miércoles, 12 de septiembre de 2012

NI TRABAJO NI FORMACIÓN

La Comunidad de Madrid ha decidido reducir el importe destinado a la formación para los desempleados en un brutal porcentaje del 90%, que deja absolutamente desamparados a los 530.000 desempleados que arrojan las últimas cifras de paro registrado en el mes de agosto de este año en esta Comunidad.
La medida es tan devastadora, sobrecoge de tal manera, que los profesionales de la formación que llevamos muchos años impartiendo cursos para los desempleados, no salimos de nuestro asombro ante una medida de tal magnitud que impacta por los estragos que va a causar en un gremio tan maltratado como el de los desempleados, que de esta forma ni podrán encontrar trabajo ni tendrán acceso a una formación que les capacite en unos casos y que les actualice en otros.
Paso a dar unas escalofriantes cifras que ilustran a la perfección cuanto vengo afirmando: el año 2011, el importe de las subvenciones para la formación de desempleados fue de 84.500.000 €, que permitieron formar a decenas de miles de parados a través de más de 10.000 cursos de múltiples especialidades.
Pues bien. Este año 2012, la subvención será de 8.500.000 €, es decir, un 10%, respecto al año anterior o lo que es lo mismo, una reducción del 90%, lo cual deja perplejo a los Centros de Formación, pero sobre todo a los trabajadores que deben saber que tienen pleno derecho a esa formación, subvencionada con la aportación que en las nóminas se hace en concepto de formación profesional, de los Agentes Sociales, el Servicio Público de Empleo Estatal y del otro 50%, que aporta la Comunidad Europea, que por cierto desearíamos saber adónde ha ido a parar.
Hasta el año pasado, los parados podían optar a formarse eligiendo entre cientos de especialidades diferentes cuya duración variaba desde las 150 horas de un curso elemental a las 600 horas de un curso especializado, obteniendo a su finalización un diploma que certificaba de esa preparación, y que últimamente estaban siendo sustituidos por Certificados de Profesionalidad, con cierta validez académica, reconocidos por la autoridad laboral Española y por la Comunidad Europea.
Pues se acabó. Todo se reduce a ese 10% que se va a invertir en 1.700 cursos de formación en una única especialidad: Idioma, alemán o inglés y punto. Pero no se confundan, no van a impartir 400 ó 500 horas del idioma que elijan, con el objeto de que la preparación sea la correcta, la oportuna, o sea, para que dominen mínimamente esa lengua: serán cursos de 100 horas. Sin comentarios.
Juegan con ventaja, saben que los desempleados, por desgracia, es un sector que no se organiza, que no protesta, que en definitiva no crea problemas, no va a salir a la calle, no la va a montar ni son alborotadores que puedan complicarles la vida. Por lo tanto, ahí queda eso, ni en las aulas ni en el trabajo. Eso sí, algunos podrán aprender cómo se dice hola y adiós en inglés y en alemán. Ahí queda eso.

viernes, 7 de septiembre de 2012

UNIVERSOS PARALELOS

Según la teoría de los Universos Paralelos demostrada matemáticamente y aceptada por la gran mayoría de los más reputados científicos del mundo entero, existen infinitos universos, incontables mundos que se desarrollan paralela y simultáneamente al nuestro, donde tienen lugar cuantos acontecimientos y vivencias tienen lugar en el nuestro, pero con resultados diferentes, con todas las alternativas que puedan darse y con un número de posibilidades tales, que todas las historias que pueden suceder tendrán su lugar, sus infinitos universos.
Imaginemos que un estudiante se presenta a un examen. En nuestro universo llega a realizarlo y consigue aprobar dicho examen, pero en los infinitos universos alternativos, se dará en cada uno de ellos un resultado diferente: que suspenda, que le expulsen del examen por copiar, que copie y apruebe, que lo haga y suspenda, que no llegue a tiempo al examen, que se suspenda el examen, etc.
No es ciencia ficción aunque así se consideró durante un tiempo y así lo aprovecharon los productores de cine para llevar a cabo relatos fantásticos sobre el tema y surgió toda una legión de literatura pseudocientífica que llevó a cabo un tratamiento vulgar y ramplón de este tema, sin el necesario y riguroso conocimiento científico para tratarlo con seriedad.
Esta teoría, se apoya en la mecánica cuántica, que se ocupa de lo infinitamente pequeño, del átomo y las partículas subatómicas, cada una de las cuales pueden encontrarse simultáneamente en diversos lugares, al mismo tiempo. Una partícula no existe hasta que es observada, momento en el cual es forzada a existir, a ser constatada como tal.
Si lo inconmensurablemente pequeño puede existir replicándose a sí mismo, la materia y lo organismos pluricelulares, integrados todos ellos por partículas elementales cuánticas, seguirían el mismo destino, por lo que existirán tantos universos coincidentes con nosotros en el tiempo, como historias diferentes puedan darse en la vida de una persona, en la sucesión de unos hechos o en el transcurrir de un determinado acontecimiento.
Hace sesenta años que se formuló esta teoría y hoy se considera como uno de los más grandes hitos de la ciencia. Hace tan sólo unas décadas, los agujeros negros formaban parte de la ciencia ficción y hoy en día son una realidad admitida comúnmente por la ciencia que ahora se ocupa de ellos como medio para viajar en el tiempo a través de un universo de dimensiones colosales.
No deberíamos sorprendernos, no deberíamos exhibir una sonrisa de suficiencia que sólo denotaría la constatación de una ignorancia que en nada nos avala como seres inteligentes. Formamos parte de un grandioso y formidable universo y sin embargo apenas tomamos conciencia de vivir en un pequeño astro de un sistema solar, y ahí quedamos, ya que ni siquiera somos conscientes de que viajamos en una gigantesca galaxia con miles de millones de mundos con enormes posibilidades de albergar vida como la nuestra.
Nos movemos a velocidad de vértigo junto con cientos de miles de millones de otras galaxias en un inmenso e infinito mar de materia y energía que constituye el majestuoso universo del que formamos parte y de cuya existencia tenemos noticias porque estamos aquí , porque existimos, lo vemos y lo experimentamos cada día de nuestra existencia.
Pero lo desconocemos todo de él. Guarda infinitos y grandiosos secretos que quizás jamás el ser humano descifrará en toda su existencia. Deberíamos de vez en cuando abandonar los lugares donde la contaminación ambiental y sobre todo lumínica oculta a nuestros ojos la portentosa maravilla de una noche estrellada, y contemplar extasiados el bello y sobrecogedor espectáculo que nos regala el más hermoso de los universos posibles donde nos ha tocado vivir.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA CONSPIRACIÓN FINAL

Desde mis más tiernos años de infancia he venido oyendo repetidamente con harta y machacona frecuencia aquella cantinela catastrofista del fin del mundo, en el que los cantamañanas aprendices de agoreros anuncian a bombo y platillo con fechas y señales varias, que esto se acaba, que nos vayamos preparando, que el final se acerca, que nos arrepintamos de nuestros desmanes, excesos, tropelías y pecadillos varios, porque esto toca a su fin, porque el mundo se acaba.
Y aquí seguimos, soportando a los actuales augures que siguen campando por sus respetos y que ya nos adelantan con suma gravedad y sibilino convencimiento, que esta vez sí, que este año dos mil doce toca y que de esta no nos escapamos ni aunque nos matemos a rezos, arrepentimientos y mea culpas más o menos interesados, que no son sino recursos hipócritas ante la que se nos viene encima y que de todas formas de nada nos servirán.
Claro que esta cantinela viene de lejos, pues ya los Egipcios aseguraban que se acabaría el mundo exactamente a los treinta y seis mil quinientos años cumplidos, y desde entonces, no han parado las predicciones y así, Cicerón, Virgilio, San Pablo, San Lucas y tantos otros personajes conocidos, cifraron el final del mundo en una fecha concreta o coincidiendo con unos acontecimientos determinados.
En la Edad Media y coincidiendo con fenómenos naturales de toda índole para los que entonces las iletradas gentes no encontraban explicación, los anuncios del final se multiplicaban sin cesar, lo cual resultó harto rentable para los especuladores frailes que recibían en sus conventos las donaciones de los aldeanos con posibles, en forma de tierras u otras posesiones con el fin de evitar la condenación eterna ante la llegada del juicio final.
Y aquí seguimos, en un solitario planeta con cuatro mil quinientos millones de años de antigüedad, que sigue dando tumbos alrededor del Sol, el cual será su verdadero ejecutor, cuando esta majestuosa estrella llegue a su final al convertirse en una gigante roja que devorará literalmente la Tierra, lo cual sucederá dentro de miles de millones de años, si antes no lo hemos conseguido nosotros mismos, lo cual, al paso que llevamos, tampoco sería del todo improbable, pero en cualquier caso, se supone que bastante después de que se haya conseguido terminar con la crisis que nos azota.
Llegados a este punto y tras la introducción llevada a cabo, que al final, como siempre, nos ha conducido al mismo punto de partida, adonde solíamos, a la problemática actual que nos ocupa, y dado el hecho de que lo que expondré a continuación no deja de estar íntimamente relacionado con la susodicha introducción acerca de la llegada del fin del mundo, paso a relatarles los hechos que interpreto como tales y que pudieran, sin pretenderlo expresamente, ser constitutivos de señales más que suficientes para anunciar una vez más el final de nuestros días.
Todo viene a cuento de un artículo del profesor asociado de ciencia política y sociología de la universidad Carlos III de Madrid, Javier Camacho, acerca de la situación actual en Europa, y que ha conseguido que se me pusieran los pelos de punta y que un sentimiento de miedo, espanto y temor a partes iguales, me dominaran por completo hasta el extremo de anularme el ánimo y la esperanza durante un breve espacio de tiempo, situación de la que afortunadamente pude salir, no sin arduo esfuerzo por mi parte.
Relataré brevemente cada uno de los puntos en los que este profesor se apoya – el artículo lo titula el IV Reich, lo cual ya previene al lector - para alumbrar la catastrofista visión que de la situación actual de crisis tiene formada.
Las reformas estructurales, ajustes fiscales y rescate financieros, constituyen una ataque sin precedentes a la democracia y al bienestar de los ciudadanos. Confieso que no anda errado.
Estamos ante una guerra implícita contra las democracias a través de la imposición de unos dogmas neoliberales que consolidada el imperio de los mercados. Aplicación de una política económica orientada a la recuperación de la tasa de beneficios del gran capital. Lo resume como “modelo de acumulación por desposesión”. Verdaderamente asusta, pero creo que dice verdad.
Transferencia de las rentas del trabajo hacia el capital, mediante la reducción de los salarios y otras medidas tendentes a ese objetivo. ¿Exagera quizás? No lo podría asegurar tajantemente.
Privatización de los servicios públicos que supongan un trasvase de los recursos hacia el sector privado. Ya está sucediendo.
Transferencia de la riqueza desde las naciones europeas periféricas, hacia las potencias hegemónicas, en concreto hacia Alemania. Posiblemente exagerado, pero la duda me asalta.
Una consecuencia grave de ese proceso, sería la conversión de los gobiernos en títeres a merced de los grandes lobbys financieros internacionales. Me resisto a creerlo, pero no sé qué pensar.
Defensa de los Intereses de la banca alemana, mediante la financiación a coste cero de su deuda a costa de la destrucción de los tejidos económicos del resto de los países deudores. La actividad frenética de la Merkel, así parece confirmarlo.
Estamos por lo tanto ante el IV Reich alemán, no con los Panzer, sino con los poderes económicos destruyendo los débiles estados del bienestar. Alemania, añade, vuelve a ser, como en los años treinta, el principal peligro para Europa, por lo que hay que reaccionar para evitar que la historia se repita. Comprendan que aquí el espanto me atenazara.
Es necesaria una actitud de denuncia con el objeto de que lo primero ha de ser el bienestar de los ciudadanos amenazado por los grandes poderes económicos. Absolutamente de acuerdo.
Se pregunta qué sentido tiene pertenecer a una estructura política basada en la desigualdad y en la desconfianza y donde se celebra como un triunfo la imposición a los ciudadanos de sacrificios y sufrimientos sin cuento. Sin duda da que pensar.
Termina asegurando que nuestra permanencia nos conduce al empobrecimiento y al sometimiento al IV Reich, imperio neoliberal financiarizado, en la que nuestra pobreza es condición ineludible para la prosperidad de otros. Quizás demasiado fuerte, quizás demasiado trágico y catastrofista, quizás.
Confieso que una vez escritas las líneas que configuran este artículo, mi opinión difiere de la lectura inicial que hice con anterioridad. Me sigue asustando lo mismo que entonces, pero el catastrofismo percibido es de menor cuantía y, en cualquier caso, no considero que sean motivo de alerta sobre un posible final del mundo. Juzguen ustedes.

jueves, 30 de agosto de 2012

HISTORIAS PARA NO DORMIR

Curioso, extraño y puede que hasta enigmático título el que encabeza la que puede ser una historia, quizás simple leyenda urbana, o puede que elemental patraña para despistar al lector, intrigarle o simplemente despertar su interés con el objeto de captar su atención en estos tiempos en los que se llenan páginas y más páginas diarias en todos los medios de comunicación, bien sean escritos, hablados o de propósito multimedia, siempre con los mismos contenidos que hablan de la crisis, de la cansina, pedante e insoportable prima de riesgo y, haciendo honor al título, de los temidos y siempre pavorosos recortes a los que desde hace ya tanto tiempo nos tienen acostumbrados.
No se trata, afortunadamente, de una narración que hable sobre los sobresaltos que nos producen semejantes noticias ni del desasosiego que siembran entre los sufridos ciudadanos al conectar cada mañana la radio, la televisión o al hojear el periódico, cuya primera página ya casi adivinamos sin temor a equivocarnos, sino que es una ingenua, inocua e inocente narración que debería haber despertado ya a estas alturas alguna asociación de ideas que condujera a un grupo de lectores de, digamos una cierta edad, a forzar la memoria y buceando en ella encontrarle un sentido con sabor a pasado remoto y noches de infantil insomnio, que en cualquier caso quedará desvelado al final, si lo tuviere, de este insólito relato.
Podría versar sobre las noches en vela de un habitante de una gran ciudad, en pleno verano de asfixiante, insoportable y pegajoso calor, con las ventanas abiertas, soportando los insufribles ruidos, humos, olores y sirenas varias, mezclados con el alboroto, algarabía y bulla característica de los habitantes del patio del edificio donde vives, que habiendo abusado de la siesta, y debido a la calor, deciden no echarse a dormir hasta las tantas, al igual que los vecinos de arriba, ciento y la madre, que tienen claro que los muebles han de recolocarse entre las tres y las cuatro de la mañana, con el correspondiente infernal estrépito que acompaña a semejante baile mobiliario.
Claro que también podría corresponder el susodicho y ya pedante título, a la noche que le espera al obnubilado televidente, que después de recorrerse mando en mano, todas las cadenas de la espantosa programación y habiendo agotado todas las repetidas películas que llevamos viendo desde hace veinte años y comprobado que la oportuna serie que hoy toca, es la misma de ayer con ligerísimos y sutiles cambios, así como los incalificables programas de los repelentes famosillos, los indigestos e insoportables debates con los mal llamados tertulianos gritando todos al mismo tiempo, y la cruel y omnipresente publicidad presidiéndolo todo, decide aburrido, cabreado y hastiado de tanta vacuidad e incultura generalizada, escuchar las interesadas y formativas charlas, que provenientes del patio y a todo volumen le van a amenizar la velada hasta bien entrada la madrugada.
Quizás trate sobre el voluntarioso lector que intenta sin éxito concentrarse en la lectura del libro que sin entusiasmo alguno comenzó al principio del verano, cuya lectura le aburre poderosamente pero que no puede evitar terminarlo, ya que es una cuestión de principios, de orgullo, de no permitir que un autor se le resista por incomible, infumable e insoportable que pueda ser. Pero no es así, ya que una vez más, apenas logra pasar tres o cuatro hojas de mala gana antes de cerrarlo y abrir el portátil para curiosear en Internet las últimas noticias.
Comienza la página, con gran alarde tipográfico, relatando la sorprendente historia de cómo en un pueblo, las buenas gentes deciden con el único afán de divertirse, lanzarse a la cara 120 toneladas de tomates – ciento veinte mil kilogramos – que quedan desparramados por el suelo y los cuerpos de los entusiasmados ciudadanos, mientras unas líneas más abajo, aparecen unas fotos con unas gentes que buscan restos de comida entre los contenedores de basura, por lo que decide cerrar el ordenador con un gesto de repulsa, contrariedad e incredulidad.
Cualquiera de estas historias podrían suponer motivo suficiente para pasar una noche en vela. Pero en absoluto son comparables con las que entonces disfrutábamos después de ver en la inefable Televisión Española – la única que existía entonces – la magnífica serie de Ibáñez Menta, padre de Ibáñez Serrador, cuyo título “historias para no dormir”, - de ahí el misterioso título que muchos ya habrán descifrado a estas alturas – y que hacía las delicias de las gentes de los años sesenta, aunque conseguía aterrorizarnos cada semana, siempre en blanco y negro y que sin duda logra oscurecer, valga la redundancia, a muchas de las insoportables series, sobre todo vespertinas, que asolan hoy las múltiples cadenas televisivas.
Desvelado el misterio, sólo me queda por hacerle una pregunta al posible lector: ¿Es usted el asesino? Tranquilo, no se preocupe, asuste ni incomode. No se tiente la ropa ni busque el arma homicida. No ha sido usted. Es el título de otra entrañable serie de entonces del mismo genial autor que tantas noches de insomnio nos obsequió y que tanto echamos de menos en estos tiempos de tanta ausencia de ingenio, originalidad y en definitiva de una preocupante falta de creatividad.

martes, 28 de agosto de 2012

EL MEJOR CONSEJO QUE JAMÁS OÍ

Según Einstein, el tiempo absoluto no existe, sino que cada uno de nosotros tiene una medida personal del tiempo que junto con el espacio forman una unidad espacio-tiempo, que tiene la propiedad de ser deformado por la materia en él existente, contrayéndose y dilatándose, hasta el extremo de que a velocidades próximas a la de la luz, el tiempo se ralentiza, es decir, se dilata, de tal forma que para un viajero interestelar que viajase a esa velocidad durante años, al regresar a la Tierra encontraría que para a sus allegados el tiempo habría transcurrido más rápidamente, hasta el extremo de que todos ellos habrían envejecido en mayor medida que él mismo.
No es ciencia ficción, ni teoría científica, es una realidad demostrable que debido a la imposibilidad de que los vehículos espaciales logren esa velocidad, los científicos han conseguido reproducirla en laboratorio con partículas subatómicas acelerándolas hasta aproximarse a los trescientos mil kilómetros por segundo, velocidad que la física ha demostrado que no puede ser superada por ningún objeto en movimiento.
El tiempo es por lo tanto una propiedad mutable y maleable, que en la práctica nos afecta en la vida diaria y que luchamos por pausar, detener o al menos ralentizar con el objeto de que avance lo más lentamente posible. No siempre lo conseguimos, aunque demostrado está que para cierta gente el tiempo parece haberse detenido, parece progresar más despacio, dando la impresión de que corre más lentamente que para el resto de sus semejantes que lo contemplan con envidia y admiración a partes iguales.
Claro que el hecho de cuidarse tiene mucho que ver en el tema que nos ocupa, que la buena vida y las buenas costumbres, así como la ausencia de preocupaciones y, sobre todo, la suerte de no pertenecer a un tercer mundo con condiciones de vida miserables, influye poderosamente, pero también es cierto que todos experimentamos esa sensación de que el tiempo pasa más despacio o todo lo contrario, dependiendo de diversos factores que influyen en esa percepción.
No obstante, el paso del tiempo es inexorable y aunque desearíamos demorarlo el máximo posible, día a día, aña a año, contemplamos cómo se nos escapa de entre las manos con las que querríamos atraparlo y congelarlo durante un tiempo que nos permitiera volver la vista atrás sin avanzar hacia delante, y regresar a la añorada infancia donde el tiempo no tenía cabida, donde su paso no tenía sentido, donde simplemente no existía.
Pero podemos soñar, volver la vista atrás y recordar tiempos pasados en un viaje que nos permitirá rememorar épocas y etapas de nuestra vida por las que ya pasamos hace tiempo. Ejercitando esta maravilla de la memoria, me encuentro en mis primeros años de ávido lector de una revista que no he conseguido saber cómo llegaba a mis manos, pero que lo hacía con harta frecuencia, denominada Selecciones del Reader`s Digest, que contenía extractos o resúmenes de artículos de ciencia y temas varios que conseguían atraparme y que devoraba con asiduidad.
Uno de aquellos artículos cuyo título “el mejor consejo que jamás oí”, se me quedó grabado desde entonces y no lo he olvidado, dado que el hecho de seguir dicho consejo que ilustraba con varios ejemplos su contenido, me ha dado un óptimo resulta en la vida. El consejo en cuestión decía lo siguiente: “nunca te adelantes a los acontecimientos”. Gran consejo, que he intentado seguir siempre en la vida y que ha resultado ser una poderosa y gran verdad.
Pues bien, gracias a Internet, y realizando una exhaustiva búsqueda, he conseguido encontrar el artículo en cuestión, así como la portada de la revista donde se incluyó dicho artículo. Pero lo realmente sorprendente, ha sido comprobar con emoción no exenta de una alegre añoranza, que la revista, cuyo precio era de 15 pesetas, tiene fecha de agosto de 1959.
Efectivamente, el tiempo es relativo como afirma Einstein. Yo tenía entonces ocho años.

viernes, 24 de agosto de 2012

SEGREGACIÓN EN LAS AULAS

Este año de dos mil doce, se cumplen cien años del paso de Antonio Machado por la ciudad andaluza de Baeza como profesor de francés. Hace poco tiempo tuve la gran satisfacción y la honda alegría de visitar la hermosa y deliciosa aula donde Antonio Machado impartió sus clases y que se conserva tal como él la dejó hace ya un siglo, con todo el encanto que sigue manteniendo hoy día y que no ha perdido un ápice desde entonces, con la mesa del profesor y su brasero bajo ella, los pupitres, los mapas, y numerosos documentos escritos y firmados por el ilustre poeta durante los años que pasó allí, procedente de Soria, antes de ser destinado a Segovia, en cuyo instituto ejerció durante los siguientes años.
No puedo evitar rememorar la escuela del pueblecito Segoviano donde di mis primeros pasos académicos, pequeña, acogedora, luminosa, con la estufa en el centro y a ambos lados los pupitres de madera donde nos sentábamos de dos en dos y al fondo, delante de la pizarra, el maestro, con aspecto bonachón, un tanto cargado de años, con aspecto doliente y una media sonrisa como tratando de disimular el peso que parecía llevar encima, fruto de la soledad que entonces soportaban los maestros rurales, muchos de ellos en aldeas y pequeños pueblos, alejados de su tierra.
Pobres de solemnidad, pobres de pedir, apenas ganaban cuatro duros. Los vecinos del pueblo solían llevarles viandas de la matanza, como alguna morcilla, una vuelta de chorizo, una hogaza de pan. Respetados, queridos y considerados por alumnos y padres del pueblo, apenas era tenida en cuenta su labor por la oficialidad, que durante muchos años los ha tenido en muy baja estima a todos los niveles, para ir recuperando después, poco a poco, el reconocimiento de una labor, que hoy en día la sociedad aún no valora como debiera.
He ejercido durante casi toda mi vida de maestro. Comencé en tres pueblecitos de la provincia de Segovia, para pasar después a una gran ciudad. Mis recuerdos de aquellos primeros años en la escuelita rural son simplemente maravillosos e imborrables. El maestro con los niños, la maestra con las niñas. Querido y estimado por las buenas gentes del pueblo y profundamente respetado por los niños, no tenía ni idea de lo que me esperaba al llegar a la ciudad, donde puede experimentar un profundo cambio en todos los aspectos, que me hizo añorar los tiempos pasados en la escuela rural con niños que parecían de otro mundo y con unos padres respetuosos hasta la saciedad.
Esta introducción viene a cuento después de tener noticias de una información relativa a la formación separada por sexos, por la cual apuestan quienes consideran que el rendimiento académico de los alumnos es superior en estos casos. Efectivamente las estadísticas confirman este punto, con resultados que superan a los de los alumnos que llevan a cabo su formación sin discriminación de sexo.
Justifican estos resultados por el hecho de que los alumnos están más concentrados en su estudio debido a la ausencia de determinados intereses propios de la edad que los distraerían en su aprendizaje, logrando así estar más pendientes del estudio de las materias académicas que del natural interés por el otro sexo y de todas las posible conclusiones que de ello puede deducirse, al evitar todo tipo de distracción, lo cual redunda en unos mejores resultados y en una preparación más completa.
No pongo en duda este estudio que otorga unas calificaciones académicas por encima de las obtenidas en las aulas donde estudian y conviven alumnos de ambos sexos, pero considero que la escuela no sólo es formación y preparación de unas determinadas materias con vistas al futuro profesional, sino que ha de ser también escuela de vida, de convivencia, de conocimiento y respeto hacia el otro sexo con el que coexistirá el resto de su vida.
Recientemente puede ver un documental sobre la vida académica de los alumnos de secundaria en Corea del Sur, un país de los más avanzados del mundo, con una asombrosa tecnología y un alto nivel de vida. Los alumnos salen de su casa a primera hora de la mañana y retornan a ella a las diez de la noche. Apenas ven a sus padres y el ritmo diario es tan frenético que apenas tienen tiempo para comer.
Terminado el colegio continúan complementando su formación con otras actividades en academias y otros centros con el objeto de poder competir con el resto de jóvenes para conseguir una preparación lo más completa y sólida posible que les permita obtener una salida profesional lo más satisfactoria posible. El índice de suicidios entre los jóvenes que no pueden soportar tanta presión es tan alto, que el gobierno ha decidido dar marcha atrás en los planes de formación con el objeto de relajar una vida académica que se les hace insoportable a los jóvenes Coreanos.
Es por ello que si el objeto de la segregación académica es el de conseguir jóvenes con un alto grado de preparación, lo cual es perfectamente deseable, hágase sin que ello suponga un trauma para ellos, ni un sobreesfuerzo tal que no compense de ninguna manera el hecho de alejar un sexo del otro a la hora de su preparación para una vida que, en definitiva, han de llevarla a cabo en común, independientemente del grado de formación alcanzado.

miércoles, 22 de agosto de 2012

A LAS BARRICADAS

No es fácil desde nuestra más o menos cómoda posición, juzgar determinados hechos, acciones o sucesos que atañen a las gentes que una vez han llegado a determinados extremos de lucha por la supervivencia, deciden tomar la justicia por su mano y adoptar determinadas posiciones al margen de la ley, las cuales nos producen una doble impresión, mezcla de comprensión y rechazo, que nos obligan a posicionarnos a favor o en contra, sin que ninguna de las dos decisiones nos convenzan por completo, entendiendo a veces que se pueda llegar a esos extremos cuando la necesidad es extremadamente acuciante, y desechando en otras al reflexionar y llegar a la conclusión de que nadie puede saltarse las normas.
Y así nos encontramos ante un dilema ante el cual nos sentimos obligados a pronunciarnos, bien sea para nuestros adentros, sin exteriorizarlos, sin publicarlos, sin comentarlos con nadie, bien sea expresando pública y abiertamente lo que sinceramente pensamos, aunque con las lógicas dudas que dichas acciones puedan despertar en nuestra conciencia sometida a la doble moral que con frecuencia adoptamos ante hechos que consideramos incómodos y que vienen a alterar nuestra tranquila y pacífica existencia.
Lo que no podemos ni debemos manifestar, es nuestra indiferencia ante unos sucesos que nos tocan mucho más de cerca de lo que seguramente pensamos al observarlos desde lejos, desde una posición que podría pensarse que no nos atañe en absoluto y que sin embargo está muy lejos de la realidad ya que son el resultado de una situación en la que se encuentra una sociedad sometida a la tremenda presión de la inseguridad a la que está llegando, merced a una crisis que está consiguiendo que un importante sector de la población esté entrando en un oscuro túnel, víctima del paro y de los numerosos recortes de todo tipo que la están empobreciendo paulatinamente.
Recientemente hemos asistido a la ceremonia de la confusión más absoluta cuando tantas veces se había adelantado que algo así podía ocurrir, que más bien estaba ocurriendo, aunque solapadamente, aisladamente, en casos contados que los grandes supermercados ya habían comunicado al advertir pequeños robos que han ido aumentando en frecuencia e intensidad.
Ha sido en Andalucía, pero puede extenderse como una plaga si la situación empeora. Un sindicato obrero ha asaltado un supermercado llenando varios carros con alimentos de primera necesidad que ha repartido después entre los más necesitados de la zona. Los integrantes de la incursión fueron detenidos y hoy recorren los platós de las cadenas de televisión y las emisoras de radio relatando su experiencia, llámesele hazaña, robo o advertencia, que de todo ello se ha calificado a un hecho que tiene todas las posibilidades de que vuelva a suceder.
La indignación a la que han llegado las gentes que han protagonizado este suceso y tantas otras que lo han contemplado, les autoriza para justificarlo. Es comprensible y a muchos nos llega a lo más profundo de una sensibilidad maltratada por las penosas circunstancias actuales – el número de ciudadanos que acuden a los comedores sociales va en aumento – y si no aplaudimos, al menos transigimos con estos acontecimientos.
Admitir estos comportamientos, dándolos naturaleza de hechos justicieros, con patente de corso, crearía una elemental inseguridad en cuyas redes quedaríamos todos atrapados. No podemos tomarnos la justicia por nuestra mano, no podemos crear una inseguridad jurídica de la que todos seríamos víctimas.
Pero el Gobierno no puede quedarse con los brazos cruzados ante este severo aviso que han proclamado a los cuatro vientos estos obreros, llevados por su comprensible ira. La situación no puede sino empeorar, por lo que debe tomar las riendas de “Su País”, olvidarse de tanta presión como dice soportar de otros países y velar por sus ciudadanos que están aquí y ahora y que llevados a los extremos de abandono en los que se encuentran, podrían convertir estas advertencias en hechos, que multiplicados, podrían llegar a provocar una auténtica emergencia nacional en la que prácticamente ya nos encontramos.

lunes, 13 de agosto de 2012

NO ES ESO, DON MARIO


Vaya por delante y quede rotunda y suficientemente claro, mi inmenso y absoluto respeto por quien aquí me atrevo a replicar, contradecir e incluso criticar abiertamente, después de haber leído detenidamente, con pausa y atención extrema cuantos razonamientos considero son erróneos, inexactos y equivocados, siempre claro está, al contrastarlos con mi ideario y mi sensibilidad, en cuanto al contenido del artículo se refiere y que publica mi admirado y respetado Mario Vargas Llosa en un periódico de alcance nacional.
Constituye para mí un inextricable misterio, cómo personas de todas las clases sociales, con una preparación y formación exquisitas, cultas, dotadas seguramente de una especial sensibilidad, puedan mantener detenidos idearios tan alejados de la tolerancia y la libertad y tan próximos al fanatismo y a la rigidez más extremas en campos como la política, la religión y el análisis social.
En absoluto incluyo a Vargas Llosa en ese sector de personajes a los que acabo de calificar, ya que en absoluto puedo encuadrarle en un grupo con el que nada tiene en común, y para los que la única explicación posible es la de la educación recibida y el ambiente social, educativo y formativo en el que se desenvolvieron, aunque ello no es obstáculo para que me sorprendan las argumentaciones de don Mario.
El artículo al que me refiero lo titula así: La “barbarie” taurina, entrecomillando el término “barbarie”, con la clara intención de dejar constancia de su connotación irónica en respuesta al artículo publicado anteriormente en el mismo medio por Rafael Sánchez Ferlosio, que bajo el título Patrimonio de la humanidad, propugnaba justamente lo contrario, exhibiendo razonamientos con los cuales estoy de acuerdo, opuestos totalmente al autor de La Fiesta del Chivo y premio Nóbel de literatura. Sánchez Ferlosio afirmaba en dicho artículo que deberían desaparecer los toros, no por compasión, sino por vergüenza de los hombres.
Empiezo por el final de los argumentos de Vargas Llosa, cuando afirma que hay que amar a los toros, no odiarlos, argumentación pobre donde las haya, ya que dudo que existan muchos seres humanos que odien por principio a los animales, seres inofensivos en su inmensa mayoría, incluido el toro bravo, si no se le desafía, animal por otra parte hermoso y majestuoso, que de ninguna forma desaparecería si lo hiciese la mal llamada fiesta nacional, argumento que aducen sus defensores, y que adolece de verosimilitud y de sentido de la realidad.
Fue una tarde muy bonita, comenta Don Mario en una expresión excesivamente simplona para un escritor de su talla, añadiendo después que toro y torero gozaron e hicieron gozar – dudo que el toro disfrutara en exceso – a la afición. Sobran comentarios sobre esto último. El toro está demostrado que sufre y además gratuitamente, mientras los asistentes corean al insensatamente denominado maestro.
Se esfuerza en explicaciones técnicas del pretendido arte – no menciona éste término, sino que afirma que posee valencia artística – así como en implicar a poetas, músicos, cantantes, pintores, escultores, novelistas y danzarines, comparando éstos últimos con los banderilleros cuando se encargan de llevar a cabo su misión que no es otra que la de zaherir al noble animal. La danza es otra cosa, es una bella manifestación artística, donde no cabe ni la crueldad ni la violencia.
¿Qué diálogo secreto puede existir entre un individuo inteligente y armado, y un animal irracional que es puro instinto?
¿Cómo un talento como el de Vargas Llosa puede afirmar que suprimir los toros equivale a anular la libertad de prensa, de libros y de ideas?
¿Cómo es posible que encuentre multitud de aficionados hasta en lugares tan recónditos como los países Nórdicos?
¿Cómo se puede estar de acuerdo con la afirmación de Ortega y Gasset en el sentido de que no se puede comprender la historia de España sin tener en cuenta la historia de las corridas de toros?
¿Cómo se puede, en definitiva, justificar esta abominación cruel y sádica con argumentos tan peregrinos?
Termina calificando la supresión de los toros como la última ofensiva autoritaria disfrazada de progresismo. Ni una cosa ni otra, Don Mario. Ve usted gigantes donde sólo hay molinos y, no entiendo que califique de progresistas a quienes no conciben, como yo, que un espectáculo cruel y en el que el derramamiento de sangre es inherente al mismo, coexista con un museo, una biblioteca o una catedral, templos del arte y de la cultura.
Mis respetos, Sr. Vargas Llosa, tanto hacia su persona como hacia su ingente y valiosa obra literaria, que sinceramente admiro y valoro.

domingo, 12 de agosto de 2012

VOLAR DEL NIDO

Teníamos apenas doce años, quince a lo sumo y ya estábamos lejos de casa. Vivíamos en internados, colegios y más adelante en pensiones de la ciudad, generalmente en la capital de la provincia, Segovia en mi caso, época de la que guardo unos gratísimos recuerdos, unas maravillosas experiencias que lograron que a esta hermosa ciudad me aten desde entonces unos fuertes lazos de consideración, gratitud y respeto que conservaré mientras viva.
Tiempos de estudiante afortunado, alojado en una cálida y deliciosa pensión, pegada al majestuoso Acueducto, joya incomparable, que sigo sin comprender, y así lo he manifestado con frecuencia, por qué no se difunde su imagen y su historia con más intensidad, con más pasión, con más garra y convicción, con auténtico tesón, como un monumento único e irrepetible en el mundo, que tuvimos la suerte de que la Civilización Romana nos legase para lujo y disfrute de nuestra afortunada ciudad, junto con la preciosa y espléndida Catedral, las maravillosas iglesias y conventos y el soberbio Alcázar.
Todas estas joyas, junto con una envidiable gastronomía, consiguen que esta ciudad brille con luz propia a un altísimo nivel, reconocido sin lugar a dudas, como demuestran los numerosos actos culturales con representación internacional, llevados a cabo con una periodicidad y una frecuencia fijas, pero que ello no supone que Segovia figure en el ámbito internacional en el lugar que le corresponde y a la altura que se eleva esta joya cargada de tesoros, con el Acueducto al frente.
Sirva de introducción, homenaje y reconocimiento lo aquí expresado hasta el momento acerca de la acomodaticia situación en la que se encuentran instalados nuestros jóvenes, que evidentemente no lo tienen fácil, sin lugar a dudas, pero que precisamente por ello y por su envidiable e irrepetible condición juvenil, deberían batir las alas y abandonar el nido, dejando de lado tanto juguete mediático permanentemente ubicado entre las manos, tanta red social con tanto contenido insulso, cutre y banal y enfrentarse al mundo, comérselo literalmente.
Y así, en lugar de tanta queja, tanto tiempo encerrado en su guarida repleta de smartphones, móviles, ordenatas, consolas y una indiferencia absoluta por todo lo que ocurre a su alrededor, pese a los difíciles momentos por los que pasamos, pese a las complicadas circunstancias que se ceban en ellos de una forma especial, ese mundo tan hosco, tan adverso, tan complicado, los necesita y los espera con los brazos abiertos.
Pero para ello, para que sean escuchados y tenidos en cuenta, para que se oiga su voz, se tenga y en cuenta y se respete, han de elevarla más allá, han de publicarla a los cuatro vientos, olvidarse de las simplezas, cursilerías y vacuidades con que suelen llenar las redes sociales, medio importantísimo, clave y decisivo para gritar a los cuatro vientos su disconformidad, su negativa a seguir los dictados de quienes los agreden y limitan de formas diversas, sin poseer la más mínima autoridad moral, anulándolos e introduciéndolos en un mundo virtual repleto de instrumentos que no hacen sino alejarlos de los problemas reales, consiguiendo así silenciarlos, a ellos, que constituyen la fuerza más poderosa y vital de la sociedad en que vivimos.

viernes, 10 de agosto de 2012

CIUDADANOS DEL UNIVERSO

Nacemos en un determinado País, cuya nacionalidad adoptamos para toda la vida durante la cual rara vez se nos pasa por la mente que además de ciudadanos de la patria que nos acoge, lo somos del mundo, del planeta en el cual surgió la vida de la que formamos parte, vida que se abrió camino aquí, pero que con seguridad no es patrimonio exclusivo del planeta Tierra que habitamos sino que se encuentra repartida y dispersa por todo el universo al que pertenecemos.
Aunque a nivel individual no solemos ser conscientes de esta situación, sí lo somos a nivel global, a nivel científico, como raza humana de seres humanos que tomando conciencia de su soledad en un universo de formidables dimensiones, no se resignan a continuar aislados en este hermoso Planeta y buscan sin cesar un rastro de vida que pueda existir o haya existido en los planetas que nos rodean en los aledaños, aquí a la vuelta de la esquina en términos astronómicos, adonde nuestra incipiente tecnología nos puede permitir enviar rudimentarios artilugios no tripulados con los que tratar de averiguar si un día la vida se abrió camino en los astros más próximos que caso tocamos con las manos, lejos, muy lejos, inmensamente lejos de cantidades infinitas de mundos que viajan sin fin por un Cosmos de colosales dimensiones.
Somos hijos de las estrellas, afirmaba Carl Sagan, materia procedente de la hercúlea, poderosa y sobrecogedora energía almacenada en estos fabulosos astros que como nuestro Sol, alimenta, cuida y protege el desarrollo de la vida en el planeta Tierra.
Hace ya más de cuarenta años que el hombre pisó la Luna, pese a las reticencias que aún hoy continúan por parte de quienes piensan que todo fue una patraña, un engaño, una mentira, que nunca llegaron a nuestro satélite, que todo fue un montaje, y aunque como se presumía, no se halló resto alguno de vida, se consiguió con ello un hito histórico indudable para la raza humana.
Recientemente la nave Curiosity se posó sobre el planeta Marte, el planeta rojo, sujeto de múltiples leyendas Marcianas y objeto de numerosas misiones no tripuladas desde hace muchos años, algunas de las cuales nunca llegaron, otras lo consiguieron con más o menos y ésta última lo ha hecho con la mejor de las expectativas, lo cual puede posibilitar el darnos a conocer si hubo vida en algún momento en un planeta que ahora es un auténtico desierto que adolece de la más elementales condiciones para albergarla.
Necesitamos saber, anhelamos conocer y deseamos descubrir y a ser posible contactar con otros seres de otros mundos, sean o no inteligentes. Saber que no estamos solos, que la vida no es patrimonio exclusivo del nuestro. Este conocimiento le daría cierto sentido a nuestra existencia y aliviaría en parte la angustia vital que padecemos y que se experimenta al observar una fotografía de la Tierra en medio de la oscuridad absoluta del Cosmos y considerar la inmensa soledad en la que este solitario Planeta se halla inmerso.