martes, 5 de diciembre de 2017

LOS ESTRAGOS DE LA INDEPENDENCIA

Como se temía, después de la absurda y alocada aventura independentista que ha quedado en nada,  y de la imparable fuga de empresas que se cifran en varios miles, se ha sumado la negativa de la Agencia Europea del Medicamento, EMA, que ha descartado Barcelona como su próxima sede, lo que supone un duro golpe más a una economía que está sufriendo las consecuencias de una conflictiva situación que nadie desea.
Era sin duda la clara favorita, y ha sido eliminada a las primeras de cambio. Miles de puestos de trabajo, tanto directos como indirectos, decenas de miles de visitas que se esperaban, así como una importante inyección económica, se han esfumado. Todo gracias a una panda de cantamañanas, que a este paso van a acabar con la excelente reputación, el turismo y el poder económico de una inestable Cataluña que Europa no desea.
La Agencia Europea del Medicamento cuenta con un presupuesto de 340 millones de euros, unos 900 trabajadores que atienden a unas 1.500 empresas y 40.000 técnicos que anualmente acuden para plantear  consultas o presentar proyectos para su aprobación.
La EMA cuenta con un presupuesto de casi 400 millones de euros y atienden a unas 1,500 empresas, y recibe a unos 40.000 expertos al año y organiza diferentes congresos de alto nivel. Se calculan unas 36.000 visitas anuales, así como la previsión del desarrollo de nuevos negocios con personal de altísimo nivel técnico, ya que este organismo europeo cuenta con 1.600 proveedores.
No sólo la economía está sufriendo un duro castigo, lo que ya es sumamente importante, sin lugar a dudas, sino que también el prestigio y la buena imagen de una ciudad como Barcelona, notoriamente conocida y valorada en todo el mundo, está sufriendo el castigo que se le está infringiendo con una anómala situación de inseguridad que no favorece en absoluto la necesaria confianza que los mercados internacionales exigen.
Apenas se ha conocido la noticia, se han pronunciado los diversos agentes políticos y sociales de uno y otro lado, intentando los independentistas justificar esta negativa noticia, aduciendo que la culpa es del Estado Español por aplicar el artículo ciento cincuenta y cinco, en una muestra más del pedante e insoportable victimismo propio de quienes han provocado estos hechos.
Se lleva la palma la inefable alcaldesa de Barcelona, que una vez más, y ya van infinidad, ha demostrado que se merece con creces y que ha hecho méritos más que suficientes para que sea conocida como “la emperatriz de la ambigüedad”, al afirmar que la culpa de que no se instale en su ciudad la Agencia Europea del Medicamento, se debe tanto a la declaración de independencia como a la aplicación del famoso artículo.
El escritor polaco polaco, Ryszard Kapuscinski, afirma que el humanismo global del siglo XXI tiene fundamentalmente dos implacables y peligrosos enemigos: el fundamentalismo religioso y el nacionalismo. Los dos, envenenan y pervierten la razón y la capacidad de discernir que caracterizan al ser humano.
Ambos impiden que la lógica, la solidaridad y la cordura propias de una mente sensata, sean las protagonistas de las decisiones tomadas libremente, en lugar de la radicalización y el enfrentamiento a que conducen estos comportamientos fundamentalistas alejados de toda racionalidad, y que conducen a hechos, comportamientos y consecuencias indeseados, tales como los aquí citados.

domingo, 26 de noviembre de 2017

LA REPÚBLICA PROCLAMADITA

Después de tanto tiempo como nos han tenido en ascuas, en tensión, con una insoportable, continua y pertinaz historia de desafíos, desobediencias y transgresiones de todo tipo y condición, de ofensas a la Constitución, y por ende al Estado en su conjunto, el denominado Procés, en mayúsculas, la también denominada Cuestión Catalana, con independencia y República incluidas, después de todo esto, y muchas y variadas rebeldías y secesiones más, todo ha quedado en nada.
Quizás por no reducirlo a su mínima expresión, por no desvirtuar lo sucedido, por no tomarlo enteramente a broma, podemos dejarlo en algo mínimo, exiguo, ridículo, leve y minúsculo hasta extremos imposibles de predecir apenas hace un par de meses, cuando un cierto pesimismo y una honda preocupación, barrían este País como hace mucho tiempo no sucedía, llegando hasta el extremo de calificarse como el mayor y más serio problema de los últimos tiempos.
Y ciertamente, pocas veces tanto ruido no ha justificado de ninguna forma tan pocas nueces, como en el caso de la “mujer asesinadita”, obra de teatro de Miguel Miura y Álvaro de la Iglesia, en tono de comedia, con geniales toques de humor negro y variados matices del absurdo más acendrado y cabal, se había visto como en este caso real como la vida misma.
 Una representación en la que la realidad imita e incluso supera a la ficción, con unos personajes que deciden saltarse todas las normas, incluidas las suyas propias, en aras de alcanzar una independencia que sabían imposible, que les conduciría a una República, que no ignoraban que era sino una imposible, inverosímil y disparatada utopía.
Algo que no obstante que decidieron llevar a adelante, engañando al pueblo, ese ente abstracto y recurrente, con el que se le llenaban la boca y la mente, para sacar las masas a la calle a pedir un extraña y sorprendente “libertad y democracia para el pueblo catalán”, algo que ofende las más elementales y suspicaces mentes de quienes contemplan a una Cataluña próspera y avanzada de una España que pertenece a una Unidad Europea, adalid de las libertades y derechos desde la historia de los tiempos.
En la comedia citada, hay una gran pasión de fuerzas y un dulce y pequeño asesinato, al tiempo que se critican las convenciones burguesas y la moral establecida, así como la negación de lo políticamente correcto y la asunción de varias amargas conclusiones, teñidas de un exquisito y bufo humor.
Tanto como en el grotesco, histrión y tétrico espectáculo que nos han dado los políticos independentistas, que a sabiendas de que dicha opción era inviable, y documentos de ello constan, incluidas grabaciones al respecto, decidieron continuar con un dantesco y bufo espectáculo, que comenzó con la proclamación declarada y suspendida, todo ello en menos de un minuto, que continúa con la tocata y fuga del presidente del Govern, y la abjuración y renuncia a sus principios de la presidente del Parlament ante la fuerza legal del Estado.
Visto el denigrante espectáculo ofrecido por estos aprendices de repúblicas proclamaditas, dudo que en el resto de Europa les queden ganas a los posibles candidatos a intentar independencias unilaterales que se sustenten en la transgresión de leyes, reglamentos y Constitución incluida. Más les vale quedarse en casa.

martes, 14 de noviembre de 2017

EL HUMANISMO GLOBAL

Paseando por la calle, por el parque, por el centro comercial, por las escaleras y el vestíbulo del edificio dónde vivimos, es fácil escuchar con harta frecuencia, comentarios acerca de la situación política que tensa a los ciudadanos de este País, como consecuencia de una situación tan inesperada y confusa como grotesca, en una región como Cataluña, que está afectando al resto del País.
Nadie se merece esto, nadie ha provocado este conflicto, que sin embargo los radicales independentistas se empeñan en atribuir y culpar al resto de España. Son otros, y muchos, los problemas que afectan a tanta gente que no llega ni a mitad de mes, que pasa hambre y necesidades sin cuento, que nos parecen invisibles, sencillamente porque no los queremos ver.
Nadie podía esperar esto hace apenas un año, no digamos tiempo atrás, cuando era el País Vasco, incluso cuando el terrorismo había dejado de golpear, quien nos tenía continuamente inmersos en la incertidumbre por una situación parecida a la que ahora vivimos en Cataluña, con el inefable Ibarretxe presionando cada día, hasta el momento en que decidió abandonar su empecinamiento independentista.
Imposible, nos decíamos en aquellos tiempos, que los catalanes llegasen a optar por la vía del independentismo. Vista la trayectoria seguida por ambas regiones, Cataluña y el País Vasco, pensábamos que los problemas llegarían de éste último, pero jamás se nos pasó por la cabeza lo que hoy contemplamos con asombro, aunque visionarios hubo, hace ya mucho tiempo, que afirmaban que estábamos equivocados.
Nos decíamos que los catalanes eran muy listos, demasiado para llegar a pensar en la independencia,  son muy prácticos se comentaba, la pela es la pela, jamás cometerán semejante error. ¿Cómo es posible que no fuésemos capaces de considerar que podría llegar a plantearse la situación en la que nos hallamos inmersos?
Ni siquiera ha habido una retirada, ni táctica ni estratégica, como llevaron a cabo los Vascos, que observan el presente proceso con sumo interés, pendientes de su desarrollo y de los resultados que de él se deriven, imposible de conocer en este crucial momento en el que nos encontramos.
En una alocada y vertiginosa huída hacia adelante, saltándose todas las leyes y normas, incluidas las suyas, despreciando y obviando la Constitución y su Tribunal, que ha invalidado todas las actuaciones del parlamento, una fracción de la ciudadanía se ha lanzado a la calle impulsada y dirigida por el propio Govern, sus aliados anti sistema y sociedades civiles, en pos de una independencia que proclame la República Catalana.
Cataluña entera ha quedado dividida en dos, creando una dolorosa fractura que ya existía, pero que ahora se multiplicará sin duda en intensidad y número, lo que motivará odios, recelos y enemistades que llegarán a todos los rincones de una sociedad que no podrá soportar por mucho tiempo tanta incertidumbre, tanto desasosiego y tanta zozobra, salvo que el buen juicio, la serenidad y la sensatez se impongan de inmediato.
Pero no son estas las virtudes que adornan a unos dirigentes que son los primeros en mostrarse al frente de los acontecimientos, con una actitud secesionista, de rebeldía, deslealtad e irresponsable desobediencia, así como por un absoluto desprecio hacia las leyes. Kapuscinkski, escritor polaco, afirmó: “La ideología del siglo XXI, es el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso”.

lunes, 6 de noviembre de 2017

LA GRAN PANTOMIMA

Por fin se bajó el telón, y la larga e insoportable ópera bufa, acerca de la independencia catalana llegó al último acto de una penosa y patética representación que ha mantenido al público expectante y tenso ante una obra que ha durado mucho tiempo.
Demasiado, sin duda para la inmensa mayoría, que ahora, al abandonar sus incómodas y fatigadas butacas, respiran con un cierto aire de alivio, que no es interpretado por igual por todos los asistentes, que en función de sus expectativas, muestran sus impresiones divididos en dos irreconciliables bandos.
Unos más que otros, han salido desigualmente satisfechos de este inacabable drama, que en demasiados actos y sin apenas descanso alguno, ha logrado crear un ambiente de crispación y permanente estado de incredulidad, que no ha cesado durante toda la dramatización.
 Y es que ha conseguido mantener un estado de excitación permanente con continuas bajadas y subidas de tono, avances y retrocesos exhaustivos, dudas y afirmaciones, que han mantenido la atención de un público, que incrédulo ante lo que veía, sólo decidió abandonar la sala cuando creyeron que el desenlace había llegado a su fin, ignorantes de lo que aún tendrían que soportar.
Ha sido tanta la tensión acumulada durante todo este tiempo, tantas las falsas alarmas, los desmentidos, las idas y venidas, que los ciudadanos que creyeron quedar plenamente satisfechos en un caso y sumamente desencantados en el otro, pronto se darían cuenta de que todo había sido un engaño.
Una pesada y grotesca broma, que supuso un desencanto para los que pensaron que la independencia y la consiguiente República habían sido por fin proclamadas sin suspensiones ni arbitrariedades, y un alivio para quienes se oponían a una secesión que no parecía tomar carta de naturaleza.
 Así fue pasando el tiempo, sin proclamas solemnes en el balcón de la Generalitat, a cargo del President, sin arriar la bandera española en el Palau, algo que cabía esperar si la independencia se hubiera llevado a cabo sin ningún género de dudas, algo que a medida que pasaba el tiempo se iba sustanciando y materializando, con un gobierno que no dudó en aplicar la ley que suponía la intervención de la Autonomía Catalana.
Algo que dejó en su forzado y tozudo lugar, una división de opiniones manifestada antes de comenzar una cómica y burlesca función, que a su término pareció dejar bien claro que unos, al final, y afortunadamente, habían visto lo que ya no esperaban lograr, mientras que el resto, que pensaban disfrutar intensa y vivamente, quedaron sumidos en la más desesperante de las frustraciones.
Nadie, ni los más atrevidos y audaces profetas, podían prever el final de esta absorbente e impredecible ópera bufa, que ha divertido tan sólo a unos, mientras el resto, que todo lo esperaban y que tenían fundadas esperanzas de salir airosos y plenamente satisfechos, se preguntan ahora cómo es posible que algo que veían tan cercano y próximo, lo contemplen ahora lejos de su alcance.
Mientras tanto, los responsables políticos que fueron los culpables de tensionar la situación hasta extremos insoportables y que crisparon profundamente una sociedad ahora más dividida y fracturada que nunca, han tomado las de Villadiego, abandonando a sus partidarios que no cesan en su desconcertado asombro.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

NO HAY MAL QUE CIEN AÑOS DURE

Este popular refrán, tan conocido y usado, siempre ha estado de una vigencia plena, de una actualidad persistente, y de una absoluta y acertada pedagogía de andar por casa, que todo el mundo asimila y descifra al instante, que sirve tanto de consuelo ante las interminables desgracias, como de preventivo eficaz ante las aventuras más alocadas, y las fantasías más dispares, llevadas ambas a su más disparatado extremo, y a las que el ser humano es tan propenso, dispuesto siempre a tropezar dos veces con la misma piedra.
 Tan rico es en acepciones y en interpretaciones de toda índole, que se precia de tener múltiples, diversas y jugosas versiones, todas ellas más o menos sabiamente acertadas y no menos aceptadas, que completan su introducción inicial, aquí a modo de título, y que rezan como las que siguen:
No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista; con las que también juega el usuario para conseguir efectos cómicos como en la siguiente: no hay mal que cien años dure ni cuernos que lo aguanten;  o adaptadas a variadas  circunstancias, como la inmediata siguiente, tan taxativa y transparente, que no deja lugar a controversia alguna: no hay mal que cien años dure, ni enfermo que lo resista.
Y es que llevamos tanto tiempo con la insoportable y cansina melodía del llamado proceso catalán, que incluso para tratar de evadirlo, hemos de citarlo expresamente, en una ceremonia de la confusión, que nos ha conducido a gran parte de los ciudadanos, a una colectiva y desestabilizadora catarsis.
Tan emocional y obsesiva se nos presenta, que ha logrado que este tema esté presente en nuestra diaria vida, desde que nos despertamos hasta que retornamos al que debería ser un reparador sueño, que incluso puede verse alterado por unos acontecimientos que llegan incluso a influir en tan necesario descanso.
No hay noticia que cien años dure, ni ciudadano que lo soporte, es lo que esperamos y deseamos, con un ánimo plenamente dispuesto a que se cumpla esta nueva versión del tantas veces citado aforismo, que aquí materializado, nos martiriza día tras día, con su machacona y persistente presencia en los medios de comunicación, en las redes sociales, y en los lugares más próximos a cada uno de nosotros.
Y es que ya sea en el trabajo o en las reuniones, ya sean con los amigos y conocidos, o bien con los familiares, pueden acabar en ocasiones como el rosario de la aurora, ya que difícil es descartar con la mención de estos temas, las disensiones y desacuerdos, acerca de un tema que nos tiene absortos, sin desearlo, sin haberlo pedido ni expresamente solicitado.
Deseando estamos que ceje ya en su pedante e insoportable soniquete, esperando no dure, no ya cien años, sino su equivalente en días, que pese a que muchos nos pueden parecer, son bastante más los que ya llevamos soportándolo, con lo que pese a todo, y dadas las circunstancias, satisfechos quedaríamos si al menos nos dejasen de vez en cuando un remanso de paz, aunque solo fuesen unos cuantos días de sosiego.
Porque hay vida después de este desenfreno secesionista, que tan sólo a los vendedores de banderas, a los psicólogos y a los medios de comunicación les ha traído buenas y remuneradas nuevas, ya que a los ciudadanos, de la tendencia que fueren, les está suponiendo una desmesurada carga de tensión que ni desean ni merecen que se prolongue un solo día más.

jueves, 26 de octubre de 2017

LA TRAMPA

Como si de una inacabable serie por entregas se tratara, el culebrón catalán continúa deleitándonos con sus interminable capítulos de intriga, cuando no de ciencia ficción, que habiendo comenzado hace más de un año, promete continuar durante mucho tiempo aún, durante el cual nos esperan, sin duda, innumerables y suculentos capítulos que todos esperamos con auténtica fruición.
 Todo ello pendiente de una trama que ya empieza a desbordarse, en un afán por entretener y desesperar al mismo tiempo, a una audiencia que ya no se sorprende por nada, pero que comienza a desesperar ante tanto cambio, tanto desvarío y tantas y tan inefables novedades como se le presentan, las cuales no dejan entrever cómo y cuándo terminará la novelada entrega.
La incertidumbre comienza a pesar como una losa sobre el denominado proceso catalán, que no es otra cosa sino un claro y fragrante caso de rebelión de una comunidad autónoma, sujeta como todas las demás a la Ley y a una Constitución que rige por igual en todo el territorio nacional, y ante la que el gobierno de esta región, ha decidido rebelarse con una desobediencia notoria, llegando hasta la secesión.
Después del esperpéntico referéndum que de una forma grotesca llevaron a cabo, los resultados que han salido a la luz, emitidos no por una junta electoral acreditada como tal, que dicho de paso, no existía, sino por el mismo Govern, lo que constituye una irregularidad más de las muchas habidas, anunciaban unos datos absolutamente favorables para ellos, los cuales, afirmaban, les legitimaban para declarar la independencia.
Llegados a este punto, y ante las sucesivas sentencias del Tribunal Constitucional invalidando y suspendiendo cuantas acciones ilegales se saltaban la principal norma legal del Estado, convocaron un pleno en el que el presidente catalán, sin debate alguno, propondría la independencia unilateral, lo que supondría la proclamación de la República Catalana.
Y hete aquí, que llegado el día y la hora, después de una inesperada y extraña espera de sesenta minutos, cuando había llegado el momento del comienzo, el presidente tomó el uso de la palabra para, en esencia, asumir el mandato del pueblo catalán que en referéndum había decidido con su voto la proclamación de la independencia, para inmediatamente después, en el siguiente párrafo, suspenderla.
Atónitos todos, aunque unos más que otros, los diputados, invitados y medio mundo que asistía a través de los medios de comunicación, se miraron sorprendidos, tratando de descifrar semejante desatino, ininteligible, retorcido e imposible de comprender sobre la marcha, en un acto de incomprensible y grotesca capacidad de confundir perversa y deliberadamente a una audiencia que no daba crédito a cuanto allí tenía lugar.
Para completar la mascarada, la farsa, la trampa en forma de taimado e inverosímil relato, los diputados independentistas, firmaron un documento de inquebrantable adhesión a la República Catalana, eso sí, fuera de sede parlamentaria, para evitar comprometerse, sin dejar de hacerlo, para confirmar el sí, pero no, la suspensión, sin suspender.
La historia, en definitiva, más rocambolesca que la política ficción ha visto jamás. Una auténtica y verdadera ceremonia de la confusión, aberrante e irracional sin paliativos.

domingo, 22 de octubre de 2017

UN CONVULSO PAÍS

Fue el canciller Otto Von Bismark el autor de la inefable, célebre y tajante cita histórica, que afirmaba que España era el país más fuerte del mundo, un país indestructible, porque llevaba siglos intentándolo y aún no lo había conseguido.
No es quizás un razonamiento muy acertado, ni tampoco el más lógico y razonado, ya que el que realmente sería el más fuerte, y por lo tanto más indestructible, sería aquel país que se mantuviese unido y cohesionado a través de su historia, como demuestran muchos países avanzados, que no han tenido que demostrar ser los más fuertes, para mantener su unidad.
Así nos lo demuestran numerosos países europeos y de otros continentes, que pese a haber sufrido algunos avatares y vaivenes a lo largo de su historia, no han tenido que estar demostrando permanentemente su capacidad para consolidar una unidad nacional sin necesidad de continuos sobresaltos, algo de lo que España no puede alardear.
España, ciertamente, ha pasado por numerosos episodios históricos que desde sus orígenes han sumido a esta nación en un mar bravío, donde el barco ha estado sometido a una inestabilidad desasosegante, que lo ha colocado a la deriva con una frecuencia no deseada, de la que hemos ido saliendo indemnes hasta un este azaroso presente en el que nos encontramos, en los albores ya del siglo XXI.
No hemos de sentirnos orgullosos por el hecho de haber capeado el temporal durante tantos siglos, y haber escapado de sus garras sin excesivos destrozos, que no obstante, aunque no de forma inmediata, sí a largo plazo hemos sufrido las consecuencias.
Han sido tantas las heridas que quedaron abiertas en unos casos y en otros aún sin cerrar, que nos han conducido a un mar de confusas e inestables situaciones territoriales que han derivado en una España que después de tanto tiempo continúa sin definirse.
Una nación de naciones, un estado plurinacional, una federación de países. Son estas algunas de las situaciones con las que se trata de situar y definir a este País, inmerso en la búsqueda de una definitiva definición que de sentido, tranquilidad y estabilidad política y social a una España que no parece encontrarse a sí misma, quinientos años después de consolidarse como nación.
Vanos intentos han tenido lugar a lo largo de su historia, desde Los Comuneros hasta hoy, pasando por numerosos episodios que intentaron desmembrar un territorio que ha logrado mantenerse unido, pese a vaivenes de toda índole que han dejado sus indelebles huellas a través de la historia.
Y aunque todos estos avatares no habían conseguido sus propósitos hasta el presente, de nuevo vuelven a mostrar sus oscuras y siniestras caras los fantasmas de un intento de secesión que ha desembocado en una irresponsable y peligrosa rebeldía, sumada a una incalificable desobediencia que puede acarrear importantes consecuencias, que la inmensa mayoría de esta nación rechaza sin ambages.
Ochenta y tres años después, la siniestra sombra del independentismo vuelve a mostrar su más inquietante cara. Después de un ilegal y fraudulento referéndum, el gobierno catalán pretende volver a salir al balcón a declarar de nuevo la independencia, inaugurando una nueva época convulsa y cíclica de un País en estado de alerta permanente, que no hace sino confirmar aquellos presagios del canciller alemán. Confiemos en que su afirmación una vez más se confirme, y esta nación permanezca unida.

lunes, 16 de octubre de 2017

EL ESPERPENTO CATALÁN

Mientras estas líneas se plasman en el papel, contemplo con una mezcla de asombro e incredulidad, las concentraciones de catalanes en calles y plazas de Cataluña con motivo de la huelga general convocada para protestar por los sucesos acaecidos el día uno de octubre, mientras se llevaban a cabo las votaciones para el ilegal referéndum.
Consulta que pese a todas las prohibiciones emitidas por el Tribunal Constitucional, consiguieron llevar a efecto utilizando cuantas artimañas y desatinos pudieron utilizar, y cuyos imaginarios y truculentos resultados, aún estamos esperando cuarenta y ocho horas después.
Una huelga que movería a la risa, si no fuera porque el asunto es extremadamente serio, ya que no se protesta por motivo laboral alguno, sino por los malos tratos recibidos por los votantes a cargo de las fuerzas de seguridad encargadas de evitar una votación que vulneraba la Constitución, y que los susodichos ciudadanos juzgaron extremadamente violentas.
A tal extremo afirman que llegó, que según el gobierno catalán, causaron cerca de novecientos heridos, cifra absolutamente ridícula y exorbitante, que hubiera colapsado hasta los hospitales, que en ningún momento se vieron sumidos en semejante situación.
Vaya por delante que los medios utilizados por la policía española, no por la catalana que hizo mutis por el foro, se limitó a intentar retirar las urnas y a los ciudadanos que trataron de impedirlo, con la lógica consecuencia de forcejeos y un mínimo empleo de la fuerza, inevitable en tales circunstancias.
Todo este esperpento huelguístico, ha movilizado a una parte importante de esa mitad de catalanes que comulgan con el independentismo, con la ausencia, no obstante, de sectores empresariales y sindicales que estando en desacuerdo con esta convocatoria, no han querido participar en una huelga extraña y fundamentalista  convocada por los sectores más radicales.
Todo ello en una sociedad que parece haber entrado en una loca huída hacia adelante en busca de una independencia que pretenden proclamar saltándose todas las leyes constitucionales, declarándose en rebeldía y llevando a cabo una desobediencia total que encabezada por el gobierno catalán en pleno, ha arrastrado a media Cataluña a una locura colectiva de consecuencias que ahora no podemos precisar, pero que sin duda es inmensamente preocupante.
El País asiste asombrado ante todos estos hechos, al tiempo que en Europa, que comprenden en su mayoría la posición Española ante el desafío constitucional planteado, asisten a este deplorable espectáculo, comenzando también a sentir una cierta preocupación.
Y es así, por el hecho de que estos sucesos que constituyen una absoluta quiebra de la paz y el respeto constitucional, puedan llegar hasta sus países, donde la mayoría tienen motivo para pensar que alguna de sus regiones, visto el caso catalán, tomen ejemplo y decidan subvertir el orden legal con el objeto de levantarse contra el Estado, algo que evidentemente no desearían afrontar, y que les obliga a seguir con suma atención cuanto está sucediendo en Cataluña. Extremadamente preocupante, absurdo y sumamente esperpéntico.

lunes, 2 de octubre de 2017

EL NACIONALISMO SE CURA VIAJANDO

Es viajando como se descubre que las fronteras impuestas por los hombres, representan una limitación  social aberrante que ofende a la dignidad de los ciudadanos de un mundo que no entiende de barreras, murallas y obstáculos diversos, dispuestos a dificultar, si no a impedir, la libre circulación de las personas, en un acto contrario al entendimiento y a la comunicación personal y plenamente espontáneo y natural, a la que todo ser humano tiende de una forma instintiva.
Fue Pío Baroja quien afirmó que los nacionalismos se curan viajando, en un alarde de inteligencia y sabiduría, que nadie en su sano y sagaz juicio debería negar, y que comenzó con los primeros seres racionales que habitaron la Tierra, que continuó con los navegantes que se adentraron en los desconocidos y procelosos mares adonde se aventuraron en busca de nuevas tierras y civilizaciones.
Fueron muchos los que continuaron este empeño en conocer nuevos países, ciudades y gentes, en un alarde de valentía y afán de aventura, cuyo más singular representante fue sin duda Marco Polo, al que siguieron otros afortunados viajantes que recorrieron un mundo sin barreras ni fronteras, hasta llegar a nuestro tiempo, en que no parece que hayamos aprendido lección alguna de las muchas que ellos nos transmitieron con su valiente e incansable afán de infatigables viajes por el mundo conocido y por conocer.
Irlanda, un pequeño país que tantas evocaciones románticas despierta en las mentes de las gentes amantes de los viajes, es el país que en términos relativos, más grandes escritores ha dado al mundo, como Oscar Wilde, Samuel Beckett, Bernard Shaw, Patrick kavanagh y James Joyce, entre otros.
Todos ellos, abominaban del nacionalismo, considerando que sentirse orgulloso de haber nacido en un lugar determinado, no tenía sentido alguno, añadiendo Joyce, autor del Ulises, que al fin y al cabo, una nación, no era más que el mismo lugar dónde vivía la misma gente.
A menudo se confunde patriotismo con nacionalismo. George Orwell, afirmaba que el nacionalismo es el peor enemigo de la paz, ya que los nacionalistas piensan que la patria propia es superior las otras en todos los aspectos, mientras que el patriotismo no es más que un sentimiento de admiración por la forma de vida de una nación. Añadía Orwel, que el patriotismo es pasivo por naturaleza, mientras que el nacionalismo puede agresivo.
Derribar murallas y eliminar barreras que separen a los seres humanos, es tarea en la que deberíamos ocuparnos con empeño, en lugar de izar nuevas banderas, himnos y fronteras, utilizadas como escudos y elementos diferenciales para constituirse en nuevos estados, en oposición de la otra mitad de la ciudadanía que no está de acuerdo.
Y sin embargo, una desatada y radical onda independentista está arrasando Cataluña, con una inusitada y desbordante manifestación nacionalista que no respeta leyes ni normas por el orden jurídico y constitucional establecido y aprobado por una inmensa mayoría, con un fanatismo ciego y arrollador, que está creando situaciones de una extrema tensión como hace mucho tiempo que en España no se vivían.
Si a todo lo expuesto le añadimos el hecho indiscutible de que vivimos en un mundo cada día más globalizado, la conclusión la hallamos en la afirmación de Albert Einstein: “la estupidez humana es infinita”.

domingo, 24 de septiembre de 2017

DIVINAS AYUDAS

La Ministra de Empleo, Fátima Báñez, se encomendó en su momento a la Virgen del Rocío, porque según dijo, "nos ha hecho un regalo en la salida de la crisis y en la búsqueda del bienestar todos los días de los ciudadanos".
Así lo manifestó durante una visita al Ayuntamiento de Almonte para anunciar que el Gobierno había declarado el Año Santo Jubilar Mariano de la aldea del Rocío acontecimiento de excepcional interés turístico.
Durante su comparecencia, Báñez reconoció su fervor rociero y afirmó que se siente "muy emocionada" por "el regalo que ha hecho la Virgen del Rocío, aliada privilegiada y embajadora universal de Huelva, en el camino hacia la salida de la crisis y en la búsqueda del bienestar ciudadano".
Tal fue el fervor que manifestó hacia la Blanca Paloma que se despidió con un "Viva la Virgen del Rocío" que todos los asistentes aplaudieron entusiasmados, en una ceremonia de la confusión que la mayoría de los medios de comunicación destacaron prolijamente, ante las vibrantes y calurosas muestras de agradecimiento a la virgen, algo impropio de un político, o como mínimo sorprendente, que nadie podía esperar.
Sin duda sobran comentarios ante tan esperpénticas manifestaciones que se sitúan en el terreno de la más absoluta y sorprendente demostración de una beatería propia de una fanática meapilas, que confunde el hambre con las ganas de comer, en un País cuya Constitución contempla una aconfesionalidad, que esta ministra parece desconocer.
Y ahora, una vez comprobado, según ella, que la virgen ha echado una mano en la superación de la crisis, aunque muy pequeña y muy discriminatoria, laboralmente hablando,  debería renovar sus plegarias con el objeto de que los trabajadores recuperen sus vidas y haciendas anteriores.
Todo ello, al tiempo que debería compensárseles por las pérdidas sufridas en sus honorarios, a causa de unas circunstancias económicas que les fueron sobrevenidas, de las cuales ninguna culpa puede achacárseles, y que pese a ello tuvieron que aguantar y soportar, y que hoy continúa afectándoles, cuando todo el peso de los errores y excesos cometidos jamás debería haber recaído sobre sus sufridas espaldas.
Así parece que lo va a hacer, ya que la ministra ha afirmado que los salarios en España deberían subir, a raíz de los buenos datos de empleo que se vienen registrando, y pide a los agentes sociales, en plena negociación colectiva, que lleguen a un acuerdo de subidas salariales para 2017, sin ayuda divina alguna, con la única posible que es la de la humana y terrenal lógica de las partes en litigio.
Según manifiesta la señora ministra, esto se debe trasladar y plasmar en el bolsillo de los ciudadanos, con un aumento de retribuciones y una mejora del poder adquisitivo, lo cual le honra en cierta medida, y más aún si se tiene en cuenta, que no ha vuelto a pedir la ayuda de la virgen, por lo que podemos concluir que ya se basta y se sobra ella sola para resolver los problemas de su ministerio.
Ardua tarea para reclamar una subida salarial que se nos antoja harto complicada. Las empresas han gozado de tantos privilegios laborales, que no van a dar su brazo a torcer después de tantas facilidades otorgadas. Quizás la señora ministra tenga que echar mano otra vez de sus buenas relaciones celestiales.