miércoles, 5 de abril de 2023

EL NOBLE ARTE DE LA POLÍTICA

Esta expresión tan manida en tiempos pretéritos, y hoy tan denostada por tantos, que quizás creyeron en un tiempo, seguramente debido a la extraña y positiva actitud de algún ejerciente merecedor de esa frase, que tanto respeto le ofreció en su momento, posiblemente ahora las dudas le asalten hasta el punto de renegar de ella, y sustituirla por otra similar, sustituyendo el calificativo correspondiente, excesivo casi siempre, por otro que niega la nobleza y lo cambia por otro que, supone lo contrario, alterando por completo el significado de tan rotunda y altisonante frase, en un acto de negación, que trastoca por completo la equívoca y susodicha expresión.

Quizás la política fue un arte en su momento, en algún caso puntual, concreto, y absolutamente preciso y singular, y con connotaciones muy personales en cuanto a su aplicación por políticos excepcionales y en tiempos  que poco tienen que ver con los actuales, cuando célebres y contados personajes, reunían virtudes y capacidades, tan ausentes hoy en sus homólogos, como la integridad, la responsabilidad, la aptitud, y la ausencia de una desmedida ambición que los descalifica como nobles artesanos de la política.

El descontento, la insatisfacción y la desidia, son argumentos hoy suficientes para denostar a la mayoría de los que se dedican a este milenario oficio que alimentan el descontento en una población harta de tanta ineptitud y tanto desaforado fervor por aferrarse a una poltrona que ansían por encima de todo, capaces de mentir, falsear y renegar de sus principios, si los tuvieren, y que los igualan al mismo nivel, al margen de sus idearios, ya sea a la diestra o a la siniestra, olvidándose de sus aireados principios, y aferrándose al innoble proceder de convertirse en aguerridos defensores de su privilegiada posición.

Y así, desde allí, afirmarán con harta frecuencia y sin el menor atisbo de una elemental honradez, y sin escrúpulo alguno, defender a capa y espada a los ciudadanos votantes, de los que se olvidaron una vez retiraron las urnas de los colegios de votación, dónde los representados depositaron su voto en la confianza de que sus representantes, actuaran como tales, y no como actores de su propio teatro, dónde cada uno representa el papel que más se ajusta a sus características e intereses personales, iniciando así una carrera política, en la que se enrocan y se disfrazan para llevar a cabo la innoble trama de una fingida y lucrativa farsa.

La lucha por la defensa de la posición conseguida, lleva a esta clase dirigente a defender las trincheras conquistadas como si de una guerra se tratara, enzarzándose en los medios, las redes, y lo que más bochorno causa, en sede parlamentaria, con peleas constantes, sin ocasionarles el más leve rubor el hecho de proferirse insultos y descalificaciones que causan estupor y vergüenza ajena entre los ciudadanos que asisten a las broncas, improperios y desvaríos varios, sin que den muestras de respeto alguno ante los atribulados ciudadanos, que no dan crédito a lo que ven y escuchan a  una señorías que no parecen tener escrúpulo alguno para llevar a cabo su pretensiones, que en absoluto coinciden con las necesidades de la población a la que representan, sino con sus propios e inconfesables intereses personales.

Llegados a este punto,  cabe resaltar con un creciente e imparable avance en todos los extremos, del llamado populismo, del que todos los que lo ejercen reniegan, lo que da una idea de la inconsciencia que han alcanzado los políticos de todo signo, ya que es imposible no detectar esta rechazable estrategia que todos utilizan, consistente en mantener un discurso calculado para ejercer y retener el poder, situándose lo más próximo posible a las masas, ofreciendo y prometiendo todo aquello que desean oír, que conocen a la perfección, con una actitud calculada al milímetro para llegar a quienes ansían regalarse los oídos con una aplastante tormenta de promesas que descargan sin pausa alguna sobre ellos.

Lo llevan a cabo con un lenguaje  medido y altisonante, que consideran cercano a la gente más necesitada, alardeando de una actitud popular y campechana con la que piensan, y a menudo consiguen, llegar a  una población harta de tanta promesa incumplida, con la que aseguran empatizar, cuando en realidad, no están siguiendo más que una estrategia muy medida, con la que confundir a una masa enfervorizada, que piensa que esta vez sí, van a conseguir que sus objetivos de bienestar social y material, sean alcanzados por fin, tal y como estos nuevos profetas les auguran, y que casi con toda seguridad, una vez más verán defraudados, convirtiendo la nobleza de los políticos en ambiciosa mezquindad y el arte en ordinaria superchería.

jueves, 23 de marzo de 2023

LAS DUDAS DE MONTESQUIEU

No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia, afirmaba el filósofo y jurista francés, figura clave en el surgimiento de la Revolución Francesa, y por ende, en el desarrollo de las democracias modernas, que de alguna forma tuvieron su origen y fundamento en aquel convulso movimiento, difícilmente comparable en forma y contenido con cualquier otro de características parecidas, que cambió para siempre la historia de la humanidad, y que aún hoy en día se sigue analizando, como un acontecimiento,  que después de dos siglos y medio, continúa atrayendo a los más interesados en la búsqueda de la mejor manera de conformar, dirigir y representar a los ciudadanos del mundo.

Montesquieu propuso la clásica separación de los poderes del estado democrático que hoy sigue vigente, allí dónde el poder sigue residiendo en el pueblo, en la ciudadanía, que elige a sus representantes para que lleven a cabo las acciones pertinentes en todos los órdenes, para el bienestar de sus representados, y la mejor gestión de los asuntos públicos dirigidos a la conclusión de esos objetivos, basados en la igualdad, la libertad, y el resto de los derechos humanos que asisten a los ciudadanos, para que pueda considerarse una democracia social y de derecho, que vele por la defensa de quienes ostentan el poder delegado, que no es otro que la ciudadanía.

Estas ideas plasmadas en la división de poderes que Montesquieu plasmó en sus escritos, léase legislativo, judicial y ejecutivo, supuso un componente innovador, cuyas ideas básicas continúan vigentes en las democracias modernas, aunque no puede olvidarse el carácter conservador de la monarquía limitada que proponía Montesquieu, en la que procuró salvaguardar el declive del poder de los grupos privilegiados, como la nobleza, a la que él mismo pertenecía, aconsejando, por ejemplo, su representación exclusiva en una de las dos cámaras del parlamento, aunque pese a ello, debe considerársele, como un personaje clave en la fundamentación de  la filosofía política moderna, con innegables implicaciones en la configuración del estado moderno, tal como lo conocemos.

En pleno siglo XXI, aún existen países dónde la teoría de la división de poderes del filósofo francés, es interpretada de una genuina forma, que llevada a la práctica, da como resultado una forma de estado que, pese a existir una representación política, una asamblea nacional, un presidente, ministros, legisladores y unos órganos que gestionan los asuntos que atañen a los ciudadanos, nadie, ninguno de ellos ha sido elegido por los atribulados ciudadanos, que contemplan como son gobernados, sin haber pasado por las urnas en ningún momento.

Y no sólo esto, sino que ignorando absolutamente a la población, se obvia por completo su intervención en la redacción de la ley fundamental en una democracia, la ley de leyes, la Constitución, impidiendo de esta forma que los ciudadanos se otorguen unos principios que garanticen sus derechos fundamentales, y sin que nadie les haya preguntado quienes desearían que los representase, en una ceremonia de la confusión tal, que nadie osa desafiar, ante semejante ofensa, los más sagrados principios que Montesquieu a principios del siglo XVIII,  dejó para la posteridad, y que afortunadamente están vigentes en la inmensa mayoría de los países civilizados de este Planeta.

Pero las dudas a la que el título de estas líneas hace referencia, no son atribuibles a Montesquieu, sino que lo son de aquellos para quienes el filósofo y sus ideas suponen una molestia, un inconveniente, un obstáculo para llevar a cabo su labor de gobierno, o más bien de desgobierno, como Tamames dejó claro en la reciente moción de censura, cuando dijo al presidente del gobierno, que no siempre respetaba celosamente la división de poderes, ilustrando esta afirmación con ejemplos que dejaban bien a las claras, que tenía una enorme facilidad para saltarse a la torera la tajante separación entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial.

Y así, abusa con frecuencia de su condición de presidente de un gobierno de coalición, que cierra filas con él, pese a las continuas discrepancias habidas en su seno, en una absoluta determinación de formar parte de un ejecutivo que, a pesar de Montesquieu, demuestra sentir añoranza por apropiarse de los otros dos, legislativo y judicial, acaparando así los tres, y demostrando con ello, que  carece de escrúpulo alguno cuando de ostentar el poder se trata.

miércoles, 22 de febrero de 2023

UN HOMBRE BUENO

El día veintidós de febrero de mil novecientos treinta y nueve, hace ochenta y cuatro años, Antonio Machado, con su anciana madre y su hermano José, después de una penosa travesía, huyendo de su cruel e injusta patria, casi desnudo, como los hijos de la mar, durmiendo de día y avanzando penosamente de noche, sufriendo todo tipo de penalidades, atravesó la frontera para llegar a Colliure, un pequeño pueblo pesquero de Francia, que lo acogió durante apenas un mes, el tiempo que se permitió respirar cerca del mar, donde fue enterrado junto con su madre, que apenas le sobrevivió unos pocos días.

Cuenta José, los indecibles sufrimientos soportados, durmiendo en un vagón estacionado en vía muerta, en hasta llegar a la localidad de Cerbère, donde se refugiaron en la cantina de la estación, dónde el espectáculo que se ofrecía a los ojos era desolador, con los españoles caídos y deshechos, sin dinero, éramos tratados por los mozos de aquel establecimiento con tan innoble y repugnante desprecio, que lo primero que preguntaban era si teníamos dinero con qué pagar.

Y en caso negativo, no daban ni un vaso de agua, hasta que Corpus Barga, un buen amigo que los acompañaba,  que después llevaría en brazos a su madre por las calles del pueblo hasta el hotelito dónde se alojaron,  se acercó a Perpignan, regresando con “posibles”, al tiempo que desde la embajada de París recibieron alguna ayuda.

Todo ello les es permitió alojarse en el pequeño hotel de la localidad, y en el que residieron hasta el final, dónde el poeta, ya muy enfermo murió pocos días antes que su anciana madre, que despertando de su estado de profunda inconsciencia, preguntó por su hijo, y dándose cuenta de inmediato de lo que había sucedido, rompió a llorar desconsoladamente.

Antonio Machado veía con triste claridad que su final se acercaba, y según su hermano, decía que cuando no hay porvenir, por estar cerrado el horizonte a toda esperanza, es ya la muerte lo que llega, lo que denota la infinita pena que asolaba al poeta, que no podía soportar la angustia del destierro y la pérdida de España, invitando a su hermano a acercarse al mar, mientras, comenta José, se miraba en el espejo tratando en vano de arreglarse sus desordenados cabellos.

Cuenta su hermano que se encontró en un bolsillo de su abrigo, un papel con unos versos, que en la primera línea reflejaban en inglés el ser y no ser de Hamlet, en la segunda, el último verso escrito por el poeta: “estos días azules, y este sol de la infancia”, y en el tercero y cuarto, unos versos sueltos de un poema suyo: “te daré mi canción, se canta lo que se pierde, con un papagayo verde, que la diga en tu canción”.

 El poeta fue llevado a hombros de seis milicianos, con el féretro cubierto con una bandera republicana, y enterrado, al igual que su madre, en el pequeño cementerio de Colliure, pese a que los poetas franceses pidieron que fuera enterrado en París con todos los honores que Machado merecía.

Allí descansa el poeta que decía de sí mismo que “más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy en el mejor sentido de la palabra, bueno”, algo de lo que carecían los tiranos, de entonces y de siempre, que le obligaron a abandonar su patria, que le condenaron a huir, de una forma cruel, como él escribió, “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”, unos miserables que despreciaban todo lo que representaba el ilustre poeta: la cultura, la belleza y la libertad.

domingo, 1 de enero de 2023

LA LUZ DE MIS OJOS

Abro los ojos y contemplo el mundo que me rodea, el mismo que descubrí la primera vez que la luz llegó a ellos, que los inundó de vida en el más apasionante viaje que jamás he iniciado en toda mi existencia, el que me conducirá a lo largo de toda mi vida, hasta el final de mis días, cuando se apaguen, cuando se cierren para siempre retornando a la oscuridad inicial después de abrirlos por última vez para decir adiós a la luz, a todos los que me han querido, a todos los que he amado, a todo lo que me ha emocionado y conmovido, a la vida, en fin, que me ha regalado tantas alegrías, algunas tristezas, y la agradecida y a veces ingrata y siempre arriesgada aventura de vivir.

Ojos que contemplo con admiración y respeto, con cariño y devoción, cuando el espejo me devuelve su imagen, que es la misma que mi madre obtenía cuando ella prestaba su dulce rostro al espejo, que ahora me confirma que mis ojos son los suyos, los mismos que me miraron y cuidaron con amorosa dedicación durante mis primeros años, siempre, durante toda mi vida, los que me sonrieron al nacer, los que descubrí por primera vez cuando abrí los míos para contemplar la luz de su hermosa mirada, que recordaré siempre, que me acompañan cada día, que son la luz y la alegría de mi vida, cuando recuerdo el amor y la infinita ternura que desbordaba su mirada.

Ojos que han guiado mis pasos a lo largo de mi existencia, que me han mostrado las letras, las palabras y los paisajes, los besos, la alegría y la pena, las lágrimas y los abrazos, que me han permitido disfrutar de los ríos, de los mares, de las nubes, de la lluvia, de los bosques, de las sierras blancas cubiertas de nieve, que me han mostrado los albores y los ocasos, el hielo del invierno, los colores del otoño y el esplendor de la primavera, que me han permitido con asombro contemplar el cielo cubierto de estrellas y las luminosas noches blancas del verano, y las buenas gentes, y la torre del campanario, y las flores, y los niños correteando por la verde hierba de las eras en verano.

Ojos que descubrieron por primera vez la Inmaculada luz de los campos de un pueblecito de Castilla, que contemplaron el río, las praderas, los chopos y los álamos de su ribera, que disfrutaron con la nieve que todo lo cubría en los hermosos y eternos inviernos patinando sobre el hielo y degustando los deliciosos témpanos de hielo que colgaban de los bajos tejados, corriendo sin que el frio nos afectase, como si no existiese, como si los muñecos de nieve nos acompañasen cuando los veíamos a la entrada y salida de la escuelita, en el recreo, que es cuando los modelábamos partiendo de una piedra que hacíamos rodar eras abajo, disfrutando una infancia que estos ojos recuerdan con un cariño inmenso, que mantengo en la retina, como si aún estuviese viviendo aquellos hermosos tiempos.

Luz de mis ojos que me permiten reflejar el mundo que me rodea, llenando mi memoria de lugares, personas y situaciones, que constituyen mi acervo personal, social y cultural, que son la suma de mi existencia, que pueblan mi mente gracias a ellos, a la cristalina y transparente  puerta que me comunica con el mundo exterior, llenando mi vida de sensaciones, emociones y vivencias, que recojo agradecido y satisfecho por este valioso presente que la vida me ha regalado desde el principio de mis días.

Gracias a mi querida madre que me los donó, a su imagen y semejanza, en un acto de amor que nunca sabré agradecer bastante, que jamás olvidaré, que  recordaré siempre mientras un rayo de luz alimente estas dos transparentes ventanas y sigan atrapando el mundo a mi alrededor, hasta que la luz ya no traspase el umbral de sus pupilas y la sombra ocupe su lugar, retornando al principio, allá donde la eternidad se confunde con el espacio  y con el tiempo, después de haberlos abierto inmensamente para llenarlos de los últimos rayos de luz, que serán el último amanecer  y el primer ocaso de mis días.

jueves, 1 de diciembre de 2022

EL RESPETO OLVIDADO

Todas las relaciones humanas, de cualquier orden, de cualquier signo, al margen del ámbito de dónde se desarrollen, necesariamente han de basarse en la facultad de considerar a los demás, sobre la base de una coexistencia que ha de exigir la observancia de un derecho que a todos nos corresponde, tanto de recibir, como de reconocer, sin el cual el ser humano no puede desarrollarse con la dignidad que merece todo ser vivo que conforma la existencia sobre este planeta, tan necesitado también de ese reconocimiento que llamamos respeto.

En diversos idiomas, tanto en prendas de equipamiento deportivo como en vallas publicitarias, anuncios, pancartas y soportes de todo tipo, de campañas políticas, nacionales, internacionales, privadas y oficiales, el término “respeto”, sobre todo en su acepción inglesa “respect”, luce invariablemente tanto a nivel individual como grupal, en el primer y en el tercer mundo, como un reclamo universal, que a nadie sorprende ya, como una seña de identidad que, aceptada por todos, nos obliga a seguir su sugerente dictado, que no es otro que el de la consideración por la dignidad y los derechos de los demás.

Algo tan infrecuente y ninguneado que no necesita de una seria y determinada investigación para sacarlo a la luz, pues basta con hojear cualquier medio de comunicación, ya sea escrito o audiovisual, para comprobar cómo la falta de respeto brilla por su ausencia, campando por sus respetos, como si de una mala, pero permisiva costumbre se tratara, con una patente de corso que parece se les ha concedido a todos los que publican,  tanto de forma anónima, como los que sin necesidad de ocultarse, usan de una grosera y detestable manera, para insultar, denigrar y vejar a propios y extraños, cuando de conseguir sus inconfesables objetivos se trata.

El respeto era una de las reglas más elementales, nunca escritas, que en nuestros tiempos infantiles regían para con nuestros mayores en general, por el simple hecho de serlo, en especial con padres y abuelos, respetados siempre aquellos y sumamente reverenciados éstos últimos, algo que, sobre todo con los padres de nuestros padres, ha decaído en gran manera, no por falta del respeto debido, sino por una relajación en el afecto que antes los teníamos, que nos llevaba a visitarlos con frecuencia y a considerarlos con un caluroso y tierno cariño, que agradecían inmensamente, y que alegraba cada día de esa etapa de sus vida.

Lo mismo sucedía con los maestros de aquellas remotas épocas, queridos y admirados por padres e hijos, reverenciados en extremo, repartidos por toda la geografía nacional, destinados en pueblos y aldeas alejados de la mano de Dios y de los hombres, encerrados en sus escuelitas con sus alumnos de todas las edades, chicos y chicas, sentados en sus pupitres con la enciclopedia, el catecismo y las cien figuras españolas para leer, cantando las tablas de multiplicar, practicando la escritura en los cuadernos de caligrafía, escribiendo al dictado, y haciendo cuentas en la pizarra que presidía la vieja escuela, maestros que hoy son en gran manera, si no  ninguneados, sí en cierta manera relegados tristemente,  a un segundo plano por padres y alumnos, que no reconocen como debieran su esencial y entregada labor.

Y llegados a este punto, si hay una parcela donde el respeto brilla por su absoluta y total falta de presencia, es en la política, falta de respeto hacia los ciudadanos a los que se supone que representan y hacia la más elemental de los principios éticos y estéticos que rigen las relaciones humanas, con un desprecio absoluto hacia quienes ostentan el verdadero poder, que son los ciudadanos que los han votado, a los que olvidan continuamente, dedicándose a insultarse, menospreciarse y despreciarse, tanto en público como en sede parlamentaria, crispando una sociedad que no se merece a estos falsos representantes, ni a un gobierno que miente continuamente, que false y oculta los hechos que no le interesa que salgan a la luz, y que no tiene objeción alguna en pactar con quién más le convenga y lo que más le interesa para continuar en el poder, demostrando con ello el nulo respeto que le merecen los ciudadanos que los han votado, a los que defraudan continua y permanentemente, en un gesto de altanería y soberbia, que los descalifica para el ejercicio de su responsabilidad como gobernantes.

jueves, 3 de noviembre de 2022

RICOS Y POBRES

Si la vida es frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, como Calderón de la Barca magistralmente avanzó en su tiempo, deberíamos preguntarnos qué importancia deberíamos conceder a esas dos contingencias ordinarias y vulgares que ocupan nuestra mente y nuestro cuerpo durante gran parte de nuestros días, deseando salir de una de ellas para entrar de lleno en la otra, salir de pobres y llegar a ricos, así, en un instante, sin necesidad de esfuerzo, exigencia, ni requisito alguno, como por arte de magia, ya que si la vida es sueño, soñar podemos de balde, y nada nos ha de costar llegar a la conclusión de que tanto vale una condición, como ha de valer la otra, ya que como dijo el poeta, los sueños, sueños son.

Pero el argumento no convence, no nos seduce en absoluto, por lo que obramos de otra manera, intentando mejorar nuestra existencia, olvidando si la vida es sueño, al margen de los que tanto despiertos como dormidos, solemos elucubrar, intentando no dar nuestro brazo a torcer, y así rebelarnos contra la dictadura de las lejanas ilusiones, ensoñaciones quizás, que a ningún lugar práctico nos llevan, y que nos hacen mantener los pies firmemente asentados en la tierra que pisamos, por mucho que ello nos frustre, nos decepcione y nos muestre la realidad que vivimos, tan distinta y tan distante del lejano y desconocido destino adónde pueden conducirnos los oníricos y sutiles sueños, tan añorados como lejanos, tan vacuos como anhelados.

Poderoso caballero el vil metal, que desde tiempos inmemoriales consigue movilizar al más cauto, al más conservador y al menos ambicioso, bastando para ello el reconocible sonar de las tentadoras monedas al chocar entre ellas, víctimas del frenético movimiento de las manos al trasladarlas de mano en mano, calculando a ojo de buen cubero la cantidad que desplazamos, suficiente para comenzar la carrera hacia la riqueza que, a base de acumular día tras día, lograremos alcanzar en un futuro más próximo que lejano, cuando al fin el arca se llene a rebosar, y nuestra condición humana nos induzca a abrir una nueva, en un proceso imparable que no parará, hasta que las monedas se derramen de tanto acumular una riqueza que quizás no nos hará más felices, pero que facilitará nuestras vidas, consiguiendo así satisfacer el deseo de poseer, tan humano como nuestra propia naturaleza.

Como todo en la vida, la riqueza es un valor relativo, pues depende de las oportunas comparaciones que nos llevarán a conclusiones, válidas o no, pero que en cualquier caso nos indicarán quién lo es en mayor proporción, mientras que para la pobreza no se necesitan estas exigencias para llegar a la conclusión de que es un valor absoluto que no necesita de comparaciones ni relativizaciones varias, tan meridianamente clara se establece esta condición, que se define y declara por sí misma, con manifestaciones tan rotundas y claras, que de poco sirve establecer unas líneas divisorias que separen a unos de otros, ya que todos están indefectiblemente unidos por un término radical y terminantemente conciso, que se reconoce por un lamentable, severo, y mísero estado de necesidad, que no precisa de aclaración alguna.

Y ahora, después de soportar una pandemia en el mundo, una guerra en Europa, y la consiguientes recesión económica, con una inflación desbocada, las preclaras mentes que nos gobiernan, han tenido la genial e inoportuna ocurrencia de destapar el frasco de todas las esencias que en el mundo han sido, declarando a bombo y platillo, abierta y rotundamente, que en España, a partir de ahora, y debido a las inclemencias del tiempo y a sus urgencias electorales reflejadas en las oportunas encuestas que en mal lugar los dejan, repetimos, por si no había quedado suficientemente claro, que en este País hay ricos, por lo que hay que cargar sobre ellos el peso de un impuesto especial, para que de esta manera alivien las cuentas públicas que tan denostadas se ven a causa de las susodichas inclemencias de todo orden que azotan a este País.

Desconcertante noticia dónde las haya, que ha dejado trastocada a una sociedad que no tenía noticia alguna sobre dicho tema, y que ha logrado que los ciudadanos se pregunten cada mañana al despertarse, cómo es posible que nada supieran acerca de tan sorprendente asunto, que ha venido a alterar sus vidas de una manera que nadie podría imaginar hace apenas unos días, cuando tan relevante y extraordinaria revelación, se hallaba oculta a los ojos de unas gentes que no dan crédito a tan importante suceso socioeconómico y cultural, que viene a revolucionar una sociedad a la que se le había ocultado tan notable y decisiva noticia que, sin duda, tendrá una enorme repercusión en esta España que no para de encajar, una tras otra, nuevas tan increíbles como la presente, que puede llegar a condicionar sus vidas hasta extremos que los sociólogos aún no han tenido tiempo de determinar.

Y hete aquí, que aunque no los citan expresamente, si hay ricos, necesariamente habrá pobres, que seremos el resto, algo que no lo han explicitado con claridad, afirmando categóricamente que se declaran como ricos, a todos aquellos que poseen una fortuna de más de tres millones de euros, por lo que a la fuerza hemos de concluir que los pobres serán aquellos desdichados que ingresen menos de esa cantidad, a los que no se gravará con ningún impuesto ni carga especial, ya que no entran en la citada categoría, aunque suponemos, ya que el gobierno no lo ha aclarado, que dentro de los pobres, habrá una infinidad de categorías y subcategorías regladas y debidamente estructuradas, dada la enorme y abultada cifra resultante dónde se integran los menos favorecidos.

Todo ello ha venido a crear tal desconcierto, que según algunas fuentes próximas a los aledaños al poder, aseguran que podrían sustanciarse con una nomenclatura basada en designar de la siguiente guisa las citadas situaciones: pobres, menos pobres, razonablemente pobres, livianamente pobres,  pobres de libro, y así hasta llegar a pobres de solemnidad, que serían los últimos en una escala que los ciudadanos ansían conocer, para así saber en qué escalón se encuentran, o más bien, dónde los sitúan los poderes establecidos, para así conocer su nivel tributario y poder descansar tranquilamente de algo que ha venido a alterar sus vidas, y que nos conduce de nuevo a Calderón de la Barca: el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

sábado, 1 de octubre de 2022

EL MAR

Esa maravilla azul, de dimensiones gigantescas, que ocupa el setenta por ciento de nuestro hermoso planeta, venerado desde el principio de los tiempos por quienes tuvieron la fortuna de contemplarlo en sus albores, cuando impoluto, bañaba las solitarias costas y reinaba en solitario sobre la faz de la Tierra, cuando barco alguno surcaba su límpido rostro y las solitarias playas en formación lucían solitarias, mientras las olas lamían sus primeras arenas, sin nadie que las incomodarla, sin más compañía que el sol, el viento y la luminosa Luna, como amables y celosos guardianes de tan grandioso y sonoro espectáculo que disfrutaban sin compartirlo con nada ni con nadie, en una amigable y amistosa unión que duraría milenios, hasta que la aparición de los seres humanos, vino a trastocar, en parte, tan gozosa, transparente y limpia convivencia.

El soberbio espectáculo de la visión del Planeta cubierto en su inmensa mayoría por agua, no tiene parangón alguno, algo que nos fascina, conmueve y emociona, no solamente cuando lo contemplamos desde el espacio sino cuando sentados al borde del mar, nos extasiamos ante su arrebatadora y portentosa capacidad de atraernos poderosamente cuando prolongamos con la mirada su vasta extensión, su apacible manto de líquido elemento, sin aparente final, sin apreciables límites observables, principio y origen de la vida, que allí se abrió camino en el principio de los tiempos, escenario de titánicas batallas por la supremacía en el mar, de portentosas aventuras llevadas a cabo por los primeros descubridores de las ignotas tierras aún por descubrir, y de trágicos naufragios que han convertido a estos gigantescos espacios de agua, en  memorable leyenda para los seres humanos, en cuyas profundidades habita una soberbia e inmensamente variada  vida marina.

Una belleza que interiorizarnos profundamente, y que permanece en nuestra memoria mientras nos encontramos lejos de esta maravilla a la que deseamos siempre regresar, que forma parte de nuestro común ideario de ensoñaciones y recuerdos, que imaginamos a veces en su pacífico, sutil, rítmico y sonoro movimiento de las ondulantes y leves olas que lamen la playa, o en las bravas y formidables tormentas que con desatada y asombrosa fuerza, azotan los acantilados en una impresionante demostración del inmenso poder de este gigantesco señor del mar y los océanos que clama por sus respetos ante los atónitos, admirados y respetuosos ojos de quienes sabemos estamos a su merced, y a quien debemos cuánta vida surgió en sus entrañas poderosas y amables.

La impresionante visión del Planeta cubierto casi en su totalidad por agua, es un soberbio espectáculo que no deja indiferente a nadie, incluso a los astronautas que lo contemplan cada día desde la estación espacial Internacional, que, como nadie, tienen el privilegio de disfrutar de semejantes vistas de la Tierra, envidia de los que no despegamos de nuestro destino en la superficie, que no nos permite gozar de esa posibilidad, aunque sí podamos acercarnos a la costa para desde allí, contemplar cómo el mar parece juntarse con el cielo en el horizonte, y visualizar con emocionado entusiasmo la curva que se dibuja, que nos permite emular, aunque sea mínimamente, a los viajeros espaciales que ven la esfera terrestre desde esa privilegiada posición que disfrutan.

No sólo la vida depende de los océanos, sin los cuales sería imposible su existencia, sino que el clima está absolutamente determinado por ellos, hasta el extremo de configurar el tiempo, el régimen de lluvias, los vientos, temperaturas y todas las consecuencias que de la existencia de estos fenómenos meteorológicos se derivan, por lo que la presencia de los mares es totalmente imprescindible para la supervivencia en este Planeta, algo que olvidamos con excesiva frecuencia, dado el trato al que lo sometemos, con una absoluta y total falta de delicadeza, previsión y, sobre todo, de una inteligencia que se nos supone, pero que brilla por su ausencia hasta unos niveles temerarios que debería preocuparnos infinitamente más de lo que demostramos cada día de nuestras vidas, que dependen de los mares, sin los cuales,  nuestra supervivencia carece de futuro alguno.

Sin duda, en el universo debe haber lugar para una infinidad de planetas habitables, dónde el agua será el primordial elemento que, como aquí, la haga posible, y así imaginamos lugares situados a distancias inimaginables de nosotros, quizás con condiciones semejantes a las nuestras, quizás totalmente cubiertas de agua, de mares y océanos similares a los que aquí poseemos, dónde la vida se ha abierto ya camino o esté en proceso de conseguirlo, de llevarlo a cabo,  como aquí sucedió, y que es algo que nos emociona y nos conmueve, en la esperanza de saber que no estamos solos, que más allá, en la inmensidad del espacio, en el titánico y sobrecogedor universo, mares y océanos como los que disfrutamos en la Tierra,y que dieron lugar a la vida, no sean exclusivos de nuestro mundo, sino que se encuentren presentes más allá, entre las lejanas y distantes estrellas.

jueves, 1 de septiembre de 2022

LA AMENAZA DEL OTOÑO

A punto de terminar este tórrido y abrasador verano como no conocíamos desde tiempos inmemoriales, con temperaturas extremas en todo el país y en gran parte del planeta, después de haber pasado una espantosa pandemia como no conocíamos desde hacía cien años, después de una guerra en Europa que aún no ha terminado, y que hace no tanto tiempo sufrimos por última vez en otra zona de este sufrido y viejo continente lleno de achaques, al que parecen pesarle en exceso los siglos que arrastra a sus doloridas espaldas.

Después de otras miserias varias que afectan sobre todo a los países más pobres de este inefable mundo, y, por supuesto, a sus desdichadas gentes que tienen la desgracia de vivir y haber nacido en esas oprimidas zonas del planeta, las perspectivas para la inminente y sucesiva estación anual que nos espera, y a cuya puerta estamos, se nos presenta más que como una época oscura, llena de malas noticias y plagada de peores presagios económicos, como una auténtica amenaza.

La llegada del otoño, esa estación que suele asociarse con la bajada de nivel anímico, la tristeza, la melancolía, la añoranza, y otras emociones no precisamente positivas, se nos presenta por parte de los poderes que nos gobiernan, como una época de duros tiempos, que habremos de afrontar, aunque sin determinar exactamente ni expresar taxativamente que va a acontecer, quizás para curarse en salud, para no cometer más errores que los que ya acumulan, para dejar bien claro, que ya nos lo habían advertido, en un gesto de hipocresía, que no debiera sorprendernos, pero que sigue insultando a nuestra inteligencia.

Que consumamos el mínimo en energía, que subamos la temperatura en verano y la  bajemos en invierno, que nos abaniquemos en un caso y nos arropemos en otro, que pese a la inflación desbocada, consumamos, que no dejemos los supermercados vacíos, que compremos coches, que salgamos a divertirnos, en resumen, que la economía no se puede estancar, que la dinamicemos con los magros ingresos de tanta gente a la que apenas le llega el sueldo a fin de mes.

En definitiva, un despropósito que nos llena de incertidumbre ante un panorama desolador, que no cesa día tras día, con unos medios de comunicación que no paran de sobresaltar al personal, que bastante tiene con ir tirando de mala manera, como para tener que soportar tanta inclemencia social, laboral y, sobre todo, económica, a la que nos someten desde el alba al ocaso, como si de un mal sueño se tratara, como si nos quisieran mantener permanentemente despiertos, en aras de mantenerse ellos en su cómoda posición, a base de obligarnos a prestarles una atención casi a tiempo completo, como si de un inmenso favor nos hicieran, cuando en realidad se lo están haciendo a si mismos.

Y si el otoño se presenta poco halagüeño, a medida que avancemos hacia el general invierno, cortas se nos ha de quedar estas preocupaciones citadas, por lo que mejor será prepararnos para el inminente otoño, que es lo que nos toca más de cerca, lo que nos afecta de inmediato, con una relación de proximidad tal, que parece que lo estamos tocando con las manos, sin haber salido aún de este abrasador verano, que nos ha deparado un estío con instintos perversos, que nos ha hecho anhelar este otoño que con los brazos abiertos, nos espera con una perspectiva poco alentadora, que esperemos se suavice con el paso del tiempo.

lunes, 1 de agosto de 2022

LA LEVEDAD DEL TIEMPO

Solemos los humanos retroceder en el tiempo, a veces solamente un pequeño espacio, que nos sitúa a escasos minutos, horas, o tramos más largos que los cotidianos días que nos empeñamos en repetir, uno tras otro, siempre sumando, siempre hacia delante, como la flecha del tiempo que nos impide volver atrás con su imperioso y rectilíneo gesto, indicándonos la única dirección posible, la única viable, pese a los delirios de añoranza de quienes soñaron la máquina del tiempo que nos llevaría a lugares remotos en el pasado, con el fin de frenar la loca e inevitable carrera que nos conduce inevitablemente hacia el final de nuestra existencia.

Una suma de días que con el paso del omnipresente tiempo, se transformarán en los cíclicos y repetitivos años, con la salvedad de experimentar unos avances que no son tales, ya que aunque se materialicen en experiencias diversas de todo orden, positivas quizás, que no todas, no lograrán que nuestro deterioro como humanos que somos, vaya acumulándose a medida que sumamos esos periodos de tiempo tan seguros, tan lejanos, tan temidos por quienes no quisieran crecer tan rápido, tan fugazmente vividos, tan a la vista de todos los que nos observan y contemplan nuestro progresivo deterioro.

Vamos quemando etapas a velocidad de vértigo, pese a que al principio no se considere así, no se conciba el paso del tiempo, como si no existiera su continuo e ininterrumpido caminar, hasta que llegado un momento, de improviso, como por encanto, que somos conscientes de que existe ese pasado que hemos ido obviando, y que no podremos recuperar jamás, convirtiéndonos a partir de ese momento en conductores precavidos y cautos que intentaremos frenar una alocada marcha que nos permita doblegar su paso, a un ritmo más lento y con pasos más firmes y seguros, con el fin de retrasar nuestra llegada a una meta, cuya ubicación desconocemos.

Y es a partir de entonces, cuando nuestros viajes al pasado se tornan más frecuentes, más lejanos, llegando incluso más allá de nuestros orígenes, de nuestra infancia, cuyos recuerdos serían los primeros en evocar con una lejana nostalgia que sin duda nos invadirá, y así, viajando en el tiempo, siempre en sentido inverso a su marcha, surcaremos sus insondables y desconocidos senderos,tratando de llegar hasta los confines del camino, hasta donde nuestra memoria alcance, para encontrar a nuestros ancestros más lejanos, hasta el origen e infancia de nuestros padres, y forzando nuestra mente, llegaremos a nuestros abuelos, y más allá si nos es posible, hasta los confines de los recuerdos alojados en nuestra memoria.

Todo ello, para llegar a la conclusión de que lo andado, lo sumado, lo vivido en definitiva, no es sino un ligero y sutil soplo en el viento del tiempo comprimido en unos años, que nuestra conciencia y nuestra memoria mantienen retenido en nuestra mente, de lo que de ninguna manera desea deshacerse, para evitar que el tiempo lo consuma y lo reduzca a una nada, que negamos obstinadamente, y que por un impulso elemental y vital, no queremos ni deseamos admitir, porque no soportamos que el tiempo se consuma, y con ello, nuestros días en este proceloso mundo que nos ha tocado vivir, al que nos aferramos con una obstinada y persistente voluntad de seguir, de continuar, sin que el tiránico y brumoso tiempo,nos señale el camino nos y conduzca hacia su meta final.

La relatividad del tiempo nos permitiría, en circunstancias especiales, y por lo tanto ideales, viajar en él, a través del espacio-tiempo, hasta llegar al extremo de comprimirlo de tal forma, que su ralentización nos permitiría prolongar la vida, sin que conozcamos las consecuencias que de ello se pudieran derivar, aunque la ciencia admite su posibilidad, siempre en determinadas condiciones que están aún a años luz de la tecnología humana, los mismos que necesitaría alcanzar la imaginaria nave que debería lograr dicha velocidad, para detener el vertiginoso e irrefrenable deterioro humano, que indefectiblemente, nos conduce hacia el final del camino.

La física cuántica, la que se dedica a estudiar lo más pequeño, lo más insignificante, mínimo  y elemental de la materia, afirma que la realidad, tal como la percibimos, es una construcción de nuestra propia mente, que se empeña en mostrarnos una realidad que no existe si no la observamos, que no tiene sentido sin nuestros sentidos aplicados a la observación de lo que llamamos realidad en la que creemos movernos, y cuya medición hace que tengamos la impresión de existir.

Todo ello nos conduce a interpretar de esta sutil manera, que dicha observación llevada a cabo, consigue modificar la materialidad del mundo que observamos, haciendo que el mismo emerja a través de lamedición de dicha realidad, lo que necesariamente supone que la conciencia afecta a la materia, por lo que todas nuestras dudas y problemas existenciales, podrían venirse abajo, así como cuantas preocupaciones y divagaciones varias podamos albergar, ya que, en definitiva, y para suerte y tranquilidad nuestra, la existencia, no es, sino un sueño hecho realidad.

viernes, 1 de julio de 2022

MÚSICA PARA CAMBIAR EL MUNDO

Si un día los pájaros dejaran de trinar, si las aguas del mar silenciaran su rítmico son, si el viento se olvidara de susurrar, si las guitarras perdieran sus cuerdas, si los instrumentos musicales se apagaran para siempre, si los cantos de los cantores enmudecieran, si la lluvia olvidase su aterciopelada melodía, si la tormenta se deshiciera de sus poderosos bramidos, si los múltiples arpegios de la selva desaparecieran como por encanto, si los acordes del silencio fueran los únicos que pudiéramos escuchar, si la tristeza y la soledad sonora se instalasen para siempre, algo habría muerto en este desdichado mundo, que lo haría inhabitable, inhóspito y sumamente triste e imposible de soportar.

La música nos alegra la vida, la hace agradecida y amable cuando todo parece carecer de sentido, cuando la desesperanza nos atrapa, cuando la tristeza y la melancolía nos invade, sus armoniosos sones consiguen que el espíritu se eleve a alturas dónde ya no pensábamos llegar, hundidos en el hastío, la apatía y el aburrimiento, remontando el vuelo al escuchar una melodía apacible y placentera para el goce de los sentidos, una canción, un himno, una sinfonía, que nos eleva el estado de ánimo, nos emociona y nos llena de un fervor sublime, que nos ilusiona poderosamente, nos alegra la vida, y nos llena de una ilusionada y renovada esperanza, que nos llena de felicidad.

Es la música uno de los grandes logros de la humanidad, que sin ella, sería insoportablemente tediosa y tristemente aburrida, hasta el extremo de lograr que fuera inconcebible su ausencia, imposible su carencia y detestable la existencia de quienes tuvieran que coexistir con un silencio musical que haría de la vida diaria un sufrido y triste peregrinar por un mundo sin sonidos dulces, susurrantes, y armoniosamente agradables para unos sentidos sin vida, que no escucharían sino los vulgares, disonantes y desagradables ruidos de la vida cotidiana, que la harían insufrible e intolerablemente carente de una necesaria y feliz alegría de vivir.

La música nos hace más humanos, más sensibles, más libres y con más capacidad para sentirnos unidos en una conciencia universal, que nos transforma la mente y el espíritu, nos emociona, nos conmueve, y nos transporta a  estados de ánimo que nos aleja de la vida rutinaria y vulgar que nos depara nuestra diaria existencia, nos aleja de la insolidaria y cómoda actitud individualista, y nos acerca a la naturaleza y al deleite del equilibrio y la sensibilidad que el ser humano representa como tal.

Nada como la música para unir a los pueblos y a las gentes con su lenguaje universal, que no conoce límites, razas ni fronteras de ninguna índole, que no sabe ni busca discriminar a quienes sólo desean disfrutar con su rítmico y melodioso cantar, huyendo de las pretenciosas, altisonantes y enfervorizadas composiciones musicales, que con pompa exacerbada y un triunfalismo rechazable, arengan a los ciudadanos con oscuras y siniestras intenciones, que se alejan de la música como lo que es, un instrumento capaz de emocionar y conmover profundamente al ser humano, que nos permite disfrutar del momento y nos permite trasladarnos a través de la memoria, hacia lugares, personas y acontecimientos pasados, que hacen de la música un almacén de recuerdos permanentes e inolvidables en el tiempo.

La música siempre logrará imponer su dulce y melodiosa voz por encima del siniestro y violento tronar de los cañones que imponen y arruinan la voz de los hombres cuando elevan al viento sus canciones, porque la música permanece en el ideario común de las gentes que la aman, en su espíritu y en su mente, en las partituras y en los documentos, libros y registros grabados que perpetuarán sus dulces y armoniosos sones para siempre, para el disfrute de sus sentidos, de su espíritu, y de su sensibilidad, porque la música nos hace más humanos, en el más amplio sentido de esta palabra, que nos define como seres libres y pensantes, capaces de disfrutar de esa maravillosa capacidad que poseemos para emocionarnos y conmovernos ante la contemplación y el disfrute de la belleza.