martes, 15 de agosto de 2023

El precio del progreso

Nos quejamos, y con razón, de las altísimas temperaturas que soportamos y que estamos condenados a sobrellevar lo mejor que podamos de ahora en adelante, sin posibilidad alguna de que remita, ya que el cambio climático es a estas alturas una realidad insoslayable, que muy pocos niegan a estas alturas, y que hemos de afrontar con medidas que han de llevar a cabo a nivel mundial los gobiernos de un planeta que soporta un maltrato que no va a afectarle a él, con millones de años por delante, ya que sólo el astro rey, el sol, su inseparable y  poderoso compañero, acabará con esta hermosa Tierra, cuando aquel se convierta en una gigante roja que arrasará y pulverizará la Tierra.

Pero sí supondrá el final de la vida que alberga, nosotros los seres humanos, y el resto de animales y vegetales, que están sufriendo las consecuencias de una actividad humana desenfrenada, que mientras ha progresado desde los comienzos de la era industrial, no se ha detenido a meditar hasta dónde podría llegar, cuándo debería empezar a limitar unas emisiones contaminantes brutales que nos están pasando factura, y que no podemos demorar más, ya que las consecuencias se agravan a medida que pasa el tiempo, y que vamos soportando año tras año, como una alerta natural que nos avisa sobre lo que nos espera, si no tomamos las medidas oportunas, conocidas, que no ignoradas por quienes han de tomarlas, para las que el reloj de la cuenta atrás, hace ya tiempo que se puso en marcha.

Pero no parece que haya una postura común a nivel mundial para tomar las importantes y urgentes decisiones necesarias para frenar esta grave situación, para la que aún, parece ser, estamos a tiempo, ya que las convenciones internacionales sobre el cambio climático, no consiguen ponerse definitivamente de acuerdo, salvo para intentar delimitar las emisiones con el objeto de frenar la subida de la temperatura global, algo que suele quedar en buenas intenciones y en compromisos que no suelen llevarse a cabo con la premura necesaria, mientras la crisis climática se agudiza a ojos vista, con unas demoledoras olas de calor, que cada año se manifiestan con una creciente intensidad que todos soportamos.

Y así, nos encontramos con países que no están dispuestos a renunciar a un progreso que, afirman, ya llevaron a cabo el resto de los más avanzados, y que no están dispuestos a eliminar o limitar al máximo la utilización de las fuentes de energía más contaminantes, como el carbón y otras, de origen fósil, lo que supone un importante freno a las intenciones de impedir que la temperatura del planeta continúe en un peligroso y vertiginoso ascenso, que de ninguna manera nos podemos permitir.

No debemos pecar de agoreros, ni dejarnos caer resbalando sin freno por la fácil e irresponsable senda de un pesimismo irracional y negativo que a nada nos conduce, salvo a sembrar una innecesaria alarma  y a crear una atmósfera de pánico y un miedo fuera de toda lógica, que nada aportaría para la solución del problema que nos ocupa.

Los hechos demuestran que algo está cambiando en nuestro planeta, que ya hasta los mares comienzan a dar muestras de cansancio, enfangados y con sus aguas subiendo de temperatura, como si quisiera comunicarnos que, allí dónde surgió la vida, las condiciones ya no son las mismas, que han empeorado, que no podemos continuar maltratándolo, que necesitamos reflexionar, que aún estamos a tiempo, que la vida siempre se abre camino si no le ponemos obstáculos, que la naturaleza nos ayudará si la ayudamos, que, en definitiva, nos está avisando, que nos da un nuevo plazo para reflexionar, para rectificar, para volver a la senda de la justa, necesaria y ansiada convivencia.

domingo, 13 de agosto de 2023

Juana I de Castilla

    El doce de octubre de 1504, en la villa de Medina del Campo, cuando la Señora Reyna Católica, Doña Isabel, dictó testamento, que en lo relativo a su hija Juana, rezaba, a grandes rasgos cómo sigue: “Otrosí, conformándose con lo que debo y soy obligada de derecho, ordeno y establezco e instituyo por universal heredera de todos mis Reynos, e Tierras, e Señoríos, e de todos mis bienes rayces, después de mis días, a la Ilustrísima Princesa Doña Juana, Archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña, mi muy cara, e muy amada hija, primogénita, heredera e sucesora legítima de los dichos mis Reynos e Tierras e Señoríos, la cual luego que Dios me llevare, se intitule Reyna”, al tiempo que entre otras disposiciones, añadía, que si Juana no estaba en sus reinos, ya que se encontraba en Flandes, no quería entender de su gobernación, nombraba al rey su señor, regente mientras su nieto, el infante Don Carlos, alcanzase la edad legítima para regir y gobernar.

De este testamento parecen desprenderse las dudas que Juana despertaba en la reina, dado su carácter complicado y sus desequilibrios emocionales, que mostraba ya desde niña, acentuados en la madurez, unido al poco interés que denotaba en las tareas de gobierno, a la par que se aprecia la mano, sin duda, del rey Fernando, interesado en el reino de Castilla, algo que se manifiesta, cuando en las Cortes de Toro, afirma que uno de los motivos que le llevaron a encargarse del gobierno de Castilla, es el hecho de que “la Reina, mucho antes de fallecer, conoció y supo de una enfermedad y pasión que sobrevino a la Reyna Doña Juana”, constituyendo esa declaración, la primera vez que, en un documento oficial, se reconocía la posible incapacidad de Juana para gobernar.

Cuatrocientos sesenta y ocho años después - Juana murió en Tordesillas en 1555 - aún continúan las dudas, más que fundadas, sobre su alejamiento del poder, primero por su padre Fernando, y después por su hijo Carlos, sin que posiblemente nunca conozcamos una verdad que continúa latente para tantos estudiosos del tema, y para una historia, que como en tantos casos, se niega a revelar la verdad de unos hechos que seguramente jamás conoceremos.

 Está situación se agrava, al poner de manifiesto el hecho de que los historiadores no se ponen de acuerdo, salvo en el hecho de que tanto su esposo Felipe, como su padre el Rey, estaban interesados en relegarla del gobierno, e hicieron todo lo posible, y consiguieron, evitar que Juana reinase, aunque siempre ostentó el título de Reina hasta el final de sus días.

Compartió el título de reina, de derecho, que no de hecho, con su hijo Carlos, que la mantuvo en Tordesillas, hasta su muerte en 1555, sometida a un vergonzante estado de prisionera, bajo el mando de quienes la mantuvieron cautiva, con unas estrictas, duras y crueles condiciones carcelarias dictadas por su hijo, el rey, que apenas fue a verla en los largos cuarenta y seis años, desde 1509, que estuvo recluida con la sola compañía de su hija Catalina, que lo hizo, hasta que en 1525, casó con Juan III de Portugal.

Juana, pronunció ante la Santa Junta de los Comuneros de Castilla, reunida en Tordesillas en 1520, una frase, que revela su afable carácter, pese a la leyenda que le rodea, y que tantas dudas ha suscitado a lo largo de la historia: “Yo tengo mucho amor a todas las gentes y pesaríame mucho de cualquier daño o mal que hayan recibido”, aunque ella, nunca demostró excesivo interés en gobernar, salvo en concierto con su hijo.

Algo que parece ser que pretendió, y a lo que su hijo se negó, aunque nunca le discutió su título de Reina, que conservó hasta el final, pero sin efecto material alguno, y a la que dispensó un trato profundamente injusto e inhumano, llegando hasta el maltrato, instruyendo para ello a  sus crueles carceleros, los marqueses de Denia, y llegando hasta el extremo de robarle de sus aposentos numerosas joyas, oro, plata, libros y tapices, para que sirvieran como parte de la dote de Catalina.

Un capítulo de la historia de España, que muchos ansiamos, que un día, por lejano que fuera, se viera clarificado y respetado nítidamente, como se merece este personaje tan injustamente tratado de nuestra historia, que merece formar parte de la misma, de tal forma y manera, que se despejen las dudas sobre una más que probable injusticia cometida por quienes le impidieron que detentase unos títulos otorgados en legal y taxativo testamento de una mujer, su madre Isabel, y que dos personajes, dos hombres, su padre Fernando y su hijo Carlos, impidieron con sus siniestras insidias, que ostentase de hecho el título de reina.

sábado, 12 de agosto de 2023

La desmesura lingüística

Según la Unesco, en nuestro planeta se hablan, entre lenguas y dialectos, cerca de seis mil diferentes, lo que sorprende hoy en día, en un mundo globalizado, donde la utilización de los medios técnicos y las redes de comunicación, han conseguido unificarlo en muchos aspectos, logrando un continuo y permanente flujo de información al alcance de una inmensa mayoría de seres humanos, que no obstante chocan frontalmente con la muralla idiomática que consigue que esa fluidez comunicativa se vea seriamente frenada y conculcada en gran medida, hasta el punto de cesar una absoluta y totalmente necesaria comunicación que facilite el entendimiento entre las partes.

 Debido a ese mar de lenguas que más que acercar, separa, suele establecerse una barrera a veces insuperable, que fundamentalmente afecta a la vida diaria de las gentes de procedencias cada vez más dispares que habitan nuestros pueblos y ciudades, que ven cómo el entendimiento directo e inmediato con los demás se les antoja imposible, lo que repercute en un continuo problema que crea malentendidos, enfrentamientos y confusiones diversas, que dificultan una relación fluida, deseable y necesaria entre los seres humanos procedentes de diferentes culturas.

Dícese que poseen don de lenguas, quienes tienen la sorprendente y admirable capacidad de hablar múltiples lenguas que no conocen, por lo que se atribuye al Espíritu Santo la atribución de tal facultad concedida a unos pocos elegidos, generalmente incrédulos, por lo que esta concesión representaba para ellos toda una señal celestial, y en general para todos los no cristianos, de que el recién fundado cristianismo contaba con el aval divino, hecho que animaba a su conversión y a la propagación de una fe que comenzaba su andadura y que necesitaba de estas demostraciones prodigiosas, que asombraban y maravillaban a los posibles candidatos a profesar en una fe necesitada de incrementar la nómina de sus fieles creyentes.

No está tocado este País por la divina mano que otorga el Don de lenguas a sus gentes, las cuales adolecen de semejante virtud, ya sea por la intervención directa de los dioses o de los hombres, hasta el extremo de situarnos en la cola de nuestro entorno europeo a la hora de hablar alguna otra lengua, al margen de la nuestra, la cual buena falta nos hace perfeccionar su uso.

Y no digamos, por lo tanto, de otras, tan necesarias y exigidas en el ámbito laboral, donde somos absolutamente deficitarios, hasta el extremo de representar un serio problema a la hora de encontrar un trabajo aquí, en nuestro País, donde se pide el manejo del Inglés con cada vez más frecuencia y más insistencia en todas las ramas de actividad, un idioma universal por excelencia, que no se tomó en serio en su momento en los planes de enseñanza y que desde hace bastante tiempo, parece haberse relanzado en las escuelas, desde la más tierna infancia, cuando cualquier conocimiento se fija con una absoluta y brillante facilidad, entre ellos, y de manera especial, el aprendizaje de varios idiomas.

En nuestros tiempos, y gracias a la generosa y clarividente visión de quienes desde sus poltronas dictaban las normas y leyes que iban a regir en las escuelas, universidades y demás centros de formación oficiales, se implantó el Francés como lengua extranjera, impartida muchas veces, como ahora, por personal enseñante deficitariamente cualificado, lo cual, unido a la inutilidad y obsolescencia del aprendizaje de una lengua que en ningún momento llegó a alcanzar la importancia que hoy tiene el Inglés, supuso para tantos y tan esforzados estudiantes de entonces un soberano y mayúsculo error.

Algo que muchos vimos cómo dichos conocimientos idiomáticos no nos sirvieron para nada, ni en el ámbito personal, ni en el social ni mucho menos en el laboral, salvo para pavonearnos ingenuamente con un pretendido dominio de un idioma, por el hecho de parlotear algunas lindezas como bonjour, bonsoir, mon amour o mercie beaucoup, y poco más.

 En un País tan pretendidamente Católico, el Don de lenguas no nos corresponde por derecho, ya que ese privilegio se les concede a los que aún no se han convertido. Habremos de esforzarnos por lo tanto en su aprendizaje, o abjurar de nuestra fe, en la esperanza de ser elegidos y bendecidos con ese milagroso Don que nos evitaría su exigente estudio, a la par que nos devolvería al rebaño, cuyo redil abandonamos en un acto interesado y egoísta, que no obstante nos devolvería unos impagables réditos lingüísticos dignos de tener en cuenta, como es el de dominar una lengua extranjera.

En un país como el nuestro, dónde se hablan varias lenguas a la par que se domina en  general el español, no debería existir problema alguno para comunicarnos a la perfección y, sin embargo, con frecuencia, necesitamos de traductores simultáneos en los medios de comunicación cuando se empeñan en saltar por encima de los demás, obligando a traducir un mensaje, que todos los demás entenderían en un idioma que es común a todos, que dominan, y que nadie puede aducir que desconoce, ya que esos mismos, cuando les interesa, emiten sus entrevistas y comunicados en ese  Castellano que se niegan utilizar en ocasiones.

 No contentos con ello, ahora se proponen conseguir que en el Congreso y el Senado, se institucionalice el uso de cualquiera de las lenguas que se hablan en España, lo que obligaría a utilizar la traducción simultánea para que el resto de los representantes patrios pudieran entender a quienes manejando el Castellano, se empecinen en utilizar otra lengua, que desconocen los demás, contribuyendo así a unos gastos innecesarios y, sobre todo, a un inevitable confusionismo, que tiene una difícil justificación.

Pero que ellos entienden como un derecho irrenunciable, como es el uso de su lengua natal, que nadie puede negar, pero al que es de justicia debieran renunciar en determinados casos, como es el hecho de facilitar la comunicación y el entendimiento cuando la alternativa para ello es el de utilizar otra lengua que dominan todos, y que de ninguna manera puede suponer una renuncia a la suya, que tienen y tenemos el derecho y el deber de defenderla, pero sin que ello suponga un obstáculo para el entendimiento con los demás.

martes, 1 de agosto de 2023

No es país para poetas

En apenas dos años, en dos mil veinticinco, un veintiséis de julio y en un pueblecito Francés próximo a nuestra frontera, tristemente célebre para este cruel país que le obligó a exilarse por sus ideas, de honroso y noble nombre, Collioure, un poeta universal, nacido en Andalucía, un gigante de nuestra literatura, republicano ilustre, sabio y bueno, Antonio Machado, un día azul y soleado, como en su infancia, su inmortal espíritu sobrevolará Collioure, anunciando al mundo que el ilustre e inmortal poeta,  cumplirá ciento cincuenta años desde que contempló la luz por primera vez en su Sevilla natal.

Injusto País, desolada Andalucía, que sufrió la pérdida perversa e inhumana de dos de sus más ilustres poetas, Machado en el exilio, dónde allí seguirá para siempre, y Lorca, asesinado y ocultado vilmente a nuestros ojos, para que olvidásemos, para que nadie pudiera honrar sus restos en una tumba entre los olivos, algo que no lograrán jamás, porque son inmortales, y como tales, siempre permanecerán en la memoria de los amantes de la verdad, la belleza y la libertad, que cantaron en sus estrofas y en los versos que las articulan para construir los poemas que generosamente nos legaron.

Desde Soria hasta Segovia, pasando por Baeza, el honorable profesor impartió clases de francés a sus afortunados alumnos, mientras componía y mostraba su simpatía por la causa republicana, que defendió con pasión y valentía, haciendo honor a su pensamiento dónde la libertad y las consecuencias sociales que de ello se derivaban para los ciudadanos, merecían toda su consideración y su respeto, algo que vertía en sus poemas siempre cercanos a las gentes, a los paisajes y a los campos que habitaban, en un inacabable homenaje hacia las sensibilidades más populares y sencillas.

No descartaba su censura y crítica firme y a la vez amable de las más recias y ancestrales costumbres que atenazaban la cultura popular, víctima de unos estamentos nacionales y estatales, entre los que ocupaba un lugar primordial la iglesia católica, que llenaba sus mentes de prejuicios y temores que mantenían a los ciudadanos en un estado de permanente ignorancia  y retraso cultural - la España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devoto de Frascuelo y de María – que ilustra a la perfección su conocimiento del alma popular de las gentes a las que respeta y en las que confía, cuando añade - ha de tener su mármol y su día, su infalible mañana, y su poeta-.

Su capacidad para desentrañar el sentir y la inteligencia popular, no conoce límites, tenía un indudable don para describir la situación de las clases más humildes, así cómo de las de más recio abolengo, rancias y distantes, a las que censura su afán de alejarse del pueblo llano, y de enrocarse en sus privilegios centenarios, lo que llevó a Machado a citar admirablemente certero – Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora –

Poeta y siempre observador de la realidad terrible que asolaba su País, sumido en la pobreza y la incultura, se ve obligado a reflexionar sobre ello – esa España que ora y embiste cuando se digna usar la cabeza - con un pensamiento duramente crítico, que confiaba lograse cambiar costumbres y defectos que acuciaban a los españoles – si cada español hablase de lo que entiende, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio-.

Leonor y Guiomar, sus dos apasionados amores, tan distintos y distantes, tan capaces de trastocar la apacible vida del poeta, ocuparon un corazón que supo del sufrimiento en dos momentos y lugares diferentes de la tierra que cantó en Campos de Castilla – reconoce y admite su llegada cuando escribe -recibí las flechas que me asignó Cupido – en un gesto humilde y sincero de su condición humana, como cuando afirmaba – hay en mis venas gotas de sangre jacobina – en alusión a su  militancia política republicana que según afirmaba – le había hecho pasar de ser un espectador, a ser un actor apasionado -.

Estas convicciones, decía - le habían convertido en un miliciano más, con destino cultural, y el motivo había sido contemplar la invasión de mi patria – lo que honra y eleva aún más si cabe, a las máximas alturas de la calidad humana, a este insigne poeta, hombre bueno y digno a carta cabal, como Lorca, Miguel Hernández y tantos otros, irrepetibles y universalmente admirados por las gentes de los pueblos del mundo que aman la libertad, la paz y la belleza como derechos irrenunciables de todos los seres humanos.

domingo, 30 de julio de 2023

La voz perdida de los poetas

No es la poesía, por desgracia, un género literario que abunde en las costumbres lectoras de una población como la nuestra, con un pobre porcentaje de lectores entre los que apenas figura este olvidado y amable género, tan notablemente representado en nuestro país por múltiples escritores poetas, que han embellecido con su pluma innumerables y hermosos libros que ilustran un hermoso panorama poético que adorna la literatura española desde siempre.

En los últimos cien años, este país ha disfrutado de numerosos poetas que han cultivado este género con una poesía que ha llegado a todas las gentes con un mensaje social y asequible que debiera haber facilitado su acceso a los lectores interesados en la literatura expresada en verso, algo que no se ha visto materializado, dado el escaso interés por este género,  que no logra despertar un especial interés, como tampoco lo consigue la lectura en prosa, en la que tampoco destacamos quienes habitamos por éstos lares, dónde abundan los escritores y los libros, y escasean los lectores.

Pero ello no ha sido nunca obstáculo para que, afortunadamente, se haya escrito y se continúe arduamente con esa labor por parte de numerosos y prolíficos autores en prosa y verso que no se han dejado llevar por la falta de interés lectora que nos azota, y que llena las bibliotecas con títulos de entonces y de ahora, que nos invitan a acercarnos a ellos a través de sus obras que llevan su voz a todo aquel que quiera escuchar sus historias, sus mensajes, sus opiniones y su interpretación del mundo y cuanto le rodea, a través de la literatura.

La razón de centrar estas líneas en la poesía, se debe a su peculiaridad de poder realzar sus versos, de una peculiar forma, a través de la voz, con la consiguiente posibilidad de utilizar sus recursos para modular el sonido con el fin de llegar al oyente de una manera más eficaz y efectiva, logrando así un impacto más intenso del mensaje que el poeta quiere hacer llegar al que escucha el poema.

Durante los últimos cien años, la literatura en España ha alcanzado una altura envidiable en todos los géneros, incluyendo la poesía, con insignes poetas conocidos por la generación a la que pertenecieron, dónde se les incluye y cita a la hora de referirnos a ellos, de los cuales conservamos, aunque pocos, incluso su voz grabada, cuando aún los medios técnicos necesarios para ello eran muy limitados, pero que no impidieron que de una forma prodigiosa podamos escucharlos hoy, lo que constituye todo un alarde en todos los órdenes, que agradecen y valoran quienes aman la poesía y la inestimable y valiosa posibilidad de escuchar los poemas de boca de sus autores, lo que supone un inestimable privilegio que hemos de conservar como un auténtico tesoro literario.

Entre los poetas más representativos de los últimos tiempos, figuran sin duda, Antonio Machado, Miguel Hernández y Federico García Lorca, los más conocidos y leídos, de los que nos gustaría conservar sus voces, algo que no ha sido posible, ya que sólo disponemos de una grabación de Miguel Hernández del año mil novecientos treinta y siete en París, recitando su poema Canción del esposo soldado, con un tono grave y apasionado, con una entonación armoniosa y musical que llegaba de inmediato a su público, pero no de Machado ni de Lorca, de los que no hay constancia alguna, aunque sabemos que hablaron por la radio, pero, o no se grabó su voz, o no conservamos dicho documento sonoro.

De Lorca existen numerosas descripciones que describen su tono como cálido y expresivo, de voz profunda y vibrante, capaz de transmitir tanto una alegría desbordante, como una intensa tristeza, cautivando al público, que llenaba la sala dónde recitaba sus poemas y leía sus obras de teatro, con una poderosa capacidad para atraer la atención de su entregado auditorio, volcado en escuchar a un Federico apasionado y alegre, que  entusiasmaba a cuantos tuvieron la suerte de escucharlo en directo, algo que se nos ha negado al resto de quienes deseamos que algún día, como sucede con Machado, aparezca alguna grabación con su voz, ya que tampoco nos ha llegado documento sonoro alguno del profesor que cautivó a sus alumnos, de Soria, Baeza y Segovia, con una voz que imaginamos serena, pausada y amigablemente próxima, cuando les hablaba en el aula, y cuando se dirigía a su auditorio.

Curiosamente, Miguel Hernández habló en alguna ocasión de la voz de Lorca, describiéndola como una voz clara y vibrante, capaz de transmitir una gran emoción, con una dicción clara y apasionada que llegaba con total plenitud a su público,  y otros, próximos a Federico, decían que poseía una voz grave y poderosa, que conectaba de inmediato con quienes tuvieron la suerte de escucharlo, algo que quizás nunca lleguemos a conseguir quienes tanto ansiamos escuchar las voces perdidas de tantos poetas, que aunque se las llevó el viento, nos legaron la belleza de sus versos que ni el tiempo ha logrado hacer desaparecer, y que conservaremos para siempre grabados en nuestra memoria.

jueves, 27 de julio de 2023

No es País para pactos

 Situación política diabólica, con perdón, esta en la que nos encontramos, con una perspectiva absolutamente imprevisible, sin un ganador claro, aunque que de hecho lo haya, que no obstante no sirve para formar un gobierno que pueda ejercer con garantías, en un caso porque no tiene apoyos suficientes, y en el otro porque depende de fuerzas independentistas, cuyas pretensiones van más allá de lo que permite una Constitución que no puede superarse, ya que prohíbe taxativamente la posibilidad de votar en un referéndum que decida sobre la independencia de una parte de España.

Claro que dicho referéndum, siempre se puede disfrazar de consulta no vinculante, que quepa en la ley de leyes, que satisfaga a sus promotores, y a modo de plebiscito deje visualizar las posibilidades de sacar adelante la independencia, con lo que quedarían satisfechos, dejando claro que la región en cuestión desea romper con el resto del País, y ello es algo que quedaría tan visible ante la comunidad internacional que el Estado no podría negarse a plantear el deseado referéndum vinculante que les llevaría a conseguir sus anhelados planes separatistas.

Pero la alternativa a esta situación, sería la opuesta, es decir, aquella en la que el resultado fuera negativo para los proponentes de dicha consulta, con lo que sus intereses de poder decidir sobre su separación, se verían frustrados de tal manera, que la ansiada voluntad de independencia sufriría un durísimo golpe, del que no se recuperarían en lustros, algo que, sin duda les aterra, y que pese a que aseguran que están dispuestos a enfrentarlo, seguro que les siembra serias dudas por las temibles consecuencias que de ello se derivarían.

La duda está si se mostrarían dispuestos a aceptar semejante reto, si es que el gobierno se lo permite, lo que es muy posible, ya que una consulta no vinculante, sí entraría en la Constitución, y si están dispuestos unos y otros a jugar sus bazas, siempre con unos riesgos que tendrían que asumir, que en el caso del Estado, sería muy elevado, ya que estarían jugando peligrosamente al borde de una Constitución, que no puede permitirse ningún lujo, ni capricho alguno del gobierno de turno, que siempre tendría vigilante al Tribunal Constitucional, para e evitar desmanes que pudieran cometerse por parte de unos y otros.

Nos podemos olvidar, que las pretensiones nacionalistas, no quedan únicamente en un referéndum vinculante, ya que pretenden además, una amnistía para los suyos, incluido el eterno prófugo y sus compañeros, que residen desde hace años fuera del país, ya sin inmunidad parlamentaria y sometidos a una orden de detención por parte de la justicia española, lo que complica aún más la posibilidad de que logren esos objetivos, que no obstante ponen como condición para apoyar a la formación de un gobierno, que de esta manera sufre una presión enorme ante las exigencias de unos políticos nacionalistas, ante los que doblegarse, supondría una cesión por parte del Estado, que de ninguna forma puede ni debe llevar a cabo.

La situación es pues auténticamente endiablada, ya que el otro partido, aunque ganador, no tiene apoyos suficientes para formar gobierno, y sólo quedaría la posibilidad de una gran coalición de los dos grandes partidos, algo que se nos antoja materialmente imposible, lo que nos llevaría a una nueva consulta electoral, con unos posibles resultados parecidos a los obtenidos ahora, con unos tremendos gastos que conllevaría su organización y desempeño, y que no estamos para desembolsar alegremente, salvo que puedan amortizarse de una forma razonable.

En una célebre frase de un político alemán de tiempos pasados, se afirmaba que España era un País indestructible, ya que llevaba toda su historia intentándolo, y nunca lo había conseguido, lo que no me parece constituya mérito alguno, sino más bien una penosa y negativa fama, que de ninguna forma nos merecemos, por lo que confiamos se rompa cuanto antes esa deriva absurda, y logremos progresar de tal forma, que con el tiempo nos distingamos por presentar ante el mundo la imagen de un País serio, moderno y avanzado, para lo que, entre otras muchas cosas, necesitamos unos políticos capaces, honrados y dedicados por completo al servicio de sus ciudadanos, como es este caso, que exigen, porque los han elegido en democrática votación, que lleguen a acuerdos y pacten, olvidándose de todo interés personal y de partido, como es su irrenunciable obligación.

lunes, 17 de julio de 2023

El retorno del hijo pródigo

Cincuenta años, medio siglo, casi una eternidad, desde que abandoné Muñoveros, después de residir allí durante doce años, para regresar al cabo de otros quince en una fugaz visita, que repetí justo hace un año por esta mismas fechas, en un viaje muchas veces deseado y otras tantas pospuesto, cual hijo pródigo que regresa a sus orígenes.

Enfilo la carretera de acceso, mil veces recorrida durante tantos años, que recuerdo era entonces de blanca y pedregosa tierra, colmada de socavones y arena, asfaltada después, en los últimos tiempos de mi estancia, escoltada por los mismos pinares que ahora contemplo, las mismas curvas, los mismos campos, el puente, el rio, el vivero, y poco después, adivino ya la proximidad del pueblo que tan amable y cálidamente nos acogió.

Entro, con el corazón en un puño y contenida emoción, en la calle principal que cruza el pueblo, para contemplar que todo parece seguir igual, como si el tiempo se hubiera detenido, y llego a la plaza de la Constitución, mil veces pateada y nunca olvidada, que me traslada a principios de los años sesenta cuando llegué, para convivir con sus gentes, durante unos años inolvidables.

El tiempo parece haberse detenido durante estos casi cuarenta años que he estado ausente, aunque jamás he olvidado aquellos imborrables años, durante los cuales formé mi personalidad, conocí a mis mejores amigos, que celosamente conservo, y, sobre todo, disfruté junto con mi familia, de la inestimable, acogedora, y siempre agradecida hospitalidad que nos deparó la buena gente de este entrañable pueblo.

Me recreo en la casa donde viví con mi familia, encima del salón, en el ayuntamiento, dónde tantas tardes pasé con mi padre en su despacho, en la secretaría, y contemplo la iglesia, su atrio, su torre y sus dos puertas, que son las mismas de entonces, las que el inefable don Basilio mandaba cerrar cuando ya había comenzada la misa, para que los “bobotes” como solía decir, no pudiesen entrar.

Contemplo el frontón, el callejón de los infiernos, la calle del Rosario que conduce al camino de Veganzones y a los Peralejos, dónde solíamos jugar al fútbol junto a la arboleda dónde tantas veces nos refugiamos del calor del verano, al abrigo de la agradecida sombra que nos regalaban sus espléndidos árboles, y contemplo con añoranza la escuela que regía el entrañable maestro don Manuel, para regresar de nuevo a la plaza.

Comienzo entonces a ver gentes que me miran tratando de reconocer en mi a alguien conocido, familiar, lejano, lo mismo que me sucede a mí, hasta que, por fin, rompemos la distancia de tantos años separados, y empezamos a presentarnos, a reconocernos, fundiéndonos en abrazos, frases entrecortadas, gesto y palabras que nos conducen a aquellos lejanos tiempos durante los cuales convivimos y disfrutamos en este amable pueblo.

Y comenzamos a recordar con una intensidad desatada, nos robamos unos a otros las palabras, nos entusiasmamos, mientras van llegando nuevos conocidos que se suman a la emoción del momento, y que poco a poco van conociendo quién es el intruso que acaba de llegar, facilitando así el encuentro, así como mi nombre y los suyos, olvidados por el paso del tiempo, pero jamás ignorados, lo que hace que los recuerdos afloren poco a poco y volvamos a vivir con intensidad aquellos inolvidables años.

Me sugieren dar una vuelta por el pueblo, y enfilamos la calle que baja a la Fuente Grande, que como vería poco después, al acercarme a ella,  ya no es tan grande como entonces, como la recordaba, emblemática siempre, aunque irreconocible ahora para mí, como  las nuevas casas, las nuevas viviendas allí construidas y la nueva calle, que entonces no existía como se ve ahora, y acercándome a la fuente, la contemplo con la añoranza propia de quien tantos y tan felices momentos pasó allí.

Reparo en que conserva su inseparable rueda metálica, con su manivela, que la recuerdo igual, para que conste, parece decime, para que sepa todo el mundo que sigue siendo ella, la misma de entonces, acompañando a la vieja y entrañable fragua, que parece no haber sufrido cambio alguno, resistiendo al tiempo y a sus inclemencias, a los hombres y mujeres que por allí han pasado, escoltada por la arboleda aledaña, por los caminos que de allí parten, y por el nuevo barrio que ha hecho crecer el pueblo, dándole un indudable toque de modernidad que lo ha hecho rejuvenecer.

Continuo el paseo acompañado de mis amigos de entonces y de ahora, así como de mi esposa, que no sale de su asombro ante tan caluroso recibimiento, y volviendo sobre nuestros pasos, subimos hasta la calle principal que nos conduce hasta las instalaciones de la piscina, que desconocía, dónde se asentaban las escuelas, que hoy se utilizan como vestuarios, y sentándonos en su amigable terraza, tomamos unas cervezas, en torno a la mesa a la que se van sumando nuevos y animados componentes que, en alegre e intensa charla, tratamos de recuperar el tiempo pasado, a fuerza de citarlo, de celebrar numerosas anécdotas, una y otra vez, como si así pudiéramos así recuperarlo.

Los recuerdos afloran acerca de aquellos viejos tiempos que ahora nos parecen tan cercanos, tan próximos y ambles, que parece volvemos a disfrutarlos, rememorando hechos, lugares y situaciones diversas vividas en plena juventud, algo que a todos se nos escapa ahora, y que recordamos, en una animada charla que me llena de satisfacción y agradecimiento hacia todos los que allí estamos,  mientras va pasando el tiempo, y con ello la hora de regresar, después de unas inolvidables horas pasadas, que mantendré para siempre en el mejor, más amable y agradecido rincón de mi memoria, con la firme determinación de volver para recuperar el tiempo perdido.

sábado, 1 de julio de 2023

COMO ESOS VIEJOS ÁRBOLES

Necesitados estamos de ejemplos de vida que nos ilustren y guíen con sus modelos basados en la honradez, la honestidad y la capacidad de ser consecuentes con lo que proclaman, publican o difunden a través de los medios de comunicación, hoy sobre todo, cuando tan fácil resulta llegar a la gente, sin necesidad de ser un personaje público, aunque mucho más en este último caso, que es el que nos ocupa, por razón de su difusión en las llamadas redes sociales, que tanta influencia tienen en los destinatarios de su mensaje, ya sean políticos, representantes de las diversas artes, o personajes y personajillos del mundo de la farándula.

 Esta abundante fauna, suele copar estos espacios mediáticos, contaminando las susodichas redes, con su vacuo y ordinario proceder, que atrapa a quienes no suelen demandar excesivas exigencias basadas en la cultura, el arte y el buen gusto en general, algo que no suele abundar por esos lares, que pocos escrúpulos exhiben a la hora de difundir sus contenidos basados en la más absoluta e inculta de las banalidades más excéntricas,  carentes del menor interés ético y estético que pudiera apreciarse en sus actividades públicas.

Se caracterizan por una absoluta falta de preparación cultural y profesional, por lo que su auditorio, que suele ser elevado, no se preocupa en exceso por ser exigente en ese aspecto, predominando en ellos el lúdico y suficiente deseo de satisfacer su curiosidad en temas mundanos acerca de personajes de todo tipo, que suelen dar el juego suficiente con sus singulares y ajetreadas vidas, como para obtener el necesario y buscado efecto de la morbosa intención transgresora que reclaman sus adictos a las supercherías más vulgares acerca de las vidas de los demás.

Desdichadamente, no todos son personajes que van y vienen, sin un perfil determinado enraizados en la vida sociopolítica del País, y que en nada lo representan a ningún efecto científico, cultural o artístico, ya que entre ellos/as, sí pueden encontrarse figuras relevantes que pueden insertarse en esa colección de personajes públicos, que sin carecer de una formación sólida, y sin integrarse necesariamente en los antes citados, no son ejemplo ni modelo de esa honestidad y esa honradez que citábamos  al comienzo.

Son por ello responsables de las más severas críticas a la hora de juzgarlos, por la representatividad e influencia que ostentan a nivel social, responsables por lo tanto de los perniciosos efectos que llegan a tener sus proclamas, comportamientos y actividades con frecuencia perversas,  imbuídas de soberbia, vanidad, falsedad, mentira, y una egolatría insoportable, que en el caso de los políticos, llega a alcanzar metas de una altura considerable, teniendo en cuenta que aspiran a representar a unos ciudadanos que asisten perplejos a semejante espectáculo, que no refleja sino el ansia de poder a cargo de quienes debieran dar ejemplo de la honestidad y la honradez más ejemplarizante.

Repasando el historial de personajes públicos ejemplares, de todo orden y condición, muchos son las/los que acuden prestos a mí mente, gentes que he admirado desde siempre, que jamás dieron ocasión a nadie para dudar de ellos, y son muchos/as que podría citar, tanto de tiempo presente como pasado, aunque mi memoria selectiva en este aspecto, me conduce, invariablemente, aunque repito que  podría citar multitud, a una persona admirable por su vida, su historial profesional, su actividad siempre consecuente con sus hechos, íntegro a carta cabal, querido por la gente y admirado por todos, que nos ha legado un hermoso y valioso repertorio de canciones y vibrantes himnos, que siempre  se mueven en torno a la libertad, la igualdad y la fraternidad humana.

José Antonio Labordeta, escribió entre otras innumerables y hermosas canciones que hablaban de las gentes, de su tierra, y de la naturaleza que tanto amaba, “somos”, una bellísima muestra de su sencilla, sensible y honesta honradez que siempre derrochó hasta el final de sus días, que le hacen acreedor a los calificativos más dignos y humanos que puedan aplicarse a un personaje público que jamás defraudó a nadie: “somos/como esos viejos árboles/batidos por el viento/que azota desde el mar”.


lunes, 5 de junio de 2023

¿Es el enemigo?

Que se ponga. Así respondía el inefable Gila, cuando nos deleitaba con su peculiar humor, utilizando para ello el teléfono como vía para comunicarse con el omnipresente y siempre invisible enemigo, con el que mantenía largas, permanentes y divertidas charlas, que hacían mención a intentos de retrasar la guerra para ver el fútbol, echar la siesta o reunir las balas necesarias para la surrealista batalla que se avecinaba, y que jamás se teñía de bajas, heridos o desaparecidos en una ingenua e incruenta guerra de juguete, que nunca, en ningún aspecto, causó daño alguno a nadie, y sí ataques de risa, que hoy muchos parecen no entender.

Cañones que no tenían agujero, submarinos que estaban bien de color, pero que no flotaban, tanques que se los había llevado la grúa, paracaidistas sin paracaídas para ahorrar, intentos de parar la guerra un par de horas, acuerdos para comenzar el avance más tarde y así un sinfín de ingeniosos monólogos con el comprensivo enemigo, y que era algo que entonces nadie cuestionaba, y que hoy detestan tantas intransigentes mentes.

Y es que hoy son legión los detractores que no comparten un humor que dicen está fuera de lugar, que ni entienden ni comprenden al que no encuentran lógica ni justificación alguna, ética y moralmente rechazable, sin concederle ni el beneficio de la duda ni el más leve respiro ante lo que consideran un insoportable exceso que nada tiene que ver con el humor.

Pero pese a ello, y después de tanto tiempo, Gila sigue teniendo muchos seguidores, incluso dentro de su gremio que son quienes más le entienden, defienden y comprenden lo que supone un auténtico soplo de aire fresco entre tanta atmósfera viciada como se ha extendido alrededor de este singular y admirado genio del género.

Gila, no solamente actuaba en el escenario, sino que lo hacía en diversas e importantes publicaciones de humor, dónde reflejaba sus grandes capacidades para hacer sonreír a sus agradecidos lectores, con un indudable éxito, que hoy parece querer negársele, cuando la violencia, el mal gusto y las perversiones más diversas inundan los medios de comunicación, sobre todo a través de las redes sociales, llegando a un público de todas las edades, que queda expuesto e inerme ante ellas.

Gila no frivolizaba con sus monólogos acerca de la guerra, no la banalizaba, no le hacía el juego de una manera irresponsable y vulgar como muchos apuntan, sino que ejercía con ello una permanente y sutil crítica de la misma, denunciando su violencia, su barbarie y su sinsentido, a través de sus monólogos, con un humor que tendía la mano a la paz entre los seres humanos,cuando dialogaba con un enemigo con el que se entendía, integrado también por seres humanos con los que llegaba a acuerdos, más o menos extravagantes, pero representativos de la capacidad de entendimiento entre los seres humanos, soldados que antes que enemigos, son hombres que dialogan, dónde no hay sombra alguna de violencia, ni verbal, ni física, sino entendimiento, por muy surrealista que pueda llegar a ser.

Sorprende esta actitud que consiste en cuestionar y rechazar el humor de un representante de este género, el humorístico, tan necesitado por todos, en un momento en el que la guerra de verdad, la detestable y criminal violencia propiciada por humanos, asola parte de este sufrido planeta, mientras que la guerra de Gila, además de incruenta, nos hace reflexionar precisamente sobre ello, sobre la necesidad de no olvidar que la violencia se halla instalada entre los seres humanos como una maldición, que él trata de convertir a través de su humor, en una permanente esperanza de paz entre los hombres, mediante una comprensiva, inocente y necesaria sonrisa.

jueves, 1 de junio de 2023

La izquierda cuqui

Con frecuencia pienso que vivimos tiempos melifluos, suaves flojos, delicados, tiernos, cuquis, en definitiva, que nos hacen comportarnos en demasiadas ocasiones con una excesiva y sutil delicadeza temperamental, que nos confiere un aspecto ñoño, quejica, desmadejado hasta extremos de una intolerable e insípida compostura blandengue, que nos lleva a quejarnos de todos y de todo, si hace frío porque lo hace, y si no es así, porque el calor nos aprieta demasiado, y no lo podemos soportar, en una ceremonia de la confusión, que avergonzaría a nuestros ancestros.

A ellos, que acostumbrados a todo, jamás se les escucharía a una queja de este jaez, que nos sitúa en el extremo inferior de una medida de la capacidad de aguante, que no poseemos, a fuerza de mostrarnos y manifestarnos con una suavidad sedosa, dulzona y frágil, que nos convierte en seres sutilmente etéreos, a punto de cambiar de estado físico, a poco que un pequeño cambio de temperatura nos azote y nos disuelva en sus transparentes matraces de laboratorio.

Disculpen la introducción, que apenas viene a cuento, ya que el título, que ya es bastante expresivo, no tiene por qué aplicarse a nadie de una forma ligera y gratuita como acabo de llevar a cabo, por lo que pido disculpas a quién ofendido pueda sentirse, y a otra cosa, que, en definitiva, es a lo que iba, ya que la expresión que da título a este texto, la he tomado de una frase, que más que expresada sin más, diríase lanzada cual arma arrojadiza por parte de una fracción de la izquierda política a otra parte de la misma izquierda, en el curso de la soporífera e interminable campaña electoral que está teniendo lugar en nuestro país.

Ignoro con qué intención, una misma orientación ideológica puede utilizar el término “cuqui” para designar a otra que sigue sus mismos principios políticos, salvo que haya por medio un deseo de ofender, molestar, o en el más que posible seguro de los casos, ridiculizar sin más, con una expresión que mueve a la sorpresa en primer lugar, a la perplejidad después, y a la más tenue de las sonrisas en último lugar, que casi con toda seguridad, finalizará con una amplia y sonora risa, que culminará con una carcajada abierta y radiante, ante tamaña y original idea, que ya nos gustaría saber de quién procede, para felicitar a tan singular y destacado/a protagonista, que bien merece un aplauso a cargo de quienes nos aburrimos profundamente de los insoportables y soporíferos discursos electorales.

Mentimos cuando decimos ignorar el motivo, como argumento para justificar nuestra inicial sorpresa, que ha venido a poner un punto de jovial humor a tanta charlatanería como padecemos, ya que estamos convencidos de su cristalina intención de ridiculizar a la “otra parte”, con un lenguaje fácil, rápido y directo, que viene a darnos la razón cuando al principio hablábamos de ñoñeces y melifluidades varias, utilizando el sarcasmo que suele hacer más daño que la afrenta directa, el insulto o la descalificación, ya que descoloca al contrario y lo sitúa en los ámbitos de una débil y desmadejada situación, que suele llevar al ridículo, algo que no está al alcance de todos a la hora de llevar dignamente semejante deshonra, que suele aparejar estas delicadas situaciones, sobre todo sin son públicas, que no necesariamente notorias, pues en ese pantanoso y complicado espacio conceptual, preferimos no entrar.

Ningún ánimo de molestar, criticar o cuestionar a nadie, ni a los autores de esta “cuqui” expresión, ni a los destinatarios a quién iba destinada, y mucho menos, sembrar la discordia y el ridículo entre quienes protagonistas son de estos hechos, más bien resaltar una situación en gran medida hilarante, que ha puesto de manifiesto el excelente sentido del humor de unos y de otros, que al menos, ha denotado la existencia de un singular lenguaje empleado en unas broncas elecciones, que ha puesto una nota de humor entre tantas caras largas como a diario contemplamos.

Agradecemos por lo tanto, que entre tanto lenguaje sinuoso, redundante y soporíferamente cuqui, como últimamente padecemos, surja una agradecida, simpática y directa expresión, que al margen de su mayor o menor acierto y de su intencionalidad, haya alegrado los ojos y los oídos de tantos amantes de uno de los mayores tesoros que poseemos, al margen de cualquier consideración humana, como es el lenguaje.