viernes, 17 de abril de 2009

PROHIBIDO JUBILARSE

Éramos pocos y parió la abuela, con perdón, porque en este caso no ha sido la venerable figura de la madre de nuestros progenitores la culpable, sino el inefable director del banco de España quién se ha propuesto amargarnos la perspectiva de jubilación prolongándola hasta los sesenta y siete años y dándonos la sensación de que se ha quedado corto y que sus verdaderas intenciones eran las de ir bastante más allá: un mundo sin jubilados.
Es sin duda, una genial idea más para tratar de resolver una crisis que han creado ellos – políticos, banqueros y altos ejecutivos de empresas con supercontratos blindados - y que intentan que la solucionemos nosotros, como no, aportando dos años más de cotización a la caja de la Seguridad Social que, de vez en cuando, el funcionario de turno se encarga de decirnos bien alto y claro, que está a punto de reventar, por defecto claro, lo cual supone una amenaza continua que causa inquietud y desasosiego en los trabajadores que la han ido llenando a lo largo de su vida laboral.
No sabemos si será un intento más de comprobar la respuesta popular ante el correspondiente exabrupto lanzado por el oportuno vocero gubernamental lanzando un globo sonda, o si simplemente forma parte de la estrategia de siempre, pero en ccualquier caso, en poco nos valoran, en mucho nos confunden y en todo se equivocan si piensan obtener una respuesta positiva a sus perversas intenciones, como ya la tuvieron cuando intentaron incrementar la jornada laboral.
Quizás pretendan hacernos sentir culpables de una situación, que insisto, en absoluto han provocado los trabajadores. Ya quisieran poder estar en esa posición, lo que supondría que sus fabulosos contratos blindados irían asociados a unos sueldos súper millonarios como los de aquellos que de una u otra manera, son los responsables del desaguisado actual.
Así que puestos a pedir, que eliminen la jubilación. Uno se jubila cuando se muere y ahí se acaba su vida laboral. En todo caso, que la Seguridad Social se encargue de los gastos del entierro como gratificación a los servicios prestados a lo largo de toda su productiva vida. Sería un bonito detalle que el viudo/viuda agradecería, claro está, si es que vive, ante tan bonito y desprendido gesto.
Hasta ahora, pensaba que si volvía a nacer, cosa que razonablemente dudo, tenía claro que me gustaría ser notario, dentista o similar. He cambiado de opinión: me encantaría ser banquero.

jueves, 26 de marzo de 2009

MALDITAS GUERRAS

Repasando las noticias del día, me detengo en una de ellas, cuyo titular, por terrible que sea, me doy cuenta después que leo con la mayor naturalidad, como si fuera una más, como si no destacara sobre el resto, como si no constituyera una novedad entre la vorágine de informaciones que hablan sobre las desgracias que día a día azotan a tantos habitantes de este infortunado planeta.
La información a la que me refiero, habla de la utilización por parte de Israel de una vergonzosa arma de aniquilación – todas las armas lo son - como es el fósforo blanco, en su reciente agresión a Palestina y que ocasionó espantosas heridas y mutilaciones en la población civil de esta martirizada zona, abandonada a su suerte, olvidada por Dios y por los hombres, para vergüenza de esta estúpida y vieja Europa – nada se podía esperar de EEUU - , que esperó a que Israel terminara su trabajo de exterminio, dejándole las manos libres, para comenzar a enviar la ayuda que, claro está, el Estado Judío les permitiese.
Pero, con todo, no es esto lo que me ha causado el estupor, la indignación y la vergüenza que ahora siento. Estamos tan acostumbrados a la diaria barbarie humana, que parece nos encontramos en un estado de letargo, de anestesia generalizada que nos induce a asimilar cualquier noticia por brutal que sea, como si de una rutina más se tratara a desarrollar en el día a día que nos ha tocado vivir.
Parece ser que según alguna tétrica, siniestra e inhumana convención – ahí tenemos la convención de Ginebra que regula el respeto a las normas y las costumbres para el correcto desarrollo del “arte de la guerra” – el fósforo blanco puede utilizarse en espacios abiertos, por lo que Israel se encuentra dentro de la legislación vigente en materia de utilización de armamento – y si no es así, tampoco iba a hacer dejación de lo que crea conveniente – y el hecho de que en esos espacios abiertos hubiera población civil, es sólo una cuestión accidental. Estaban en guerra y su acción, según las normas que rigen la misma, estuvo dentro de la legalidad.
Sin lugar a dudas, la capacidad del hombre para justificar sus brutalidades, no tiene límite. Es capaz de regular cómo matar, donde, cuando y en qué circunstancias, emitiendo después el veredicto correspondiente una vez analizados todos los hechos.
En los últimos cinco mil años, se calculan que han muerto por las guerras varios cientos de millones de seres humanos. Apenas ha habido épocas de paz, durante las cuales, en cualquier caso, se utilizaron para restañar las heridas, y preparar los siguientes conflictos bélicos que han asolado la humanidad a lo largo de su historia.
Hasta la primera mitad del siglo XX, se estima que nueve de cada diez víctimas eran soldados. En la segunda mitad se invierte esta proporción hasta el punto de que nueve de cada diez víctimas eran civiles. Ahí tenemos el ejemplo de Irak, con una población civil que sufre los espantosos efectos directos e indirectos de una guerra ominosa, ilegal e ilegítima – como lo son todas – y que ningún derecho internacional – absurdo derecho en el que cada país se somete o no a su jurisdicción en función de sus intereses – puede condenar y mucho menos ejecutar la imposible sentencia.
Estamos en el siglo XXI y el hombre continúa, más que nunca, como si en la Edad Media se encontrara, haciendo de la guerra una profesión. Resulta desolador como se difunden las exposiciones y ferias de armamento. Esta industria es de unas proporciones formidables, y cualquier país – el nuestro es un importante productor exportador de armamento – fabrica armas, que como tales, están destinadas a ser utilizadas como instrumentos portadores de muerte y destrucción.
Ningún soldado de ningún país, de ninguna raza, creencia o condición - salvo en caso de legítima defensa propia - debería jamás obedecer orden alguna de ningún general, de ningún político, revolucionario, o iluminado salvador de turno. Nadie puede enviar a la muerte a nadie. Ni obediencia debida ni sagrada convicción moral o religiosa. La guerra es una aberración humana. Que la hagan quienes las promueven y así acabaremos con ellas para siempre.
Escribo estas líneas desde el recuerdo del dolor de un padre, personaje muy conocido, cuyo hijo fue una de las víctimas de la guerra de Irak, mientras ejercía su labor de periodista. Este padre, en medio de su angustia, su rabia y su desesperación, pronunció la frase que da título a estas líneas y que se me quedó grabada desde entonces: malditas guerras.

lunes, 9 de marzo de 2009

Un insulto al Arte

Leo con asombro, que dos toreros han devuelto la medalla de las bellas artes que en su momento les entregó el gobierno de turno. Lo hacen como muestra de protesta ante la concesión de dicha medalla a un compañero de la denominada fiesta nacional, al que no consideran con los méritos suficientes para recibir el honor al que ellos se creen justos acreedores.
No tenía la menor idea de que unos representantes de esta costumbre nacional de tan mal gusto, hubieran recibido una medalla de las bellas artes, y por lo visto son bastantes los toreros que la tienen en su poder, cuando se supone que se les entrega por destacar en una de las artes conocidas, contribuyendo por lo tanto al cultivo y la expresión de la belleza en sus diversas variantes como la pintura, la escultura, la literatura, etc.
No es precisamente el desarrollo de la estética, la armonía, la sensibilidad y la delicadeza lo que se lleva a cabo en los festejos que denominan corridas de toros, sino la expresión de una orgía de sangre, dolor y muerte, con la anuencia de un público que aplaude, vitorea y aclama al personaje que se encarga de martirizar al animal.
Denominar arte a este espectáculo es un insulto que no cabe en la mente de una sensibilidad mínimamente educada. El arte es, fundamentalmente, la expresión de la belleza y en el ruedo donde se enfrentan el animal y el hombre, ésta brilla por su ausencia. Solo hay violencia y sangre en la que a veces aparecen ambos envueltos conformando un tétrico cuadro que ofende y agrede a todos los sentidos.
La emoción que se experimenta ante la contemplación de la formidable belleza de una catedral, el impacto que nos causa la audición de una sinfonía, el deleite espiritual de la lectura de un bello poema, la arrebatadora contemplación de un primoroso cuadro o de una exquisita escultura, la sublime experiencia de la vivencia experimentada ante la representación de una impactante obra de teatro, de una emotiva obra cinematográfica, de una delicada representación de ballet, de danza, responden al concepto de arte.
Todas esas experiencias son estéticamente gratificantes. Llegan al corazón e iluminan y sacian el espíritu de sensibilidad y belleza. Nada que pueda verse ni experimentarse en una corrida de toros, donde el dolor, la crueldad y la muerte, mezcladas con la algarabía y el jolgorio de los espectadores, conforman un denigrante espectáculo a años luz del concepto de arte.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Patético Nacional-Victimismo (PNV)

Llevan tantos años en el poder que la poltrona se les ha pegado a la zaga de tal manera que ya no conciben su existencia sin ella. Durante estos treinta años han creado unas instituciones a su imagen y semejanza, es decir, radicalizadas unas como las políticas educativa y lingüística y ambiguas otras como la política antiterrorista, generándose un clientelismo por parte de elementos próximos de todo tipo que los apoyan y mantienen a toda costa y que ahora deberían hacer, como ellos, las maletas.
Tratan de justificarse de mil maneras con los clásicos pretextos de que sin ellos no es posible la construcción de Su País – más bien del corralito que han creado en estos treinta años - , que sólo ellos aman Su Patria – como si la otra mitad no existiera - , que es a ellos a quienes corresponde formar gobierno – pues bien, que lo formen -, que los socialistas han dado un golpe institucional – esto ya no tiene nombre - , en fin, que solo el PNV está legitimado para gobernar Euskadi por los siglos de los siglos.
Durante muchos años se cometió el error de afirmar continuamente y en todos los medios de comunicación que en el País Vasco nada sería posible sin el PNV, y a fe mía que se lo creyeron, pues no hay más que verlos ahora lamentándose como hiciera Boabdil ante la irremediable pérdida de Granada.
En su patetismo, no se limitan a derramar lágrimas nacionalistas, sino más bien están recurriendo al recurso del pataleo con argumentaciones tan peregrinas que dejan patente como tres decenios de insufrible omnipresencia nacional-victimista les ha marcado de tal forma que van a tener difícil adaptarse al rol que exige estar en la oposición y que jamás han interpretado en toda su historia.
Ellos, que se arrogaban como únicos representantes legítimos del Pueblo Vasco, han visto como la mitad de la población les ha dado la espalda pidiendo un cambio que haga entrar un poco de aire fresco y renovado en unas instituciones manejadas con puño de hierro por unos políticos que siguen inasequibles al desaliento a un dirigente de ideas fijas, como es Ibarretxe, el cual sigue aferrado al timón de un barco que deseamos ver surcar otros mares impulsado por la fuerza de unos vientos renovados que lleven la ilusión y la esperanza a esa bella y querida Euskadi.

martes, 24 de febrero de 2009

CARROÑEROS

Dícese de la persona, idea o cosa ruin y despreciable y aplicable por lo tanto a quienes buscan explotar el morbo de la gente que a su vez demanda los contenidos que aquellos les ofrecen y con los que satisfacen su sed de desgracias ajenas, falsos sentimientos de solidaridad y, en definitiva, cotilleos varios con el fin de llenar sus vidas, ora harto vacías, ora harto vulgares.
Se cierra de esta forma el círculo, satisfaciendo el morbo de los unos y los oscuros fines de los otros, los cuales pretenden disfrazar su posición en los medios de comunicación, como si de interés social se tratara, cuando no hacen sino defender unos intereses económicos en aras de conseguir una audiencia que les mantenga en situación de continuar difundiendo la cultura popular de tan bajo nivel, tan suburbial y deleznable como la que llevan a cabo los diferentes medios de comunicación que subyacen bajo estas líneas.
Y es que sobra explicitarlos, pues el que más o el que menos, noticia tiene de ellos por su abundancia, machaconería y baja ralea que destilan, y que nos obliga a quienes no comulgamos con sus maldades a volver la vista para convencernos que realmente estamos percibiendo lo que nuestros ojos y oídos nos transmiten.
Los hay que para mantener los índices de audiencia utilizan a patéticos personajes, personajillos más bien, que en unos casos por ignorancia – la ignorancia a veces es atrevida – y en otros por una ausencia absoluta de escrúpulos y un desconocimiento total de la más elemental de las éticas, se creen de la noche a la mañana especialistas en la crítica de los más variados asuntos, erigiéndose en avezados comentaristas.
Utilizan la técnica del ventilador y con la inestimable ayuda de la más ínfima de las inculturas, la peor de las educaciones y asestando espantosos golpes al idioma, difunden todo su viperino saber a diestro y siniestro, cuanto más alto, más falso y más inaudito mejor.Pero con todo, los más detestables de todos, son aquellos que se sirven de las desgracias ajenas para, pretextando llevar a cabo una difusión de interés público, explotan el dolor de la gente, de familias enteras a las que utilizan miserablemente con oscuros intereses, sin respetar su intimidad y estableciendo unos juicios paralelos que interfieren en las investigaciones que se llevan a cabo y que no entendemos como toleran las instancias judiciales.

miércoles, 11 de febrero de 2009

DEL VIEJO PUPITRE A LAS AULAS DIGITALES

Muy atrás quedaron ya aquellos años de escuela rural unitaria, con sus venerables maestros y con unos niños que hoy pareceríamos de otro mundo, en entornos que hoy nos parecen idílicos pero que en aquellos tiempos supusieron un tremendo esfuerzo de voluntad y amor hacia una dedicación que bien podría calificarse de heroica.
Se desenvolvieron en unas condiciones que no reunían un mínimo necesario para su estancia en lugares a veces muy alejados de su lugar de origen, en apartados rincones de la geografía nacional, a veces inaccesibles y casi siempre faltos de las más elementales de las comodidades, con un sueldo miserable y una consideración hacia su labor, que la dictadura de aquellos años de plomo, no reconocía ni estaba dispuesta a mejorar.
Con la Enciclopedia como compendio de todas las asignaturas en un solo volumen, los cuadernos de caligrafía y ortografía y, por supuesto, con el omnipresente catecismo, llenábamos la cartera y alegremente nos dirigíamos a la escuela, que en cualquiera de los casos se encontraba a dos pasos de nuestras casas.
Hoy, los métodos y los instrumentos educativos, así como la sociedad en general, han cambiado tanto que cualquier comparación con aquella época parece más bien una narración breve de ciencia ficción. Sirvan estas líneas simplemente de nostálgica introducción hacia el estado actual de la enseñanza enfocado prioritariamente al estudio de los métodos y posibilidades que las modernas tecnologías brindan a los enseñantes de la era actual.
Internet es un poderoso instrumento en manos de los alumnos y enseñantes que, necesariamente y por sí solo, ha revolucionado la enseñanza con sus tremendas posibilidades de comunicación y recopilación de información instantáneas y con la facultad de hacerlo desde y hacia cualquier parte del Planeta, con unas increíbles posibilidades multimedia, tanto texto, como vídeo como voz, que pueden ser utilizadas en tiempo real.
La pizarra digital, el bolígrafo digital y las intranets escolares, se están introduciendo cada vez con más fuerza en el ámbito escolar a todos los niveles con unos resultados altamente prometedores, que, cabe esperar, supondrá un aliciente tanto para profesores como para los alumnos y que repercutirá, sin lugar a dudas, en un mejor aprovechamiento de la labor educativa y por ende de unos resultados globales que esperamos mejoren los actuales.
El empleo de la pizarra digital con sus posibilidades de interactividad con Internet, induce a una notable renovación de las metodologías docentes y de los procesos de enseñanza y aprendizaje que incrementa la motivación de los estudiantes, revitaliza la autoestima profesional de los profesores y facilita el logro de aprendizajes más significativos, acordes con la sociedad actual.
El bolígrafo digital, representa un positivo avance a la hora de tomar apuntes directamente en el aula, los cuales son almacenados directamente en el ordenador, donde el alumno puede visualizarlos tal como los escribió o cambiarles el tipo de letra y a otros formatos que puede variar a su antojo.
Mediante la intranet – red local interna del centro educativo – los alumnos pueden intercambiarse todo tipo de información, colgar trabajos, apuntes y sugerencias que estarán disponibles para el resto de los alumnos con la posibilidad de cambiarlos, mejorarlos y cuantas modificaciones considere conveniente para después, si se considera conveniente compartir dichos contenidos en una clase utilizando la pizarra electrónica interactiva.
Toda herramienta educativa que contribuya a incentivar al alumno en el desarrollo de su aprendizaje es siempre bienvenido y, en condiciones normales, repercutirá siempre en el resultado final del mismo.
No obstante, no hay que olvidar que ni el estudio, ni la memorística, ni en definitiva la capacidad de trabajo pueden ser sustituidas ni relegadas a un segundo plano confiando en que los modernos medios tecnológicos puedan obrar milagros.
Con ellos, el alumno podrá intercambiar información, asistir a una clase mediante videoconferencia, o charlar con los alumnos de, por ejemplo, un Centro de Huelva o de Albacete. Pero, siempre deberán saber situar esta ciudad en el mapa, saber si son ciudades costeras o del interior y a la Comunidad Autónoma a la que pertenecen.
No se sorprendan, una gran mayoría no lo van a saber. En aquellas escuelas de viejos pupitres y negras pizarras, sí lo sabíamos. Pero no teníamos Internet.

lunes, 2 de febrero de 2009

DARWIN, DOSCIENTOS AÑOS DESPUÉS

Se cumplen en este mes de febrero, doscientos años del nacimiento de uno de los científicos que, junto con Einstein, más ha contribuido a transformar profundamente conceptos y procesos que creíamos firmemente inamovibles y arraigados en el acervo del saber humano acerca del espacio y el tiempo donde nos desenvolvemos, en una caso y del origen y evolución de las especies que habitan el planeta, en el otro.
Hasta la publicación de El Origen de las Especies, la única teoría existente era la Creacionista, que aún hoy sigue contando con sus adictos y que todo lo reducen a un acto de fe, a creer a ojos cerrados que toda la inmensa y variada riqueza animal, vegetal y mineral fue creada de la nada por Dios.
En un mundo cada día más complejo, más científico y tecnológico que dispone de instrumentos que día a día se hacen más precisos a la hora de explicar los procesos físicos, químicos y de todo orden que envuelven y condicionan al ser humano, se hace más insostenible una teoría que se niega a observar, analizar, contrastar, investigar y profundizar en el origen y la evolución de la vida.
Charles Darwin proporcionó datos, hechos y evidencias comprobables por todo ser pensante – tal como exige el método científico - con los que demostró que las especies evolucionan, diversificándose y dando lugar a otras, llevándose a cabo una selección natural en la que el medio en el que se desenvuelven juega un importante papel.
Basta con echar una ojeada a nuestro alrededor, en ocasiones tan próximo como lo es la visita detenida a un zoo o la observación de las aves en el campo o, yendo un poco más allá y documentándonos oportunamente, observar las especies de diferentes ecosistemas de variados lugares geográficos del planeta, para poder deducir la semejanza existente entre animales iguales pero en última instancia diferentes debido a la influencia del medio en el que viven, que ha obrado “el milagro natural” de transformarlos para adaptarlos al lugar donde se desenvuelven.
Dudo que Dios se molestase hasta el extremo de ser tan riguroso como para crear la infinidad de insectos y aves, pongo por ejemplo, que se diferencian en detalles tan nimios como la forma del pico, de las alas, o de su colorido o de las miles de transformaciones que experimentan con el objeto de llevar a cabo su defensa ante los predadores, su diferente alimentación o su adaptación al medio acuático, terrestre, o aéreo en el que viven.
La iglesia, que tan oscuro papel ha jugado siempre, haciendo prevalecer su prepotente soberbia que tanto daño ha hecho a la ciencia, se ve ahora cada vez más arrinconada por una ciencia que todo lo investiga, lo contrasta y lo demuestra, en oposición a una política de ponerse la venda en los ojos como si nos encontrásemos en los oscuros años de la Edad Media anteriores al renacimiento que tenía sumido al hombre en la ignorancia y el miedo.
Surgió entonces un hombre nuevo que reclamaba el derecho a poseer el conocimiento que hasta entonces se les había negado y con el que pudieron empezar a explicarse el origen y las causas de los fenómenos naturales para los que no había más explicación que el castigo que Dios les enviaba para expiar sus pecados.
Es por ello, que a estas alturas del siglo XXI, y a veces con el pretexto de la supuesta crisis de identidad, de la pérdida de valores y demás argumentos a los que recurren los falsos moralistas de siempre, no podemos transmitir a las jóvenes generaciones un mensaje que no sea el de investigar, contrastar y demostrar los hechos y procesos que nos atañen, a través del método científico con el fin de alcanzar, a través de la lógica y de la razón, el conocimiento de la verdad.

sábado, 17 de enero de 2009

PROBABLEMENTE, DIOS SEA ATEO

Y no me extrañaría, porque estoy seguro que él sería el primero en desterrar todo afán de protagonismo ante los habitantes de un planeta que, una vez instalados en el mismo, decidieron liarse a tiro limpio entre ellos, por un quítame allá ese Dios falso, que el mío es el verdadero.
Seguro que desde el principio de los tiempos – siempre me he preguntado que anduvo haciendo Dios hasta que decidió llevar a cabo la Creación, puesto que nada, ni el tiempo existía, lo cual se denomina en física una singularidad – Ese Dios tan singular, que ni la física puede explicar, decidió mantenerse completamente al margen de cuanto ocurría en este mundo de locos, donde sus partidarios o bien, cruz en mano provocaban auténticas masacres para convertir a los infieles o estos eran masacrados por seguir la doctrina de su Dios.
Que sepamos, milagros aparte, Dios nunca ha movido un dedo. Supongo que unas veces se limitará a observar, tomar notas y, más adelante, ya nos veremos y en otras ocasiones, simplemente se tapará los ojos para no ver las monstruosidades que se cometen en su nombre.
No me extraña, y es más, entiendo perfectamente esa posición neutral con el objeto de no desairar a ninguna de las dos partes en litigio. Ese es el auténtico Dios aquel que no se inmiscuye en los asuntos humanos, que pasa de adoraciones, misas y oraciones, que no amenaza con castigos ni premios eternos ni reclama para él el santo temor que han inculcado los que, aquí, en la Tierra, se autoproclaman sus fieles acólitos.
Y es que si está ahí, lo único que pretende es representar los valores universales que deben regir entre los seres que habitan este desafortunado planeta. Sería un icono, sin más, con un alto valor ético que los que se dicen ser servidores suyos, no han sabido o querido ni ver ni proyectar. Simplemente lo han convertido en un arma poderosísima con la que durante milenios han explotado el temor, la ignorancia y el fanatismo de las gentes.
En estos días, y en diversos países europeos, contemplamos como unos cantamañanas que, como tales, no tienen otra cosa que hacer, se dedican, pasotas los unos y fanáticos los otros a divulgar por las calles en coches y autobuses, aquello de que Dios no existe / Dios sí existe.
Por todo esto, y porque la idea de un Dios me parece muy respetable – no quienes se atribuyen su representación – pienso que el primer ateo ha de ser él, harto de tanta farsa, tanta utilización y tanta mezquindad como en su nombre cometen tanto los unos como los otros.

domingo, 11 de enero de 2009

INSTALADOS EN LA ÑOÑEZ

No es el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua ni claro, ni explícito, ni mucho menos rotundo a la hora de definir un término tan enraizado en la cultura popular y en el hablar diario de las gentes como lo es el término “ñoño”.
Lo define dicho diccionario de la forma siguiente: dicho de una cosa sosa, de poca sustancia. Dicha definición se queda corta y excesivamente liviana ante la que le adjudica el acervo popular, que le da un significado mucho más expresivo y gráfico y al alcance de cualquiera, ya que todo el mundo entiende a la perfección y sabe trasladar su significado a las cada día más frecuentes situaciones a las que se puede aplicar.
Según dicho saber popular, se entiende por ñoña aquella persona que se caracteriza por ser blanda, pusilánime y débil – ninguna de estas acepciones le asigna el susodicho diccionario – a la hora de calificar a quienes afrontan las diversas situaciones a las que se pueden enfrentar en su quehacer diario.
Muchos son los términos y expresiones que desgraciadamente van desapareciendo del lenguaje y van llenando el saco sin fondo de la degradación de la lengua a favor de una utilización cada día más vulgar, sesgada y limitada – por abreviada - que hace un flaco favor a la comunicación entre las gentes.
No se encuentra en este caso el vocablo que nos ocupa, ya que cada vez tiene más aplicación y puede trasladarse con más facilidad a múltiples situaciones tanto públicas como privadas que hacen honor a este término y que podemos descubrir a nada que nos mantengamos informados a través de los medios de comunicación.
Si en algún sector se ha introducido con toda intensidad la ñoñería es, sin lugar a dudas, en la política. A ñoñez me suenan tantas consideraciones, tantas falsas tolerancias, tantas claudicaciones como las que llevan a término de vez en cuando tanto el gobierno como la oposición. Más aquel que éste último, puesto que sus obligaciones dan para más juego que quien se mantiene la expectativa y en un segundo plano a la hora de las decisiones políticas.
Tanto talante, tanta comprensión, tanto melindre, aburre hasta a las ovejas – con perdón – haciendo que el personal acabe por cambiar de canal cuando se encuentra con un discurso tan pausado, remilgado, sensiblero y harto tolerante, que irrita hasta el más calmado y tranquilo de sus pacientes acólitos.
Con ñoñería se comporta la oposición cuando aprovecha cualquier resquicio, cualquier fallo de sus oponentes – y no digamos cuando se alía con sus compañeros de viaje, los obispos – para criticarles, sin darse cuenta de que están cayendo en el mayor de los ridículos al vocear las debilidades de los otros en lugar de aireas las virtudes propias – si ha lugar a ellas, claro está -.
Ñoñería es aquella que nos impide designar a ciertos colectivos por su nombre, llegando a buscar y rebuscar en el lenguaje un término que los designe sin que se sientan ofendidos, no ellos, que no lo suelen hacer, sino los snob de siempre que se escandalizan ante, pongo por ejemplo “negro”, “marica” “puta”– estos dos últimos están perfectamente recogidos y definidos en el RAE- y tantos otros, que salvo que la intención al expresarlos sea despectiva, no tienen por que entenderse como ofensivos hacia las personas de color, homosexuales o trabajadoras del sexo, que son los ejemplos que nos hemos propuesto.
De extrema ñoñez califico a los medios de comunicación al dedicar en estos días de según ellos “duro invierno”, la mitad del correspondiente noticiario con entrevistas en las que muestran a la gente manifestando el mucho frío que tienen – ñoños ellos - , que han tenido que recurrir a los guantes, al gorro etc., y todo porque han venido unos pocos días en los que la temperatura ha bajado el termómetro, como por otra parte es normal, varios grados bajo cero. Posiblemente todo se deba a que estamos en invierno. Una ñoñez más.
Y qué decir, pasando al terreno de la educación, de los padres que defienden a sus hijos a capa y espada ante los, según ellos, “atropellos del profesor”, al “maltratar” a su hijo/hija por dejarle sin recreo, mandarle una copia o reprenderle por una determinada acción que exige la intervención del enseñante. Estos padres suelen darle más crédito al hijo que al profesor y acaban por convertir a sus hijos en los futuros ñoños consentidos, maleducados e insoportables que contribuirán a rebajar aún más el paupérrimo nivel de la enseñanza en este País.
De ñoños trato a quienes se escandalizan por ejercer la crítica en determinadas situaciones – en los que se trata de mostrar la realidad de unos hechos a veces incuestionables - cuando nos referimos a determinados colectivos, como el de los inmigrantes y otros que podríamos citar, y no quiero en absoluto generalizar, cuando abusan de su condición de colectivo víctima de las iras de los demás, cuando en realidad no es así. Para estos ñoños del siglo XXI, el simple hecho de criticarles, supone, necesariamente, una ofensa, una discriminación.
De ñoña califico a esta estúpida Europa, cada día con menos peso en el mundo, que se muestra incapaz de unirse por egoísmo y miedo, a nivel nacional, a renunciar a un ápice de su soberanía, con una babel de idiomas y una falta total de acuerdo que resulta como mínimo bochornoso y que tiene fatales consecuencias ante las potencias emergentes que se sonríen ante la ñoñez Europea.

domingo, 4 de enero de 2009

CINCUENTA AÑOS DE REVOLUCIÓN

Cuando pienso, hablo o escribo sobre ese país tan querido por estos lares como lo es Cuba, tiendo a recordar una anécdota que tuvo lugar en la peluquería a la que solía acudir con frecuencia con el objeto de retocar mi entonces espléndida cabellera resuelta en las clásicas melenas que por aquel entonces abundaban por doquier entre los jóvenes que ha tiempo ya dejamos de serlo.
En esa época hallábanos inmersos en una plena, fecunda y efervescente fiebre revolucionaria que nos llevaba a dar por bueno cualquier hecho que supusiese romper con los moldes tradicionales a que acostumbrados nos tenía la por entonces cada vez más acorralada dictadura.
La imagen del Che Guevara presidía las habitaciones de los jóvenes contestatarios y el fervor comunista, marxista leninista nos devoraba con delirante pasión, trasladándolo a la calle donde entonando himnos revolucionarios nos sentíamos unidos a todos los pueblos de la tierra que sufrían la falta de libertad a causa de los tiranos que los gobernaban.
La anécdota a la que hago mención, tuvo lugar cuando con el amigo que me acompañaba entablé una conversación acerca de las bondades del régimen de Fidel que por aquel entonces había logrado unas cotas de bienestar social impensables hacía una década, lo que convertía a Cuba en una auténtico paraíso de libertad, igualdad y prosperidad.
En ello estábamos, entusiasmados con nuestro tema, cuando un cliente nos interrumpió aduciendo que él era cubano, que no teníamos ni idea de lo que estábamos diciendo y que el tal paraíso sólo existía en nuestras jóvenes e inexpertas mentas calenturientas.
Nos soltó una perorata tal – indudablemente tenía muchos más elementos objetivos de juicio para hablar del tema que nosotros – con tantos datos y detalles que lógicamente nosotros desconocíamos, que no supimos por donde salir. Lo hizo, además, con tal rabia y seguridad, que nos descolocó de tal forma que nos sentimos obligados a revisar nuestra opinión sobre Cuba o al menos a dudar razonablemente de las tan hace poco firmes convicciones.
Poco nos duró la duda. Concluimos que se trataba, sin duda alguna, de un contrarrevolucionario expulsado por Fidel con el objeto de que no contaminara la revolución, es decir, un enemigo del pueblo que no era merecedor ni un minuto más de nuestra atención.
Han pasado muchos años desde entonces y cincuenta desde el triunfo de la Revolución Cubana. Fidel hace ya dos años que dejó el mando liberándonos de sus interminables discursos, aunque continúa en la trastienda vigilando, según nos dicen, – lo que es mucho suponer – que la revolución siga adelante bajo la batuta de su hermano Raúl, que representa a la línea sucesoria de la dinastía que él inició.
Con motivo de la celebración de dicho cincuentenario, un discreto Raúl Castro que apenas empleó media hora en su alocución, vino a pedir a los sufridos cubanos que aún les queda lo peor, que aguanten otros cincuenta años, que la revolución así lo exige, que medio siglo de sufrimiento y desesperación no son nada.
El miedo a la libertad suele mostrar esta cara, la de estos gobernantes que nadie ha elegido y que se resisten a devolver el poder a sus legítimos dueños, al pueblo cubano que ya no puede ni debe soportar más los caprichos falsamente revolucionarios de los usurpadores que rigen sus destinos.
La revolución se apagó hace muchos años, cuando debieron devolver las riendas a los ciudadanos, después de expulsar al dictador y estabilizar el país al que lograron dotar de un cierto bienestar social y de unas instituciones que consiguieron mejorar considerablemente la vida de la población.
Pero Fidel se dejó tentar por el poder y acabó como todos los que en su lugar se sienten en posesión de la verdad absoluta y se erigen en salvadores de su atribulado pueblo al que dicen guiar por la senda del progreso y la libertad, de esa libertad que les niegan desde el momento en que se convierten en dictadores a perpetuidad, lo que les deja sin argumentos a la hora de pretender ser considerados por la historia como liberadores de su país.
Solamente los acomodados nostálgicos y los trasnochados y falsos románticos que siguen aplaudiendo la “resistencia del valiente pueblo cubano”, siguen justificando una situación que coloca a Cuba en las antípodas de la modernidad, y que supone un absoluto anacronismo en los tiempos que corren.Ahora, más que nunca, cobra pleno sentido aquel grito de guerra: ¡viva Cuba libre!.