lunes, 6 de marzo de 2017

EL EFECTO SÁNCHEZ

Para la física, un efecto constituye un fenómeno que se genera por una causa específica y que aparece acompañado de manifestaciones puntuales, que pueden ser establecidas de forma cualitativa y cuantitativa.
 El efecto invernadero, el efecto mariposa, el efecto placebo, son manifestaciones producidas por las oportunas causas, que en cada caso, conducen a unas consecuencias derivadas de unos hechos concretos que se sustancian en unas secuelas o resultados característicos, siempre dentro del ámbito de la acción reacción.
Pero el efecto es también la impresión que un acontecimiento o una circunstancia sorpresiva deja en el ánimo de las personas, después de haberse desencadenado el correspondiente desenlace derivado de unos hechos que determinaron un concreto y puntual comportamiento personal.
El caso del socialista Pedro Sánchez, defenestrado secretario general del PSOE, que ha desatado una profunda crisis que ya dura demasiado tiempo, es un claro ejemplo de un devastador efecto que está trayendo perversas consecuencias a un partido político que jamás se había visto inmerso en tales lides.
La guerra por su cuenta que está llevando a cabo, al margen de la inmensa mayoría de los barones, y que apenas cuenta con aquellos que mantuvieron su voto negativo a la hora de elegir al actual presidente del gobierno, en contra de la abstención mayoritaria que votó casi todo el resto, ha conducido a Sánchez a una huída hacia adelante, que le ha llevado a declarar una auténtica guerra no declarada, con serios efectos aún desconocidos, pero que sin duda tendrán consecuencia tanto para el PSOE como para el resto del arco parlamentario y político nacional.
¿Será Sánchez el detonante que el PSOE precisa para retomar de nuevo la senda perdida por donde discurrían antaño las mejores esencias de ese gran partido centenario?
 ¿Tendrá la suficiente fuerza, el empuje necesario para recuperar a tantos antiguos y fieles votantes, que quedaron cual huérfanos abandonados en el proceloso y extraviado camino que ha dejado a este partido político, irreconocible hasta límites insospechados?
 ¿Será suficiente su impetuoso y radical giro a la izquierda para recuperar las esencias de un PSOE, que aunque nunca derivó en exceso hacia esas posiciones, siempre se caracterizó por una ideología política siempre cercana a un progresismo social y de apoyo a la clase obrera?
¿Quién se atreve a decir a Pedro Sánchez que no debe hacer una consulta a los militantes?». Esta incómoda pregunta que formula un destacado dirigente del PSOE andaluz, muestra la preocupación creciente que hay en una buena parte del partido por la deriva populista de su líder.
El argumento de los socialistas andaluces es claro: si le preguntas a los militantes que si votamos a la derecha o los dejamos fuera del Gobierno, la respuesta está clara. Fuera del Gobierno. Pero el PSOE es un partido de Estado y tenemos una responsabilidad que cumplir.
Este es el sentir que suena cada vez con más intensidad en el PSOE de Andalucía, donde miran con inquietud las decisiones internas que está tomando Pedro Sánchez. Hasta ahora, el Comité Federal era el máximo órgano entre congresos, el que decidía toda la política de pactos y el que sigue teniendo estas competencias en las normas internas del partido.
A este malestar, se ha unido el hecho de que Pedro Sánchez se está aproximando a Podemos, e incluso a los independentistas, un extremo para el que no está autorizado precisamente por un Comité Federal que está pendiente cada día de la trayectoria errática de quién fue su secretario general, y que no parece haberles perdonado, ni en el fondo ni en la forma, la manera con que fue destituido de dicho cargo.