miércoles, 7 de septiembre de 2011

EL TESORO CATALÁN

Leí en alguna ocasión, que el hecho de poseer una u otra nacionalidad, no es sino una simple, azarosa y llana circunstancia que se da por el hecho de haber nacido en un determinado lugar de este Planeta, lo que de paso configura su idiosincrasia y por lo tanto sus costumbres, su cultura, y, por supuesto, su lengua, con la que aprenderá a expresarse, a comunicarse, a darse a entender con el mundo que le rodea.
Esta situación, es, por lo tanto, una contingencia, un accidente, por lo que el ciudadano no debería sufrir una dependencia tan estricta, rígida y determinante como de hecho experimenta y que le va a condicionar durante toda su existencia, marcándolo de por vida, como si de un sello permanente e indeleble se tratara, que va a llevar tatuado en su cuerpo y en su mente con toda la carga cultural que ello supone.
Si además nos encontramos con situaciones como aquellas en las que se encuentran quienes hayan nacido en territorio de territorios, es decir, en una nación de naciones, los condicionamientos culturales sobrevenidos, se multiplican, por lo que el individuo se hallará en una encrucijada de costumbres, hábitos y lenguas que, posiblemente le enriquecerán culturalmente, pero que posiblemente le obligarán, si no personalmente, sí administrativamente, a elegir una de las lenguas, lo cual puede suponerle un conflicto interno, que le alejará del concepto de ciudadano del mundo.
Según la UNESCO, se hablan en el mundo, aproximadamente seis mil lenguas. Una auténtica Babel, que en lugar de unir a los seres humanos, lo que realmente consigue es separarlos al evitar y dificultar su comunicación, que curiosamente es lo que una lengua persigue.
Recientemente, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha dado un plazo máximo de dos meses a la Generalitat de Cataluña para que implante el Castellano, como lengua vehicular en el sistema de enseñanza – junto con el Catalán - y no como una simple materia más de las que se imparten en Cataluña.
La respuesta, brusca, áspera, intempestiva, y al mismo tiempo inaceptable, por parte de la Generalitat, ha sido la siguiente: desobedeceremos la sentencia.
A continuación han lanzado al portavoz de las esencias y sensibilidades patrias, tan dadas al victimismo y a la rastrera capacidad de experimentar ofensas por doquier, con el objeto de lanzar a los cuatro vientos los lamentos acostumbrados de estos trasnochados nacionalistas, que recurriendo a los típicos y tópicos valores del idioma propio, identidad, bandera, himno, costumbres, gastronomía, territorio, folklore y hasta mar propios – Nosotros en Castilla y León tenemos de todo eso, salvo el mar, pero estamos en ello – tratan de justificar semejante desatino.
Y así, el susodicho representante de las esencias Catalanas, afirma sin rubor alguno, con exaltada y profunda emoción, que su lengua, su idioma, una de las seis mil que se hablan en el mundo, es “su tesoro”.
Acabáramos. La guerra de los símbolos típicos – lengua, bandera, himno- ataca de nuevo y lo hace de la forma más abyecta posible, en un mundo globalizado y harto de tanto símbolo, tanto patriota enfervorizado y exaltado que tantos destrozos ha dejado en su camino a lo largo de la historia.
Claro, que pensándolo bien, posiblemente este portavoz se haya liado, y sus aficiones cinéfilas le hayan traicionado a la hora de de citar aquello de “su tesoro”.
Dejémoslo así y démoslo por bueno de aquesta manera.

1 comentario:

David G. V. dijo...

Muy mal las declaraciones de Artur Mas donde dice que "Los españoles tienen el español, y nosotros el catalán". Son declaraciones sectarias que sólo llevan a la discordia y el alejamiento.

Creo que los nacionalistas han sacado los pies del tiesto hace tiempo.

Y por otra parte, no es adecuado que partidos que sólo miran por el interés de su comunidad estén en el gobierno central, sólo hacen minar los intereses de los demás. Deberían estar presentes sólo en el ámbito de su comunidad, en este caso Cataluña, ya que es donde están sus intereses.

¿Que hacen un referendum y sale que sólo quieren la independencia unos pocos? Da igual, ellos lo toman como una victoria y siguen haciendo campaña, sin respetar a esa otra mayoría de catalanes que no quieren la independencia, ni ser una nación aparte.

Alguien debería poner en su sitio a esta gente, que perjudica los intereses del resto de las comunidades, que la mayoría conviven en paz.