miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL DESENCANTO

No pretendo hacerle el trabajo a la oposición, ni soy un pesimista insoportable, ni un inconformista sin argumentos. Simplemente soy un ciudadano que observa como este país va perdiendo peso a todos los niveles, no solamente a nivel nacional, sino, también lamentablemente a nivel internacional y lo hace, sin disimular, como si no fuera con él, con una indolencia desesperante.
Contemplo como la imagen de España, que algunos sitúan como la novena potencia industrial del mundo, se desvanece en el panorama internacional, donde nuestros políticos no son capaces de hacer valer a un país como el nuestro, que debería hacerse respetar a todos los niveles y que por el contrario se ve ninguneado continuamente.
No es de extrañar que ocurra esto, cuando los representantes que tenemos se muestran incapaces de figurar en la esfera internacional con la dignidad y el porte que se les supone, viéndose frecuentemente infravalorados, cuando no ninguneados por parte del resto de los representantes europeos que se permiten el lujo de mirarlos por encima del hombro.
Poco podemos esperar de un presidente que se permitió el lujo de desairar de una forma, injustificable y totalmente fuera de lugar, al pueblo de los Estados Unidos cuando se negó a levantarse al paso de la bandera que representa a ese País. El precio a semejante gesto fue el desprecio más absoluto por parte del presidente de ese país – personaje que considero absolutamente reprobable – con negativas consecuencias para el nuestro, al negarse a recibir a nuestro presidente, hecho que no tiene parangón en la historia de las relaciones entre países desarrollados.
No puede esperarse mucho más de un gobierno atrapado entre las redes que él mismo ha ido tejiendo, permitiendo situaciones como la burbuja de la construcción que al final estalló y cuyas consecuencias pagaremos los ciudadanos durante mucho tiempo. Un gobierno timorato, inseguro, contradictorio y descoordinado que transmite inseguridad a sus ciudadanos con indecisiones y contradicciones frecuentes entre sus componentes
Un gobierno que utiliza los globos sonda con más frecuencia de la que debiera, midiendo con miedo el efecto de sus medidas por si hubiera que rectificar, atrapado por los empresarios a los que se permite regañar con una falta total de diplomacia y mano izquierda, por los banqueros que le han sacado cuanto le han pedido, habiendo sido ellos los causantes de parte del desbarajuste actual que acabaremos pagando todos.
Zarandeado hasta por la iglesia católica que se permite el lujo de interferir en asuntos que no son de su incumbencia, hasta el extremo de humillar a un gobierno que representa a un país aconfesional y con unas relaciones iglesia-estado que sonrojan a cualquiera y ante las que el resto de países europeos se quedan asombrados.
La debilidad de nuestros representantes queda patente cada dos por tres. El reciente caso de la representante Saharaui, expulsada por Marruecos y en huelga de hambre en España, es otro ejemplo más del papel que España juega en el mundo y de su extrema debilidad. El vecino del sur, sigue ninguneándonos como siempre y si hablamos de los caudillos bolivarianos sudamericanos, más de lo mismo, pese a la influencia y el peso que se supone que nuestro país debería tener en esa Región.
Mueve a la risa el asunto de los símbolos religiosos ante el panorama que describo a continuación: 1º.- Nos encontramos en un país aconfesional; 2º.- Existe una directiva de la Comunidad Europea que recomienda la prohibición de dichos símbolos religiosos de cualquier confesión; 3º.- El mismo partido del gobierno ha recomendado la supresión de dichos símbolos. Pues bien, de eso nada, que luego la iglesia, por supuesto la católica, se enfada.
Incapaces de mostrarse firmes en sus decisiones, aunque sean equivocadas, con una imagen de extrema debilidad, sumisión y falta de firmeza, mostrando una imagen internacional deplorable y una total incapacidad para resolver los problemas propios, no tengo otra alternativa, siendo fiel a mí mismo, que sacar a la luz cuanto en estas páginas detallo.
Lamento tener que expresarme de esta manera, pero cuando ves frustradas tus esperanzas por parte de aquellos en quienes confías, el desencanto se convierte en indignada desilusión. Lo grave, es que a este gobierno no hay alternativa posible, ni a su izquierda, porque no hay más que cantamañanas que no tienen nada que perder al ver tan lejos la posibilidad de gobernar, ni a la derecha, extrema donde las haya, que sigue sintiéndose heredera natural de aquellos tiempos que nadie salvo ellos se empeñan en recordar y aliada de una iglesia católica, fanática, integrista y anclada en el pasado.
Panorama desolador donde los haya. Lo triste es que me temo que va para rato y que los que quizás debieran tener la solución a nuestros males, están aún preparándose para el futuro, dándole al móvil, la consola y el ordenata. Me quedo más tranquilo.

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