viernes, 23 de marzo de 2007

Miguel Hernández, poeta

El día 28 de este mes de marzo, se cumplen sesenta y cinco años de la muerte de Miguel Hernández, sobre cuya lápida, en el cementerio de Alicante, reza el escueto y rotundo texto que figura como título en este sentido y cálido homenaje que quiero dedicarle a él, y por extensión a la poesía y a los poetas.
Se le conoce y recuerda como el poeta del pueblo y lo es sin duda y por excelencia, junto con Machado y Lorca, los tres represaliados, víctimas del régimen franquista: Federico, asesinado, D. Antonio obligado a huir a Francia donde muríó al poco tiempo en Collioure.
Miguel, después de una infame peregrinación por varias cárceles, murió de una larga y penosa enfermedad. Tenía treinta y un años y tanto amaba la vida, la luz y la libertad que no pudieron cerrarle los ojos cuando expiró.
Su poesía habla de la gente del pueblo, gente sencilla y trabajadora con la que tanto se identificó y comprometió y lo hace de una forma rotunda y clara, con tanta vehemencia que logra emocionar profundamente: Andaluces de Jaén/ aceituneros altivos..... En la cuna del hambre mi niño estaba/con sangre de cebolla se amamantaba.
Durante mucho tiempo, Miguel Hernández fue el poeta olvidado. Aún hoy, a los jóvenes les suena más Machado y Lorca, por eso, y aunque ya casi se le reconoce plenamente, es necesario recordar y dejar bien alto y claro que se encuentra a la misma altura que los grandes poetas españoles.
Poco se lee en España, y me refiero a obras en prosa, por lo que me temo que la poesía queda absolutamente relegada. He citado a tres poetas ilustres. No quiero ser injusto. Alberti, Celaya, Blas de Otero, Aleixandre, Cernuda, Salinas, Guillén, entre otros, y por supuesto todos los clásicos, representan lo más alto de la poesía española.
Si es verdad que se lee poco, también lo es que se promociona menos y sobre todo a nivel local. Para cuando vamos a ver campañas de promoción de la lectura, animando a los jóvenes y menos jóvenes a adquirir el apasionante hábito de la lectura?. Por qué no aprovechan tanto espacio de que disponen para divulgar la lectura?.
El fastuoso y antaño prometedor y majestuoso bulevar, hoy en día venido a menos, es que sólo ha quedado para exponer fotografías?. No se les ha ocurrido divulgar la poesía a través esos expositores?. En lugar de una foto de imposible traducción estética, llénenlos de belleza en verso, que la gente leerá y disfrutará, al mismo tiempo que conoce a sus poetas.
Para la libertad sangro lucho pervivo/para la libertad mis ojos y mis manos/como un arbol caudal, generoso y cautivo/doy a los cirujanos.
Estos versos, resumen el espíritu, la obra y la vida de Miguel Hernández, su autor. El poeta de Orihuela.

domingo, 18 de febrero de 2007

Promocionar la lectura


Es de dominio público, que España es uno de los países más importantes por el volumen de libros que se editan y venden, y por el contrario resulta curioso a la vez que contradictorio comprobar como se encuentra en una posición deplorable en cuanto a la lectura de los mismos. Ocupamos uno de los últimos lugares, por lo que cabe pensar que el triste final que acabamos dándoles, es el de decorar las estanterías del salón.
La lectura se inculca ó debería inculcar en la escuela en los primeros años, y por supuesto en el seno de la familia. Generalmente los hijos que ven leer a sus padres, toman ejemplo de ellos y se convierten a su vez en lectores. Esto no siempre es posible, porque a su vez los padres no han recibido esa educación, pero las nuevas generaciones no deberían eludir esa obligación.
Alcobendas posee una buena red de bibliotecas, pero sin embargo, no recuerdo que hayan llevado a cabo ninguna iniciativa en cuanto a la promoción de la lectura se refiere, animando a los jóvenes y a los menos jóvenes también, a desarrollar un hábito que supone cultura, diversión y placer a partes iguales.
Imagino que habrá quien diga que la lectura en este país es cara. De ninguna manera. Esa expresión se ha convertido en un tópico y como tal, no se suele racionalizar y se argumenta sin más que los libros son caros y punto.
Un libro es para siempre, nos enseña, nos transporta a exóticos lugares que nunca visitaremos, nos entretiene, nos hace más cultos, más tolerantes, pudiendo además volver a utilizarlo, prestarlo, releerlo y además previene contra la utilización indiscriminada e idiotizante de la caja tonta. Quién da más?. Y todo ello, pongo por ejemplo, por el equivalente a un par de entradas de cine o unas cañitas.
Promocionemos la lectura. Y hagámoslo para todos, no solamente para los más jóvenes. Es un poco triste ver a la gente mayor con una dependencia absoluta de la televisión. En lugar de sentarse horas enteras ante semejante medio deformante, intentemos que disfruten un rato cada día ante un buen libro. los hay para todos, y si hablamos de los jóvenes, en la lectura tienen una maravillosa ventana abierta al mundo. Promocionando la lectura, difundimos la cultura, el conocimiento y la diversión. Nada puede dar tanto por tan poco.

La torre de Babel

La UNESCO estima que el número de lenguas que se hablan en el mundo es de 6.000, de las cuales aproximadamente la mitad corren el peligro de desaparecer.
Resulta curioso resaltar el hecho de que un instrumento surgido como necesidad para la comunicación y el entendimiento entre los seres humanos consiga a veces separarlos hasta el extremo de impedir su entendimiento provocando en ocasiones el recelo, el rechazo y la incomprensión.
Algunas sociedades o grupos, tratan de justificar su entidad diferenciadora con el resto utilizando el idioma como símbolo sagrado que exhiben para afirmar su “elemento diferencial”, llegando incluso a extremos inadmisibles para defenderla.
Si esta barrera desapareciese, el diálogo nos descubriría a otros seres humanos iguales a nosotros, y que como nosotros, sienten, aman y sufren. La desconfianza, las suspicacias y muchos prejuicios que nos hacen estar a la defensiva, desaparecerían.
No se me confunda. Considero la lengua como un instrumento cultural de primer orden digno de preservar. Pero no es menos cierto que muchos de los problemas de este mundo, tienen y han tenido como origen la incomunicación, el desconocimiento de los otros seres, de las otras culturas por la dificultad de entenderse debido a la muralla idiomática que se interpone entre ellos.
No es esta una crítica ligera y caprichosa. Surge al contemplar la sangrante visión de la incomunicación y el recelo existente respecto de un importante sector de la población inmigrante en nuestro país y en otros lugares del mundo. Ciertamente no es el idioma el único origen de estos problemas, pero posiblemente se atenuarían, y muchas tensiones desaparecerían.
La escuela tiene mucho que ver en este aspecto. En ciertos países nórdicos, los niños aprenden desde muy pequeños varias lenguas. Para ellos este aprendizaje es coser y cantar. Tomemos nota.También ellos deben hacer un esfuerzo en este aspecto y con el tiempo la confianza ocuparía el lugar del recelo y la intolerancia dejaría paso a la comprensión, a la amistad y al entendimiento.

viernes, 16 de febrero de 2007

Querido maestro

Con el alma en una nube
Y el cuerpo como una lamento
Llega el problema del pueblo
Llega el maestro.
Así reza la canción sobre el maestro de escuela en tiempos que afortunadamente ya quedan muy lejanos en el tiempo.
El que vale, vale y el que no para maestro, se decía. Hoy, a lo sumo, la valoración más positiva es lo mucho que aguantan los maestros, o simplemente lo ven como el encargado de la guardería de niños mayores, o lo que es peor responden con la indiferencia.
En cualquier caso, la mayoría no valoran la importantísima función social y humana que desarrollan y más aún en los tiempos que corren en los que su labor se ve tremendamente complicada por los problemas de todo tipo que acucian a esta sociedad y que necesariamente se reflejan en los alumnos y por tanto en el aula.
Yo, usted, y muchos más, recordamos con cariño a aquel maestro de escuela, con la enciclopedia en la mano, a veces también, como no, con la vara en la otra, pero en general, bonachón y algo nostálgico que nos enseñó las primeras letras y nos introdujo con ello en el fascinante mundo del conocimiento.
Hoy, aquel maestro de escuela unitaria, continúa realizando la misma maravillosa labor en los modernos colegios pero con problemas cada vez mayores que deberían justificar la apertura de un debate nacional sobre la enseñanza en este país.
Ahora que se abre el curso escolar, quiero homenajear a todos los profesionales de la enseñanza, y en especial a los de los niveles más bajos que son los que más sufren el olvido y la desconsideración hacia una de las profesiones más maravillosas que existen.
Gracias por enseñarme a leer, a contar, a pensar.
Gracias, querido maestro.

Suplicio mediático-religioso

Llevamos una semana de un auténtico e insoportable viacrucis televisivo, periodístico y radiofónico, que primero fue de fastidio, luego de incredulidad y, ahora, pensando en lo que nos queda, de irritante y santa resignación.
Banderas a media asta, crespones negros por doquier, personajes públicos de todas clases, creencia y condición expresando sus condolencias a la Iglesia Católica por la muerte de Juan Pablo II.
Nunca jamás se había visto un despliegue semejante. Afirman algunos que porque en la muerte del anterior Papa no existían los medios de comunicación que existen hoy. No me vale.
Hasta los programas basura en los que los cantamañanas de turno exhiben sus payasadas, interrumpen su programación para contactar con el Vaticano.
El morbo llegó a límites insospechados, cuando los medios, que acechaban en la plaza de Vaticano, iniciaron sin interrupción una cuenta atrás de las horas de vida que le quedaban al Papa.
Claro está que para la patética e insoportable programación que soportamos, posiblemente nos estén haciendo un favor, piensas. Apagas y pones la radio que ésta sí merece la pena. Pero estamos en las mismas. Los locutores se nos han transformado en corresponsales del Vaticano.
Definitivamente, estamos rodeados, y lo peor es que nos queda todo el mes para aguantar el grandilocuente boato que preparan con auténtica delectación los papables, que por cierto, han de ser católicos, mayores de 18 años y, claro está, varones.
Una oportunidad genial de promoción en todo el mundo para la Iglesia Católica, tan necesitada ella en los tiempos que corren y una genial ocasión para los medios de comunicación que pueden llenar su programación sin dar palo al agua.

La estupidez humana

Resulta curioso resaltar el hecho de que un instrumento como el lenguaje, surgido como necesidad para la comunicación y el entendimiento entre los seres humanos consiga a veces separarlos hasta el extremo de impedir su entendimiento provocando en ocasiones el recelo, el rechazo y la incomprensión.
Algunas sociedades o grupos, tratan de justificar su entidad diferenciadora utilizando el idioma como símbolo sagrado que exhiben para afirmar su "elemento diferencial", llegando incluso hasta extremos inadmisibles para defenderla como el de blindar su espacio laboral poniendo barreras idiomáticas, que en muchas ocasiones resultan obstáculos insuperables para los trabajadores que desean desarrollar su función en esa sociedad.
Surge este comentario al contemplar la absurda intolerancia lingüística que está creando tensiones innecesarias en una población acuciada por otros problemas que sí son reales y no creados. Resulta un tanto patético, el hecho de necesitar traductores para entender el mensaje de los representantes de las naciones/nacionalidades/realidades nacionales, que se empeñan en defender a ultranza su lengua, cuando nadie en su sano y culto juicio puede tratar de ir contra un valor cultural de tanto valor como es una lengua.
Ninguna bandera, ningún himno, ninguna lengua, ninguna verdad, pueden tener la consideración de sagrados. La solidaridad, el entendimiento y la buena voluntad entre los seres humanos, están muy por encima de todos esos signos que fanatizan y nublan la mente de quienes los defienden a capa y espada como valores eternos e inmutables.
Es un sueño, una utopía, pero daría lo que fuera por utilizar una única lengua a nivel universal que permitiera el entendimiento de todos los pueblos y culturas sin que ello supusiese renunciar a mi idioma. Según la UNESCO, en el mundo se hablan seis mil lenguas diferentes. Una auténtica torre de babel, que, pese a su indudable valor cultural, siempre ha creado y continúa creando una barrera idiomática que más que unir ha separado y separa a los seres humanos.

Tensiones Lingüísticas

Resulta curioso resaltar el hecho de que un instrumento como el lenguaje, surgido como necesidad para la comunicación y el entendimiento entre los seres humanos consiga a veces separarlos hasta el extremo de impedir su entendimiento provocando en ocasiones el recelo, el rechazo y la incomprensión.
Algunas sociedades o grupos, tratan de justificar su entidad diferenciadora utilizando el idioma como símbolo sagrado que exhiben para afirmar su "elemento diferencial", llegando incluso hasta extremos inadmisibles para defenderla como el de blindar su espacio laboral poniendo barreras idiomáticas, que en muchas ocasiones resultan obstáculos insuperables para los trabajadores que desean desarrollar su función en esa sociedad.
Surge este comentario al contemplar la absurda intolerancia lingüística que está creando tensiones innecesarias en una población acuciada por otros problemas que sí son reales y no creados. Resulta un tanto patético, el hecho de necesitar traductores para entender el mensaje de los representantes de las naciones/nacionalidades/realidades nacionales, que se empeñan en defender a ultranza su lengua, cuando nadie en su sano y culto juicio puede tratar de ir contra un valor cultural de tanto valor como es una lengua.
Ninguna bandera, ningún himno, ninguna lengua, ninguna verdad, pueden tener la consideración de sagrados. La solidaridad, el entendimiento y la buena voluntad entre los seres humanos, están muy por encima de todos esos signos que fanatizan y nublan la mente de quienes los defienden a capa y espada como valores eternos e inmutables.
Es un sueño, una utopía, pero daría lo que fuera por utilizar una única lengua a nivel universal que permitiera el entendimiento de todos los pueblos y culturas sin que ello supusiese renunciar a mi idioma. Según la UNESCO, en el mundo se hablan seis mil lenguas diferentes. Una auténtica torre de babel, que, pese a su indudable valor cultural, siempre ha creado y continúa creando una barrera idiomática que más que unir ha separado y separa a los seres humanos.

El glamour de los Goya y la soledad de Basta Ya

En menos de veinticuatro horas, he asistido a dos acontecimientos muy distintos en sus contenidos pero con conexiones entre sí.
El sábado asistí al espectáculo que todos los años por estas fechas nos ofrecen los actores de este país. Se esforzaron en tratar de conseguir que fuera ameno. Como casi siempre y pese a que ese es su oficio, no lo consiguieron plenamente.
Sí lograron dejar bien claro, que están con la libertad de expresión, y tal como lo manifestaron, parecían referirse a "Su libertad de expresión", aunque pienso que lo dejaron caer con cierta ambigüedad calculada para así poder contentar a todos.
Presionados por los acontecimientos del año pasado y de este, se hicieron tímidas declaraciones a favor de las víctimas del terrorismo, y solamente, en algunas honrosas excepciones, fueron claros y rotundos a la hora de pronunciarse.
Los actores, como tantos otros personajes públicos de este País, que tienen el privilegio de llegar a la gente e influir por lo tanto en la opinión pública, tienen la obligación moral de denunciar las injusticias de todo tipo y procedencia, pero salvo algunas destacadas y plausibles excepciones, la mayoría, se limita a pedir ambigua y egoístamente, libertad de expresión, como si no disfrutaran de ella.
En la mañana del domingo, en la Campana de la Paz doscientas personas, arropamos con nuestra presencia a la caravana del Colectivo Basta Ya, que recorre el país en un enorme grito, proclamando a los cuatro vientos, la tremenda injusticia que se está cometiendo con ellos.
¿Además de los doscientos, dónde estaban los cien mil restantes habitantes de Alcobendas a las once de la mañana del domingo día 1 de Febrero, que no se dignaron pasar por la Campana de la Paz?.
¿Dónde estaban los jóvenes de Alcobendas que muchas veces y con razón piden instalaciones y servicios para ellos, pero que en esta ocasión brillaron por su ausencia?.
Para el próximo año, propongo que se inviertan los términos de estos dos acontecimientos:
El colectivo basta ya, ocupará el lujoso teatro que utilizan los glamourosos y ostentosos actores, gozando por lo tanto de una audiencia de millones de espectadores.
Los actores, vendrán al arroyo de la vega, y, en la Campana de la Paz, con una audiencia de doscientas personas, podrán lucir sus armani y demás modelitos, mientras piden más libertad de expresión para ellos.
Libertad de expresión, siempre. Pero sobre todo para aquellos cuya utilización supone poner en peligro su vida.

Carta abierta a Leticia

Querida Leticia:
No te imaginas la sorpresa que nos has dado a los muchos españoles/as, que hemos comprobado con estupor, como una periodista, es decir, una española de a pie, ha logrado escalar tan alto.
También con cierta envidia, por qué no confesarlo, aunque pensándolo bien, quizás seamos parte interesada y deberíamos alegrarnos por haber logrado contigo una representación en tan significado lugar.
Esperamos que no te olvides de tus representados, no solamente de los periodistas, que deben estar sumamente agradecidos por el juego que vas dar con la boda, aunque para el resto, me temo que estos meses que nos separan de tan magno acontecimiento, van a ser un suplicio mediático.
Una vez más se demuestra que la igualdad de oportunidades no existe, ya que nadie en este país podía llegar a pensar que una trabajadora pudiera llegar a reina, porque de haberlo sabido, seguro que habrías tenido competencia.
Los monárquicos, escandalizados ellos, aducen que una periodista no puede llegar a ser reina, que es romper la tradición, que se salta todos los esquemas trazados a través de la historia, y llegando más allá, en su airado atrevimiento, afirman que a altos privilegios, corresponden altas obligaciones. Pero esa es otra cuestión que además no va contigo.
Tú, Leticia, has sido, merced a los caprichos del destino, la elegida. Felicidades por ello. Serás adorada, envidiada y odiada. Has salido del pueblo y se supone que vas a representar al pueblo, y aunque muchos no aceptemos esta institución, hay que reconocer que vas a marcar un hito en la historia de la monarquía que quién sabe las consecuencias que pueda tener en el futuro.
Espero que no te llamen la reina proletaria o sandeces por el estilo que no son sino frases hechas que no pueden ilustrar semejante incompatibilidad.
Me atrevo a pedirte, que de vez en cuando nos cuentes algún chascarrillo o chisme de los que transcurran a diario por aquellos selectos lares. Tú, como periodista, sabrás reflejarlo perfectamente.
Suerte Leticia, perdón, Dña Leticia.

Censura nupcial

Me asombra el hecho de que en esta sección no haya aparecido ningún comentario sobre la famosa boda que nos ha deleitado/atormentado durante los dos últimos meses.
En este tiempo he enviado al menos dos colaboraciones sobre el tema, de las cuales no se ha publicado ninguna y estoy seguro, que alguien más lo ha intentado y, como yo, no ha encontrado eco en esta revista.
Cabe pensar que el motivo ha sido el de su escasa calidad literaria, aunque no creo que el tema sea tan exigente como para que esta sea la causa o quizás la falta de interés del tema, y estoy absolutamente seguro de que este no ha sido el motivo.
Solamente encuentro una explicación: Se ha tratado por todos los medios de evadir un tema que en caso de ser crítico con la monarquía, podría resultar incómodo a los responsables de esta revista.
Al menos, han tenido la delicadeza de no publicar los comentarios halagadores y zalameros de quienes están encantados con esta boda y de paso con la monarquía y la familia real y que nos han martirizado y machacado hasta extremos insoportables.
No obstante hubiera preferido que se hubieran publicado ambos, tanto los que aplauden y están encantados, como los que como yo tratan de mostrar su total oposición a la monarquía y a los tremendos gastos, que, sobre todo con esta boda han ocasionado.
Siete días es una revista local, que por lo tanto debe tratar sobre todo temas locales, más próximos a los ciudadanos. De acuerdo, ¿pero hay algo más próximo y que más nos afecte que una familia que se ha gastado tres mil millones del tesoro público en una boda?.
Sean estas líneas o sean las de cualquier otro colaborador, espero que en esta revista que siempre han cabido todas las voces, quepa una voz crítica con un tema que por el buen estado de la salud democrática de este país debe estar abierto al debate y a la opinión. Nada ni nadie, en una democracia, pueden ni deben ser intocables.
Todo es cuestionable