lunes, 19 de junio de 2017

EL REY DE EUROPA

Hace apenas cuatro años, los seguidores del Real Madrid, consiguieron al fin ver satisfecha la consecución de la tan apasionada, ferviente y ardorosamente deseada décima Copa de Europa, que con tanto ahínco y denuedo se resistió durante demasiados años, a una afición tan acostumbrada a los brillantes y continuos éxitos de un club que en esta competición es, sin duda, el número uno de Europa.
Y hete aquí, que ahora, cuando apenas han pasado esos pocos años, se encuentran celebrando la número doce, de la ahora llamada Champions, algo impensable cuando tan eufóricos disfrutaban de la mítica y legendaria Décima, con la que quedaron tan satisfechos después de tan larga espera, hasta el punto de que podrían haber esperado algo más de lo que lo han hecho, pues tan contentos estaban con esa cifra de diez campeonatos, algo inalcanzable, y mucho menos ahora, para el resto de los competidores.
Aún mantiene mi memoria viva, los mágicos años de aquellas ilusionantes y fantásticas cinco copas de Europa consecutivas, que el Real Madrid encadenó una tras otra y que fueron la admiración del mundo deportivo de entonces, que despertaban la envidia y el asombro en todo un continente europeo.
 En aquellas fechas, apenas se hablaba de España, salvo para denunciar una penosa situación social y política, que con una tímida apertura pretendía abrirse al resto del mundo, en un País donde una férrea dictadura no permitía ningún tipo de libertades a unos ciudadanos que vivían los éxitos del Madrid, como sutil bálsamo para combatir sus numerosas desdichas.
Todavía me causa una ligera y agradable sensación, escuchar el himno de Eurovisión que entonces se emitía simultáneamente con el logotipo de este certamen, y que era la señal que precedía a la conexión por televisión de una más de las finales de la Eurocopa que el Madrid disputaba, y que aún hoy sigo asociando a esa sintonía, preludio de aquel famoso "¿qué, el Real Madrid otra vez campeón de Europa?”
Son muchos los que no logran entender este torrente de sensaciones que los seguidores de un equipo pueden llegar a experimentar en estas particulares situaciones. El hecho es que estos grandiosos eventos, como la última final de la Eurocopa, son vistos en todo el mundo por centenares de millones de ciudadanos, que se agolpan ante el televisor para vivir hora y media de una intensa y vibrante emoción, que despierta pasiones que resultan difícil de comprender para tantos que no sienten ningún interés por este u otros deportes de masas.
Pero la realidad de cada día, conduce a pensar que la gente, que vive todo tipo de situaciones y circunstancias agradables unas y adversas otras en su día a día, tiene todo el derecho del mundo a disfrutar con sus mitos, que por otra parte casi todos, ya sean de uno u otro origen o de una u otra esencia, solemos mantener en nuestro ideario existencial, y que nos satisfacen en unas ocasiones y defraudan en otras, pero que en cualquier caso pasan a formar de nuestra vida de forma habitual y permanente.
Es por todo ello que estas efusiones que tantas críticas procuran por parte de quienes no aceptan ni entienden estas manifestaciones, carecen de un elemental sentido lógico y humano, ya que no es necesario ser un enfervorizado seguidor de un determinado deporte ni de un club concreto para seguir con cierta pasión estos acontecimientos, que como en este caso, proclaman a un equipo de fútbol, como el indiscutible Rey de Europa.

martes, 6 de junio de 2017

LA SECESIÓN INTERMINABLE

Pensábamos que después de aquellos largos, inacabables y tozudos años que nos hizo vivir el inefable Ibarretxe, con sus continuas y cansinas amenazas acerca de la independencia vasca, y de su seguro y siempre próximo referéndum que llevaría a cabo sí o sí, pese a la contumaz y permanente negativa del Estado, y dada la sorprendente resolución del tema a que hubo lugar, ya nada nos volvería a afectar en este sentido.
Y es que el desenlace, tan rápido como inesperado, tuvo lugar cuando en el Congreso de los Diputados, se le negó la posibilidad de llevar a cabo una consulta que tuviera por objeto la secesión del País Vasco. Y ahí, increíblemente acabó todo, lo cual, dado el hecho de que la matraca independentista fue extremadamente dura y duradera en el tiempo y teniendo en cuenta el carácter de el Lehendakari, supuso una inmensa y agradable sorpresa el hecho de que este irrepetible personaje diera media vuelta, y se retirara a sus cuarteles de invierno.
Pero no acaba aquí la pesadilla que atenaza de nuevo a este sufrido País, que el canciller Otto Von Bismarck calificó como indestructible, “ya que lleva toda su historia intentándolo, y no lo ha conseguido”, ya que al cabo de poco tiempo, sin apenas un mínimo y necesario respiro, entró en acción Cataluña, de una inesperada forma, ya que siempre se les consideró demasiado inteligentes para meterse en estos berenjenales, y con un fuerza y un empuje tal que han dejado a los Vascos como simples aficionados, cuando siempre consideramos que sería a la inversa.
Estaban pues ahí, agazapados, esperando quizás la resolución de ese conflicto con el que tanto tenían en común, tratando de extraer alguna lección, algún aprendizaje, y vieron con desilusión y una cierta desesperanza cómo se desinflaron las inquietudes nacionalistas vascas, y decidieron tomar un relevo del que no han desistido desde entonces.
Y así, presionando de una forma constante y progresiva nos han conducido al estado actual que no parece otro que el de un callejón sin salida, que ha adquirido ya tintas excesivamente preocupantes, que podríamos calificar incluso de dramáticos, sino se actúa de una forma inmediata, dado el hecho de que están decididos a tomar la grave decisión de declarar unilateralmente la independencia si se les niega el referéndum.
Algo que conllevaría unas consecuencias nefastas para todos, y que se apoya en la teoría de los hechos consumados, que estaría absolutamente al margen de toda legalidad, algo que hace tiempo llevan a la práctica, y que tendría muy complicada una marcha atrás una vez iniciada dicha secesión unilateral.
Pero por primera vez, el gobierno ha querido despejar dudas y dejar bien sentado que no está dispuesto a permitir tamaño desafío, para lo que el Gobierno ha elaborado un programa sobre cada una de las intervenciones que se llevarían a efecto en cada uno de los departamentos.
 Se ponen así en alerta, todos los resortes de la Fiscalía General y la Abogacía del Estado. Los preparativos incluyen a varios Ministerios e incluso a la Delegación del Gobierno en Cataluña, que se ha reforzado en estos meses con esa intención, al igual que los dispositivos en esa autonomía de las fuerzas de seguridad del Estado. El tiempo pasa y las incertidumbres siguen el aire.
El País y sus ciudadanos, no se merecen ni pueden permitirse semejante dislate.

jueves, 1 de junio de 2017

MITOS Y LEYENDAS

Tendemos los seres humanos a crearnos dioses y prodigios de todo tipo y naturaleza, bien humanos, bien divinos, sin excluir a los puramente físicos o naturales, en un intento quizás de superar nuestra humana existencia, en aras de elevarnos a alturas que nos son inaccesibles por superar nuestras limitadas capacidades terrenales.
Llegamos así a reverenciar a estos mitos, con una actititud que es una mezcla de devoción y entrega, buscando una satisfacción que es tanto mayor, cuanto más satisfechos estamos con el aporte de humana felicidad que esta relación añade a nuestras vidas.
Dejando a un lado la religión en la que la gente se apoya como medio para darle un sentido e su existencia, y que suele basarse en el miedo y la ansiedad vital y la temida condenación o salvación eterna, así como la búsqueda de las respuestas a las preguntas clásicas acerca de quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos, el resto de la mitología de la que hablamos, tiene un origen plenamente humano.
Suele depositarse en personajes ampliamente conocidos, provenientes de múltiples sectores que destacan en variados campos, como las artes y las letras, la ciencia, la política o el deporte en sus múltiples manifestaciones, y que logran hacerse tan visibles y presentes en la vida diaria de los ciudadanos, que con el tiempo,  fruto de la admiración que los profesan, pasan a formar parte de sus vidas.
Tal llega a ser la devoción que les mueve, que llega a transformarse en una satisfacción que llega a alegrar su existencia, incorporándolos a su bagaje vivencial y cultural, que de esta forma se ve incrementado por una reverencial disposición a mostrarles una incondicional disposición a seguirles en la correspondiente trayectoria de sus venerados dioses.
Pero en ocasiones, y no siempre de inmediato, sino después de mucho tiempo, estos mitos, vivientes o no, caen estrepitosamente ante sus incrédulos ojos, al tener conocimiento de oscuras y ocultas sombras hasta entonces desconocidas, que barren de un plumazo toda la admiración y la fascinación experimentadas ante la imagen del ahora ídolo caído.
Algo muy frecuente, ya que incontables héroes y leyendas, históricos o en activo, muy conocidos por la multitud, no son capaces de aguantar estoicamente un riguroso examen de sus vidas, cubiertas muchas veces de demasiados puntos sombríos, lóbregos y vergonzantes, que los desmitifican, sumiéndolos en una profunda y siniestra penumbra de duda y desconcierto ante sus entregados admiradores.
La sombra de la duda se cierne entonces sobre quienes no pueden admitir mácula alguna en la vida de su héroe, al que no podrían perdonar los correspondientes desvaríos que ahora salen a la luz, respondiendo entonces con una cierta incertidumbre e incredulidad que intentará despejar a base de una información profunda y temerosa de verse confirmada.
Lo logrará, sin lugar a dudas, si investiga con decisión y sin dejarse llevar por una parcialidad culpable en lugar de aplicar una objetividad que le conduzca al conocimiento de la verdad. Y así descubrirá cómo su escritor favorito, su admirado científico o su famoso y adorado personaje de tintes variados, caen de su trono destrozado por las nuevas a las que ha tenido acceso, tras investigar en sus vidas y hallar que no eran todo virtudes las que adornaban a sus adorados y venerados dioses.

martes, 23 de mayo de 2017

EL GORRIÓN ENJAULADO

Este sufrido Planeta está ya acostumbrado a que casi a diario lo vayamos acorralando a base de continuos y devastadores ataques ecológicos que lo están dejando irreconocible. Todo ello a cargo de unos seres humanos que una vez iniciada su loca carrera de ocupación, expoliación y deterioro del medio físico que les permitió surgir sobre su apacible faz un aciago día, no han parado de someterlo a un continuo, penoso y tenaz maltrato hasta el punto de dejarlo irreconocible.
 De todo ello hace apenas unas decenas de milenios, que les han bastado para cambiar la límpida faz de este hermoso planeta, a fuerza de maltratarlo, contaminarlo y ensuciarlo, con un negativo, colosal y sobrecogedor resultado, que ahora pretende frenar, con un mínimo esfuerzo, más formal que efectivo, incapaz de reconocer sus inmensos errores, a la par que muestra una absoluta desgana por renunciar a sus supuestos logros conseguidos a costa de esquilmar y deteriorar el aire, el mar y la tierra.
Empeñados en mejorar nuestra existencia, tratando de lograr una pretendida mejor calidad de vida, nos ofuscamos, nos olvidamos, obcecados como estamos por una obsesión que no tiene sentido si en el empeño destruimos nuestro medio ambiente, donde a una velocidad de vértigo estamos haciendo desaparecer un sin número de especies animales y vegetales que nos precedieron, sin las cuales estamos borrando unas raíces que nos mantienen unidas a la madre tierra.
A lo largo de la historia, se han producido cinco episodios de extinción masiva de especies. El más conocido ocurrió hace 66 millones de años, cuando el impacto de un meteorito provocó la aniquilación de los dinosaurios y del 80% de las especies terrestres. Sin embargo, esta sexta extinción tiene una diferencia fundamental con las demás: nosotros somos los responsables.
Desde el año 1500 se han extinguido 322 especies, pero en la actualidad el proceso está en plena aceleración. Científicos expertos en el funcionamiento de ecosistemas, afirman que si no tomamos medidas ante la crisis actual, los nietos de nuestros hijos vivirán en un mundo en el que tres cuartas partes de las especies que existen en la actualidad habrán desaparecido para siempre, mientras que en los océanos, muchos de los animales de los que nos alimentamos, seguirán el mismo triste y desolador camino.
Las últimas noticias, hablan de un pequeño y tierno animal volador, muy próximo a nosotros, que está desapareciendo a una velocidad de vértigo: el gorrión. Todo indica que la ausencia de huecos en las construcciones modernas para que los gorriones construyan sus nidos es uno de los principales causantes de esta triste pérdida. A esto habría que añadir la escasez de alimento en los barrios, debido a la disminución de áreas verdes, y a la contaminación.
Al mismo tiempo, no haber sido capaz de adaptarse al desarrollo urbano ha provocado que aves como la urraca, la paloma o la cotorra, mejor adaptadas a esta serie de condiciones, hayan sido capaces de hacerse con el hábitat que anteriormente estaba destinado a los gorriones. Los expertos, piden evitar el uso de plaguicidas contra los insectos ya que suponen un alimento imprescindible para los pollos de gorrión en sus primeros días.                                                      
Una nueva sospecha se ha añadido a la desaparición de los gorriones: las radiaciones electromagnéticas de las antenas de teléfonos móviles. A todos estos problemas, es necesario añadir que la población de gorriones disminuye donde la fuerza de los campos electromagnéticos es mayor.
Todo un negativo aporte de las nuevas tecnologías, de las que tan ufanos nos sentimos los seres humanos. Un absurdo alarde más de la inmensa capacidad destructiva que hemos alcanzado, hasta el punto de enjaular definitivamente a un hermoso, pequeño e indefenso animal, que tiene más derecho a la supervivencia que nosotros, porque nos precedió en este Planeta, y porque nació libre como el viento.

martes, 16 de mayo de 2017

LA IMPARABLE FLECHA DEL PROGRESO

En los últimos ciento cincuenta años, la humanidad ha progresado más que en el resto de su pasada historia, que se remonta a varios milenios, durante los cuales se sucedieron largos periodos de tiempos sin que ningún nuevo hallazgo alterase para bien la vida de quienes poblaban entonces la faz del planeta Tierra.
Se sucedían los siglos sin que apenas se experimentaran avances en ninguno de los órdenes establecidos, ya fuera científico, cultural o social, en un mundo atrapado en un círculo vicioso de sobrevivencia, que no daba lugar a progreso alguno, sumidos los pueblos en la miseria, la incultura y el abandono, que conllevaba necesariamente a la ignorancia, la superstición y el miedo.
Las guerras y las epidemias diezmaban a una población sumisa y explotada por los poderes absolutos, mientras los únicos que poseían una cultura mínima, léase la iglesia y sus acólitos en los conventos y monasterios, amenazaban a la plebe con la condenación eterna por sus muchos pecados, mientras los desastres naturales de toda índole, los atribuían a  un Dios intransigente y poderoso, que mostraba así su santa ira.
Y así pasaron los siglos sin más esperanza para el pueblo llano que evitar en la medida de lo posible el sufrimiento y la desesperación, llegando a asumir su doloroso y duro destino en vida, corta por aquel entonces, para afrontar el paso a la otra, temerosos siempre de encontrarse allí con los fuegos del infierno. Condenación eterna a la que se enfrentarían, tal y como se lo describían con fieras amenazas, quienes ostentaban entonces el látigo del oscurantismo más siniestro.
Clero, nobleza y pueblo llano, constituían los pilares de la sociedad en la Eda Media, con el pueblo en el escalón más bajo, soportando el peso de todas las injusticias, unido a una ausencia total de una mínima cultura que se le negaba desde el principio de los tiempos.
El advenimiento del Renacimiento, supuso un impulso de las artes y las ciencias como jamás tuvo lugar, situando al hombre en el centro del universo, con un Humanismo que proporcionó un nuevo concepto del hombre y la sociedad, que no paró de avanzar hasta la llegada de la revolución francesa a finales del siglo XVIII, donde se culmina el nacimiento de una nueva época, con la caída de las monarquías absolutistas y el advenimiento de los ideales de libertad, fraternidad, y el concepto de la soberanía popular.
La revolución industrial, supuso un cambio radical en una sociedad en la que las clases más bajas, se afanaban en las labores propias del campesinado. Desligados ya del feudalismo que los ataba a su señor, se convirtieron en propietarios, mientras el resto se constituían en gremios de artesanos que se establecieron en las ciudades, adonde llegaba un flujo cada vez mayor de las zonas rurales.
Con el descubrimiento de la máquina de vapor y la mecanización consiguiente, se desarrolló un nuevo tipo de obrero esclavizado por durísimas condiciones de trabajo, que incluían en muchos casos a menores, que eran utilizados como fuerza de trabajo, sin ninguna consideración humana hacia quienes apenas eran unos niños.
La aparición de los sindicatos defensores de los derechos de los obreros, supuso un importante salto adelante para conseguir la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores, que con el tiempo alcanzarían la jornada de las ocho horas semanales y otros logros de diversa índole, que unido al derecho del voto universal con la aparición del estado social y de derecho, la consolidación de las democracias, la escolarización obligatoria y la extensión de la cultura y el conocimiento a todos los individuos, elevó a la máxima categoría social y humana a un ser humano nuevo, que con la aparición de las nuevas tecnologías, le condujeron hasta el mítico siglo XX.
Y llegó con la dignidad y la esperanza propias de quien vio cómo durante milenios, tales derechos le fueron negados, en aras de una siniestra e interesada utilización por parte de los diversos poderes establecidos, que le relegaron a un mero objeto, a una simple fuerza de trabajo, llegando a protagonizar un siglo de imparables avances, que le condujeron hasta el siglo XXI.
Inmerso en una globalización a escala mundial a todos los niveles y en una portentosa era de las nuevas tecnologías, el ser humano vuelve estar otra vez en el centro de un nuevo universo, en el que sin duda es el rey, pero donde le resulta imposible conocer el alcance y los límites de un progreso, que como la flecha del tiempo, siempre viaja en el mismo sentido, avanzando hacia delante.

martes, 9 de mayo de 2017

LA SOLEDAD DE LOS PUEBLOS

Recorro con lentos y sosegados pasos, las calles y plazuelas del pueblecito donde nací, hace ya los años suficientes como para mantener lejanos recuerdos en el tiempo, que ocupan un amplio y querido espacio en una memoria que hace afluir a raudales lugares, casas y personas, la mayoría de las cuales, ya no volveré a ver por mucho que a sus puertas llame, en un afán de un imposible retorno a un pasado que se muestra ajeno a mis añorados deseos de retomarlo.
Es un frío y desangelado día de invierno. La sierra, cubierta de un ligero manto blanco, parece abarcarlo todo, describiendo un arco de ciento ochenta grados a una distancia prudencial del pueblo, como si así pareciera querer respetarlo, entre los cuales media un espacio de campo cubierto por montes de encinas, robles y enebros, fincas de cereales, tierras de labor, prados y praderas, plantíos y arboledas, caminos y sendas, y algunos huertos y suaves colinas,  que salpican el paisaje desde la falda de la montaña hasta las inmediaciones del serrano y solitario pueblecito.
El río, leve y silencioso, hasta el extremo de decidirse a serpentear alejado del pueblo, que como quien dice, está a un paso, pero lo suficientemente lejano como para no dejarse oír, en una ceremonia de una sutil y delicada intención de dejarse ver sin molestar, sin alterar su curso, que en verano apenas es un tímido reguerillo y que en invierno troca en caudaloso y sonoro verso de agua.
Un pueblo que como tantos, parece verse abocado a una soledad, que afecta a innumerables zonas rurales de diversas zonas de España, que ven cómo se despueblan, cobrando algunos cierta vida en verano, como si fuera un espejismo, para decaer en invierno, cuando parece desaparecer toda vida en unas calles desiertas, y donde solamente el parsimonioso humo que surge de alguna chimenea, parece contradecir esta impresión, que en cualquier caso nos habla de que aún unas pocas gentes allí habitan, al amor de la lumbre.
La hermosa iglesia se yergue solitaria en el punto más alto, como si se mostrase vigilante ante la llegada de cualquier visitante que lo hiciera a través de las dos entradas de acceso, como si quisiera ser la primera en celebrar su llegada, sabedora de su privilegiada posición, no sólo geográfica, sino en calidad de edificio más representativo y singular del pueblo.
 Adosada al pequeño, cuidado y leve cementerio, se muestra orgullosa de su bella y escultural torre en espadaña, poseedora de centenaria campanas, que han celebrado las fiestas con algarabía, así como bodas y bautizos, y que han despedido a innumerables vecinos con lúgubres sones, cuando llegó su hora de partir, y que trataron de ahuyentar las temibles y demoledoras granizadas que destrozan las cosechas, y que siguen llamando una vez a la semana, a los pocos vecinos que asistir quieren a la misa dominical.
Produce honda tristeza, y una sensación de hondo vacío contemplar este penoso despoblamiento, así como el desolador espectáculo que ofrecen la mayoría de estos hermosos lugares abandonados a su suerte, en medio del silencio que los habita. Un silencio y una paz, que los ciudadanos de las ruidosas ciudades ansían, que tienen ahí, muchas veces a poca distancia, pero que son incapaces de disfrutar, porque acaso ignoran que allí pueden encontrar todo cuanto puedan necesitar, en un entorno idílico y natural.

miércoles, 3 de mayo de 2017

LAS ARMAS DE LA INFAMIA

Pocos temas resultan tan dolorosos y difíciles de tratar, como el de la nefasta, cruel y abyecta historia de la banda terrorista ETA, que durante cincuenta años asoló este País, sembrando el dolor, el sufrimiento y el más atroz y desesperado desconcierto en sus ciudadanos, que durante tantos años vivieron en vilo cada uno de sus días, pendientes de la actividad asesina de sus fanáticos miembros, que ahora dicen, cinco años después, que entregan las armas, seguramente ya obsoletas, caducadas la mayoría, lo que no supondría por lo tanto ninguna medida de claudicación y de asunción de una derrota, que de ninguna manera quieren aceptar.
Un anuncio que tiene más de maniobra publicitaria, de un deseo de dejar constancia del hecho de que siguen ahí, que no se han retirado a sus cavernas, que continúan en una lucha sin armas, de la que jamás han renegado, que de una auténtica y efectiva acción de un desarme humano que debería conducirles a pedir perdón a sus víctimas y a los familiares de los que segaron sus vidas, a la vez que de una vez por todas, se disolvieran definitivamente para cerrar un oscuro y patético capítulo de la historia, que nunca debió abrirse.
Pero fueron sus víctimas, más de ochocientas, y sus familias, quienes han soportado un martirio de gigantescas proporciones durante la mayor parte de esos espantosos años de plomo, en los que sufrieron el escarnio más odioso de cuantos apoyaron a los asesinos, siendo continuamente humillados y vilipendiados, en medio del odio y la incomprensión, justificando y apoyando a los verdugos, en un acto de incomprensible e inadmisible falta de humanidad y de una mínima y elemental compasión, desconocida para ellos y sus ofuscados y siniestros corazones, ciegos de odio y de un fanatismo que ha dejado un inmenso rastro de dolor y sufrimiento.
Hace muchos años, cuando no había semana en la que no nos despertásemos sin un sangriento atentado, que para sembrar más confusión, frustración y desazón en los ciudadanos, llevaban a cabo los lunes, cuando la gente retornaba al trabajo, cuando más podían hacer extensivo el dolor y el miedo, recuerdo haber leído las declaraciones de un etarra que se manifestaba en el sentido de que no contemplaba la posibilidad de perder la lucha armada, que no concebía la posibilidad de no ganar esa guerra, de no conseguir su último fin, su único objetivo, que no era otro que el de la independencia de Euskal Herría.
Y ahora, cuando hace cinco años que dejaron de matar, cuando anuncian la entrega de las armas, que no su disolución, cuando el País Vasco vive en paz, cuando la tensión ha disminuido los suficientes enteros como  para que ya no suponga el problema que llegó a atenazar la vida de todo un País, cuando la normalización ha llegado al punto de que ya casi nadie habla del tema, los presos de la banda que aún quedan en las cárceles, se acogen cada vez en mayor número a una solución individual para acercarlos a sus lugares de origen, reducir sus penas o conseguir la libertad, alejándose de las consignas de la ETA que aún sigue vigente y que les obligaba a cumplir la condena completa.
Nada han conseguido después de tan estúpido y cruel suplicio. Han perdido la inútil y cruenta guerra. Han destrozado las vidas de cientos de personas, de sus familiares, e incluso las suyas. Pero son pocos, muy pocos los que han pedido perdón, los que han reconocido el daño causado. La mayoría sigue pensando que la lucha armada mereció la pena. Vileza, infamia y desprecio por la vida, es lo que destilan tan ofuscadas mentes.

lunes, 24 de abril de 2017

LOS ENREDOS DE PODEMOS

¿Qué pasa por la mente de los componentes de Podemos, que se muestran absolutamente incapaces de desligarse de sus postulados más irracionales, hasta el extremo de relativizar cualquier controversia de las muchas en las que con frecuencia se ven inmersos?
¿Cómo es posible que una y otra vez, mantengan posiciones ambiguas unas veces y radicalmente absurdas y obcecadas otras, hasta el extremo de que ante determinadas y comprometidas preguntas, se adivinen ya sus invariables respuestas antes de ser emitidas?
Y es que es tal el grado de estancamiento al que han llegado, que ante la increíble muestra de una aparente imposibilidad de desmarcarse de sus rígidas posiciones, emiten invariablemente un discurso ya archiconocido que parece pretender diferenciarse y distanciarse del resto del arco político.
Prisioneros de su ideario, que suena en exceso a populismo trasnochado, se les aprecia un aire neo progre y esnob, a estas alturas ya pasado hasta la extenuación y el aburrimiento, que a este paso les va a hacer perder otro millón de votos, ante un electorado cada vez más hartos y cansado de sus posiciones extremistas y sus adhesiones más inoportunas por ridículas y fuera de lugar.
Los últimos acontecimientos que se han desarrollado en Venezuela, con el auto golpe de Maduro, han dejado a la vista, con toda la meridiana claridad más explícita y esclarecedora, cómo los diversos interlocutores de Podemos que se han pronunciado sobre el tema, lo han hecho con la tibieza y relatividad acostumbradas, en un alarde de no condenar unos hechos injustificables y a un tirano populista que está arrasando el País, y dejando en la miseria más absoluta a sus ciudadanos.
Con un lenguaje que recuerda antiguos comportamientos, afortunadamente pasados, cuando ante hechos bárbaros, en los que una parte era la que ejercía la violencia contra el Estado y sus ciudadanos y la otra sufría sus consecuencias,los simpatizantes de los agresores llevaban a cabo declaraciones en las que repartían equitativamente el peso de la culpa y del sufrimiento, equiparando a víctimas y verdugos, siendo incapaces de condenar clara y taxativamente unos hechos que bastaban por sí solos para dejar constancia de que sólo ellos eran los causantes de tanto dolor.
No es el caso aquí analizado en cuanto a violencia se refiere, no hay hechos dolorosos ni sufrimiento soportado por ninguna parte. Pero sí existe la constancia, de unos numerosos sucesos acontecidos, no sólo el aquí citado, en el que los componentes del grupo políticos Podemos, siempre toma partido por las posiciones más extremistas, radicales e irracionalmente planteadas, en oposición a casi todos, en un acto que más parece tratar de diferenciarse del resto, que de asumir unas convicciones que no obedecen ni a la razón, ni a la más mínima y elemental sensatez.
Esta obcecación en negarse a condenar determinados hechos en múltiples ocasiones, como en el acoso de unos energúmenos abertzales en Alsasua a dos guardias civiles,no tiene sentido alguno, con el agravante de que muchos votantes suyos o potenciales simpatizantes, son disuadidos por este incalificable comportamiento, que no tiene excusa alguna, y que se empeñan en mantener, aunque  es verdad que en alguna ocasión no ha sido unánime la postura,a la hora de llevarla a cabo, lo cual indica una cierta división, aunque mínima, en sus impenetrables y tupidas filas.
Dos de sus últimas y peculiares intervenciones, tienen que ver con las misas televisadas por una cadena pública, cuya emisión no entienden en un Estado aconfesional, algo en lo que llevan toda la razón, y la petición de perdón por el consumo de coca cola en el Senado. Una de cal, y otra de arena.

lunes, 17 de abril de 2017

PATENTE DE CORSO

Difícil y comprometido resulta en este País ejercer una somera crítica acerca de determinadas costumbres ancestrales, algunas de ellas sagradas, no en sentido figurado, sino en sentido absolutamente estricto, como es el caso de la Semana Santa, ya que el arriesgado e ingenuo, a la par que infeliz ciudadano que a ello se atreviere, puede resultar maltrecho y vapuleado por semejante y descarado desliz.
Y es que razones nos asisten a quienes no comulgamos con estas demostraciones que durante siete días al año, y en todo el País, parecen gozar de una patente de corso para ocupar las calles, en una aparente demostración de fervor religioso, muy lejos de una realidad social que se mantiene al margen de una religiosidad, promovida por la iglesia católica, que continúa injustificadamente sostenida por un Estado aconfesional como el nuestro.
Conozco el caso de un conocido escritor y articulista, que narraba en una de sus colaboraciones en un medio de alcance nacional, cómo airadamente le recriminaron el hecho de intentar cruzar a través de una procesión que ocupaba toda la calle dónde él tenía su vivienda, cuando su intención no era otra que la de acceder al portal de su casa. Él, que nunca se distinguió por su afición a estas demostraciones religioso-callejeras, dedicó el susodicho artículo a dejar en no muy buen lugar a estos actos que se adueñan de las calles de nuestras ciudades.
La España de charanga y pandereta, devota de Frascuelo y de María, la España inferior que ora y embiste cuando se digna usar la cabeza, la que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz, tal como la describía Machado, y que pese al tiempo ya pasado, casi cien años desde que escribió estos atribulados versos, apenas nada parece haber cambiado, ostentando una desafiante actitud combativa para ocupar calles y plazas de todo un País, durante una semana de pasión, dolor y tétrica y oscura demostración de arte religioso.
Es como si el tiempo se hubiera detenido, como si no hubiera tenido tiempo de experimentar una transformación necesaria en un País donde el carácter de las gentes y las ancestrales costumbres se mantienen incólumes, como si hubiese sufrido un proceso de paralización social y humano, que impidiera cualquier cambio, cualquier manifestación dirigida hacia la modernidad en todos los órdenes.
Los turistas que nos visitan en tan señalada semana, asisten perplejos y sumamente asombrados ante semejante demostración de una aparente fervor religioso, con un continuo gesto de sorpresa y extrañeza, que los divierte y asombra al mismo tiempo, que no entienden ni comprenden, y que les da qué pensar, en cuanto a si este País pasa de la modernidad a la más siniestra y atávica demostración ancestral.
No deseamos herir sensibilidades que en estos casos parecen estar siempre a flor de piel a cargo de tanta gente que ante estos hechos se muestras intransigentes y a la defensiva, y que mantienen una actitud de una testaruda inflexibilidad, sin conceder un ápice de espacio hacia los demás, desde su rígida actitud, hacia las diferentes posturas de quienes no piensan como ellos, pero que ven como todos los años la semana santa se apodera de las calles y de los medios de comunicación, que retransmiten las procesiones.
No cabe duda de que el sector turístico en general, y el de la hostelería y restauración en particular, tienen grandes intereses en estas demostraciones religiosas. Con ellos y con la iglesia hemos topado.

martes, 11 de abril de 2017

LA REBELIÓN CATALANA

Tiempos aquellos en los que el inefable Ibarretxe nos martirizaba con una constante y permanente tozudez, amenazando con una consulta independentista del País Vasco, que nunca llegó a celebrarse, pero que nos tuvo en continua y exasperante tensión durante todo el tiempo que duró su irritante mandato, hasta que vino al Congreso de los Diputados y se le comunicó que dicho referéndum no podía llevarse a cabo, porque así la impedía la Constitución.
Para sorpresa de muchos, y descanso de todos, que no confiaban en que simplemente con este sencillo pero radical y convincente argumento se le pudiera convencer, de la noche a la mañana se retiró a sus cuarteles, dejó de reivindicar la consulta y poco le faltó para olvidarse de una Euskadi situada fuera de una España que le agradeció inmensamente su relajación independentista, hasta el punto de que si no fuera porque siempre demostró su testarudez en estas convicciones, podríamos afirmar que se había retractado de las mismas.
Algo impensable en los actuales dirigentes catalanes, que están dando muestras de una inquebrantable y decidida marcha hacia un separatismo radical y feroz, que están llevando desde hace ya varios años de una manera tal que les ha llevado a plantar cara al Estado, llevando a cabo una serie de medidas dirigidas llevar a cabo un referéndum unilateral que les conduzca a una independencia de la que no están dispuestos a hacer dejación alguna, pese a las continuas sentencias negativas y condenatorias del Tribunal Constitucional.
El problema planteado es mucho más serio y trascendente de lo que parecen querer dar a entendernos tanto los medios oficiales, como los medios de comunicación. Los primeros se dedican a negar la imposibilidad legal de llevar a cabo un referéndum que la Constitución no contempla, y los segundos nos trasladan las declaraciones que llevan a cabo los dirigentes catalanes, en un tono cada día más insumiso y desafiante, pero sin sugerir o plantear soluciones a un conflicto que cada vez está más estancado y que puede desencadenar consecuencias imprevisibles y en absoluto deseables.
Mientras tanto, los dirigentes independentistas, cada día más radicalizados se preparan para plantar cara al Estado con acciones que llevarían a cabo con la imprescindible colaboración de una ciudadanía que tendría que movilizarse en masa, siempre con vistas a una resistencia activa y no violenta, que impediría las supuestas acciones represoras del Estado, y que sucintamente citamos a continuación en nueve resumidos puntos:
1.- Si se precintan los colegios electorales, sencillamente se desprecintarán. 2.- Creación de grupos de defensa de la república catalana. 3.- Ocupación de infraestructuras de todo tipo y protección de la radio y la televisión. 4.- Invitación a los trabajadores para que paguen sus cotizaciones y tributos a la Generalitat y no al Estado español. 5.-Desobediencia civil masiva.
 6.- Cuando un juez dicte una inhabilitación contra un cargo público, la desobediencia por parte de éste, y con el apoyo de la ciudadanía, serán la norma a seguir. 7.- Se advertirá al pueblo catalán, que se llevarán a cabo acciones que se situarán al margen de la legalidad. 8.- Se llevarán a cabo acampadas de protesta indefinidas por parte de los ciudadanos. 9.- Se invitará a los catalanes a la insumisión fiscal.
Una declaración de rebeldía en toda regla. Un gigantesco problema, que este País debe afrontar.