domingo, 15 de enero de 2017

MISIONES PEDAGÓGICAS DEL SIGLO XXI

Un grupo de maestros cargados de diverso material pedagógico, llegan con un camión a un pueblo recóndito de Segovia, Ayllón. Llevan un teatro de títeres, libros y un proyector de cine.  Los ciudadanos, que no dan crédito a lo que ven sus ojos, son citados esa misma tarde al salón del pueblo. Es el 17 de diciembre de 1931, y la primera misión pedagógica de la II República, se ponía en marcha
La inmensa mayoría de los habitantes del pequeño pueblo segoviano, acuden a esta primera cita en en el salón de baile de la localidad. Gran parte de los asistentes son hombres, viejos y mozos. El número de mujeres es escaso, pero con los días irán en aumento. Están todos de pie.
El rumor es enorme. Un grupo de personas ha conseguido sentarse gracias a unos bancos traídos de la iglesia. El ambiente no parece el idóneo para el aprendizaje, pero los jóvenes maestros comienzan a recitar una serie de textos y a continuación,  el presidente del Patronato, Manuel Bartolomé Cossío, añade:
"Es natural que queráis saber, antes de empezar, quiénes somos y a qué venimos. No tengáis miedo. No venimos pediros nada. Al contrario, venimos a daros de balde algunas cosas. Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas, donde no se necesita hacer novillos”.
El presidente del Patronato, añade: “el gobierno de la República, que nos envía, nos ha dicho que vengamos ante todo a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas, a las más abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo de lo que no sabéis por estar siempre tan solos".
En el bagaje cultural no sólo entraban en juego las lecturas, representaciones, charlas y películas, sino que se utilizaron colecciones itinerantes de pintura, cada una con catorce copias de cuadros de los pintores más famosos de la escuela española.
Los cuadros se transportaban en fuertes cajas de madera, o en una camioneta especialmente acondicionada, y se exponían en los pueblos a los que se podía llegar. La colección iba acompañada por dos o tres misioneros, a quienes el Patronato confiaba este encargo, y que explicaban los cuadros a los campesinos.
Las Misiones Pedagógicas, constituyeron todo un admirable alarde empeñado por llevar la cultura a todos los rincones del País, allí adonde la República, al contrario que en las ciudades, aún no había llegado con todo su ímpetu de renovación social, cultural y económica que no obstante quedó desbaratado con la derrota que los insumisos rebeldes infligieron al ejército republicano.
La caída de la República dio al traste con esta y tantas otras iniciativas, como la Barraca de García Lorca, que fueron ejemplo único en toda Europa, y que hubieran supuesto un incuestionable avance cultural para una España rural pobre y atrasada, sumida en la miseria y en el más profundo de los abandonos.
Hoy, ochenta y cinco años después, en pleno siglo XXI, y en la civilización de la tecnología de la informática y las redes sociales al alcance de todo el mundo, en la era de la comunicación instantánea y universal, del conocimiento global y de los medios de comunicación multimedia accesibles a todos, las carencias culturales, formativas y de preparación técnica, dejan mucho que desear, en un País donde apenas un veinte por ciento lee con cierta frecuencia. También hoy, se agradecerían tan admirables iniciativas.