lunes, 17 de julio de 2023

El retorno del hijo pródigo

Cincuenta años, medio siglo, casi una eternidad, desde que abandoné Muñoveros, después de residir allí durante doce años, para regresar al cabo de otros quince en una fugaz visita, que repetí justo hace un año por esta mismas fechas, en un viaje muchas veces deseado y otras tantas pospuesto, cual hijo pródigo que regresa a sus orígenes.

Enfilo la carretera de acceso, mil veces recorrida durante tantos años, que recuerdo era entonces de blanca y pedregosa tierra, colmada de socavones y arena, asfaltada después, en los últimos tiempos de mi estancia, escoltada por los mismos pinares que ahora contemplo, las mismas curvas, los mismos campos, el puente, el rio, el vivero, y poco después, adivino ya la proximidad del pueblo que tan amable y cálidamente nos acogió.

Entro, con el corazón en un puño y contenida emoción, en la calle principal que cruza el pueblo, para contemplar que todo parece seguir igual, como si el tiempo se hubiera detenido, y llego a la plaza de la Constitución, mil veces pateada y nunca olvidada, que me traslada a principios de los años sesenta cuando llegué, para convivir con sus gentes, durante unos años inolvidables.

El tiempo parece haberse detenido durante estos casi cuarenta años que he estado ausente, aunque jamás he olvidado aquellos imborrables años, durante los cuales formé mi personalidad, conocí a mis mejores amigos, que celosamente conservo, y, sobre todo, disfruté junto con mi familia, de la inestimable, acogedora, y siempre agradecida hospitalidad que nos deparó la buena gente de este entrañable pueblo.

Me recreo en la casa donde viví con mi familia, encima del salón, en el ayuntamiento, dónde tantas tardes pasé con mi padre en su despacho, en la secretaría, y contemplo la iglesia, su atrio, su torre y sus dos puertas, que son las mismas de entonces, las que el inefable don Basilio mandaba cerrar cuando ya había comenzada la misa, para que los “bobotes” como solía decir, no pudiesen entrar.

Contemplo el frontón, el callejón de los infiernos, la calle del Rosario que conduce al camino de Veganzones y a los Peralejos, dónde solíamos jugar al fútbol junto a la arboleda dónde tantas veces nos refugiamos del calor del verano, al abrigo de la agradecida sombra que nos regalaban sus espléndidos árboles, y contemplo con añoranza la escuela que regía el entrañable maestro don Manuel, para regresar de nuevo a la plaza.

Comienzo entonces a ver gentes que me miran tratando de reconocer en mi a alguien conocido, familiar, lejano, lo mismo que me sucede a mí, hasta que, por fin, rompemos la distancia de tantos años separados, y empezamos a presentarnos, a reconocernos, fundiéndonos en abrazos, frases entrecortadas, gesto y palabras que nos conducen a aquellos lejanos tiempos durante los cuales convivimos y disfrutamos en este amable pueblo.

Y comenzamos a recordar con una intensidad desatada, nos robamos unos a otros las palabras, nos entusiasmamos, mientras van llegando nuevos conocidos que se suman a la emoción del momento, y que poco a poco van conociendo quién es el intruso que acaba de llegar, facilitando así el encuentro, así como mi nombre y los suyos, olvidados por el paso del tiempo, pero jamás ignorados, lo que hace que los recuerdos afloren poco a poco y volvamos a vivir con intensidad aquellos inolvidables años.

Me sugieren dar una vuelta por el pueblo, y enfilamos la calle que baja a la Fuente Grande, que como vería poco después, al acercarme a ella,  ya no es tan grande como entonces, como la recordaba, emblemática siempre, aunque irreconocible ahora para mí, como  las nuevas casas, las nuevas viviendas allí construidas y la nueva calle, que entonces no existía como se ve ahora, y acercándome a la fuente, la contemplo con la añoranza propia de quien tantos y tan felices momentos pasó allí.

Reparo en que conserva su inseparable rueda metálica, con su manivela, que la recuerdo igual, para que conste, parece decime, para que sepa todo el mundo que sigue siendo ella, la misma de entonces, acompañando a la vieja y entrañable fragua, que parece no haber sufrido cambio alguno, resistiendo al tiempo y a sus inclemencias, a los hombres y mujeres que por allí han pasado, escoltada por la arboleda aledaña, por los caminos que de allí parten, y por el nuevo barrio que ha hecho crecer el pueblo, dándole un indudable toque de modernidad que lo ha hecho rejuvenecer.

Continuo el paseo acompañado de mis amigos de entonces y de ahora, así como de mi esposa, que no sale de su asombro ante tan caluroso recibimiento, y volviendo sobre nuestros pasos, subimos hasta la calle principal que nos conduce hasta las instalaciones de la piscina, que desconocía, dónde se asentaban las escuelas, que hoy se utilizan como vestuarios, y sentándonos en su amigable terraza, tomamos unas cervezas, en torno a la mesa a la que se van sumando nuevos y animados componentes que, en alegre e intensa charla, tratamos de recuperar el tiempo pasado, a fuerza de citarlo, de celebrar numerosas anécdotas, una y otra vez, como si así pudiéramos así recuperarlo.

Los recuerdos afloran acerca de aquellos viejos tiempos que ahora nos parecen tan cercanos, tan próximos y ambles, que parece volvemos a disfrutarlos, rememorando hechos, lugares y situaciones diversas vividas en plena juventud, algo que a todos se nos escapa ahora, y que recordamos, en una animada charla que me llena de satisfacción y agradecimiento hacia todos los que allí estamos,  mientras va pasando el tiempo, y con ello la hora de regresar, después de unas inolvidables horas pasadas, que mantendré para siempre en el mejor, más amable y agradecido rincón de mi memoria, con la firme determinación de volver para recuperar el tiempo perdido.

sábado, 1 de julio de 2023

COMO ESOS VIEJOS ÁRBOLES

Necesitados estamos de ejemplos de vida que nos ilustren y guíen con sus modelos basados en la honradez, la honestidad y la capacidad de ser consecuentes con lo que proclaman, publican o difunden a través de los medios de comunicación, hoy sobre todo, cuando tan fácil resulta llegar a la gente, sin necesidad de ser un personaje público, aunque mucho más en este último caso, que es el que nos ocupa, por razón de su difusión en las llamadas redes sociales, que tanta influencia tienen en los destinatarios de su mensaje, ya sean políticos, representantes de las diversas artes, o personajes y personajillos del mundo de la farándula.

 Esta abundante fauna, suele copar estos espacios mediáticos, contaminando las susodichas redes, con su vacuo y ordinario proceder, que atrapa a quienes no suelen demandar excesivas exigencias basadas en la cultura, el arte y el buen gusto en general, algo que no suele abundar por esos lares, que pocos escrúpulos exhiben a la hora de difundir sus contenidos basados en la más absoluta e inculta de las banalidades más excéntricas,  carentes del menor interés ético y estético que pudiera apreciarse en sus actividades públicas.

Se caracterizan por una absoluta falta de preparación cultural y profesional, por lo que su auditorio, que suele ser elevado, no se preocupa en exceso por ser exigente en ese aspecto, predominando en ellos el lúdico y suficiente deseo de satisfacer su curiosidad en temas mundanos acerca de personajes de todo tipo, que suelen dar el juego suficiente con sus singulares y ajetreadas vidas, como para obtener el necesario y buscado efecto de la morbosa intención transgresora que reclaman sus adictos a las supercherías más vulgares acerca de las vidas de los demás.

Desdichadamente, no todos son personajes que van y vienen, sin un perfil determinado enraizados en la vida sociopolítica del País, y que en nada lo representan a ningún efecto científico, cultural o artístico, ya que entre ellos/as, sí pueden encontrarse figuras relevantes que pueden insertarse en esa colección de personajes públicos, que sin carecer de una formación sólida, y sin integrarse necesariamente en los antes citados, no son ejemplo ni modelo de esa honestidad y esa honradez que citábamos  al comienzo.

Son por ello responsables de las más severas críticas a la hora de juzgarlos, por la representatividad e influencia que ostentan a nivel social, responsables por lo tanto de los perniciosos efectos que llegan a tener sus proclamas, comportamientos y actividades con frecuencia perversas,  imbuídas de soberbia, vanidad, falsedad, mentira, y una egolatría insoportable, que en el caso de los políticos, llega a alcanzar metas de una altura considerable, teniendo en cuenta que aspiran a representar a unos ciudadanos que asisten perplejos a semejante espectáculo, que no refleja sino el ansia de poder a cargo de quienes debieran dar ejemplo de la honestidad y la honradez más ejemplarizante.

Repasando el historial de personajes públicos ejemplares, de todo orden y condición, muchos son las/los que acuden prestos a mí mente, gentes que he admirado desde siempre, que jamás dieron ocasión a nadie para dudar de ellos, y son muchos/as que podría citar, tanto de tiempo presente como pasado, aunque mi memoria selectiva en este aspecto, me conduce, invariablemente, aunque repito que  podría citar multitud, a una persona admirable por su vida, su historial profesional, su actividad siempre consecuente con sus hechos, íntegro a carta cabal, querido por la gente y admirado por todos, que nos ha legado un hermoso y valioso repertorio de canciones y vibrantes himnos, que siempre  se mueven en torno a la libertad, la igualdad y la fraternidad humana.

José Antonio Labordeta, escribió entre otras innumerables y hermosas canciones que hablaban de las gentes, de su tierra, y de la naturaleza que tanto amaba, “somos”, una bellísima muestra de su sencilla, sensible y honesta honradez que siempre derrochó hasta el final de sus días, que le hacen acreedor a los calificativos más dignos y humanos que puedan aplicarse a un personaje público que jamás defraudó a nadie: “somos/como esos viejos árboles/batidos por el viento/que azota desde el mar”.


lunes, 5 de junio de 2023

¿Es el enemigo?

Que se ponga. Así respondía el inefable Gila, cuando nos deleitaba con su peculiar humor, utilizando para ello el teléfono como vía para comunicarse con el omnipresente y siempre invisible enemigo, con el que mantenía largas, permanentes y divertidas charlas, que hacían mención a intentos de retrasar la guerra para ver el fútbol, echar la siesta o reunir las balas necesarias para la surrealista batalla que se avecinaba, y que jamás se teñía de bajas, heridos o desaparecidos en una ingenua e incruenta guerra de juguete, que nunca, en ningún aspecto, causó daño alguno a nadie, y sí ataques de risa, que hoy muchos parecen no entender.

Cañones que no tenían agujero, submarinos que estaban bien de color, pero que no flotaban, tanques que se los había llevado la grúa, paracaidistas sin paracaídas para ahorrar, intentos de parar la guerra un par de horas, acuerdos para comenzar el avance más tarde y así un sinfín de ingeniosos monólogos con el comprensivo enemigo, y que era algo que entonces nadie cuestionaba, y que hoy detestan tantas intransigentes mentes.

Y es que hoy son legión los detractores que no comparten un humor que dicen está fuera de lugar, que ni entienden ni comprenden al que no encuentran lógica ni justificación alguna, ética y moralmente rechazable, sin concederle ni el beneficio de la duda ni el más leve respiro ante lo que consideran un insoportable exceso que nada tiene que ver con el humor.

Pero pese a ello, y después de tanto tiempo, Gila sigue teniendo muchos seguidores, incluso dentro de su gremio que son quienes más le entienden, defienden y comprenden lo que supone un auténtico soplo de aire fresco entre tanta atmósfera viciada como se ha extendido alrededor de este singular y admirado genio del género.

Gila, no solamente actuaba en el escenario, sino que lo hacía en diversas e importantes publicaciones de humor, dónde reflejaba sus grandes capacidades para hacer sonreír a sus agradecidos lectores, con un indudable éxito, que hoy parece querer negársele, cuando la violencia, el mal gusto y las perversiones más diversas inundan los medios de comunicación, sobre todo a través de las redes sociales, llegando a un público de todas las edades, que queda expuesto e inerme ante ellas.

Gila no frivolizaba con sus monólogos acerca de la guerra, no la banalizaba, no le hacía el juego de una manera irresponsable y vulgar como muchos apuntan, sino que ejercía con ello una permanente y sutil crítica de la misma, denunciando su violencia, su barbarie y su sinsentido, a través de sus monólogos, con un humor que tendía la mano a la paz entre los seres humanos,cuando dialogaba con un enemigo con el que se entendía, integrado también por seres humanos con los que llegaba a acuerdos, más o menos extravagantes, pero representativos de la capacidad de entendimiento entre los seres humanos, soldados que antes que enemigos, son hombres que dialogan, dónde no hay sombra alguna de violencia, ni verbal, ni física, sino entendimiento, por muy surrealista que pueda llegar a ser.

Sorprende esta actitud que consiste en cuestionar y rechazar el humor de un representante de este género, el humorístico, tan necesitado por todos, en un momento en el que la guerra de verdad, la detestable y criminal violencia propiciada por humanos, asola parte de este sufrido planeta, mientras que la guerra de Gila, además de incruenta, nos hace reflexionar precisamente sobre ello, sobre la necesidad de no olvidar que la violencia se halla instalada entre los seres humanos como una maldición, que él trata de convertir a través de su humor, en una permanente esperanza de paz entre los hombres, mediante una comprensiva, inocente y necesaria sonrisa.

jueves, 1 de junio de 2023

La izquierda cuqui

Con frecuencia pienso que vivimos tiempos melifluos, suaves flojos, delicados, tiernos, cuquis, en definitiva, que nos hacen comportarnos en demasiadas ocasiones con una excesiva y sutil delicadeza temperamental, que nos confiere un aspecto ñoño, quejica, desmadejado hasta extremos de una intolerable e insípida compostura blandengue, que nos lleva a quejarnos de todos y de todo, si hace frío porque lo hace, y si no es así, porque el calor nos aprieta demasiado, y no lo podemos soportar, en una ceremonia de la confusión, que avergonzaría a nuestros ancestros.

A ellos, que acostumbrados a todo, jamás se les escucharía a una queja de este jaez, que nos sitúa en el extremo inferior de una medida de la capacidad de aguante, que no poseemos, a fuerza de mostrarnos y manifestarnos con una suavidad sedosa, dulzona y frágil, que nos convierte en seres sutilmente etéreos, a punto de cambiar de estado físico, a poco que un pequeño cambio de temperatura nos azote y nos disuelva en sus transparentes matraces de laboratorio.

Disculpen la introducción, que apenas viene a cuento, ya que el título, que ya es bastante expresivo, no tiene por qué aplicarse a nadie de una forma ligera y gratuita como acabo de llevar a cabo, por lo que pido disculpas a quién ofendido pueda sentirse, y a otra cosa, que, en definitiva, es a lo que iba, ya que la expresión que da título a este texto, la he tomado de una frase, que más que expresada sin más, diríase lanzada cual arma arrojadiza por parte de una fracción de la izquierda política a otra parte de la misma izquierda, en el curso de la soporífera e interminable campaña electoral que está teniendo lugar en nuestro país.

Ignoro con qué intención, una misma orientación ideológica puede utilizar el término “cuqui” para designar a otra que sigue sus mismos principios políticos, salvo que haya por medio un deseo de ofender, molestar, o en el más que posible seguro de los casos, ridiculizar sin más, con una expresión que mueve a la sorpresa en primer lugar, a la perplejidad después, y a la más tenue de las sonrisas en último lugar, que casi con toda seguridad, finalizará con una amplia y sonora risa, que culminará con una carcajada abierta y radiante, ante tamaña y original idea, que ya nos gustaría saber de quién procede, para felicitar a tan singular y destacado/a protagonista, que bien merece un aplauso a cargo de quienes nos aburrimos profundamente de los insoportables y soporíferos discursos electorales.

Mentimos cuando decimos ignorar el motivo, como argumento para justificar nuestra inicial sorpresa, que ha venido a poner un punto de jovial humor a tanta charlatanería como padecemos, ya que estamos convencidos de su cristalina intención de ridiculizar a la “otra parte”, con un lenguaje fácil, rápido y directo, que viene a darnos la razón cuando al principio hablábamos de ñoñeces y melifluidades varias, utilizando el sarcasmo que suele hacer más daño que la afrenta directa, el insulto o la descalificación, ya que descoloca al contrario y lo sitúa en los ámbitos de una débil y desmadejada situación, que suele llevar al ridículo, algo que no está al alcance de todos a la hora de llevar dignamente semejante deshonra, que suele aparejar estas delicadas situaciones, sobre todo sin son públicas, que no necesariamente notorias, pues en ese pantanoso y complicado espacio conceptual, preferimos no entrar.

Ningún ánimo de molestar, criticar o cuestionar a nadie, ni a los autores de esta “cuqui” expresión, ni a los destinatarios a quién iba destinada, y mucho menos, sembrar la discordia y el ridículo entre quienes protagonistas son de estos hechos, más bien resaltar una situación en gran medida hilarante, que ha puesto de manifiesto el excelente sentido del humor de unos y de otros, que al menos, ha denotado la existencia de un singular lenguaje empleado en unas broncas elecciones, que ha puesto una nota de humor entre tantas caras largas como a diario contemplamos.

Agradecemos por lo tanto, que entre tanto lenguaje sinuoso, redundante y soporíferamente cuqui, como últimamente padecemos, surja una agradecida, simpática y directa expresión, que al margen de su mayor o menor acierto y de su intencionalidad, haya alegrado los ojos y los oídos de tantos amantes de uno de los mayores tesoros que poseemos, al margen de cualquier consideración humana, como es el lenguaje.

lunes, 8 de mayo de 2023

ISABEL Y YOLANDA

Este título, tan estrictamente medido, corto y sugerente, tan femenino, tan falto de contenido a fuerza de leerlo una y otra vez, no se corresponde con ninguno que haga referencia a una obra literaria, a un título de alguna conocida película, ni al de una canción,  una leyenda, ni mucho menos a una ópera, aunque su sonora lectura, pueda recordar a algún título de todas las aquí citadas, sin la menor relación de parecido ni en su fondo ni en su forma, como más adelante comprobaremos, si el lector tiene la suficiente paciencia para llegar al final de tan delirante propuesta como podrán comprobar si hasta ahí se arriesgan.

Dos nombres de mujer, bastante comunes en este país, dónde los hombres continúan ostentando los puestos de privilegio en la mayoría de los destinos de dirección y decisión fundamentales, aunque esto no es obstáculo para que ellas estén ganando a pulso, y con gran esfuerzo por su parte, el lugar que en innegable justicia les corresponde, que no es otro que el de la equiparación total a todos los niveles en una sociedad  que siempre se los ha negado.

Dos mujeres que últimamente están acaparando la actualidad en este país, que ya de nada se sorprende, en el proceloso, sinuoso y atormentado mundo de la política, que no deja indiferente a nadie desde hace ya demasiado tiempo, y dónde ellas están jugando un papel de protagonistas absolutas, cada una en su parcela, sin inmiscuirse demasiado mutuamente, aunque estén ambas en el mismo y enredado terreno de juego, una con más experiencia que la otra, aunque la irrupción de ésta última, invita a pensar que un duro enfrentamiento está servido.

Y éste se juega en el ámbito de la política, en extremos, eso sí, meridianamente opuestos, lo que necesariamente ha de suponer que una dura rivalidad está servida, que por ahora no se han sustanciado en exceso en la práctica, aunque intrínsecamente están ahí, y más pronto que tarde, se desatará la hostilidad, ya que en período de elecciones nos encontramos, y es ahí donde más tiene que aportar cada una a su causa, con objeto de proteger su vida y su hacienda, que se resume, en definitiva, en alcanzar la cima, es decir, el poder.

Juegan, por supuesto, en partidos opuestos, extremadamente diferentes en cuanto a su posición en el campo y al concepto del juego que desarrollan, enfrentadas permanentemente, sin posibilidad alguna de llegar a alcanzar algún día acuerdo alguno, pues tal es la seguridad que ambas poseen en sí mismas, tal es su afán de protagonismo, que eso sería labor imposible, ya que dónde manda patrón, no manda marinero, y ambas, por supuesto, juegan de  directoras absolutas en sus respectivas tribunas de mando, que celosamente controlan y dirigen.

Imprevisible Isabel, con una indudable capacidad de llevar adelante cuanto sus deseos le dictan desde su posición de presidenta, con un temperamento indomable y un carácter firme y sin fisuras, enfrentada continuamente con sus contrincantes políticos, a los que no da respiro alguno ni espacio posible para contraatacar, su objetivo es la asfixia del contrario, sin posibilidad alguna de concederles la menor tregua, sea quien fuere su enemigo político, comenzando por el presidente del gobierno, con el que mantiene una rocosa lucha dialéctica, y continuando con las instituciones estatales, con las que mantiene frecuentes disidencias de todo orden.

Desconcertante Yolanda, firme y rocosa negociadora con los empresarios desde su posición ministerial que le capacita para llegar a elaborar leyes laborales de alcance nacional, posee una innata capacidad para no dar a conocer su juego político, descolocando a propios y extraños, exigiéndole unos su lealtad por el hecho de haberla colocado allí dónde ahora se encuentra, mientras los otros le piden que se defina, que se lance a la arena de una vez por todas, porque ven en ella un poderoso revulsivo del panorama político de una izquierda dividida, que con ella, piensan, resurgirá.

Y llegados a este extremo, sin posibilidad real de acuerdo alguno entre ellas, dos mujeres sin duda alguna inteligentes, capaces y con poder actual y futuro, representantes de un mundo femenino ausente y alejado del poder político de este país al más alto nivel, al que aspiran acceder, me atrevo a proponer una reunión informal entre ellas, sin agenda, sin más pretensión que conocerse, ellas, tan cercanas, y sin embargo tan lejanas, en una comida no de negocios, sino de placer, para charlar amistosamente, con un único objetivo, que no es otro que distender, con esta amable imagen, un panorama político que por momentos se está tornando irrespirable.

lunes, 1 de mayo de 2023

LA DESMEMORIA ILUSTRADA

Hubo un tiempo en que en la enseñanza oficial, mentes deficitarias, instaladas cómodamente en las confortables e inamovibles poltronas de su despachito oficial, tuvieron la genial idea de eliminar de los libros de texto, la negativa y antigua costumbre de utilizarlos para estudiar, resumir, comparar, para relacionar, para penetrar en los conocimientos que cada uno de ellos pretendía hacer llegar a los sufridos estudiantes, que se veían obligados necesariamente a memorizar nombres fechas, lugares, acontecimientos y sucesos de toda índole, si querían superar los oportunos exámenes a los que habrían de enfrentarse.

En definitiva, estas preclaras mentes impusieron eliminar la memorística de los planes de estudio, pues lo consideraban un atraso absoluto en todos los órdenes, que a la larga supondría un negativo efecto en la formación de los estudiantes, que se vieron ante unos libros que no eran de texto, sino de consulta, con lo que el estudio desapareció de sus atribuladas vidas, facilitándoles una llamadas fichas de trabajo, dónde se limitaban a copiar la respuesta en las mismas, en una acción semejante al copia y pega de la actualidad.

Todo ello, con la consiguiente y elemental conclusión de que no se enteraban de nada, pues a los diez minutos se habían olvidado de todo, gracias a la genial idea de quienes programaban desde sus despachos, alejados de las aulas, donde los sufridos maestros se desesperaban ante tan monumental y desabrida barbaridad pedagógica, contra la que en algunos centros comenzamos a rebelarnos ante tamaña barbaridad, que habría dado lugar a una generación sin conocimientos, sin memoria, y sin la mínima capacidad para conocer, situar y relacionar.

De esta manera, y centrándonos en algunos grandes poetas, complicado tendrían conocer pongo por ejemplo, que en 1916 Antonio Machado conoce a Federico García Lorca que estaba de viaje de Estudios en Baeza, dónde al año siguiente vuelven a verse, y ambos participan en un concierto que se celebra en el casino dónde Machado leyó un fragmento de La Tierra de Alvargonzález, obra que sería representada por Lorca con La Barraca años después, mientras Federico interpreta al piano La Vida Breve, de quién fue su íntimo y buen amigo, el compositor Manuel de Falla

Que en 1931, Miguel Hernández desde Orihuela escribe a Juan Ramón Jiménez una carta, en la que le suplica si puede recibirle, pues tiene escritos un millar de versos, que quisiera que los leyese, a él, poeta humilde que ha leído cincuenta veces la segunda antología de Juan Ramón.

Ignorarían que en 1933, con ocasión del estreno de Bodas de Sangre, Antonio Machado escribió al poeta: “querido y admirado poeta, hasta la noche de ayer, no pude ver su magnífica obra, que hoy por fin he podido disfrutar, uní mi aplauso al de un público tan numeroso como entusiasta, bravo y a otra”.

Siguiendo en esta línea, cómo iban a saber, que en 1937 Vicente Aleixandre escribe una “semblanza íntima de Federico García Lorca”,  que comienza así: “la he escrito como le vi y le amé, como creo que él se reconocería,  ya que la imagen que de él doy, le gustaría, y recordar que a Federico se le ha comparado con un niño, con un ángel, con un agua, con una roca, cuando en sus más tremendos momentos era impetuoso, clamoroso, mágico como una selva, tierno como una concha de la playa, inocente en su tremenda risa morena, como un árbol furioso, ardiente en sus deseos como un ser nacido para la libertad”.

No podrían saber, que en 1927, el recién elegido para la Real Academia de la Lengua, Antonio Machado, aunque no llegó a tomar posesión, en gran medida por su desinterés, escribió a Miguel de Unamuno: “Dios da pañuelo a quién no tiene narices”.

Es obligado saber, que en 1936, cuando Machado tiene conocimiento del asesinato de su querido y admirado Federico García Lorca, escribe el hondo poema “el crimen fue en Granada”, que termina con estos versos: “labrad amigos / de piedra y sueño / en la Alhambra / un túmulo al poeta / sobre una fuente / dónde llore el agua / y eternamente diga / el crimen fue en Granada / en su Granada”.

Ignorarían, sin duda, que en 1902, Machado conoce en París, dónde estaba con su amada Leonor, a Rubén Darío, maestro del Modernismo, que influyó en la poesía de Machado, sobre todo en sus “Soledades”, aunque alejado de los adornos y exotismos de dicho movimiento literario.

Imprescindible conocer la relación de Lorca y Miguel Hernández, que se conocieron por primera vez en 1933, en Murcia, dónde Federico está con La Barraca. Miguel tiene veintidós años, y Federico treinta y cuatro. Miguel recita algunos poemas que son aplaudidos con fervor por Federico, a quién más tarde escribió cuatro cartas, respondiendo solamente a una de ellas, Miguel se lo reprocha, y Federico le responde: “no te he olvidado, pero vivo mucho, y la pluma de las cartas se me va de las manos, me acuerdo mucho de ti, porque sé que sufres con esas gentes puercas que te rodean, y me apena ver tu fuerza vital y luminosa encerrada en el corral y dándose topetazos por las paredes”.

Por último, aunque aún faltan muchos poetas por relacionar, y para seguir dando ejemplo de la siempre necesaria memoria, y por citar a uno de ellos que no fuera natural de nuestro País, en 1933, Lorca y Pablo Neruda, se conocieron en la representación de Bodas de Sangre en Buenos Aires, dónde disfrutaron de una amistad breve pero intensa y festiva, lo recordaba como “ese Federico que le hacía reír, y que nos enlutó a todos por un siglo”.

miércoles, 5 de abril de 2023

EL NOBLE ARTE DE LA POLÍTICA

Esta expresión tan manida en tiempos pretéritos, y hoy tan denostada por tantos, que quizás creyeron en un tiempo, seguramente debido a la extraña y positiva actitud de algún ejerciente merecedor de esa frase, que tanto respeto le ofreció en su momento, posiblemente ahora las dudas le asalten hasta el punto de renegar de ella, y sustituirla por otra similar, sustituyendo el calificativo correspondiente, excesivo casi siempre, por otro que niega la nobleza y lo cambia por otro que, supone lo contrario, alterando por completo el significado de tan rotunda y altisonante frase, en un acto de negación, que trastoca por completo la equívoca y susodicha expresión.

Quizás la política fue un arte en su momento, en algún caso puntual, concreto, y absolutamente preciso y singular, y con connotaciones muy personales en cuanto a su aplicación por políticos excepcionales y en tiempos  que poco tienen que ver con los actuales, cuando célebres y contados personajes, reunían virtudes y capacidades, tan ausentes hoy en sus homólogos, como la integridad, la responsabilidad, la aptitud, y la ausencia de una desmedida ambición que los descalifica como nobles artesanos de la política.

El descontento, la insatisfacción y la desidia, son argumentos hoy suficientes para denostar a la mayoría de los que se dedican a este milenario oficio que alimentan el descontento en una población harta de tanta ineptitud y tanto desaforado fervor por aferrarse a una poltrona que ansían por encima de todo, capaces de mentir, falsear y renegar de sus principios, si los tuvieren, y que los igualan al mismo nivel, al margen de sus idearios, ya sea a la diestra o a la siniestra, olvidándose de sus aireados principios, y aferrándose al innoble proceder de convertirse en aguerridos defensores de su privilegiada posición.

Y así, desde allí, afirmarán con harta frecuencia y sin el menor atisbo de una elemental honradez, y sin escrúpulo alguno, defender a capa y espada a los ciudadanos votantes, de los que se olvidaron una vez retiraron las urnas de los colegios de votación, dónde los representados depositaron su voto en la confianza de que sus representantes, actuaran como tales, y no como actores de su propio teatro, dónde cada uno representa el papel que más se ajusta a sus características e intereses personales, iniciando así una carrera política, en la que se enrocan y se disfrazan para llevar a cabo la innoble trama de una fingida y lucrativa farsa.

La lucha por la defensa de la posición conseguida, lleva a esta clase dirigente a defender las trincheras conquistadas como si de una guerra se tratara, enzarzándose en los medios, las redes, y lo que más bochorno causa, en sede parlamentaria, con peleas constantes, sin ocasionarles el más leve rubor el hecho de proferirse insultos y descalificaciones que causan estupor y vergüenza ajena entre los ciudadanos que asisten a las broncas, improperios y desvaríos varios, sin que den muestras de respeto alguno ante los atribulados ciudadanos, que no dan crédito a lo que ven y escuchan a  una señorías que no parecen tener escrúpulo alguno para llevar a cabo su pretensiones, que en absoluto coinciden con las necesidades de la población a la que representan, sino con sus propios e inconfesables intereses personales.

Llegados a este punto,  cabe resaltar con un creciente e imparable avance en todos los extremos, del llamado populismo, del que todos los que lo ejercen reniegan, lo que da una idea de la inconsciencia que han alcanzado los políticos de todo signo, ya que es imposible no detectar esta rechazable estrategia que todos utilizan, consistente en mantener un discurso calculado para ejercer y retener el poder, situándose lo más próximo posible a las masas, ofreciendo y prometiendo todo aquello que desean oír, que conocen a la perfección, con una actitud calculada al milímetro para llegar a quienes ansían regalarse los oídos con una aplastante tormenta de promesas que descargan sin pausa alguna sobre ellos.

Lo llevan a cabo con un lenguaje  medido y altisonante, que consideran cercano a la gente más necesitada, alardeando de una actitud popular y campechana con la que piensan, y a menudo consiguen, llegar a  una población harta de tanta promesa incumplida, con la que aseguran empatizar, cuando en realidad, no están siguiendo más que una estrategia muy medida, con la que confundir a una masa enfervorizada, que piensa que esta vez sí, van a conseguir que sus objetivos de bienestar social y material, sean alcanzados por fin, tal y como estos nuevos profetas les auguran, y que casi con toda seguridad, una vez más verán defraudados, convirtiendo la nobleza de los políticos en ambiciosa mezquindad y el arte en ordinaria superchería.

jueves, 23 de marzo de 2023

LAS DUDAS DE MONTESQUIEU

No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia, afirmaba el filósofo y jurista francés, figura clave en el surgimiento de la Revolución Francesa, y por ende, en el desarrollo de las democracias modernas, que de alguna forma tuvieron su origen y fundamento en aquel convulso movimiento, difícilmente comparable en forma y contenido con cualquier otro de características parecidas, que cambió para siempre la historia de la humanidad, y que aún hoy en día se sigue analizando, como un acontecimiento,  que después de dos siglos y medio, continúa atrayendo a los más interesados en la búsqueda de la mejor manera de conformar, dirigir y representar a los ciudadanos del mundo.

Montesquieu propuso la clásica separación de los poderes del estado democrático que hoy sigue vigente, allí dónde el poder sigue residiendo en el pueblo, en la ciudadanía, que elige a sus representantes para que lleven a cabo las acciones pertinentes en todos los órdenes, para el bienestar de sus representados, y la mejor gestión de los asuntos públicos dirigidos a la conclusión de esos objetivos, basados en la igualdad, la libertad, y el resto de los derechos humanos que asisten a los ciudadanos, para que pueda considerarse una democracia social y de derecho, que vele por la defensa de quienes ostentan el poder delegado, que no es otro que la ciudadanía.

Estas ideas plasmadas en la división de poderes que Montesquieu plasmó en sus escritos, léase legislativo, judicial y ejecutivo, supuso un componente innovador, cuyas ideas básicas continúan vigentes en las democracias modernas, aunque no puede olvidarse el carácter conservador de la monarquía limitada que proponía Montesquieu, en la que procuró salvaguardar el declive del poder de los grupos privilegiados, como la nobleza, a la que él mismo pertenecía, aconsejando, por ejemplo, su representación exclusiva en una de las dos cámaras del parlamento, aunque pese a ello, debe considerársele, como un personaje clave en la fundamentación de  la filosofía política moderna, con innegables implicaciones en la configuración del estado moderno, tal como lo conocemos.

En pleno siglo XXI, aún existen países dónde la teoría de la división de poderes del filósofo francés, es interpretada de una genuina forma, que llevada a la práctica, da como resultado una forma de estado que, pese a existir una representación política, una asamblea nacional, un presidente, ministros, legisladores y unos órganos que gestionan los asuntos que atañen a los ciudadanos, nadie, ninguno de ellos ha sido elegido por los atribulados ciudadanos, que contemplan como son gobernados, sin haber pasado por las urnas en ningún momento.

Y no sólo esto, sino que ignorando absolutamente a la población, se obvia por completo su intervención en la redacción de la ley fundamental en una democracia, la ley de leyes, la Constitución, impidiendo de esta forma que los ciudadanos se otorguen unos principios que garanticen sus derechos fundamentales, y sin que nadie les haya preguntado quienes desearían que los representase, en una ceremonia de la confusión tal, que nadie osa desafiar, ante semejante ofensa, los más sagrados principios que Montesquieu a principios del siglo XVIII,  dejó para la posteridad, y que afortunadamente están vigentes en la inmensa mayoría de los países civilizados de este Planeta.

Pero las dudas a la que el título de estas líneas hace referencia, no son atribuibles a Montesquieu, sino que lo son de aquellos para quienes el filósofo y sus ideas suponen una molestia, un inconveniente, un obstáculo para llevar a cabo su labor de gobierno, o más bien de desgobierno, como Tamames dejó claro en la reciente moción de censura, cuando dijo al presidente del gobierno, que no siempre respetaba celosamente la división de poderes, ilustrando esta afirmación con ejemplos que dejaban bien a las claras, que tenía una enorme facilidad para saltarse a la torera la tajante separación entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial.

Y así, abusa con frecuencia de su condición de presidente de un gobierno de coalición, que cierra filas con él, pese a las continuas discrepancias habidas en su seno, en una absoluta determinación de formar parte de un ejecutivo que, a pesar de Montesquieu, demuestra sentir añoranza por apropiarse de los otros dos, legislativo y judicial, acaparando así los tres, y demostrando con ello, que  carece de escrúpulo alguno cuando de ostentar el poder se trata.

miércoles, 22 de febrero de 2023

UN HOMBRE BUENO

El día veintidós de febrero de mil novecientos treinta y nueve, hace ochenta y cuatro años, Antonio Machado, con su anciana madre y su hermano José, después de una penosa travesía, huyendo de su cruel e injusta patria, casi desnudo, como los hijos de la mar, durmiendo de día y avanzando penosamente de noche, sufriendo todo tipo de penalidades, atravesó la frontera para llegar a Colliure, un pequeño pueblo pesquero de Francia, que lo acogió durante apenas un mes, el tiempo que se permitió respirar cerca del mar, donde fue enterrado junto con su madre, que apenas le sobrevivió unos pocos días.

Cuenta José, los indecibles sufrimientos soportados, durmiendo en un vagón estacionado en vía muerta, en hasta llegar a la localidad de Cerbère, donde se refugiaron en la cantina de la estación, dónde el espectáculo que se ofrecía a los ojos era desolador, con los españoles caídos y deshechos, sin dinero, éramos tratados por los mozos de aquel establecimiento con tan innoble y repugnante desprecio, que lo primero que preguntaban era si teníamos dinero con qué pagar.

Y en caso negativo, no daban ni un vaso de agua, hasta que Corpus Barga, un buen amigo que los acompañaba,  que después llevaría en brazos a su madre por las calles del pueblo hasta el hotelito dónde se alojaron,  se acercó a Perpignan, regresando con “posibles”, al tiempo que desde la embajada de París recibieron alguna ayuda.

Todo ello les es permitió alojarse en el pequeño hotel de la localidad, y en el que residieron hasta el final, dónde el poeta, ya muy enfermo murió pocos días antes que su anciana madre, que despertando de su estado de profunda inconsciencia, preguntó por su hijo, y dándose cuenta de inmediato de lo que había sucedido, rompió a llorar desconsoladamente.

Antonio Machado veía con triste claridad que su final se acercaba, y según su hermano, decía que cuando no hay porvenir, por estar cerrado el horizonte a toda esperanza, es ya la muerte lo que llega, lo que denota la infinita pena que asolaba al poeta, que no podía soportar la angustia del destierro y la pérdida de España, invitando a su hermano a acercarse al mar, mientras, comenta José, se miraba en el espejo tratando en vano de arreglarse sus desordenados cabellos.

Cuenta su hermano que se encontró en un bolsillo de su abrigo, un papel con unos versos, que en la primera línea reflejaban en inglés el ser y no ser de Hamlet, en la segunda, el último verso escrito por el poeta: “estos días azules, y este sol de la infancia”, y en el tercero y cuarto, unos versos sueltos de un poema suyo: “te daré mi canción, se canta lo que se pierde, con un papagayo verde, que la diga en tu canción”.

 El poeta fue llevado a hombros de seis milicianos, con el féretro cubierto con una bandera republicana, y enterrado, al igual que su madre, en el pequeño cementerio de Colliure, pese a que los poetas franceses pidieron que fuera enterrado en París con todos los honores que Machado merecía.

Allí descansa el poeta que decía de sí mismo que “más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy en el mejor sentido de la palabra, bueno”, algo de lo que carecían los tiranos, de entonces y de siempre, que le obligaron a abandonar su patria, que le condenaron a huir, de una forma cruel, como él escribió, “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”, unos miserables que despreciaban todo lo que representaba el ilustre poeta: la cultura, la belleza y la libertad.

domingo, 1 de enero de 2023

LA LUZ DE MIS OJOS

Abro los ojos y contemplo el mundo que me rodea, el mismo que descubrí la primera vez que la luz llegó a ellos, que los inundó de vida en el más apasionante viaje que jamás he iniciado en toda mi existencia, el que me conducirá a lo largo de toda mi vida, hasta el final de mis días, cuando se apaguen, cuando se cierren para siempre retornando a la oscuridad inicial después de abrirlos por última vez para decir adiós a la luz, a todos los que me han querido, a todos los que he amado, a todo lo que me ha emocionado y conmovido, a la vida, en fin, que me ha regalado tantas alegrías, algunas tristezas, y la agradecida y a veces ingrata y siempre arriesgada aventura de vivir.

Ojos que contemplo con admiración y respeto, con cariño y devoción, cuando el espejo me devuelve su imagen, que es la misma que mi madre obtenía cuando ella prestaba su dulce rostro al espejo, que ahora me confirma que mis ojos son los suyos, los mismos que me miraron y cuidaron con amorosa dedicación durante mis primeros años, siempre, durante toda mi vida, los que me sonrieron al nacer, los que descubrí por primera vez cuando abrí los míos para contemplar la luz de su hermosa mirada, que recordaré siempre, que me acompañan cada día, que son la luz y la alegría de mi vida, cuando recuerdo el amor y la infinita ternura que desbordaba su mirada.

Ojos que han guiado mis pasos a lo largo de mi existencia, que me han mostrado las letras, las palabras y los paisajes, los besos, la alegría y la pena, las lágrimas y los abrazos, que me han permitido disfrutar de los ríos, de los mares, de las nubes, de la lluvia, de los bosques, de las sierras blancas cubiertas de nieve, que me han mostrado los albores y los ocasos, el hielo del invierno, los colores del otoño y el esplendor de la primavera, que me han permitido con asombro contemplar el cielo cubierto de estrellas y las luminosas noches blancas del verano, y las buenas gentes, y la torre del campanario, y las flores, y los niños correteando por la verde hierba de las eras en verano.

Ojos que descubrieron por primera vez la Inmaculada luz de los campos de un pueblecito de Castilla, que contemplaron el río, las praderas, los chopos y los álamos de su ribera, que disfrutaron con la nieve que todo lo cubría en los hermosos y eternos inviernos patinando sobre el hielo y degustando los deliciosos témpanos de hielo que colgaban de los bajos tejados, corriendo sin que el frio nos afectase, como si no existiese, como si los muñecos de nieve nos acompañasen cuando los veíamos a la entrada y salida de la escuelita, en el recreo, que es cuando los modelábamos partiendo de una piedra que hacíamos rodar eras abajo, disfrutando una infancia que estos ojos recuerdan con un cariño inmenso, que mantengo en la retina, como si aún estuviese viviendo aquellos hermosos tiempos.

Luz de mis ojos que me permiten reflejar el mundo que me rodea, llenando mi memoria de lugares, personas y situaciones, que constituyen mi acervo personal, social y cultural, que son la suma de mi existencia, que pueblan mi mente gracias a ellos, a la cristalina y transparente  puerta que me comunica con el mundo exterior, llenando mi vida de sensaciones, emociones y vivencias, que recojo agradecido y satisfecho por este valioso presente que la vida me ha regalado desde el principio de mis días.

Gracias a mi querida madre que me los donó, a su imagen y semejanza, en un acto de amor que nunca sabré agradecer bastante, que jamás olvidaré, que  recordaré siempre mientras un rayo de luz alimente estas dos transparentes ventanas y sigan atrapando el mundo a mi alrededor, hasta que la luz ya no traspase el umbral de sus pupilas y la sombra ocupe su lugar, retornando al principio, allá donde la eternidad se confunde con el espacio  y con el tiempo, después de haberlos abierto inmensamente para llenarlos de los últimos rayos de luz, que serán el último amanecer  y el primer ocaso de mis días.