martes, 22 de noviembre de 2016

PAN Y CULTURA

Los recortes en cultura, nunca han sido una buena medida económica, según reconocen la inmensa mayoría de los gurús de la economía que en el mundo han sido y son en la actualidad. El inmenso valor ético y estético que posee la cultura, se amplía con el correspondiente atractivo turístico, educativo, y como consecuencia de todo ello, con un plus económico del que todo el país participa y se beneficia.
España con unos recortes en cultura del cincuenta por ciento, es uno de los países donde los recortes ha tenido una mayor repercusión negativa, con una drástica disminución en las aportaciones y subvenciones en casi todos los estamentos culturales, así como un insoportable iva aplicado a un sector, que es esencial a todos los niveles, en el desarrollo de cualquier país.
Recortar en cultura, no beneficia en absoluta la marcha de la economía, sino todo lo contrario, según demuestran las cifras en España, dónde según datos estadísticos, que hablan bien a las claras, cuando arrojan una cifra de mil cien millones de euros dejados de ingresar en el año dos mil trece, así como una importante repercusión negativa en el empleo y en el producto interior bruto.
Afirmaba Federico García Lorca, que si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro, al tiempo que afeaba la conducta de quienes solamente hablaban de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las culturales, que es lo que los pueblos piden a gritos.
Bien está que los hombres coman, pero que todos los hombres sepan, que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, convertirlos en esclavos de una terrible organización social, añadía nuestro insigne poeta al tiempo que reivindicaba el hecho de que los pueblos han de leer, para que aprendan no sólo el verdadero sentido de la libertad, sino el sentido actual de la comprensión mutua y de la vida.
Hablar de recortes en la cultura se ha convertido en un tema recurrente de la crisis. Cine, teatros y museos, llevan recibiendo cada año menos aportación del Estado. Esta desalentadora realidad se cumple también con las Bibliotecas Públicas, que han presentado sus datos de dos mil doce, año en el que se realizó una inversión de cinco millones de euros menos respecto al curso anterior.
Estos cierres de bibliotecas, tanto de barrio, como de distrito o en centros culturales, ha traído consigo la reducción de personal bibliotecario y de horarios en las mismas, lo cual supone la negación del acceso libre a la información, la formación  y la cultura.
No se puede impedir el acceso a la cultura. Es lo último que un Estado que se preocupa y ocupa de sus ciudadanos, debería llevar a cabo. Sin embargo, los datos cantan y los recortes se han llevado a cabo a la par que tantos otros, que pese a su indudable negativa repercusión, no alcanzan la importancia que tienen a medio y largo plazo los llevados a cabo en los campos de la cultura y la educación.
De esta manera, muchas bibliotecas no solamente han visto recortadas sus asignaciones para actualizarse sino que se han visto obligadas a cerrar parcialmente, por falta de presupuesto. Triste y desalentador. Recortar en cultura, es siempre una injusticia. Pero sobre todo es un error, un inmenso error.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

LAS CAMPANAS DE LA DISCORDIA

El sonoro tañido de las campanas de la iglesia doblando a rebato en las fiestas, llamando a los vecinos en los incendios, ahuyentando las tormentas o repicando fúnebre en los entierros, son imágenes sonoras que quedan indeleblemente grabadas en la memoria de quienes vivieron su infancia en los pueblos y en las pequeñas ciudades de España.
No recuerdo sin embargo, que su metálico y vivaz sonido, se hiciera oír a la hora del omnipresente ángelus, a las doce del mediodía, que invitando a la oración, se escuchaba en la radio, en todas y cada una de las casas de los habitantes del pueblo, indefectiblemente y durante muchos años, como el diario hablado de las dos y media de la tarde, que solía coincidir con la hora del almuerzo.
Regreso ahora a aquellos lugares, y afloran los recuerdos, al tiempo que leo como en un conocido y cosmopolita pueblo de Madrid, el ayuntamiento ha impuesto una considerable multa a una iglesia por repicar las campanas a la susodicha hora del ángelus, aduciendo que alteran con un exceso de decibelios, la tranquilidad y el sosiego de los ciudadanos de la villa.
Tiempos aquellos, en los que volteábamos las campanas de la hermosa torre en espadaña, jugándonos literalmente el tipo para girarlas, tal era su tamaño. La más grande de todas, que nos parecía entonces gigantesca, siempre bella y escultural campana de bronce, lograba que sus prodigiosos sones se escucharan con claridad a una considerable distancia de la iglesia.
Empujábamos su base con todas nuestras sumadas fuerzas, hasta que la corona quedaba a nuestro alcance, momento en el que nos colgábamos de ella, hasta hacerla girar sobre sus engrasados goznes, consiguiendo con ello una primera vuelta que se iría incrementando al impulsar todas las manos a la vez, cuando por delante de nosotros pasaba, cuidando de que no nos golpeara, logrando una vertiginosa velocidad de giro, con un sonoro e inolvidable tan, tan, al golpear el badajo el duro metal.
Cuando la tormenta de granizo se cernía sobre los campos de cereales, subíamos a la torre a tocarlas. Se pretendía con ello evitar el letal efecto que el pedrisco suponía para una cosecha que podía quedar arrasada en unos minutos, bajo el implacable golpear de las bolas de hielo que se precipitaban con desencadenada furia desde los irascibles cielos, que lejos de asustarse por el ensordecedor sonido, parecían irritarse aún más, en desatada y desigual lucha con el sonoro concierto de las campanas.
Sones que ahora se ven castigados y pretendidamente silenciados, por quienes rodeados por un infernal tráfico, con su contaminante mensaje de humos, ruidos y estruendos diversos, levantan su voz contra el peculiar, familiar y reconocible sonido de unas campanas, que en su momento llamaban a quienes desearan seguir y escuchar sus lamentos de bronce, invitándoles al recogimiento y la oración, y que hoy en día, no constituyen sino una tradición, que de ninguna forma puede llegar a molestar en el centro de una ciudad, en medio del infierno de ruidos de toda índole que la sociedad moderna ha sido incapaz de evitar.
El dulce y melodioso tañido de unas campanas, no debiera ser motivo de discordia. Más bien sus sones, perdidos en el estruendo de la ciudad, debieran acogerse con agrado. Como una  delicada y natural melodía.

lunes, 14 de noviembre de 2016

LAS EDADES DEL ACUEDUCTO

A través de sus rejuvenecidos y luminosos ojos, nos contempla el Acueducto, con una mezcla de indulgencia y paternal complacencia, al activar la memoria de siglos que alberga, y que ahora, para fortuna suya y complacencia nuestra, se ha visto reducida en veinte años, merced al hallazgo de nuevos indicios, entre ellos un sestercio, con el que los arqueólogos han logrado establecer que la construcción de nuestra joya más preciada, se inició en el siglo II, en lugar del I, como hasta ahora se daba por hecho.
Se renueva así aún más, su esbelta, airosa y majestuosa figura, como si acabara de despertar de un breve y saludable sueño, erguido y resuelto a sobrevivirnos eternamente, sin necesidad alguna de arbotantes y contrafuertes, que lo mantengan en su hermosa y prodigiosa verticalidad.
Ni un gesto contrariado, ni una queja, ni una leve insinuación. Sólo su noble, paciente y sereno silencio, ha sustituido a su pétrea voz, que han admirado cuantos han tenido la inmensa fortuna de disfrutar de su extasiante contemplación a lo largo de sus casi dos mil años de larga y apacible vida.
Cuantas guerras y revoluciones, revueltas y coronaciones ha contemplado sin inmutarse. Cuantos hechos benignos y malvados, ha observado desde su privilegiada posición. Cuantos personajes, sucesos incontables, vilezas, heroicidades y traiciones ha tenido que sobrellevar sobre sus graníticas espaldas, y cuantos cambios de todo orden, ya sean sociales, científicos, económicos, políticos y generacionales ha podido ver sin inmutarse, sin mudar su voz ni alterar su compostura.
Mucho antes que la hermosa catedral, el majestuoso Alcázar, y las magníficas iglesias, conventos y monasterios, que hacen de Segovia una ciudad única y monumental, el Acueducto se erigía soberbio y majestuoso, aplacando la sed de unos ciudadanos, que hace dos milenios lo contemplarían con arrobo, asombro y un profundo y agradecido sentimiento de legítimo y envidiable orgullo.
Ha sobrevivido a las inclemencias del tiempo, propiciadas por un clima extremadamente duro, que ha golpeado con fiera dureza su piel de granito. A las ruidosas y contaminantes máquinas que transitaban sin piedad bajo sus estilizados y sorprendidos arcos de medio punto, que sin una queja soportaron durante decenios toda la carga de una brutal e insidiosa fuerza acústica y sonora, que estoicamente aguantó sin inmutarse.
No existe en el planeta un monumento histórico que pueda competir con tan bella y soberbia construcción. Sencillo, a la par que elegante, con una aparente fragilidad que se torna en titánica y colosal estructura cuando a ella se aproxima el asombrado observador, lleva dos milenios desafiando a los siglos y al tiempo como un gigante decidido a sobrevivirnos a perpetuidad.
Y lo intentará sin duda, para así dar testimonio de la capacidad del ser humano para crear belleza, así como de su ingenio, de su creatividad, y del amor por el arte que le caracteriza, logrando así que las generaciones futuras disfruten el portento que una civilización eterna como la romana quiso legarnos.
Obligados estamos a velar por esta maravilla, que pese a su buen estado de salud e inesperado rejuvenecimiento, no podemos olvidar que se halla sometido a las inclemencias de una intemperie, que no sabe de sutilezas de ningún tipo, en aras de conservarlo, cuidarlo y mimarlo como merece.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

LA REALIDAD AUMENTADA

Paseando los parques de numerosas ciudades, y otros emblemáticos lugares, puede observarse cómo últimamente grupos de jóvenes se mueven por ellos como si de buscadores se tratara, de no se sabe qué valioso tesoro supuestamente escondido, y cuyo oculto lugar parece dárseles a conocer en las pantallas de sus modernos móviles, que como posesos observan sin apenas pestañear, sin retirarlo un momento de su obsesiva contemplación y sin apenas mirar el terreno por el que se mueven, tal es su grado de concentración en una tarea que se repite día tras día, y que ya a nadie sorprende.
Se cruzan unos con otros, giran a izquierda y derecha, avanzan, retroceden, apenas se comunican, salvo para ligeras y mínimas indicaciones que se lanzan unos a otros, que motivan un nuevo cambio de dirección, un alto en el proceloso camino que siguen, en el que se encuentran con otros grupos una y otra vez, moviéndose en círculos, en zigzag, adelante y atrás, en un continuo y siniestro baile, que deja atónitos a los tranquilos paseantes del parque, que antes se preguntaban, y ya no lo hacen, pues no resulta difícil adivinar, que se hallan en busca y captura de un singular y universalmente conocido personaje digital, que ha conseguido llenar las pantallas de millones de usuarios en todo el mundo.
Pocas veces había sido tan grande el impacto promovido por las redes sociales con el que ocupa a ingentes cantidades de jóvenes, y menos jóvenes, en todo el planeta, como está consiguiendo el fenómeno denominado Pokemon Go, que pocas aclaraciones necesita para que sea reconocido por la inmensa mayoría de la millonaria comunidad internacional de usuarios de las nuevas tecnologías.
Se trata de un juego, uno más, pero con unas peculiares características que han logrado una auténtica conmoción internacional, que ha atrapado a medio mundo en sus sutiles redes, con una poderosa fuerza de atracción que se ha instalado en los más jóvenes, y que en esencia se basa en la denominada realidad aumentada, donde el usuario ha de perseguir y atrapar a los consabidos personajes virtuales, que aparecen en la pantalla moviéndose por los lugares reales que la cámara muestra, y que son los que están al alcance de su visión directa y en el entorno físico donde se desenvuelve.
¿Cómo puede explicarse racionalmente esta persistente obsesión por un juego que tiene absorbidos a millones de usuarios, fundamentalmente jóvenes? ¿Cómo entender cabalmente que puedan dedicar horas al día a una búsqueda de un muñequito digital, que como tal no tiene ninguna entidad material alguna en el mundo real en el que se desenvuelven?
La realidad aumentada es un concepto abstracto e irreal, que no tiene traducción alguna en el mundo en el que nos desenvolvemos, más que de una forma virtual e imaginaria, llevada a cabo por una aplicación informática, por un programa diseñado por los programadores de juegos, que consiguen con su indudable ingenio y creatividad insertar los susodichos muñecos en los espacios reales donde nos movemos, como si en verdad allí estuviesen, algo que saben los jugadores, pero que parecen febrilmente olvidar cuando compulsivamente se encuentran inmersos en ese mundo irreal e imaginario.
Gigantescas concentraciones de fanáticos se reúnen con frecuencia en las denominadas quedadas, con el objeto de intercambiar información, a la par que poder demostrar que la ciudad dónde tiene lugar dicho acontecimiento, merece que los creadores del juego, pongan allí sus ojos y llevar allí a cabo un gran evento que les permita localizar los dichosos muñequitos, algunos de los cuales sólo sería posible situar en unos determinados lugares escogidos por los dueños de la susodicha aplicación, para que puedan ser atrapados por los usuarios de la afortunada ciudad que consiga una mayor repercusión internacional.
¿Por qué los jóvenes no dedican ese precioso tiempo dedicado a ese entorno mixto mezcla de virtualidad y realidad a algo más provechoso y productivo para sus vidas y haciendas? Quizás no tengan ni en encuentren nada mejor que hacer, quizás la sociedad en la que se hallan inmersos no les ofrezcan unis incentivos y unas iniciativas que supongan una alternativa a esta pérdida de tiempo.
Quizás todos seamos un poco culpables de una situación que nos ha llevado a unas altísimas tasas de desempleo entre los más jóvenes, que pueden propiciar en parte estos comportamientos, que aunque no sean suficientes para disculparlos, sí tendrían parte de culpa en semejante despropósito.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

ACTITUDES RUFIANESCAS

De incalificables, oprobiosos y rechazables, sin ambages ni  reservas de ningún tipo, cabe calificar los insultos proferidos contra el PSOE, a cargo del diputado de Ezquerra Republicana, cuya intervención, apoyándose en su condición de aforado, hace honor a su apellido, a la sazón, Rufián, cuyo significado, si nos molestamos en consultarlo, se corresponde con "persona vil y despreciable, que vive del engaño y de la estafa.
Entre otros epítetos, los tildó de traidores, caciques y sinvergüenzas, que ha proferido desde la tribuna de oradores, sin inmutarse, en un tono agresivo, que es un rasgo peculiar de este individuo, que ha logrado unir a casi todos los demás grupos a la hora de rechazar tamaños improperios.
Este portavoz de ERC, sin experiencia política alguna, que fue captado hace muy poco tiempo por sus cualidades de hombre bulldog, para lanzarlo como arma arrojadiza contra todos los que no piensan como él y su partido, no pierde ocasión de destilar odio por todos los poros de su cuerpo, cada vez que hace uso de la palabra.
Panfleteo experimentado, y con una violencia verbal exacerbada, disfruta exaltando los ánimos de quienes de una irracional forma, lanzan indiscriminadamente todo tipo de improperios e insultos, en un alarde de populismo absurdo y radical, que no deja lugar alguno a la reflexión y a la lógica humanas, que debe acompañar siempre a toda manifestación de una opinión contraria.
La indignada respuesta del portavoz del PSOE, que no se hizo esperar, habló de la sangre, sudor y lágrimas derramadas en el pasado reciente por su partido y otros, para que este individuo pudiera hoy estar ahí, expresándose libremente.
Se refería, sin lugar a dudas, a los políticos asesinados por el terrorismo etarra. Debió añadir dicho portavoz, que mientras esto sucedía, el secretario general de su partido, en un acto muy criticado entonces, se entrevistó con los terroristas para que no asesinaran en Cataluña.
Lo más preocupante de todo esto, es la cantidad de gente, joven y no tan joven, que creen a estos individuos que se creen en posesión de la verdad. Da miedo pensar, que puedan justificarlos, en un alarde de ingenua y peligrosa aceptación de una violencia verbal, que como otros que podríamos citar, acaparan hoy el panorama político de este país.
Populistas sin escrúpulos, explotan la vena rebelde e inconformista de mucha gente, que ven en ellos a unos salva patrias, que con su verbo fácil y agresivo, proclaman a los cuatro vientos lo que ellos quieren oír, aplaudiendo a rabiar sus improperios, despropósitos y demás verborrea, que saben que enerva y satisface a las masas a las que se dirigen, en un acto de injustificable manejo de las mentes de quienes no se detiene a analizar, razonar y discriminar cuanto a sus oídos llega.
Son muchos ya lo que utilizan estas sucias artimañas para ganarse a una ciudadanía donde reina el descontento y la apatía por el comportamiento de una clase política que ha hecho méritos más que suficientes para su completo descrédito.
Rufianes, pícaros y malandrines, poblaban la novela picaresca de nuestro Siglo de Oro. Cuatrocientos años después, siguen por estos lares. Han cambiado sus objetivos y métodos, pero en esencia, son los mismos.

lunes, 24 de octubre de 2016

DE SEGOVIA A BADALONA

Qué bonito es Badalona, en invierno y en verano, con mantilla y barretina, a la sombra y al solano, tal como la describe Serrat en su célebre canción, que ahora viene a colación, cuando los medios de comunicación airean a pleno pulmón los acontecimientos allí vividos en el ayuntamiento de ese bonito pueblo, que hace ya demasiados años decidiera cantarle Joan Manuel, en un alarde de buen humor, desprovisto de cualquier sospecha de la marea independentista que ha motivado los sucesos que se citan, y que tan lejos están de la letra y el espíritu que desprende esta canción de Serrat.
Y es que algo se ha roto en la apacible y serena relación que siempre existió entre Cataluña y el resto de España, que siempre se materializó en una sincera admiración hacia una región que la veíamos con una sana envidia, ante su fuerza industrial, y la pujanza económica que siempre le ha caracterizado, así como por sus innumerables y valiosos atractivos culturales, que hicieron que volviésemos la vista con respeto y admiración hacia quienes hoy dicen que no los queremos, que los odiamos, que los tratamos despectivamente.
Todas esas  consideraciones nos llevan a la conclusión taxativa de que la situación creada no responde a una ofensiva desatada por una ciudadanía del resto de España, que desprecia o desatiende a los catalanes, que además, en una importante proporción, son originarios de esa población de otras regiones, que contribuyeron al desarrollo de Cataluña, y que se sienten tanto catalanes como españoles, a la vez que integrantes de una Europa, a la que todos, por igual, pertenecemos.
Los sucesos acaecidos en Badalona el día doce de octubre, con una desobediencia absurda y radical por parte de los concejales del ayuntamiento, no contribuyen a un necesario entendimiento y a una paz y sosiego social, que todos deseamos, y que se necesita para actuar racionalmente por ambas partes, para alejarse de todo radicalismo y fundamentalismo siempre negativos, que no hacen sino alejar unas posiciones cada vez más resueltas a llegar a acuerdos que puedan resolver un problema que pesa ya demasiado en una sociedad que no puede ni obviarlo, ni permitirse el lujo de mirar hacia otro lado.
No podemos permitirnos el lujo de prescindir de Cataluña. Demasiado doloroso en todos los sentidos. Más de la mitad de la población, no lo desea, con lo que los enfrentamientos entre ambas posiciones, instalados ya a nivel incluso familiar, pueden llegar a generalizarse en otras instancias, trasladándose a la calle, algo absolutamente rechazable y no deseable, que podía eternizarse en una sociedad dividida y enfrentada.
Por otra parte, el daño infringido a este País, sería de unas enormes proporciones, dado el hecho de que la economía catalana supone el veinte por ciento del pib de España, y que la pérdida de población, alcanzaría la considerable cifra de siete millones y medio de habitantes. Como le sucedería a Cataluña fuera de España, y cuyas consecuencias negativas, sus gobernantes se esfuerzan por ocultar a la ciudadanía catalana.
Hace no mucho tiempo, un vecino de Badalona, llegó a la inefable conclusión de que su pueblo es una nación. Aducía para ello, que Badalona posee un territorio propio. Segovia, mi ciudad, también tiene el suyo. Posee, dice, vegetación y fauna propias. Nosotros tenemos chopos, álamos, encinas, robles, enebros, conejos, codornices, perdices, cigüeñas, águilas, palomas. Afirma también, que tienen lengua, historia y economía también propias.
Pues bien, el Castellano es nuestra hermosa lengua, históricamente Castilla nos avala, y en cuanto a la economía, somos afortunados poseedores de la mies de nuestros prodigiosos campos, de una soberbia y rica gastronomía, y de un amplio y grandioso patrimonio artístico que disfrutamos.
Nada, por lo tanto, que envidiar a Badalona. Tenemos, como mínimo, lo mismo que ellos. Pero somos una buena, tolerante y pacífica gente, que no ansía más que vivir en armonía con todos los ciudadanos de paz de este País. También con los de Badalona, y con el resto de la Humanidad. Afortunados que somos, oigan.

lunes, 17 de octubre de 2016

EL NOBEL DE BOB DYLAN

La academia Sueca, parece haber intentado dar un golpe de timón en su ya larga y dilatada trayectoria, a la hora de designar a Bob Dylan como premio Nobel de literatura de este año de dos mil dieciséis, que tanta polémica ha originado..
Un cambio en su estrategia decisoria, que al margen de los estatutos que se supone explicitan claramente su concesión, ha preferido otorgar tan preciado galardón, a un cantautor como Dylan, antes que a un escritor al uso, con una obra extensa y reconocida a nivel mundial.
Da la impresión que la Academia, ha intentado con este premio prestigiarse a sí misma, auto galardonarse, y no tanto al premiado, en una maniobra de nuevo cuño, que no parece haber conseguido un consenso generalizado, sino que ha generado una controversia que se ha extendido entre el público en general y  el mundo de la cultura en particular.
Asombrados estamos todos, mientras que el protagonista, tan ceñudo, mal humorado y taciturno como suele mostrarse desde hace ya bastante tiempo, con ese aspecto que se ha ido acentuando con los años, no se ha dignado decir palabra alguna, ni en prosa ni en verso, encerrado en sí mismo, como si se debatiera entre aceptar o rechazar un galardón, que seguramente duda que se lo merezca.
Apenas ha concedido entrevistas en sus más de cincuenta años de vida artística. Seguramente cabrían en los dedos de una mano el número de ocasiones en que se ha dignado concederlas. Tal es su egocentrismo o su desidia para responder a un afortunado interlocutor, que suponemos no lo tendría muy fácil con tan peculiar personaje.
En cuanto a su obra, aparte de las letras de las canciones con las que ha editado casi sesenta discos, apenas ha escrito dos libros, uno de ellos autobiográfico, y el otro en el que se explaya sobre la música norteamericana. Eso es todo.
Entonces, ¿por qué se le ha concedido un honor, supuestamente sólo al alcance de los más ilustres y prestigiados escritores? Aparte de la teoría que afirma que lo que la Academia Sueca ha pretendido ha sido auto acreditarse y ennoblecerse con el prestigio que le puede dar este nombramiento, difícilmente podemos encontrar otras razones que lo justifiquen.
¿Pero por qué no Brassens, Cohen, Moustaki, Springsteen, Serrat, y tantos y tantas que podríamos citar, que acreditan y poseen valores similares?
Seguramente porque Dylan representa como nadie, con su popular música folk, con la que emprendió su camino, y que nunca ha dejado de lado, un mundo de añoranza y ensoñación, de búsqueda de la libertad y del planteamiento de las preguntas eternas que el ser humano se ha planteado desde siempre.
Ha logrado de esta forma conectar con el gran público de todo el mundo, al que ha conseguido llegar hasta lo más profundo de la entrañable y evocadora capacidad que posee la sensibilidad humana para captar sus mensajes, materializados en títulos como "los tiempos están cambiando", "la respuesta está en el viento", y otros que componen parte de la leyenda que acompaña a Dylan desde sus comienzos allá por los años sesenta.
Un biógrafo suyo, que considera merecido el galardón, considera que dada la importancia del premio, así como de su cuantía económica, no duda que lo aceptará, que asistirá a recogerlo y pronunciará el oportuno discurso, algo que no hizo cuando le concedieron el Príncipe de Asturias de Las Artes, cuando se limitó a enviar unas palabras de agradecimiento.
Leo, que una semana después, la Academia Sueca no ha podido contactar con él después de haberlo intentado en varias ocasiones. El mismo día de su concesión, actuaba en Las Vegas. No se dignó hacer mención alguna a semejante honor con que le habían distinguido.
Quizás se ha limitado a depositar la respuesta allí donde él considera que debe encontrarse: en el viento.

sábado, 15 de octubre de 2016

DESCONECTAR DEL VICTIMISMO

Qué bonito es Badalona, en invierno y en verano, con mantilla y barretina, a la sombra y al solano, tal como la describe Serrat en su célebre canción, que ahora viene a colación, cuando los medios de comunicación airean a pleno pulmón los acontecimientos allí vividos en el ayuntamiento de ese bonito pueblo, que hace ya demasiados años decidiera cantarle Joan Manuel, en un alarde de buen humor, desprovisto de cualquier sospecha de la marea independentista que ha motivado los sucesos que se citan, y que tan lejos están de la letra y el espíritu que desprende esta canción de Serrat.
Y es que algo se ha roto en la apacible y serena relación que siempre existió entre Cataluña y el resto de España, que siempre se materializó en una sincera admiración hacia una región que la veíamos con una sana envidia, ante su fuerza industrial, y la pujanza económica que siempre le ha caracterizado, así como por sus innumerables y valiosos atractivos culturales, que hicieron que volviésemos la vista con respeto y admiración hacia quienes hoy dicen que no los queremos, que los odiamos, que los tratamos despectivamente.
Todas esas  consideraciones nos llevan a la conclusión taxativa de que la situación creada no responde a una ofensiva desatada por una ciudadanía del resto de España, que desprecia o desatiende a los catalanes, que además, en una importante proporción, son originarios de esa población de otras regiones, que contribuyeron al desarrollo de Cataluña, y que se sienten tanto catalanes como españoles, a la vez que integrantes de una Europa, a la que todos, por igual, pertenecemos.
Los sucesos acaecidos en Badalona el día doce de octubre, con una desobediencia absurda y radical por parte de los concejales del ayuntamiento, no contribuyen a un necesario entendimiento y a una paz y sosiego social, que todos deseamos, y que se necesita para actuar racionalmente por ambas partes, para alejarse de todo radicalismo y fundamentalismo siempre negativos, que no hacen sino alejar unas posiciones cada vez más resueltas a llegar a acuerdos que puedan resolver un problema que pesa ya demasiado en una sociedad que no puede ni obviarlo, ni permitirse el lujo de mirar hacia otro lado.
No podemos permitirnos el lujo de prescindir de Cataluña. Demasiado doloroso en todos los sentidos. Más de la mitad de la población, no lo desea, con lo que los enfrentamientos entre ambas posiciones, instalados ya a nivel incluso familiar, pueden llegar a generalizarse en otras instancias, trasladándose a la calle, algo absolutamente rechazable y no deseable, que podía eternizarse en una sociedad dividida y enfrentada.
Por otra parte, el daño infringido a este País, sería de unas enormes proporciones, dado el hecho de que la economía catalana supone el veinte por ciento del pib de España, y que la pérdida de población, alcanzaría la considerable cifra de siete millones y medio de habitantes. Como le sucedería a Cataluña fuera de España, y cuyas consecuencias negativas, sus gobernantes se esfuerzan por ocultar a la ciudadanía catalana.
Hace no mucho tiempo, un vecino de Badalona, llegó a la inefable conclusión de que su pueblo es una nación. Aducía para ello, que Badalona posee un territorio propio. Segovia, mi ciudad, también tiene el suyo. Posee, dice, vegetación y fauna propias. Nosotros tenemos chopos, álamos, encinas, robles, enebros, conejos, codornices, perdices, cigüeñas, águilas, palomas. Afirma también, que tienen lengua, historia y economía también propias.
Pues bien, el Castellano es nuestra hermosa lengua, históricamente Castilla nos avala, y en cuanto a la economía, somos afortunados poseedores de la mies de nuestros prodigiosos campos, de una soberbia y rica gastronomía, y de un amplio y grandioso patrimonio artístico que disfrutamos.
Nada, por lo tanto, que envidiar a Badalona. Tenemos, como mínimo, lo mismo que ellos. Pero somos una buena, tolerante y pacífica gente, que no ansía más que vivir en armonía con todos los ciudadanos de paz de este País. También con los de Badalona, y con el resto de la Humanidad. Afortunados que somos, oigan.

jueves, 6 de octubre de 2016

DE INTERÉS TURÍSTICO NACIONAL

Gozoso y afortunado país el nuestro, que se permite el lujo de celebrar fiestas durante todo el año, con preferencia durante los cálidos meses de julio a septiembre, con una duración media en muchos casos de una semana, tiempo más que suficiente para disfrutar de las mismas, y que no se han visto reducidas en su programación ni en un solo día en los últimos y sufridos años.
Pese a la crisis que lleva años campante, sin que esta circunstancia parezca haber afectado en absoluto al presupuesto destinado a tal efecto. Celebraciones que en la mayoría de los casos tienen un par de  motivos o eje central común, que se sustancian, bien en la exaltación de un acontecimiento religioso, o bien en uno taurino o en ambos, que es algo harto frecuento en muchas fiestas que salpican el territorio nacional durante el verano.
Contemplando el cartel de las fiestas de la ciudad en la que resido, próxima a Madrid y famosa por sus encierros, observo cómo se reparten a partes iguales los motivos religiosos y las imágenes más profanas de los toros, tratando de congeniar ambos con una modernidad que se nos antoja imposible a estas alturas del siglo XXI, pero que permanece inalterable desde tiempos inmemoriales.
Leyendo el texto del reclamo gráfico, léase cartel de las fiestas, que por supuesto está sometido a un concurso, imagino que internacional, y dotado de un premio económico considerable, se observa que al pie del principal, dedicado al Santísimo Cristo de los Remedios, destaca una leyenda que no deja de sorprender al lector que detenido la contempla y que dice lo siguiente: fiestas declaradas de interés turístico nacional.
No ignoramos que el turismo en España es una de las principales fuentes de ingresos, que llega a suponer más de un diez por ciento del producto interior bruto, algo realmente considerable, aunque siempre frágil, por su propia naturaleza. Pero de ahí a pretender que unos festejos basados en la religión y los toros, supongan un valor añadido turístico, que quisiéramos traducir en cultural, hay un gigantesco paso.
No es esta una población que carezca de buenas infraestructuras, comunicaciones y otros aspectos que supongan cuidados y beneficios para sus ciudadanos, ya que se encuentra en una zona muy cercana a la capital, y de ello se beneficia sin duda, aunque tampoco destaca en exceso, con lagunas considerables que deberían ser más tenidas en cuenta.
Sin embargo, jamás le faltaron a sus fiestas las dotaciones presupuestarias necesarias, que además han ido en aumento en los últimos años, y que suponen un motivo de quejas no atendidas en cuanto a molestias de todo orden, fundamentalmente de ruidos y movilidad, como este año, con el recorrido de los famosos encierros, cuyo trayecto se valla desde dos semanas antes con los consiguientes problemas de movimiento por dichas calles, donde los ciudadanos quedan atrapados en unos callejones por donde han de moverse.
 A todo ello, se han sumado unas absurdas, molestas y sobredimensionadas tribunas, con el objeto de que la gente pueda contemplar desde ellas y cómodamente – durante veinte segundos - el correspondiente espectáculo taurino, que junto a las procesiones de imágenes recorriendo las calles entre el fervor de las gentes, componen el susodicho evento digno de ser distinguido como de interés turístico nacional, a la altura de nuestro soberbio arte románico y gótico, nuestras maravillosas catedrales, museos, ciudades, paisajes naturales y demás atractivos de alto nivel ético y estético,  que nada tienen que ver con las fiestas patronales aludidas.
Leo en la prensa cómo este año, al igual que en los anteriores, varias personas han muerto, bien en los encierros, bien en las celebraciones taurinas celebradas en numeroso pueblos, en recintos que no reúnen las necesarias medidas de seguridad, o que tienen lugar en sus calles, y que se celebran con motivo de las fiestas del lugar.
Inexplicable e inadmisible que esto suceda, y más aún que a estos festejos se los distinga con el pretendido reclamo de fiestas turísticas de interés nacional. Es todo un despropósito, que no escapa al sentimiento y a la percepción de una mínima sensibilidad, que no puede estar de acuerdo con estas manifestaciones que nada tienen de turísticas, ni mucho menos culturales.

miércoles, 5 de octubre de 2016

BUSCANDO A FEDERICO

De nuevo, después de transcurridos ochenta años de la trágica muerte de Federico García Lorca, un nuevo intento se lleva a cabo para tratar de encontrar los restos del insigne poeta, en un acto de no aceptación de la desidia mostrada en los primeros tiempos, de la resignada actitud observada después, y en último lugar, para tratar de solventar los vanos intentos llevados a cabo en los últimos años, que no dieron los frutos deseados.
No hay resignación posible para tantos admiradores del genial poeta y dramaturgo, para tantos amantes de su vida, de su extrema sensibilidad, de su alegría de vivir y de su mágica capacidad de transmitir su contagiosa vitalidad, como no puede haber perdón para los culpables de la ignominiosa muerte de Federico.
Es por ello, que Por tercera vez se buscan sus restos en la misma zona, bajo la supervisión del equipo de arqueólogos y técnicos que dirige el arqueólogo Javier Navarro Chueca y el historiador Manuel Caballero que comenzarán a remover la tierra donde creen que se arrojó el cadáver de Federico, fusilado hace 80 años, junto al maestro republicano Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.
Todo parece indicar, según indicios y declaraciones que se consideran muy fiables, que en esa zona podrían encontrarse sus restos, pese a la frustración de los intentos anteriores. Sin duda no está lejos, pero aunque se utilizan medios técnicos avanzados, parece resistirse su ansiado hallazgo que haría feliz a multitud de gente que no se resigna a que Lorca no repose en un lugar concreto y determinado donde pueda ser visitado por el resto de los tiempos.
Pero no todos pensamos igual. Federico pertenece a la humanidad, a la poesía, a la literatura, a la sensibilidad artística más universal, y no necesita situarlo en una tumba, bajo tierra, en el subsuelo, oculto a la luz y a las estrellas. Él es hijo del viento y de los corazones plenos de amor y de alegría capaces de sentirlo y de admirar y gozar de su desbordante deseo de vivir, para lo cual, basta con disfrutar de la lectura de su amplia, generosa y hermosa obra que abarca la poesía, el teatro, la pintura y la música.
La nueva tentativa de localizar los restos del poeta es posible gracias a que la asociación consiguió los preceptivos permisos de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Alfacar, además de la financiación necesaria. El equipo de Navarro y Caballero llevó a cabo en 2013 la segunda tentativa en el lugar al que ahora regresan, pero la financiación de la Junta se agotó en diciembre de 2014.
La Junta de Andalucía ha colaborado aportando maquinaria para comenzar a retirar el material de relleno en el área de excavación. Se estudiará luego el terreno para tratar de localizar los pozos que se cree que pudieron ser usados como fosas comunes, donde estarían los restos de García Lorca, Galindo y los dos banderilleros.
En el año 2009, se llevó a cabo el primer intento de localizar los restos de Lorca. Se excavó  a unos 500 metros del emplazamiento actual, por indicaciones del hispanista y biógrafo de Lorca Ian Gibson, quien aconsejó que así se hiciera, por tratarse de las inmediaciones del olivo, dónde según algunos testigos pudieron tener lugar las ejecuciones.
Buscar a Federico es comprensible y humano, pero si no se hallase, quizás es porque él, hijo de las estrellas, de la luz y de la luna, así lo querría. Si no le encontramos ahora, deberíamos dejarlo en paz para siempre. Jamás será olvidado. Siempre nos acompañará desde la portentosa, mágica y hermosa obra que nos legó. En ella vivirá para siempre.