coalición integrado por una izquierda moderada y otra radical, que están dando incontables muestras de comportamientos caudillistas, con una deriva autoritaria que está sorprendiendo a propios y extraños.
Tal ha sido su deriva, que mintiendo, falseando e imponiendo actitudes impropias de su supuesta ideología, desmienten absolutamente la susodicha afirmación de la superioridad moral de las izquierdas, cometiendo los mismos errores y desmanes que criticaban y censuraban a las derechas, siempre con el objetivo de mantenerse en el poder a toda costa, integrándose en la casta que antes denunciaban, haciéndolo de una forma vergonzante y ruin, cayendo en las mismas miserias que decían rechazar, y donde ahora parecen haber encontrado su confortable lugar.

Carl Sagan, eminente científico estadounidense, afirmaba que en la ciencia, la única verdad sagrada es que no hay verdad sagrada, en un rotundo y radical aserto, que es válido en el ámbito dónde él se desenvolvió, en el que solamente la demostración y la experimentación de los hechos demostrables tienen valor científico, algo que es en parte trasladable al tema que nos ocupa, en el sentido de que nadie posee la verdad absoluta, que todo es relativo, que tratar de apropiarse de la única verdad, arrogándose su exclusivo patente de corso, es además de una soberana insensatez, propio de majaderos y mentecatos, de cuya soberbia altanería y estúpido alarde, se ríen y burlan quienes tienen dos dedos de frente.

lunes, 9 de noviembre de 2020

LA DERIVA AUTORITARIA

Vivimos tiempos confusos, complicados, hasta el extremo de pasar desapercibidos determinados acontecimientos de diversa y amplia relevancia, ocultos tras la densa niebla que se ha extendido por el País desde hace suficiente tiempo como para no recordar si han tenido lugar hechos destacables, aparte de la omnipresente pandemia, que tan ocupados tiene a los medios de comunicación, y por ende, a toda una sociedad, que se acuesta, convive todo el día y se levanta, con las mismas y machaconas noticias, que a fuerza de repetirse, nos han convertido en asiduos y fieles consumidores de las mismas, como si de una adictiva serie pesadilla se tratara, cuyos contenidos nos impiden vislumbrar lo que está sucediendo en otros niveles, de los que en gran medida dependemos, y, que en definitiva, son los que se encargan de ponernos la venda que no deja pasar lo que no quieren que veamos.

Empeñados en retorcer el estado social y de derecho, este gobierno tan peculiar, tan jaula de grillos, tan parecido al camarote de los hermanos Marx, tan contradictorio, no ceja en meterse en nuevos y controvertidos jardines, ya sea para nombrar casi por decreto a los jueces, para lanzar continuos desafíos a la prensa o para decirnos cuáles son las verdades y dónde están, con la creación de un siniestro organismo que remeda al famoso Ministerio de la Verdad, de la novela 1984 de George Orwell, y que asusta y preocupa a quienes no pueden dejar de pensar que algo así pueda, no ya suceder, sino simplemente imaginar, y que nadie puede descartar, dada la reciente historia de Europa, y los tormentosos tiempos por los que ahora estamos pasando.

Algo que ha provocado la indignación de amplios sectores de un País, que contempla con estupor e incredulidad, una deriva autoritaria, impensable en una Unión Europea del siglo XXI, que creía estar curada de espanto, cuyos organismos han dado un serio toque de advertencia a nuestros gobernantes, por estos y otros motivos, que deberían enrojecer de vergüenza las caras de unos componentes del ejecutivo actual en el poder, que no parecen darse por aludidos, aunque al final suelen retractarse anulando dichos oscuros intentos, sin reconocer nada, como si no fuera con ellos, como si fueran auténticos especialistas en soltar la piedra y esconder la mano.

Tal es la desmesurada soberbia que los caracteriza, con un presidente al frente, que ha sido ya calificado por muchos como una persona sin escrúpulos, capaz de mentir, como ha hecho reiteradamente, con una Incalificable e increíble capacidad para falsear y manipular multitud de aseveraciones, afirmaciones y negaciones, que dichas hoy, trocará mañana en aquello que más le interese en cada momento, sin inmutarse lo más mínimo, que le ha hecho acreedor a un auténtico aprendiz de caudillo bolivariano, que escandaliza y ofende a tantos seguidores socialistas que no pueden dar carta de naturaleza a estos comportamientos, aunque no pueden evitar mostrar su rechazo, ante unos hechos que no ayudan ni a su partido, ni por supuesto, a este País, y a la democracia.

La vergonzante espantada del presidente del gobierno en la sesión dónde se trataba de la ampliación del estado de alarma a seis meses, de una trascendencia innegable, ha quedado como un desplante, un desprecio y una falta de respeto absoluta e imperdonable hacia el Congreso de los diputados, y por extensión a los ciudadanos de todo un País que contempla con estupor cómo este gobierno, junto con sus inefables compañeros de viaje, tanto de la coalición de gobierno, como los que le apoyan y mantienen desde la investidura, cada día se escora más hacia una deriva bolivariana, que nos deja perplejos a una mayoría de ciudadanos, que contemplan incrédulos, cómo los aires autoritarios se implantan en un ejecutivo, dónde prevalece la soberbia y los ramalazos dictatoriales y arbitrarios, que son impropios de un gobierno democrático.